06 julio 2009

I ♥ Reading

Me gusta leer. Me gusta mucho, y además es algo que hago desde pequeña. El gusto por la lectura me viene de muy atrás, recuerdo que me tiraba tardes enteras devorando libros...

Me parece un hobby muy sano: el hecho de leer, así, tal cual. Pero por puro gusto. Nada de lecturas obligadas. Todavía me acuerdo cuando en el instituto a mi profesora de Literatura se le ocurrió la magnífica idea de mandarnos leer Industrias y Andanzas de Alfanhuí (de Rafael Sánchez Ferlosio). Lo pasé francamente mal, le cogí una tirria tremenda a la historia, me producía hasta angustia abrir el libro, y me prometí que nunca leería nada más por obligación. Y así ha sido.

Recuerdo con especial cariño el día que mi madre me llevó a la biblioteca por primera vez para hacerme el carnet de socia. Iba tan emocionada que no me importaba que en las fotos de carnet que me habían hecho esa misma tarde saliera con un jersey horrible que no me gustaba nada. Recuerdo la impaciencia con la que esperé que la bibliotecaria terminara de rellenar el cartoncillo, pegar la foto, poner un sello, meter el carnet en una funda de plástico que había traído mi madre y por fin, dármelo. Lo cogí extasiada. Era la socia 997.

Desde entonces devoraba un par de libros a la semana, como poco. A veces, incluso sacaba de nuevo libros que me habían gustado para releerlos, a pesar de la vergüenza que pasaba cuando la bibliotecaria de turno sacaba la ficha y veía que ya me lo había llevado (he de reconocer que alguna vez "extravié" la ficha de marras para no pasar por la situación: es el único acto vandálico de mi vida, creo).

En esa biblioteca descubrí las series, que era mi lectura favorita. La que más me gustó fue la de PUCK (de Lisbeth Werner), una chica danesa que iba de internado en internado y tenía miles de aventuras -justo hoy han hablado de ella-. Antes que ella habían pasado por mis manos sagas como Los Cinco o Los Hollister, todo de aventuras. En cuanto podía, me compraba algún libro suelto de la colección de PUCK, los que me faltaban porque en la biblioteca había tomos sueltos, claro.

Con todo, no fueron éstas las lecturas que más me marcaron. Recuerdo con cariño tres libros, muy especiales para mí, porque fueron mis primeros regalos literarios y coincidió en que me gustaron muchísimo:

- La Historia Interminable, de Michael Ende, una edición especial del Círculo de Lectores con una sobrecubierta en relieve. Me quitaba horas de sueño para avanzar, hasta que me quedaba dormida.

- Viento del Este, Viento del Oeste, de Pearl S. Buck. Creo que fue mi primera lectura de adultos, me pareció una historia preciosa y delicada.

- Es Mi Vida, de Robert Leeson, creo que fue el comienzo de mi pasión por las chick-lit, aunque no fuera una propiamente dicha porque la protagonista era una adolescente.

Luego, con el tema de los estudios no tenía tanto tiempo para leer, pero aún así he seguido con mi pasión hasta hoy.

Ahora mismo, leer es para mí una vía de escape, y lo cierto es que hasta me relaja ver mis estanterías coloridas de libros con historias ligeras que no me hacen pensar demasiado. En cuanto pude permitírmelo acabé la colección que sacó RBA, de los cuales no me he leído ni la mitad, pero me alegra tenerlos. Luego voy comprando de vez en cuando alguna edición de bolsillo, y si me gusta mucho una autora (como por ejemplo ahora mismo Sophie Kinsella), me agencio sus novedades cuando salen.

Hay gente que opina que el tipo de lectura que me gusta ni siquiera es literatura, que no es seria. Me da igual. Para mí, abrir un libro es un momento de evasión, así que cuanto más ligera sea la historia, más humor contenga, más me ría, más identificada me sienta... Mejor. Además, como ya he dicho, no voy a leer nada más por obligación, así que seguiré con lo que me apetezca leer, ni más ni menos.

05 julio 2009

A vueltas con el coche...

