El Lunes se me acabaron las vacaciones, que han durado tres largas y muy placenteras semanas.
Bueno, en realidad, yo sólo estuve de vacaciones la primera semana de Septiembre, pero como dicen los expertos, cada trabajador tiene dos días de vacaciones: el suyo y el de su jefe, y es un error hacerlos coincidir. Así que me planeé mis vacaciones a la perfección: primero yo una semanita, y luego dos semanas de mi Súper Jefa, en adelante S.J.
Dos semanas de descanso y tranquilidad laboral. Dos semanas de rascarme un poco la panza, para qué lo voy a negar. Calma y paz en el despacho. El teléfono de empresa razonablemente silencioso, con alguna que otra llamada de la titubeante sustituta de S.J., que la pobre veía que llevar todo aquello adelante no era tan fácil como podría haber parecido. Incluso podía decir que era hasta gratificante ayudar a la pobre sustituta, resolviendo sus dudas y tranquilizándola, diciéndole que lo que sea que le preocupaba ya había pasado antes, y lo que había que hacer era esto, lo otro y lo de más allá y todo iría la mar de bien.
Esas dos semanas han estado totalmente exentas de tensión. Parece increíble que diga esto después de que la alarma de incendios saltara dos veces, tuviéramos una amenaza de bomba con desalojo incluído, caídas de las redes internas que nos tuvieron sin trabajar dos días, corte del flujo de información que también nos paralizó un día completo... Pero no pasó nada porque S.J. estaba de vacaciones. Fuera del continente, incluso. Resolvimos las situaciones y lo llevamos todo más o menos controlado, porque, EN REALIDAD, somos bastante eficaces.
Pero ayer se acabó todo. S.J. volvió de vacaciones. Tengo que reconocer (avergonzada) que la noche anterior no dormí muy bien y que entré a trabajar con un nudo en la boca del estómago y se lo dije a mi compañera cuando llegó. Ella me dijo que tenía una opresión en el pecho por la misma razón. Sabíamos que nos iba a abroncar, aunque no sabíamos el motivo. Pero siempre lo encuentra. Lo haría tarde o temprano.
Tardó un día. Su primer día después de vacaciones fue para ponerse al día y enterarse de qué había pasado en su ausencia (y tenía bastantes cosas), pero lo primero de lo que se preocupó fue de qué horario había ido yo. Estaba yendo en turno de mañana, porque realmente pensé que me había dado permiso antes de irme yo de vacaciones para hacerlo, pero resultó que eso iba a ser a partir de Octubre (para cuando empezara las clases), así que de ayer a hoy tuve que cambiar de horario para ir de partido porque no le pareció bien que me adelantara a su orden. La verdad es que no me importó mucho, y para no tener que pedirle nada más, o rebatirle, hoy he ido de partido y lo haré esta semana y la próxima. Un fastidio, pero bueno. Todo sea por no oírla.
Ha sido hoy cuando el chaparrón que nos esperábamos ha caído con toda su intensidad. Con rayos y truenos incluidos, claro. Lo que me pasa con esta mujer es que nunca sabes por dónde te van a venir los palos. Sabes que vienen, puedes apostar una oreja, pero no sabes de dónde, por lo que no puedes preparar ni estrategia ni defensa. Y siempre te hace falta una defensa, porque es un ataque constante. A mi compañera le ha tenido hoy tres horas al teléfono, criticando su actuación al frente de un servicio. Sé que ella lo ha hecho lo mejor que ha sabido, pero a S.J. nunca le parece bien. Siempre tiene una alternativa que hubiera sido mejor, pero claro, como no somos capaces de analizar la situación correctamente, no escojemos la mejor opción. Siempre igual. Lo sabemos, pero por lo menos a mí, siempre me duele un poco, porque no se trata nunca de una crítica constructiva. Es totalmente destructiva, ya que además, el tono de su voz, tan alto, tan hiriente, tan despectivo, se te mete en la boca del estómago y resulta un trago bastante desagradable. Después de un año y medio no me acostumbro. Lo llevo porque es una parte más del trabajo, porque es la jefa que me ha tocado ensuerte desgracia, y unos días lo aguanto mejor y otros peor. Pero es siempre lo mismo.
Al final, yo me he escapado más o menos bien, sólo un correo algo duro por un acento (es tan absurdo que no merece la pena ni explicarlo). De todas formas, creo que alguna me caerá mañana. Estoy casi segura.
