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06 octubre 2008

Lo he vuelto a hacer.

No tengo remedio.

Es cobrar la nómina y entrarme la locura consumista (bueno, más bien, el verbo correcto sería "incrementarse"). Así que, como soy pasto de esa esencia materialista y encima, no tengo fuerza de voluntad, a principios de mes mi cuenta bancaria se ve ligeramente mermada a la par que mi armario guarda más ropita nueva...

(Y más bolsos, y más complementos...)

El Sábado llevé a mi chico al trabajo -oooooooooh, cuánto me apetecía poder decir eso-, para ver la tienda (que aún no la había visto: muy bonita, muy mona, llena de cachivaches y de aburrimiento). Así que ví la tienda, le dí un besito y allí le dejé, ganándose el sueldo mientras yo lapidaba el mío cuatro tiendas más allá.

Volví un par de horas más tarde, sólo con dos bolsitas (en realidad, eran cuatro, pero varios metros antes de la tienda metí dos de ellas hechas un higo en las otras, no sé por qué, creo que es instinto de supervivencia).

Con ese entusiasmo fruto del subidón de adrenalina que tenemos las chicas después de agenciarnos un par de modelitos nuevos, me puse a hacer un minipase privado en la misma tienda...

- ¿Qué, te gusta esta camiseta?

- ¡Sí! ¿Cuánto te ha costado?

A la porra el subidón de adrenalina. Jo.

P.D.: Esa pregunta, como la de ¿cuántos años tienes?, nunca, JAMÁS, debe hacerse a una chica. ¿Es que NADIE les enseña eso, eh?

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05 octubre 2008

Sí, a veces me descubro haciendo cosas altamente impropias de mí misma.

A veces, de repente, pienso: ¿cómo es que estoy haciendo algo así?

Y no es que sea malo, es simplemente... inusual.

Tampoco son grandes cosas, más bien son detalles cotidianos para otros, pero poco habituales en mí. Por lo menos, hasta ahora.

Son esas cosas que te hacen pensar... No estás acostumbrada a verte a ti misma hacerlas, sí, las estás haciendo, por primera vez, y no porque te hayas visto obligada, sino porque te apetece, así, sin más.

Sí, yo, una vaga redomada, me descubrí quitando una a una las pimientas de unas lentejas (una olla entera) porque a mi niño no le gusta encontrárselas en el plato. Estuve un buen rato buscando bolitas negras entre las lentejas, y ya que estaba, quité todo lo que no le gustaba, hasta que dejé totalmente "descontaminadas" las lentejas. No fue porque me lo pidiera, sino porque quise.

Sí, yo, la que pierde un brazo antes de levantarse del sofá un Domingo por la tarde, me empeñé en meterme en la cocina a preparar, por primera vez en mi vida, unos frisuelos para merendar, porque obviamente me volví majara de repente se lo propuse a mi niño y le encantó la idea. Con una receta un poco patatera y mi nula habilidad culinaria, me pringué de harina y por extensión toda la cocina hasta hacer un plato de frisuelos calentitos y azucarados. También porque quise, no porque me lo pidiera.

Supongo que eso es amor, ¿no? Quizá una manifestación poco poética, pero a veces, más cargada de significado que las típicas muestras en las que todos pensamos cuando hablamos de querer a alguien...

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04 octubre 2008

Mi chico y yo tenemos una broma que es un tanto difícil de describir en palabras. No sé cómo empezó, pero el caso es que cuando hablábamos por teléfono y yo tenía prisa y teníamos que colgar antes de lo previsto, me despedía con un: "¡Hala! ¡Clock, clock, clock!".

El clock es en realidad un sonido gutural como el que emplean los pastores para llamar al ganado. Vamos, un cloqueo de cabreros. Lo sé, muy-muy-muy-pero-que-muy poco glamouroso, cierto, pero en mi defensa tengo que decir que en vivo y en directo tiene hasta su gracia. Que levante la mano quien no hace nunca tonterías así.

El caso es que la broma luego se expandió a cada vez que nos mandábamos hacer algo, como por ejemplo:

- ¡Hala, a fregar los platos! ¡Clock, clock, clock!

O:

- ¡Venga, a bajar la basura! ¡Clock, clock, clock!

O:

- ¡Vamos, hay que recoger la cocina! ¡Clock, clock, clock!

...acompañado, por supuesto, de un suave y cariñoso manotazo en el culo para darle más énfasis a la cosa.

Vale.

Concepto introducido...

Pues estaba yo el otro día en el trabajo, tecleando frenéticamente para acabar mis tareas antes de que vinieran unos mega-súper-jefazos, cuando me acordé de una cosa. Cojo el teléfono, marco dos números y contesta mi adorado jefecillo, JdP, desde su otro despacho. Y voy y le digo:

- Oye, ¿has publicado el comunicado que nos mandaron la semana pasada?