La otra tarde fui valiente, me monté en la sauna que tengo por coche y me fui a la city a ver coches. Una versión de mí, deshidratada y sudorosa, aparcó enfrente de la tienda de mi chico y lo secuestró durante dos horas mientras íbamos a ver coches.

En principio, sólo coches de ocasión, porque estaba "medio decidido" que no iba a ser un coche nuevo, por aquello del presupuesto, ajustarse el cinturón, la crisis, bla-bla-bla...

Los coches de ocasión no bajaban de los 7500 euros, y ninguno me gustó. Vale, ya sé que los vehículos de esas características son los que son, no puedes elegir... Pero tengo derecho a que no me gusten, ¿no?

También me hacía ilusión ver coches nuevos, como cuando entras a una tienda sólo para mirar sabiendo que no vas a comprar nada... Y vimos un par de ellos. Un Peugeot 207 y un Citröen C3. Este último es el que me gusta: había uno de ocasión bastante bien por 8400 euros, y nuevo con todo el equipamiento molón y entregando la Olivita por unos 11000, aproximadamente. O sea: la diferencia entre coche nuevo totalmente a mi gusto y uno de segunda mano bastante aceptable era de 2500 euros.

Ése era el dilema, sobre todo cuando la tentación estaba tan cerquita, la balanza se inclinaba hacia el coche nuevo, pero no dije nada. Debía madurar la idea durante el fin de semana...

En eso estaba pensando, en dejar aparcado el tema por el momento, mientras cenábamos al aire libre con unos amigos. Y luego, por pura casualidad, escuché a uno de ellos decir:

- ...porque el año que viene sacan un nuevo modelo de C3...

¿CÓMO? Estupefacta (y un pelín chispys, tengo que reconocerlo), levanté una ceja (o puede que las dos, porque creo que no sé levantar sólo una). Me giré inmediatamente a mi chico, quien al parecer ya sabía eso pero había obviado contarme una información tan sumamente vital para la elección de coche. Solo que él no entendía que fuera tan importante. Pues está claro que sí.

Me enfurruñé al instante, y sin entrar en el minúsculo detalle de que no me cuenta lo más importante del mundo del motor (los nuevos diseños), le anuncié mi lógico cambio de opinión.

- Pues entonces NO quiero un C3 nuevo.

- ¿Pero por qué?

- Ya lo has oído: porque el año que viene sacan un modelo nuevo.

- ¿Y qué más da?

- Pues mucho. No quiero ser la "chica del modelo antiguo".

- Pero si este modelo te gusta...

- Ya, pero estará desfasado enseguida. No lo habré pagado y ya estará out.

Jo, pues yo creo que es evidente y elemental: si te vas a gastar casi dos millones de las antiguas pesetas, qué menos que sepas que el año que viene tu flamante coche NUEVO no sea ya un modelo anterior. Otra cosa es si te lo compras de segunda mano, es algo aceptable. Pero no nuevo, no me parece.

Creo que en este asunto, vamos para atrás como los cangrejos...

04 julio 2009

¿Y yo, qué leo? (XXIV)

Alucino. Hace pocos días que empecé ¿TE ACUERDAS DE MÍ?, de Sophie Kinsella y ya me lo he terminado. Lo he cogido con ansia. De hecho, me lo compré el día después que me enteré que ya había salido en España (hasta me planteé comprármelo en inglés y todo). Me ha merecido la pena.

