27 septiembre 2007

PARTIDA GANADA

Después de la tensión de ayer en el trabajo, hoy ha habido tregua a lo largo de la mañana. El partido empezó ayer por la tarde, dos minutos antes de finalizar la jornada laboral. Les había enviado a S.J. y a la sustituta uno de los estudios semanales, y la sustituta (porque a esas alturas seguramente S.J. estuviera ya tumbada en el sofá de su casa) me mandó un correo que sólo se puede calificar de impreciso, diciendo que “había un error”, que lo revisara porque mis datos no coincidían con los suyos.

Me daba mucha rabia dejar el tema en el aire hasta esta mañana, así que me senté a revisar el estudio, y yo no vi ningún error. Cada vez que revisaba un dato y veía que estaba bien, me ponía de peor humor, porque ese trabajo ya lo hice, se supone que ya debería haberme ido y estaba allí, revisando los datos que estaba prácticamente segura de que estaba bien.

Como es natural, todo estaba correcto, así que le mandé un correo para tontas, explicando pasito a pasito lo que había hecho y argumentando cada uno de los datos que había enviado. Al final, para suavizarlo, le pregunté amablemente si había algún otro tema metafísico que se le hubiera escapado a mi pobre mente terrenal y envié el correo de respuesta 45 minutos después de que mi horario hubiera acabado. Nadie me dijo que me quedara, naturalmente, no hubiera pasado nada si hubiera contestado esta mañana, pero no fui capaz de dejarlo en el aire. Además, así verían las dos que me quedé a ver si encontraba el error (sin mencionar que hubiera sido más fácil que, si ellas lo habían visto, me dijeran dónde estaba o al menos en qué consistía). Mate mío.

Esta mañana me han dicho lo que ya sabía: que todo estaba bien, y que eran ellas las que tenían el error. Punto de set para mí.

Sensación de victoria.

No es que me siente mal que me corrijan, porque todo el mundo nos equivocamos. Lo que me molesta es el tono, la suficiencia, el hecho de jugar un poco al gato y al ratón, el no decir qué revisar para que pierdas más el tiempo mirándolo todo, para finalmente reconocer sucintamente que tenían un error, cuando tú, si te hubieras equivocado, habrías tenido que dar millones de explicaciones y obviamente habrías pasado por inútil. Y también la pérdida de tiempo, porque yo tardo un tiempo en hacer un trabajo, y luego la sustituta (S.J. no se dignaría a hacer un trabajo de baja estofa) hace el mismo, por lo que hacemos doble trabajo, y no le veo sentido ninguno. Eso es lo que más me pone de mal humor.

Aunque el tener la razón me hace esbozar una sonrisilla...

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