Le oigo dudar, suena un mmmmmmmmmm pensativo y al final contesta lo que yo sospechaba.

- Pues no...

Ya me lo esperaba. Cómo no. Este chico sigue siendo un despiste con corbata (aunque ahora tenga la estupenda excusa de que se ahoga en trabajo pero en realidad no es para tanto).

- ¿Y no crees, vamos, digo yo... que debieras publicarlo?

Esta vez la respuesta es fácil e inmediata: POR SUPUESTO, porque los mega-súper-jefazos siempre nos están diciendo que todos los comunicados deben llegar a todos los trabajadores y si se enteran de que no es así te saltan a la yugular (ventajas de cuatro años conociéndolos). Así que como oigo un asentimiento al otro lado de la línea (y simultáneamente a cuatro metros de mí), voy Y LE SALTO:

- ¡Hala! ¡Clock, clock, clock!

A mi jefe.

A mi superior jerárquico le he hablado como si yo fuera un cabrero (y él una cabra, por extensión, cuando en realidad está claro que la cabra loca soy yo).

Soy un desastre, jo.

Menos mal que es muy despistado y no me oyó. Espero.

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03 octubre 2008

PIMKIE ha decidido compartir con el mundo en general una idea estupendérrima que consiste en aglomerar en un portal blogs de chicas.

Chick-Lit Blogs.

Me mola el término (es como muy yo, osssea).

La página web es www.laschicassonblogueras.com y ahí se pueden ver, ordenaditos, un montón de blogs de chicas con actualizaciones recientes y un poquito de post para engancharte...

Me parece una idea genial porque así es fácil encontrar blogs de chicas que cuentan sus cosas, como yo hago, y bueno, ese tipo de blog me gusta mucho, así que espero hacer algún descubrimiento...

¿Qué, lo visitáis?

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02 octubre 2008

En la HORA TRES (no, no es un programa de radio) del atasco que me tuvo cuatro horas parada in the middle of the nowhere, se me ocurrió llamar, fíjate qué cosas, al 062, para que me informaran de si pensaban hacer algo, en fin, no sé, ¿para que las personas que estábamos atrapadas en la carretera saliéramos de allí?

062

Está llamando a la Guardia Civil.

Bien, gracias, vamos por buen camino.

Si su consulta está relacionada con Tráfico, pulse 1.

Bueno, más bien era por la "ausencia de tráfico", porque, en fin, hay que decirlo: llevábamos tres horas parados, teníamos la inundación tres coches por delante, era de noche, llovía, no se veía ninguna luz de la Guardia Civil (de hecho, no se veía NADA), no habíamos visto ningún vehículo oficial acercarse por allí, teníamos hambre, empezaba a hacer frío, no sabíamos si esa situación se alargaría hasta la noche, era probable que nadie pudiera venir a buscarnos... En fin, que yo ya estaba un poco de los nervios, por decirlo de una manera suave y educada; supongo que era algo comprensible. Pulso 1.

- Tráfico, ¿dígame?

- Sí, ¿oiga? Mire, estamos aquí en la autovía, y la han cortado...

- Sí, ya lo sé.

- Claro, me imagino que lo sabe, por supuesto. El caso es que me preguntaba si podían informarme sobre lo que piensan hacer, y sobre todo, cuándo.

- Señorita, ESTAMOS haciendo algo.

- Estupendo. ¿Y el qué, exactamente?

- Limpiando la inundación, claro.

- Perfecto. ¿Y no van a abrir una mediana para que podamos pasar o algo mientras limpian? Porque llevamos aquí ya tres horas y es que no vemos movimiento de ninguna clase...

- Oiga, no podemos abrir el otro lado porque EL OTRO LADO está igual.

- ¿Cómo igual?

- Cortado.

- Ummmm... Perdone que le contradiga, pero no puede ser porque llevamos viendo pasar coches y camiones continuamente por el otro sentido de la autovía...

- Será por una vía de servicio.

- Er... No. Estamos en el carril de la izquierda, tenemos una mediana a la izquierda, y lo siguiente es la autovía y resulta que es por ahí por donde están pasando los camiones y los coches ininterrumpidamente...

- Usted lo que estará viendo son vehículos ocasionales...

- ¿Ocasionales?

- ...

- Mire, de verdad, le prometo que por la autovía están pasando vehículos en sentido contrario.

- Pues a lo mejor es que en donde están ustedes está abierta, pero donde está la inundación está cortado...

- Disculpe, pero es que está cortada la autovía tres coches por delante de nosotros, y el sentido contrario no está cortado porque vemos pasar coches y camiones y...