Esto dice la contraportada que pasa:
¿Y si un día abrieras los ojos y, de repente, tu vida fuese perfecta? Por increíble que parezca, a Lexi Smart ese sueño se le ha hecho realidad. Tenía un trabajo mal pagado, los dientes torcidos y una vida sentimental desastrosa cuando, una mañana, se despierta en una cama de hospital y descubre que su espléndida dentadura deslumbra como en un anuncio de dentífrico, sus uñas presentan una manicura inmejorable, y su ropa y complementos son los de una mujer muy rica. Y, por si fuera poco, está casada... ¡¡¡con un desconocido!!! Superada la gran sorpresa, Lexi se propone disfrutar de su nuevo yo, con lo cual podrá comprobar de primera mano las ventajas e inconvenientes que puede acarrear una inesperada vida perfecta.
Sí, puede que el argumento no sea muy realista que digamos. Pero me lo he pasado bomba leyendo, tanto, que me lo he devorado en nada de tiempo. Me parece increíble que me gusten tanto los libros de Sophie Kinsella (bueno, la mayoría, tuvo un par de tropiezos pero se los perdono por todo lo que me hace reír), y luego los de Madeleine Wickham me parezcan literatura barata. ¿Qué le pasa a esta mujer, sólo sabe escribir cuando se pone el seudónimo? No me lo explico...

Pero bueno, a lo que iba. La historia de Lexi es sencilla: se da un golpe en la cabeza y desaparecen los últimos años de su vida, precisamente esos años en los que se transformó completamente hasta convertirse en la persona que es ahora, alguien irreconocible (y no sólo en el espejo). Más sexy. Más rica. Más... Más... Más cosas que ella va averiguando a la vez que quien sigue su historia. Lexi está en una nube, y la pregunta es: ¿se vuelve más mullida o menos espesa?

Como me ha gustado tanto porque me he reído un montón con la manera de presentar la historia, no voy a contar nada más. Esta vez sí que recomiendo este libro, es una lectura de verano de verdad.

03 julio 2009

Egoísmo / Un Día Duro

Supuesto horario laboral para el día de hoy: de 08:00 a 15:00, y a casita.

Horario efectivo de trabajo: de 08:00 a 18:39, sin hora de comer, por supuesto.

Número de correos sin contestar: tropecientos.

Tarea principal durante la jornada laboral: reducción de personal de la empresa.

Desempeño de la misma: explicar a los afectados que prescindimos de sus servicios.

Resultado 1: mucha gente asustada, preocupada, triste...

Resultado 2: ganas de llorar (mías).

Resultado 3: nudo en el estómago (mío).

Resultado 4: miradas recelosas (sobre mí).

Resultado 5: una cabeza a punto de estallar (la mía).

Resultado 6: necesidad de huir (mía).

Resultado 7: llanto efectivo en la soledad de mi casa.

Pues sí, hoy sido un día duro para mucha gente...

02 julio 2009

¿Vacaciones?

Estoy un poco que me subo por las paredes.

Huyo (sí, ése es el verbo: huir) del trabajo y de los millones de comentarios de los planes que tiene todo el mundo para sus vacaciones.

Todo el mundo menos yo.

Estoy tranquilita en casa, y pongo la tele un rato. Viajes Marsans, Viajes Iberia y similares me bombardean de ofertones, porque este año, con la crisis, los precios están baratos y todo el mundo puede viajar.

Todo el mundo menos yo.

La apago, un poco recocidilla. Y me voy a Internet. Abro mi correo, y varias cadenas de hoteles me presentan sus ofertones para este verano, y me recuerdan que todos sus clientes ya disfrutan de tarifas más baratas.

Todo el mundo menos yo.

Cierro el correo y abro mi listado de blogs para ponerme al día, y el 80% de ellos o están contando los días que les quedan para las vacaciones, o sacando los billetes para sus viajes, o simplemente compartiendo sus próximos destinos. De una forma u otra, todo el mundo está pensando en sus vacaciones.

Todo el mundo menos yo.

Porque sí, estamos ya a Julio y no tengo ni idea de qué va a ser de mí vacacionalmente hablando este verano.

¿Y por qué estoy en esta situación? Por mema.
    Llevo un año sabiendo que la boda de una de mis mejores amigas es el 25 de Julio en la otra punta de España. Lo sé yo y lo saben mis compañeros porque no he parado de hablar del tema. Pero una de ellas al parecer se hizo la sorda y resulta que no se enteró de que tenía intención de pedirme una semana en Julio para ir a la boda tranquilita y ya de paso disfrutar de unos días de relax (por cierto, la primera vez en cuatro años que digo de tomarme una semana en verano). Ella hizo planes con sus amigas para la segunda quincena de Julio, o eso dijo. Así que cuando fuimos a ver cómo nos pedíamos las vacaciones, ni ella estaba dispuesta a renunciar, ni por supuesto yo tampoco.

