Cuando un piso de uno se convierte en un piso de dos, las cosas cambian, y mucho. No me refiero sólo a las luchas por el mando a distancia o por un trozo de edredón (que las hay, y son encarnizadas), sino al contenido del piso en sí. En mi caso concreto, y a modo de ejemplo podría mencionar varios puntos:
Ejército de Ella (posicionado y desafiante): Jabón de tocador o de manos, caja con mis chismes de maquillaje, brochas y utensilios varios para aplicar el concepto antes mencionado, cepillo de dientes eléctrico, pasta de dientes, seda dental, enjuague bucal, polvos de talco, sistema de tres pasos (es decir: jabón suave, tónico e hidratante), exfoliante para rostro y cuello, desmaquillador de ojos, desmaquillador de cara y labios, crema de contorno de ojos, mascarilla facial, agua termal, pinzas depiladoras, salvaslips, algodones/discos, toallitas húmedas, crema para las manos, peine de púas para los rizos, cepillo alisador, peine normal, secador de pelo, plancha alisadora grande y otra pequeñita para los retoques, bolsitas con pinzas/gomas/pasadores/horquillas varias, champú normal, champú fortificante, mascarilla del pelo, espuma, laca, sérum capilar, gomina, suero fisiológico, depiladora, exfoliante de cuerpo, aceite corporal, aceite para masajes, crema hidratante, gel reafirmante, vaselina, gel de ducha, desodorante, equipo de manicura (con todo lo que ello supone), equipo de pedicura (y sus cosas), lacas de uñas, quitaesmalte, complejo vitamínico capilar, agua de colonia fresquita, perfume.
Ejército de Él (que trajo en una bolsa de aseo): un cabezal para el cepillo de dientes, un peine, espuma de afeitar, maquinilla para hacer eso precisamente, desodorante, su gel y su champú específico, su colonia, un limpiador facial y una crema hidratante que yo le regalé y que se pone cuando se acuerda (lo cual ha sido una novedad en su vida).
Con semejante panorama, respiré tranquila, y le habilité un minúsculo espacio en el armario del baño en donde incluso le sobra sitio. Lógicamente, compartimos cosas como la gomina y la pasta de dientes. Sin embargo, la diferencia está clara. De hecho, creo que él no sabría el nombre de la mitad de las cremas que hay en el estante; las mira con desconfianza y recelo... pero luego le encanta acariciar el resultado.
La situación DESPUÉS: el baño prácticamente como antes, con el sus cosas acorraladas en un rinconcillo recóndito del armario del baño.
Hay batallas que, sencillamente, no se pueden ganar. O mejor dicho (en mi caso concreto), que no se pueden perder.
- Ha nacido una colonia de cervezas en mi nevera.
- Los cacharros electrónicos se han reproducido...
- ...y el número de cargadores ha crecido exponencialmente.
- Ha sido necesario reestructurar los armarios, aunque no ha sido una división equitativa, por supuesto (que él calce un 43 y yo un 39 no quiere decir ni por asomo que su calzado ocupe más espacio).
- En la radio a veces suenan programas que parecen ser "deportivos", pero a mí me parecen como si fueran el debate sobre el estado de la cuestión.
- Incluso en la televisión de vez en cuando se ve un fondo verde con hombrecillos de colores corriendo detrás de un balón...
Ejército de Ella (posicionado y desafiante): Jabón de tocador o de manos, caja con mis chismes de maquillaje, brochas y utensilios varios para aplicar el concepto antes mencionado, cepillo de dientes eléctrico, pasta de dientes, seda dental, enjuague bucal, polvos de talco, sistema de tres pasos (es decir: jabón suave, tónico e hidratante), exfoliante para rostro y cuello, desmaquillador de ojos, desmaquillador de cara y labios, crema de contorno de ojos, mascarilla facial, agua termal, pinzas depiladoras, salvaslips, algodones/discos, toallitas húmedas, crema para las manos, peine de púas para los rizos, cepillo alisador, peine normal, secador de pelo, plancha alisadora grande y otra pequeñita para los retoques, bolsitas con pinzas/gomas/pasadores/horquillas varias, champú normal, champú fortificante, mascarilla del pelo, espuma, laca, sérum capilar, gomina, suero fisiológico, depiladora, exfoliante de cuerpo, aceite corporal, aceite para masajes, crema hidratante, gel reafirmante, vaselina, gel de ducha, desodorante, equipo de manicura (con todo lo que ello supone), equipo de pedicura (y sus cosas), lacas de uñas, quitaesmalte, complejo vitamínico capilar, agua de colonia fresquita, perfume.
Ejército de Él (que trajo en una bolsa de aseo): un cabezal para el cepillo de dientes, un peine, espuma de afeitar, maquinilla para hacer eso precisamente, desodorante, su gel y su champú específico, su colonia, un limpiador facial y una crema hidratante que yo le regalé y que se pone cuando se acuerda (lo cual ha sido una novedad en su vida).
Con semejante panorama, respiré tranquila, y le habilité un minúsculo espacio en el armario del baño en donde incluso le sobra sitio. Lógicamente, compartimos cosas como la gomina y la pasta de dientes. Sin embargo, la diferencia está clara. De hecho, creo que él no sabría el nombre de la mitad de las cremas que hay en el estante; las mira con desconfianza y recelo... pero luego le encanta acariciar el resultado.
La situación DESPUÉS: el baño prácticamente como antes, con el sus cosas acorraladas en un rinconcillo recóndito del armario del baño.
Hay batallas que, sencillamente, no se pueden ganar. O mejor dicho (en mi caso concreto), que no se pueden perder.
Está fantástico. En mi casa yo tengo: un estante, tres cajones y un mueblecito para mis trastos.
ResponderSuprimirÉl: medio cajón y un estante.
Repito: fantástico.
Pues sí, la verdad es que es sorprendente la diferencia... ¿verdad?
ResponderSuprimirAunque, realmente tienes razón: ES FANTÁSTICO.