- Bueno, que lo que estamos haciendo es limpiar la autovía. Y se acabó.

- Vale, vale... Gracias por la información. ¿Y no sabrá usted el tiempo estimado hasta que...?

Tuuuu. Tuuuu. Tuuuu.

Jo.

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01 octubre 2008

A finales del mes pasado (pero vamos, a todos los efectos era Septiembre cuando le eché la zarpa al dinero fresquito), se cobró la nómina de Agosto y comprobé con disgusto que no había percibido la subida que me prometieron por el "ascenso" llevado a cabo ese mes. Lo reclamé por si me lo iban a pagar a mes vencido, como suplencias o algo similar, pero al final resultó que con tantas vacaciones en Agosto (las mías no eran, claro), a alguien se le olvidó decir o a alguien se le olvidó meter en el programa la subida; así que me quedé igual que estaba.

Así que ahora he cobrado la nómina de Septiembre con mi subida y además ese extra que me debían (aunque por los cálculos que he hecho, parece que todavía me falta un pellizquito, lo tendré que mirar con calma más adelante). De todas formas, para que no se me suba a la cabeza, este mes me he hecho mi composición de lugar y me he adaptado al mismo presupuesto "reducido" de siempre para aprovechar la subida para ahorrar algo. Soy una santa, está claro.

Peeeeeeeeeeero... Ahora tengo un pellizquito de más, me lo grita el extracto del banco...

...que ha despertado un caprichín, claro.

No he podido evitarlo...

Y es que llevo tiempo queriendo una cámara digital nueva (ya se me pasó la perra del móvil, bueno, mentira, estoy esperando un lanzamiento del modelo que me gusta en España, pero eso no cuenta). Mi actual cámara de fotos está impecabilísima (soy así de cuidada para mis chismes electrónicos, qué le voy a hacer), pero es demasiado voluminosa y algo pesada para mi gusto. Así que le he echado el ojo a algunas más delgadas -aunque no mucho más ligeras, pero al menos ocupan menos espacio-, y sobre todo: ROSAS. ¡Son taaaaaan cucas! Que me tienen boba.

Ahora la verdad es que las cámaras no son muy caras, pero como llevo meses inmersa en una ligera crisis (el carnet no me ha ayudado nada, que es la manera fina de decir que tiene la culpa), pues me he cortado bastante de comprarme cosas así, sobre todo cuando YA tengo una cámara que está estupenda. Pero ahora que me ha llegado este empujoncillo (y no tengo el peso de la autoescuela), pues me vuelve a picar.

¿Me la compro?

¿No me la compro?

La otra cámara la puedo vender en eBay, no voy a sacar mucho pero algo es algo, ¿no?

¿Me la compro?

¿No me la compro?

Esta vida es para concederse caprichillos, digo yo, y si ahora puedo, debería aprovecharme, ¿no?

¿Me la compro?

¿No me la compro?

Qué dilema, oyes... Y esta vez el Universo no me manda señales. Cachis...

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30 septiembre 2008

A ver, concentración...

El recibo de agua son 20,76 euros. Luego, está el de la luz, que son 66,65 euros. Ya me ha venido el gimnasio que son 25,50 euros. La factura del móvil, que se me había olvidado, otros 44,68 euros del ala...

BRRRRRRRRRRRRRRRRR...
BRRRRRRRRRRRRR...
BRRRRRRRRRRRRRRRRR...
BRRRRRRR...



Esta cara se me quedó después de que el vecino de al lado decidiera a las 20:43 de la noche, una hora tan buena como otra cualquiera, taladrar a lo bruto la pared que separa mi salón (y mi tranquilidad) de su casa.

Vamos, casi se me para el corazón del susto.

Después de eso, me daba igual cuánto sumaran mis facturas...

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Últimamente, al responsable de RRHH de mi empresa le da por venir a vernos cuando tengo la regla. Creo que tiene apuntado mi calendario menstrual o algo, porque las dos o tres veces al año que se presenta aquí, resulta que yo estoy hormonosa perdía. De hecho, no pienso apuntar mis reglas, para la próxima le preguntaré a él cuándo me toca...

La última vez que estuvo aquí, pues sí, acabé con una barranquera rabiosa con lágrimas rebeldes incluidas. Pasó y ya no se puede remediar. No estoy precisamente orgullosa de ese episodio, pero a lo hecho, pechos (dos). Tampoco fue tan grave; cierto es que va en contra de mis principios -y mis finales- mostrarme vulnerable y menos en el trabajo, pero salió así, sin más, y en definitiva no tengo de qué avergonzarme... Pero aquel "incidente" parece que lo tenemos clavado los dos: yo como una espinita, y él con un anecdótico recuerdo desde el cual me tiene colgada la etiqueta de sensible. ¿Y qué si lo soy?