    Nos enzarzamos en una buena discusión en la cual no llegamos a ninguna conclusión, salvo que la una pensara -y dijera- de la otra que era una egoísta.

    Después de eso, nada más que por coraje y orgullo no he vuelto a sacar el tema. Claro que podría haber sido una hija de fruta, haber entregado mi solicitud de vacaciones (porque ninguna de las dos lo habíamos hecho) y el que viniera atrás que arreara. Pero no lo hice. Por eso hora estoy a expensas de que mi compañera se decida a pedirse vacaciones de una buena vez. No le presiono más porque ahora resulta que está pasando un momento personal delicado y yo soy así de sumamente considerada a la par que gilipollas, pero estoy bastante harta de este tema y también es verdad que soy capaz de soltar una burrada además de montar un pollo tremendo.

Necesito vacaciones. Y más que vacaciones, necesito la EXPECTATIVA de unas vacaciones. Una cuenta atrás. Una ilusión de elegir destino. Una aventura al planificar cosas. Para que sea todo el mundo, y yo también.

01 julio 2009

SuperNómina

Sueño. Hace sueño. Claro, es tempranísimo. Tengo los ojos legañosos, pero aún así he de mirar si he cobrado... Antes incluso de abrir el correo corporativo. Las prioridades son las prioridades. Porque ya empiezan las rebajas, y la mañana se pasará más rápido haciendo una lista mental de cosas que agenciarme cuando salga de aquí y me vaya de tiendas (porque no tengo nada que ponerme, y eso no puede ser).

Veamos. Tecleo la dirección de mi banco, meto siete veces el D.N.I., cuatro veces la contraseña, cinco veces las coordenadas, dos escáneres de retina, tres muestras de ADN y... Por fin están los datos de mi cuenta.

¿Pero qué es esto?


Se me caen las legañas de la impresión, claro.

Vale, que no cunda el pánico (la euforia, más bien). Estaba esperando un aumento, sí, pero no cobrar un millón de las antiguas pesetas de una tacada. Aunque yo lo valgo, sí, está fuera de toda discusión, pero creo que en mi empresa aún no se han dado cuenta y no me lo reflejan en el sueldo, cosas que pasan. A alguien se le ha debido de ir el dedo de mala manera... O de buena manera, según se mire. Incluso es posible que hayan intercambiado las nóminas, y en ese caso debe de haber alguien tan alucinado como yo pero en el mal sentido, y como sea algún jefazo, quien haya metido la zarpa en el programa de nóminas va a tener un día chungoooooo...

El caso es que tengo 6000 euros en la cuenta, y los ojos me hacen chirivitas.

Menudo comienzo de las rebajas. O sería la mitad de un coche nuevo. O disfrutar de las vacaciones a todo tren...

Empiezo a soñar, no puedo evitarlo. Lo primero, con un SPA de lujo al que llego en mi NUEVÍSIMO coche que rezuma el característico olor a coche nuevo (valga la redundancia). Abro el enorme maletero y saco un juego de maletas (qué redundante soy en sueños) lleno hasta los topes de ropa nueva que he comprado en las rebajas y...

Toc, toc.

Me tocan el hombro. Un angelito con el ceño fruncido me miraba mal. Le pongo carita de pena pero entorna los ojos. Vale, vale, está bieeeeeeeeeeeen... Les diré que hay un minúsculo error, casi nada, unas decimillas, de hecho, no tienen ni que molestarse en revisarlo...

Bueno: vale. Lo denuncio, como no puede ser de otra manera. Soy honrada. Ahora mismo no soy pobre (hasta ayer lo era y seguramente a partir de mañana mismo también), pero sí honrada. Así que quedo en espera de que me quiten mi súpernómina y me den una normal y corriente, para planerarme el mes, poderme comprar una camiseta al menos en las rebajas, pagar cosas tan aburridas como la hipoteca, el seguro y esas cosas que los que realmente cobran 6000 euros seguramente no tienen necesidad de hacer... Hay que joderse.

