Me parece un hobby muy sano: el hecho de leer, así, tal cual. Pero por puro gusto. Nada de lecturas obligadas. Todavía me acuerdo cuando en el instituto a mi profesora de Literatura se le ocurrió la magnífica idea de mandarnos leer Industrias y Andanzas de Alfanhuí (de Rafael Sánchez Ferlosio). Lo pasé francamente mal, le cogí una tirria tremenda a la historia, me producía hasta angustia abrir el libro, y me prometí que nunca leería nada más por obligación. Y así ha sido.
Recuerdo con especial cariño el día que mi madre me llevó a la biblioteca por primera vez para hacerme el carnet de socia. Iba tan emocionada que no me importaba que en las fotos de carnet que me habían hecho esa misma tarde saliera con un jersey horrible que no me gustaba nada. Recuerdo la impaciencia con la que esperé que la bibliotecaria terminara de rellenar el cartoncillo, pegar la foto, poner un sello, meter el carnet en una funda de plástico que había traído mi madre y por fin, dármelo. Lo cogí extasiada. Era la socia 997.
Desde entonces devoraba un par de libros a la semana, como poco. A veces, incluso sacaba de nuevo libros que me habían gustado para releerlos, a pesar de la vergüenza que pasaba cuando la bibliotecaria de turno sacaba la ficha y veía que ya me lo había llevado (he de reconocer que alguna vez "extravié" la ficha de marras para no pasar por la situación: es el único acto vandálico de mi vida, creo).En esa biblioteca descubrí las series, que era mi lectura favorita. La que más me gustó fue la de PUCK (de Lisbeth Werner), una chica danesa que iba de internado en internado y tenía miles de aventuras -justo hoy han hablado de ella-. Antes que ella habían pasado por mis manos sagas como Los Cinco o Los Hollister, todo de aventuras. En cuanto podía, me compraba algún libro suelto de la colección de PUCK, los que me faltaban porque en la biblioteca había tomos sueltos, claro.
Con todo, no fueron éstas las lecturas que más me marcaron. Recuerdo con cariño tres libros, muy especiales para mí, porque fueron mis primeros regalos literarios y coincidió en que me gustaron muchísimo:
- La Historia Interminable, de Michael Ende, una edición especial del Círculo de Lectores con una sobrecubierta en relieve. Me quitaba horas de sueño para avanzar, hasta que me quedaba dormida.
- Viento del Este, Viento del Oeste, de Pearl S. Buck. Creo que fue mi primera lectura de adultos, me pareció una historia preciosa y delicada.
- Es Mi Vida, de Robert Leeson, creo que fue el comienzo de mi pasión por las chick-lit, aunque no fuera una propiamente dicha porque la protagonista era una adolescente.
Luego, con el tema de los estudios no tenía tanto tiempo para leer, pero aún así he seguido con mi pasión hasta hoy.
Ahora mismo, leer es para mí una vía de escape, y lo cierto es que hasta me relaja ver mis estanterías coloridas de libros con historias ligeras que no me hacen pensar demasiado. En cuanto pude permitírmelo acabé la colección que sacó RBA, de los cuales no me he leído ni la mitad, pero me alegra tenerlos. Luego voy comprando de vez en cuando alguna edición de bolsillo, y si me gusta mucho una autora (como por ejemplo ahora mismo Sophie Kinsella), me agencio sus novedades cuando salen.
Hay gente que opina que el tipo de lectura que me gusta ni siquiera es literatura, que no es seria. Me da igual. Para mí, abrir un libro es un momento de evasión, así que cuanto más ligera sea la historia, más humor contenga, más me ría, más identificada me sienta... Mejor. Además, como ya he dicho, no voy a leer nada más por obligación, así que seguiré con lo que me apetezca leer, ni más ni menos.