Pero bueno, el caso es que de ese sambenito no me voy a librar en la vida, está claro. Si me cabía alguna duda, me la despejó con una alusión que hizo a modo de saludo, que capeé como pude con una sonrisa deslumbrante como si me hubiera resultado gracioso el comentario, cuando en realidad me hubiese gustado patearle la cara...

Porque si aquella vez me pilló en el día sensible, esta vez estaba en mi ciclo rabioso. Así que me sentó como una patada en mis doloridos ovarios bastante mal que la reunión improvisada por la que había venido la enfocara como que:

a) Él era el Ángel Salvador de los Desvalidos.
b) Nosotros somos malos gestores.
c) El único con talante dialogante es él.

Sobre todo porque el problema es que nosotros, en contra de nuestra opinión y como hemos podido porque se nos caía la cara de vergüenza, hemos defendido una postura totalmente antipopular que resulta que es una ORDEN DIRECTA SUYA. Pero ahora, cuando le preguntan cara a cara las personas que se han visto perjudicadas por su decisión, va y dice que él no sabía nada, que le parece mal que se esté haciendo como hasta el momento (idea suya, cabe recordar) y que hay que revisar el tema para encontrar una solución satisfactoria.

Tócate los huitis con la punta de la nariz.

A mí de dejó con las patas colgando. Yo miraba a JdP, totalmente aluciflipada, mientras notaba cómo se me encendían las mejillas y me empezaba a palpitar la carótida de la indignación. JdP no levantaba la mirada del suelo, porque no era capaz de reaccionar ante la puesta en evidencia que estábamos sufriendo. Ni yo tampoco. No me podía creer lo que estaba escuchando. Incluso dudé de estar interpretándolo bien. Pero sí, no había duda: era lo que parecía.

Entonces, la sensible se levantó de la reunión y se fue, simulando una llamada al móvil. Porque sí, soy demasiado sensible como para escuchar una sarta de mentiras. Era totalmente sensible que iba a estallar de un momento a otro y llamarlo mentiroso delante de todos. Me toca la fibra sensible que alguien quiera mantener su prestigio a costa de los demás...

Me da que ha empezado una guerra: demostrar que sensible no es lo mismo que gilipollas, cosa que parece que tiene asociada.

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29 septiembre 2008

Este fin de semana nos hemos pegado un palizón, pero ha merecido la pena.

Ese ha merecido la pena es el mantra que me he ido repitiendo todo el día de hoy para no quedarme dormida en cualquier rincón. Nos hemos ido de boda a la otra punta de España, con todo lo que ello supone: viaje de ida, viaje de vuelta, y sobre todo, el fiestón de la boda (me lo pasé GENIAL). Menos mal que mis estupendos zapatos me permitieron aguantar todo lo que quise y más sin tenerme que amputar los pies... Pero aún así, acabé K.O.

Así que hoy estoy un poco... Cómo decirlo... ¿Cansada? Sí, cansada es un buen adjetivo. Sólo necesito que me dejen trabajar tranquilita y toooodo irá bien... Lo cual NUNCA pasa, y menos un Lunes...

Menos mal que entre tanto ajetreo de fin de semana pude traerme un Puchi-Puchi que me calma bastante y que me ha ayudado a ganarme la denominación de friky en el curro.


Vale, puede que sea una friky, pero soy una friky relajada. Encima que lo hago por el bien de la Humanidad...

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26 septiembre 2008

A veces creo que me metí una sobredosis de Sexo en Nueva York...

No me reconozco.

Para empezar, el otro día sucumbí. Sí, lo admito. Incluso lo digo públicamente. Me abandoné al frenetismo consumista más descarado, como una Carrie Bradshaw cualquiera (increíble en mí, ¿verdad?). NO necesitaba un vestido para la boda de mañana, pero me lo compré, y he sufrido las consecuencias. Igual que antes dije que me hacían falta todos y cada uno de los artículos que me compré el otro día, lo cierto es que ese vestido NO era necesario.

Pero ya que me había metido de lleno en este asunto, pues... habría que seguir hasta el final.

Porque necesitaba zapatos a juego, claro.

Y los tuve, por supuesto.

Teniendo en cuenta mi eterno problema de que no puedo con los tacones muy altos, y dado que paso olímpicamente de comprarme unos zapatos que no voy a soportar más de cinco minutos, decidí ahorrarme un berrinche y me fui directamente a El Corte Inglés, donde sabía que encontraría una solución.

Efectivamente.