Jo, pero cómo molaría cobrar eso todos los meses...

30 junio 2009

En busca de InnerCar...

Pues sí. Incrédibol but true. Hemos madrugado un montón para ir a la city antes del trabajo y probar un probable InnerCar.

Con todo el sueño que llevo a cuestas me monté en el coche, gafas de sol en ristre por supuesto, a medio dormitar en el asiento del copiloto (mientras el piloto atropellaba una valla, pero que lo cuente él si quiere). Era taaaaaaan temprano, que era evidente que acababan de poner las carreteras, porque nos hemos encontrado con todos los camiones del mundo en la autovía... O eso, o los camiones duermen todos enjaulados y muy temprano alguien los suelta todos como pajaritos que salen a tropel ebrios de libertad y zZzzzzZZZZzzzZZzzz...

(¿Qué pasa? Tenía sueño y tan temprano mis pensamientos no son coherentes...)

En fin, el probable InnerCar lo habíamos visto en una página de segunda mano. No tenía mala pinta: un Clío con motor 1.9 o algo así (información irrelevante), y rojo (información básica). El caso es que tenía A/A (maravillosa abreviatura), que es lo importante. Lo básico, diría yo. Lo ÚNICO.

En vivo y en directo el coche seguía sin estar mal: el interior se le veía limpio y el exterior tenía los razonables arañazos y un bollito pequeño. El dueño parecía un chico majo y cuidadoso, que además nos contó la típica bola de los vendedores de coches de segunda mano para que te tragues que el coche no ha sufrido aunque tenga un montón de kilómetros hechos: es que este coche lo tenía una maestra que lo usaba para ir al pueblo donde la habían mandado. Todos los coches usados de España han pasado por las manos de maestras. Es una verdad universal.

Pero a lo que iba. El desencanto apareció en cuanto nos montamos para probarlo, y nos dimos cuenta de que:

a) Se podrían hacer cócteles sólo con sentarse dentro del coche y arrancar; sin necesidad de agitar coctelera, oigan. Eso no eran unas vibraciones, era un terremoto a pequeña escala.

b) El A/A era aire acondicionado, sí, pero sólo aire. Nada de fresquito. Es decir, que si el aire exterior está a 35º, ese será tu aire interior. En definitiva, el A/A era una KK.

c) Yo no lo sé porque conducía mi chico, pero por lo visto la dirección andaba pelín dura, o sea que necesitaría unos dos meses de gimnasio haciendo pesas si quisiera aparcar en un tiempo razonable.

De todas formas, en lugar de ser sinceros y decirle al chaval lo que pensábamos, mentimos descaradamente:

- Bueno, esta tarde vamos a ver otro coche y ya te decimos algo.

Y él, otra mentira igual de gorda (además de la de la maestra):

- Muy bien, de todas formas viene más gente a verlo...

Apretón de manos, dos besos y adiós-muy-buenas.

O sea, que al final madrugamos para seguir en el mismo punto: a la busca y captura de un probable InnerCar. Seguiré haciendo números a ver si puede ser uno nuevo... Que lo veo un pelín complicado pero bueno, mientras no perdemos nada por seguir mirando coches de segunda mano que hayan pasado por las manos de alguna maestra. Aunque la próxima vez ya puede ser bueno el coche que merezca mi madrugón...

29 junio 2009

The Cajeras' Justice

Hoy presento una nueva entrega de...

LO QUE ME SACA DE MIS CASILLAS

...que se inauguró hace un tiempo porque estaba un poco de uñas... Este va a ser el logo oficial, así que si un post empieza con la siguiente imagen, es que siguen palabras de ofujkamiento en toda regla.

El tema de hoy no es otro que las cajeras de supermercado que pasan de ti mientras metes toda tu compra (un carrito lleno hasta los topes) tú solita en bolsas, te miran mientras lo haces o en su defecto a sus uñas y encima te ponen mala cara si tardas en efectuar el pago o firmar el recibo de la tarjeta.

