22 diciembre 2013

Goodbye!


La andadura de este blog ha llegado a su fin. Ha sido bonito mientras ha durado... Nada más y nada menos que 7 años, casi 1000 entradas publicadas.

Quiero dar las gracias a todos y cada uno de los que me han leído a lo largo de estos años, sin vosotros no habría sido posible. Muchas, muchas, muchas gracias. De corazón.

Hasta pronto...

Goodbye!

20 diciembre 2013

El Código

El día de antes de la cena de Navidad de la empresa, esa que se celebra todos los años en el sitio más pijo y megamoderno habido y por haber dentro del territorio nacional (la próxima vez, se ampliará a territorio europeo, y de ahí hasta a saber dónde), aunque eso suponga que una gran parte de los invitados se tenga que desplazar y se pierda la mitad del presupuesto mensual en transporte y alojamiento... 

El día de antes del evento más social de la empresa, me cae a la BlackBerry una circular oficial.

Las odio. Las dos cosas.

Os confirmamos que el próximo Miércoles es obligatorio seguir el dress code bussiness standard.

Muerta me dejas.

Dress code?

Insisto: DRESS CODE?

Me automiro: vaqueros, botas encima de unos megacalcetines tela de gruesos porque tengo últimamente los pies helados, y un jersey de lo mas normalucho. Presiento que he destrozado el dress code. Pulverizado. Aniquilado. Ese dress code que en todos los años que llevo en esta empresa ni se ha mencionado...

Por supuesto, no tengo ni puñetera idea de qué es el bussiness standard, así que me olvido del informe urgentísimo que estoy haciendo y tiro de San Google Bendito que todo lo sabe. Y gracias a eso me entero que podrían haberme pedido un formal, un semi-formal, el famoso business standard, el business casual corporate, el business casual relaxed, el smart casual o el casual normal y corriente de toda la vida muy conocido en su casa a la hora de comer.

Así que no sé si he sido afortunada o estoy jodida.

En fin, la página que he encontrado parece que sabe de lo que habla (aunque está en inglés, debería desconfiar, pero estoy desesperada y me voy a fiar de lo que dice). Así que selecciono UK y alrededores, confirmo que soy una mujer que va a una cena y que el grajo volará bajo -o sea, que hará un frío del carajo según la AEMet-.
En la cabeza: Me confirman que no hay que llevar sombrero. Bien, no pensaba.

En el cuello: Si quiero, puedo llevar bufanda. Vale, no quiero. Siguiente.

Abrigo / Chubasquero: El abrigo, cuanto más elegante, mejor. El mío es uno de paño negro normal, así que usaré ese. Y el único chubasquero que tengo es el plasticuzo ese que compramos en el Parque Warner para las atracciones de agua... Descartado.

Chaqueta: Por lo visto, normalmente las mujeres no tenemos que llevar chaqueta. Estupendo, porque ni me lo había planteado. Pero, y digo PERO, un traje de chaqueta es una opción cada vez más utilizada, sobre todo entre las mujeres de puestos directivos. Va a ser que no.

Para la parte de arriba: Una blusa limpia y bien planchada, preferiblemente blanca. Ya la hemos liado. Y no es porque no tenga cosas limpias o bien planchadas (ejem), es porque yo tengo camisas, camisetas y jerseys. Ni siquiera estoy segura de saber qué es exactamente una blusa. Incluso juraría que ninguna es blanca...

Para la parte de abajo: Una falda por lo menos hasta la rodilla que debe coincidir con la chaqueta, en caso de llevarla; además debe ser elegante y por norma general de colores oscuros, grises o beige. Diría que no tengo ni una sola falda de esas características, espera, sí, una, pero hace tantos millones de años que no me la pongo que no estoy muy segura de hasta donde me llegaría (ni si entraría en ella, ya puestos). Bueno, también se permiten pantalones, con pinzas y raya marcada, siendo el negro, gris, azul marino o marrón los colores adecuados. Ufffff, al menos tengo pantalones que cumplen la norma ISO 9001 esta. Ah, también te dicen que lleves calcetines o medias. Ummmm... Pero no se pronuncian sobre el color (¿podría llevar unos calcetines muy graciosos con unos renos?) ni sobre el denier de las medias. Muy raro.

Calzado: Zapatos formales cerrados de tacón bajo. ¡Oh! Menos mal. No tengo problemas con eso.

Accesorios: Si lo deseo, puedo llevar un reloj analógico de buena calidad. Nada de los Casio de toda la vida, cachis. En fin, veré qué tengo por ahí...

Joyería: Sólo se debe usar una pequeña cantidad de joyas que no debe distraer la atención de su condición de mujer de negocios profesional. Aquí hay un problema porque de ese sintagma nominal sólo es cierto lo de MUJER, pero me quedaré con lo importante: que menos es más. Hay que evitar los símbolos religiosos, si es posible. Es posible. Si es un ambiente conservador, las joyas deben ser escasas.

Anillos: Esto no se considera joyería, al parecer. Se permiten los anillos de boda y compromiso, pero el resto de anillos deben minimizar su presencia. Vale, venga, OK.
En resumen...

Duda resuelta: estoy jodida.
Afirmación confirmada: no tengo NADA que ponerme...

¡TENGO QUE IR DE COMPRAS URGENTEMENTE!

Y lo mejor de todo es que tengo un correo para demostrárselo a mi chico, ¡JA!

12 diciembre 2013

¿Eh?

- Oye, ¿el de la tienda de muebles se apellida Alpert?

- Pues eso parece, sí. No lo sabía, como siempre le llamo por el nombre...

- ¡Alpert! ¡Como Richard!

- ¿Quién?


- ¡Coño! ¡Es verdad! Ya decía yo que lo veía igualito que hace siete años, cuando le compré los otros muebles...

No, pero nosotros no somos frikis. Para nada. ¿Quién ha dicho eso?

11 diciembre 2013

Día Libre

Hoy conduzco yo. Me toca. No me importa, de verdad.

Así que meto la llave en el contacto mientras mi copiloto entra en el coche. Me hago un poco la remolona mientras se pone el cinturón de seguridad, y entonces arranco. Le miro de reojo. No es habitual tenerlo de copiloto...

Él se hunde en el asiento y noto que se relaja, así que yo también. Incluso empieza a hablar, lo que no es muy habitual en él. Pero parece que no conducir hace que sea más parlarchín, o será que está menos tenso que de costumbre. Aunque me preocupa que se vuelva a crispar: está hablando de trabajo. 

Pero no como siempre lo hace, sino en tono jocoso. Incluso suelta, despreocupadamente, algo desde lo más profundo de su corazón:

- ¡Ojalá mi jefa me diera un día libre por todo lo que estoy currando!

Lo miro de reojo y sonrío. Lo cierto es que tiene mucha razón.

- Bueno, mi jefe no me lo ha dicho nunca, la verdad. A ver si tú tienes más suerte...

Suelta una risilla, y claro, CAMBIA DE TEMA.

Aunque mi jefe esté de copiloto, relajado y jovial, y la ocasión haya sido perfecta (los planetas estaban alienados y era el momento justo), no le he sacado día libre L'Oreal... ¡Cachis!

Pero que conste que el tema lo ha sacado él. Ea.