Me hice con unos de color gris oscuro (lo que yo quería), muy monos (como no podía ser de otra manera), con un poco de tacón cómodo (no cabía otra opción), y por supuesto: caros (como era de esperar).

Pagando estaba cuando mis ojos se desviaron distraídos hacia un estante que había a la izquierda de la dependienta que se peleaba con la tarjeta, y los ví.

Los botines más bonitos que he visto in all my life.

Me acerqué con cuidado, y alargué un brazo al áura de luz que salía de los botines (o que a mí me parecía que salía, claro), y los cogí. Eran sencillamente perfectos. De piel, negros, con una banda elástica, un tacón fino pero discreto, un gran BALENCIAGA en el relieve de la piel, y una gran cifra en la etiqueta del precio.

Si yo no me hubiera tragado todas las temporadas de Sexo en Nueva York, seguramente me hubiera escandalizado el precio de los botines, máxime cuando estaba a punto de pagar una pasta (para una mileurista hipotecada) por un par de zapatos, los habría admirado un poquito más (lo bonito es lo bonito), me habría encogido de hombros y los hubiera dejado en su sitio sin concederles ni un segundo más de mis pensamientos.

Pero no.

Yo me tragué las seis temporadas de Sexo en Nueva York más la película, y por eso mi comportamiento real fue:
  1. Coger extasiada los botines de marras.
  2. Pasar tres kilos de la dependienta que me devolvía la tarjeta y me pedía que firmara.
  3. Sentarme de nuevo en los asientos.
  4. Probarme los maravillosos botines a sabiendas de que costaban la mitad de mi sueldo de un mes.
  5. Admirar cómo me quedaban.
  6. Ignorar el hecho de que seguramente no podría andar con ellos más de quince minutos seguidos por su taconcito taaaaaaaaan cuco.
  7. Calcular mentalmente cuántos días tendría que comer a base de pasta-y-sólo-pasta si me los llevara en ese preciso instante.
  8. Recordar que seguramente mi chico no me hablaría en siete meses (uno por cada temporada más la película).
  9. Pensar que el punto anterior no sería para tanto.
  10. Volver a la realidad.
  11. Dejar los botines en su sitio.
  12. Contener una lagrimilla que quería escaparse de mi ojo derecho.
Snif.

He decidido no ver las reposiciones de la serie maldita en el Canal Cosmopolitan. De hecho, debería NO tener el Canal Cosmopolitan. Mi salud mental y mi economía seguro que me lo agradecerían...

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25 septiembre 2008

Ayer abrió mi niño la tienda. Por fin. Después de más de cinco meses de trámites y mierdas. Después de preocupaciones y crisis. Por fin. Ayer tenía que recordarse como El Día De La Inauguración De La Tienda.

Pero, al final, NO.

El plan era que yo saliera de trabajar a una hora razonable (o sea, a mi hora a ser posible), fuera a la city, viera la tienda ya ordenada y organizada (tenía curiosidad por saber de qué color es el mostrador porque la semana pasada ni se veía de las cajas que había delante), pasara con él un rato, diera yo solita (y sin tarjetas de crédito) un paseo hasta que cerrara la tienda, y luego fuéramos a cenar románticamente por ahí.

Un plan estupendo.

En principio, iba a ir en la pequeña OLIVITA, pero como mi chico había ido en su coche, lo más productivo era que yo fuera con alguien del trabajo a la city y luego volviéramos los dos en su coche.

Ese "alguien" fue mi jefecillo, JdP, que sale a la misma hora que yo en teoría.

Así que a las seis en punto de la tarde, JdP se apoyó sonriente en la puerta de mi despacho. ¿Nos vamos? Todo un precedente. Aún no había salido a las seis nunca, así que recogí feliz pensando que con suerte a las seis y media estaría ya en la city, y en la tienda, por extensión.

Salimos y, justo asomó el morro de su Volkswagen por la puerta, empezó a llover. A ratos lloviznaba y a ratos caía una manta de agua que no se veía nada. JdP iba despacito porque el tráfico no era nada fluido, dadas las circunstancias.

A los siete kilómetros nos encontramos con un riachuelo de barro que saltaba alegremente hacia la autovía. La pasamos muy despacio, bromeando por si el impecable coche empezaba a inundarse. No era para tanto, porque pasamos como si nada, así que seguimos adelante.

Pero cinco kilómetros más allá, un barro semejante al que habíamos pasado había decidio convertirse en un aprendiz del Volga, y una auténtica riada de agua como chocolate inundaba la autovía.

Vaya.

Redujimos la velocidad. Pusimos las luces de emergencia. Bajamos las marchas. JdP tenía un pie en el freno y otro en el embrague, para ir cambiando de marcha si fuera necesario. Pero a los dos minutos pensó que era tontería, y dejó el coche en punto muerto, con el freno pisado.