Por lo visto hay más ejemplares de los que yo creía y de los que la Humanidad debería permitir.

Porque además, no entiendo su Justicia Divina, es decir, ¿cómo deciden a quién ayudan a meter artículos en bolsas? ¿Sólo a las buenas personas? ¿Realmente siguen un patrón? ¿O es una elección totalmente azarosa?

En mi momento de observación, no llegué a comprobar qué tiene que tener la persona que se vea agracidada por su gesto de magnanidad y vea como es ayudada a meter su compra en bolsas.

Pero situémonos. Eran las 18:14 de un Viernes por la tarde, 26 de Junio de 2009 para más señas, en la caja número dos en un supermercado de una importante cadena nacional. En el interior, la temperatura ambiente rondaría los 26º (las cajas están cerca de la zona de refrigerados), en el exterior hacía un día despejado, aproximadamente 36º, humedad relativa del 29%. A la cajera, llamémosle Manoli por poner un ejemplo totalmente al azar, se la veía un pelín harta de estar en la caja anteriormente mencionada, en lugar de en una terracita con sus amigas y un café con hielo.

En la cola había cuatro tipos de clientes:
  1. Mujer rondando los 40 años aproximadamente, con un atuendo veraniego y práctico, discreto a la par que sencillo, con un ligero maquillaje y peinado moderno. Su compra rondaba los 32 euros, y la composición mayoritaria de dicha compra era lácteos y zumos.

  2. Grupo de cuatro jovenzuelos (dos chicos y dos chicas), con un marcado look hiphopero de ropas oscuras, pelo tendente a la grasa, gomillas de la ropa interior a la vista, chicle más fuera que dentro de la boca. Su compra no superaba los 20 euros, y consistía exclusivamente en pizza y cervezas, supuestamente para la cena.

  3. Hombre cuya edad oscilaría entre los 60 y 65 años, callado, correcto y educado, con pantalón de raya marcada y camisa perfectamente planchada por, seguramente, su esposa. Su compra era inferior a 2 euros: lechuga tipo iceberg y paquete de sal.

  4. Mujer joven, atractiva, simpática, majérrima, radiante, bloggera para más señas, que además no necesita abuela, a la que se le iba hinchando la carótida según observaba a la tal Manoli. El importe de su compra superaba los 40 euros, y predominaba el caos total.
La pregunta que surge a continuación es: ¿a quién ayudó la cajera a meter sus enseres en las bolsas de plástico?

La respuesta es (seleccionar para ver): a los cuatro chicos.

(Qué tontería lo de seleccionar para ver porque a continuación queda claro...)

O sea, no lo entiendo. ¿Ayuda a los cuatro, a los que iban juntos y sumaban ocho brazos para meter un pack de cervezas y dos pizzas en dos bolsas? ¿Porque es poco, aunque más que la lechuga y la sal del señor? ¿Por las pintas, por si le rayan el coche? ¿Porque les recuerda a su juventud? ¿Porque sus 20 euros valen más que los 30 de la primera mujer o de la cuarta fabulosa chica? ¿Porque llevan pizza? ¿Eh? ¿Eh? ¿Por queeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee?

Así que yo y mi vena palpitante (ups, ¡me he descubierto!) metíamos con bastante mala leche la compra en las bolsas, con deliberada parsimornia mientras veía de reojo cómo me miraba Manoli, que ya había hecho la cuenta un plis -por supuesto- y estaba esperando a que le pagara.

Pues sí, ahora te esperas un poquito, guapa. Un pack de yogures a la bolsa. Manoli carraspea. Un paquete de pan de molde a la bolsa. Manoli tose. Un bote de aceitunas a la bolsa. Manoli tamborilea los dedos. Un kilo de tomates a la bolsa. Manoli suspira ruidosamente. Un paquete de cereales a la bolsa. Y así hasta cinco bolsas de cosas.

Lo siento, pero es que no puedoooooooooooo...

 
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