Este fin de semana me lo he pasado envuelta en ropa de pochis, fluctuando entre la cama y el sofá, siempre seguida de mis pañuelos de papel y mi botecito de aloe vera. ¿Por qué? Porque ya he cogido el primer resfriado de la temporada.
Así que mis dos días de descanso me los he pasado tirada en el sofá, bebiendo zumos de naranja y agua con paracetamol disuelto, cayendo dormida cada dos por tres, perreando bajo una mantita, acalorada y con frío (a la vez, ¿no es increíble?), gastanto cantidades ingentes de pañuelos de papel (o servilletas, o papel de cocina, cualquier cosa que tuviera a mano), con la nariz goteante, los ojos llorosos y la piel de alrededor de la naricilla irritada. Tanto, que cada vez que me ponía inocente y curativo gel de aloe vera, me escocía tanto que parecía que me hubiera untado la piel con ácido sulfúrico en crema. O sea, que muy mal, físicamente.
Al menos, no ha sido muy aburrido. Cuando estás pochis realmente no te apetece hacer nada, pero en realidad tienes que hacer algo para pasar el tiempo en el cual no estás dormisqueando. Así que he explorado todo el ocio que tengo en casa. He visto la televisión, normalmente el canal de videos musicales, he hecho una maratón de series (CÓMO CONOCÍ A VUESTRA MADRE, una serie del corte de FRIENDS que me ha enganchado), he avanzado el libro que tenía en mi mesita de noche desde hace siglos, he jugado con la consola, me he pintado las uñas (oh, milagro), he estado con el portátil navegando errante por el vasto Internet... O sea, que he hecho un montón de cosas, nada productivo por supuesto (a no ser que cuente que haya desarrollado mi mente jugando al sudoku).
¿Y cómo me resfrié? Pues muy fácil. El Viernes el tiempo decidió cambiar, sin motivo, sin avisarme, sin vergüenza. Y yo salí de casa, a las 07:45, como todos los días. El suelo estaba mojado por una ligera llovizna (que por cierto me fastidó la colada del día anterior), pero pensé que para diez minutos que iba a estar en la calle no merecía perder el tiempo poniendo patas arriba la casa porque no recuerdo dónde narices puse el único paraguas que hay en casa -que CREO que hay en casa, porque no sabría decir cuándo fue la última vez que lo vi o dónde, así que puede ser que lo hubiera perdido y todo-. Además, el suelo estaba mojado pero no estaba lloviendo. Así que hice el mismo camino de todos los días, pero ligeramente encogida porque hacía bastante frío, y buscando el mejor lado de la acera donde el frío no me congelara instantáneamente. Aguanté como una campeona a la intemperie... hasta que empezó a llover. Lo que me faltaba. Empecé a dar saltitos en la acera, intentando entrar en calor y mirando desesperadamente el final de la calle a ver si el coche de mi amiga giraba la esquina de una buena vez. Busqué como una loca un miserable balcón en el que ponerme debajo, pero ni uno en esa calle. Ni un sólo balcón, es increíble. Por fin apareció mi amiga, pero imagino que el resfriado ya no tenía remedio. Efectivamente: siguiendo la Ley de Murphy que me persigue siempre, se me empezó a manifestar en cuanto llegué a casa del trabajo. Hay que fastidiarse.
Por cierto: tengo que comprarme un maldito paraguas...

Así que mis dos días de descanso me los he pasado tirada en el sofá, bebiendo zumos de naranja y agua con paracetamol disuelto, cayendo dormida cada dos por tres, perreando bajo una mantita, acalorada y con frío (a la vez, ¿no es increíble?), gastanto cantidades ingentes de pañuelos de papel (o servilletas, o papel de cocina, cualquier cosa que tuviera a mano), con la nariz goteante, los ojos llorosos y la piel de alrededor de la naricilla irritada. Tanto, que cada vez que me ponía inocente y curativo gel de aloe vera, me escocía tanto que parecía que me hubiera untado la piel con ácido sulfúrico en crema. O sea, que muy mal, físicamente.
Al menos, no ha sido muy aburrido. Cuando estás pochis realmente no te apetece hacer nada, pero en realidad tienes que hacer algo para pasar el tiempo en el cual no estás dormisqueando. Así que he explorado todo el ocio que tengo en casa. He visto la televisión, normalmente el canal de videos musicales, he hecho una maratón de series (CÓMO CONOCÍ A VUESTRA MADRE, una serie del corte de FRIENDS que me ha enganchado), he avanzado el libro que tenía en mi mesita de noche desde hace siglos, he jugado con la consola, me he pintado las uñas (oh, milagro), he estado con el portátil navegando errante por el vasto Internet... O sea, que he hecho un montón de cosas, nada productivo por supuesto (a no ser que cuente que haya desarrollado mi mente jugando al sudoku).
¿Y cómo me resfrié? Pues muy fácil. El Viernes el tiempo decidió cambiar, sin motivo, sin avisarme, sin vergüenza. Y yo salí de casa, a las 07:45, como todos los días. El suelo estaba mojado por una ligera llovizna (que por cierto me fastidó la colada del día anterior), pero pensé que para diez minutos que iba a estar en la calle no merecía perder el tiempo poniendo patas arriba la casa porque no recuerdo dónde narices puse el único paraguas que hay en casa -que CREO que hay en casa, porque no sabría decir cuándo fue la última vez que lo vi o dónde, así que puede ser que lo hubiera perdido y todo-. Además, el suelo estaba mojado pero no estaba lloviendo. Así que hice el mismo camino de todos los días, pero ligeramente encogida porque hacía bastante frío, y buscando el mejor lado de la acera donde el frío no me congelara instantáneamente. Aguanté como una campeona a la intemperie... hasta que empezó a llover. Lo que me faltaba. Empecé a dar saltitos en la acera, intentando entrar en calor y mirando desesperadamente el final de la calle a ver si el coche de mi amiga giraba la esquina de una buena vez. Busqué como una loca un miserable balcón en el que ponerme debajo, pero ni uno en esa calle. Ni un sólo balcón, es increíble. Por fin apareció mi amiga, pero imagino que el resfriado ya no tenía remedio. Efectivamente: siguiendo la Ley de Murphy que me persigue siempre, se me empezó a manifestar en cuanto llegué a casa del trabajo. Hay que fastidiarse.
Por cierto: tengo que comprarme un maldito paraguas...

¡¡ponte buenecita pronto!!
ResponderSuprimirGracias. La verdad es que ya me encuentro bastante mejor. Ahora estoy en fase de recuperación, sobre todo de la piel de la nariz, que la tengo fatal y me da mucha rabia. :D
ResponderSuprimirEstás de enhorabuena, porque ya está en la red el primer capítulo de la segunda temporada de Héroes. Si de esta no te curas, entonces ya no sé...
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