Después puso el freno de mano, porque se le iba a dormir el pie.

Después, quitó el contacto y dejó las luces y la radio, para pasar el rato.

Luego ya quitó la llave, porque ese rato ya parecía que NO iba a ser un rato.

De hecho, a unos 150 metros por delante de nosotros (digamos dos coches y un camión), la Guardia Civil cortó el tráfico. Por ahí no pasaba ni el tato, a no ser que oye, llevaras una moto acuática, un yate o el Juan Sebastián Elcano. No era nuestro caso.

Y no fue un rato. Claro. Fue UNA HORA.

Y no fue una hora, fueron DOS HORAS.

Y no fueron dos horas, fueron TRES HORAS.

Y, por supuesto: no fueron tres horas. Fueron CUATRO HORAS.

Así que la situación, durante cuatro horas, fue la siguiente: mi jefe y yo estábamos encerrados en su coche, parados, con el motor apagado, rodeados de más coches y camiones, viendo cómo llovía, cómo se iba oscureciendo, cómo NO pasaban coches de la Guardia Civil.

¿Y qué hicimos? Pues hablamos. Tratamos temas de trabajo. Nos contamos la última peli que vimos. Recordamos anécdotas laborales. Luego, anécdotas de atascos. Luego, hablamos de las hipotecas. Luego, revisamos el correo en la BlackBerry. Luego, me contó cómo es su futuro piso. Luego, leímos un comunicado del Comité de Empresa también en la BlackBerry. Luego, contamos chistes. Luego, nos contamos nuestros planes para las siguientes vacaciones. Luego, llamamos a su jefa para contarle, entre risas, que igual al día siguiente llegaríamos tarde al trabajo al paso que íbamos. Luego, hablamos de coches. Luego, volvimos a las anécdotas laborales. Luego, intentamos elaborar un modelo distinto de trabajo. Luego, barajamos la posibilidad de sacar el portátil del maletero y ponernos a hacer algo productivo. Luego, seguimos con los chistes.

Y así durante CUATRO HORAS, no hay que perderse el detalle.

Al final, la Guardia Civil decidió intervenir (todo un detallazo) y limpiaron la carretera, así que pudimos salir. Me pareció increíble oir el motor del coche arrancar. Llegamos a la city cuatro horas y media después de salir de trabajar (un trayecto de, a lo sumo, veinte minutos en circunstancias normales), y allí me esperaba mi chico, con el que me había estado comunicando toda la tarde para informarle de las novedades -ningunas-.

¿Y dónde me esperaba? Pues en las afueras de la city, porque justo cuando le dije que no me esperara allí y que volviera a casa (en plan: ¡sálvate tú!), ya que podia volver tranquilamente por otra carretera, justo entonces... Fue cuando abrieron paso y él, que estaba saliendo ya, paró.

Mi jefe entonces, cuando llegamos a la city, aparcó en el sitio convenido, que no era otro que debajo de una farola de una nave industrial de un polígono en las afueras. De película de narcotraficantes, oiga. Aquello parecía el intercambio de un alijo o algo.

Cansada, agotada, hambrienta, decidimos cenar antes de volver a casa, por si nos quedábamos atrapados otra vez (dado mi cenizo, no era nada disparatado), que al menos no tuviéramos el estómago vacío.

Sin complicaciones, acabamos en un McDonald's. Románticamente, claro. Pero no era esa la idea que yo tenía en un principio...

Así que el día será recordado como el día en el que me quedé encerrada durante cuatro horas en un coche con mi jefe.

Si es que ya no sé qué hacer para robar protagonismo...

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23 septiembre 2008

Desde mi pequeño, escaso, minúsculo, ridículo incidente en el párking de El Corte Inglés, el espejo retrovisor derecho del coche no es lo que era.

Vamos, que está jodío.

Mi chico me juró y perjuró que eso no era nada, que no estaba roto propiamente dicho, sino que se había "salido de su sitio". Si hubiera visto lo retorcido que se quedó aplastado contra el otro trolebús, no diría lo mismo. Pero bueno, el tema es que mientras se encuentra un arreglo, el espejo está puesto pero mirando para Cuenca.

Que no veo nada, vamos, sólo toda la carrocería del coche, pero nada más. Ni un cachito de carretera, que en teoría debía verse.

En principio, no debería haber problema, porque además, ese espejo NO es obligatorio. Pero lo que ocurre es que yo soy carne de autoescuela, y allí, para aparcar, te enseñan a utilizar todo. Todo incluye LOS TRES ESPEJOS (y si llevas alguno en el bolso, también).

Así que ahora no aparco a la primera ni de casualidad.