O a lo mejor tengo suerte y está tan ocupada rememorando sus vacaciones que nos deja tranquilitas...
Bueno, en realidad, yo sólo estuve de vacaciones la primera semana de Septiembre, pero como dicen los expertos, cada trabajador tiene dos días de vacaciones: el suyo y el de su jefe, y es un error hacerlos coincidir. Así que me planeé mis vacaciones a la perfección: primero yo una semanita, y luego dos semanas de mi Súper Jefa, en adelante S.J.
Dos semanas de descanso y tranquilidad laboral. Dos semanas de rascarme un poco la panza, para qué lo voy a negar. Calma y paz en el despacho. El teléfono de empresa razonablemente silencioso, con alguna que otra llamada de la titubeante sustituta de S.J., que la pobre veía que llevar todo aquello adelante no era tan fácil como podría haber parecido. Incluso podía decir que era hasta gratificante ayudar a la pobre sustituta, resolviendo sus dudas y tranquilizándola, diciéndole que lo que sea que le preocupaba ya había pasado antes, y lo que había que hacer era esto, lo otro y lo de más allá y todo iría la mar de bien.
Esas dos semanas han estado totalmente exentas de tensión. Parece increíble que diga esto después de que la alarma de incendios saltara dos veces, tuviéramos una amenaza de bomba con desalojo incluído, caídas de las redes internas que nos tuvieron sin trabajar dos días, corte del flujo de información que también nos paralizó un día completo... Pero no pasó nada porque S.J. estaba de vacaciones. Fuera del continente, incluso. Resolvimos las situaciones y lo llevamos todo más o menos controlado, porque, EN REALIDAD, somos bastante eficaces.
Pero ayer se acabó todo. S.J. volvió de vacaciones. Tengo que reconocer (avergonzada) que la noche anterior no dormí muy bien y que entré a trabajar con un nudo en la boca del estómago y se lo dije a mi compañera cuando llegó. Ella me dijo que tenía una opresión en el pecho por la misma razón. Sabíamos que nos iba a abroncar, aunque no sabíamos el motivo. Pero siempre lo encuentra. Lo haría tarde o temprano.
Tardó un día. Su primer día después de vacaciones fue para ponerse al día y enterarse de qué había pasado en su ausencia (y tenía bastantes cosas), pero lo primero de lo que se preocupó fue de qué horario había ido yo. Estaba yendo en turno de mañana, porque realmente pensé que me había dado permiso antes de irme yo de vacaciones para hacerlo, pero resultó que eso iba a ser a partir de Octubre (para cuando empezara las clases), así que de ayer a hoy tuve que cambiar de horario para ir de partido porque no le pareció bien que me adelantara a su orden. La verdad es que no me importó mucho, y para no tener que pedirle nada más, o rebatirle, hoy he ido de partido y lo haré esta semana y la próxima. Un fastidio, pero bueno. Todo sea por no oírla.Ha sido hoy cuando el chaparrón que nos esperábamos ha caído con toda su intensidad. Con rayos y truenos incluidos, claro. Lo que me pasa con esta mujer es que nunca sabes por dónde te van a venir los palos. Sabes que vienen, puedes apostar una oreja, pero no sabes de dónde, por lo que no puedes preparar ni estrategia ni defensa. Y siempre te hace falta una defensa, porque es un ataque constante. A mi compañera le ha tenido hoy tres horas al teléfono, criticando su actuación al frente de un servicio. Sé que ella lo ha hecho lo mejor que ha sabido, pero a S.J. nunca le parece bien. Siempre tiene una alternativa que hubiera sido mejor, pero claro, como no somos capaces de analizar la situación correctamente, no escojemos la mejor opción. Siempre igual. Lo sabemos, pero por lo menos a mí, siempre me duele un poco, porque no se trata nunca de una crítica constructiva. Es totalmente destructiva, ya que además, el tono de su voz, tan alto, tan hiriente, tan despectivo, se te mete en la boca del estómago y resulta un trago bastante desagradable. Después de un año y medio no me acostumbro. Lo llevo porque es una parte más del trabajo, porque es la jefa que me ha tocado en
Al final, yo me he escapado más o menos bien, sólo un correo algo duro por un acento (es tan absurdo que no merece la pena ni explicarlo). De todas formas, creo que alguna me caerá mañana. Estoy casi segura.
O a lo mejor tengo suerte y está tan ocupada rememorando sus vacaciones que nos deja tranquilitas...
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