Cuando estaba en "la teoría", es decir, en las clases, lo cierto es que aparcaba todos los días como poco tres veces, y todas ellas en cuesta, para que cuando tuviera que aparcar en llano no tuviera problemas. Vale, sí, muy bien. Pero es que además, no había NADIE mientras aparcábamos, por lo que no importaba que realizara treinta maniobras; todo lo más que pasaba es que el profesor me miraba con cara de rebollo, pero ya está.

Ahora, en "la práctica" (o sea: LA REALIDAD), es que siempre tienes un mínimo de un coche esperándote, con tu L en primer plano mientras maniobras por si no le quedaba claro que eres una novata.

Y yo me pongo nerviosa. Se me olvidan todas las técnicas que me enseñaron para aparcar de tres volantazos. Si a eso añadimos que no se ve nada por uno de los espejos, el resultado es que aparco with the ass.

Efectivamente: todos los días es un show. Voy despacito por mi calle, con mi correspondiente séquito de coches, y miro con cuidado si hay hueco. Cuando lo veo, pego minisaltitos de alegría y pongo el intermitente para avisar a los de atrás de que comienza el espectáculo.

Recuerdo mi mantra...

Paralela al coche. A tope el volante hacia el lado que quieras aparcar. Marcha atrás. Desplazar hasta que veas completo el morro de coche de atrás. NO LO VEO, LO INTUYO. Enderezar las ruedas. Seguir marcha atrás hasta tocar el bordillo. Volante a tope hacia el otro lado. Primera. Avance de un metro hacia adelante. Mirar en el espejo el coche de atrás. NO LO VEO, LO INTUYO. Volante a tope hacia el otro lado. Marcha atrás. No dejar de mirar los tres espejos. Recordar que por los espejos las distancias que se ven no son reales. NO VEO LA DISTANCIA QUE HAY HASTA EL OTRO COCHE, LA INTUYO. Ajustar el coche hasta el perfecto estacionamiento.

Pfffffffffffffffffffff...

No me sale, claro. No veo nada de lo que tengo que ver (porque sí veo al conductor del coche que me está esperando cómo menea la cabeza) y estoy nerviosa. Así que lo único que se me ocurre es:

a) Intentar olvidarme de ellos.
b) Quitarme de enmedio y cuando esté sola, aparcar con calma.

Obviamente, toda mujer inteligente señalaría la opción A.

Bueno, pues si eres una mujer MUY DESESPERADA, eliges la B.

Y cuando estás sola, a pesar de que estás medio tuerta porque te falta un espejo, de tres volantazos haces el aparcamiento perfecto.

Sin testigos, claro.

¿Por quéeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee?

P.D.: Ojalá tuviera un Mini...

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22 septiembre 2008

Hoy ha empezado el Otoño. San Google nos lo recuerda con este logotipo que a mí particularmente me ha gustado mucho. Yo he estrenado el Otoño con la vista fija en el charco que se ha formado en la calle después de la lluvia. Me he quedado un rato oliendo a tierra mojada, hipnotizada con los círculos concéntricos que hacían las gotas de lluvia al caer sin apenas ruido sobre el charco gris reflejo de las nubes que hoy nos han acompañado. Creo que ha sido de las pocas veces que no he pensado en nada... Simplemente miraba los dibujos en el agua sucia, sentía el aire fresco, me daba cuenta de que la luz era gris pero no triste. Allí hubiese seguido todo el día, si no fuera porque el teléfono me ha despertado de esa extraña ensoñación y me he metido otra vez en la rutina de un Lunes lleno de trabajo. Echo de menos los días en los que no pasaba nada si te quedabas horas mirando la lluvia caer...

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21 septiembre 2008

Hace ya dos Viernes, cuando me cargué el retrovisor del coche, llevaba el maletero lleno de bolsas...

Bueno, lleno, llenooooooooo... Tampoco. Sólo eran tres bolsitas. ¡Qué culpa tengo yo de que hagan las bolsas tan grandes!

Es que fui a recoger un pantalón y comprarme una agenda (a ver si puedo organizarme mejor), y a lo mejor unos pendientes, Y YA... Pero al final de la tarde, el recuento iba así:

Número de pantalones recogidos: 1
Número de agendas compradas: 0

Claro que no salen las cuentas. ¿Si recogí un pantalón, por qué llevaba tres bolsas?

Pues porque cuando recogí el pantalón, había una nueva colección en la tienda, y le eché un vistacillo. Ví una camiseta preciosa, bastante bien de precio, y bueno, no me sentaba nada mal, así que... Me la compré. Además, tres percheros más allá había un vestido muy bonito y baratísimo, y pensé que sería ideal para la boda que tenemos el fin de semana que viene (sí, bueno, para esa ya tenía vestido, pero, ¿qué hay de malo en comprarse otro por si acaso?), así que me lo compré también. Sólo dos prendas, ¿a que soy una santa? El pantalón no cuenta porque ya estaba pagado.

Luego pasé por otra tienda, y entré sólo a ver qué había. Y había un bolso estupendo, de bandolera, y perfecto... Así que también me lo compré. Pero sólo porque nunca encuentro un bolso que me guste, y para una vez que descubro uno al que no le puedo poner ni un pero, no lo podía dejar pasar, ¿verdad? Y primo hermano de ese había otro, de mano, que era JUSTO lo que estaba buscando, y ya que estaba allí...

Casualmente, enfrente estaba la tienda donde quería ir a ver unos pendientes. Busqué, pero no había del tipo que yo quería, sin embargo, había otros muy monos que, de todas formas, algún día me iban a hacer falta porque siempre tengo algo marrón oscuro en el armario (sin ir más lejos, la camiseta que me compré), y estos tenían unas piedras de ámbar marrón incrustadas en plata preciosas, así que, en realidad, eran una inversión, y sólo por eso me los llevé.

De camino a recoger el coche, pasé por Oysho. Curiosamente esa misma noche había tenido un poquito de frío, y no tengo pijamas de entretiempo: o son de verano (que no sirven de mucho) o de invierno (con los que pasas mucho calor), así que no me sirven. Al final no había ninguno que me gustara, pero sí encontré unas mallas rebajadas un 70%, que son ideales para estar en casa o incluso para el gimnasio... Y estaban MUY rebajadas, ¿qué podía hacer?

Y bueno, ya estaba en El Corte Inglés, donde había dejado el coche. No podía pasar nada. Pero ya que estaba allí, subí a la primera planta por si encontraba algunos zapatos a juego con el vestido, pero que luego pudiera utilizarlos para todos los días. Me probé dos o tres pares, y no me convenció ninguno, así que ya me fuí... Además, que hay crisis, o recesión, o whatever. Si es que soy una santa...

¿O una compradora compulsiva de ésas? Noooooooooooooo, en absoluto. Si sólo llevaba tres bolsitas de nada. Todo me hacía falta y además, estaba muy bien de precio. No hay de qué preocuparse...

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20 septiembre 2008

Este fin de semana mi madre me ha enseñado una foto que se hicieron con mi abuelo sólo una semana antes de que nos dejara. Me quedé hipnotizada viendo la imagen congelada de mis abuelos, mi madre y mi tía (además de un vecino añadido, pero bueno). Estaban los cinco en la puerta de la casa de la playa. Mi madre y mi tía llevaban unas camisolas y las gafas de sol porque acababan de llegar de la playa, incluso se ve el palo de la sombrilla apoyado en la puerta. Mis abuelos les esperaban en la puerta, tomando el fresco y charlando con el vecino. Creo que fue mi tío el que les hizo la foto al entrar en la casa. Se ven a los cinco tan sonrientes, tan llenos de vida... Parece mentira que unos días después todo cambiara tanto. Mi abuelo siempre ha sido muy fotogénico, y esa foto no fue una excepción. Está muy guapo y parece tan contento... que se me encoje el corazón. Siempre he pensado que ver fotos de personas fallecidas poco después es muy triste, pero no me imaginé que tanto. Me entraron ganas de llorar, y no sé si quiero conservar esa foto. Es algo tan raro...

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19 septiembre 2008

No paro. Llevo unos días de curro que no es normal...

Estoy toda la mañana con el culo pegado a la silla y sin apartar la vista de la pantalla del ordenador. Tengo mil cosas pendientes y el ritmo de salida de marrones es muy inferior al de entrada, así que todo se me acumula en una montañita que va creciendo y va creciendo y ya mismo va a ser más alta que el pico más alto de la Cordillera Cantábrica, por poner un ejemplo ilustrativo.

En resumen: estoy saturada y cansada. Arrollada por el ritmo de trabajo. Encima con el Feng-Shui ocomoseescriba trastocado con el cambio de despacho, donde no fluye nada de energía positiva. Con lo mono que era el otro despachito...

Además y por si fuera poco, tengo un permanente antojo de chocolate desde que paso la tarjeta por el lector a primera hora hasta que cierro la puerta del despacho por la tarde. Y eso no puede ser, claro. ¿Por qué será que tengo esa irrefrenable apetencia de chocolate a todas horas (laborables)?

Así que puede que tenga mucho trabajo, pero me parece más liviano con una chocolatina en la boca. Me pregunto si lo podría pasar como gasto de empresa... Junto con la mensualidad del gimnasio, por supuesto.

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