30 septiembre 2007

WEEKEND PLAN

Me encanta pasar el fin de semana en casa.

Llevábamos varios meses (los meses de verano) que no parábamos: llegaba el fin de semana y cogíamos el coche para ir a cualquier sitio. Era la única manera que teníamos de salir: de Lunes a Viernes encerrados en el trabajo, sin disfrutar del verano, y el fin de semana nos escapábamos. Así varios fines de semana seguidos. También eran buenos planes, pero al final el Domingo llegábamos cansados y al menos yo hubiera necesitado un día que no tener que madrugar y quedarme en la cama hasta que abriera los ojos por mí misma.

Este mes hemos decidido hacer un parón. Llevamos ya dos fines de semana quedándonos en casa, y es una gozada. Redescubres nuevos placeres que ya casi habías olvidado.

Como estar todo el día en pijama y zapatillas (o descalza), sin tener que vestirse de ropa de calle. Con el pelo recogido en una coleta de cualquier manera, sin tener que preocuparme de los rizos, ni de peinarme bien. Con la piel limpia, sin maquillarme con prisas por la mañana y sin tener que quitármelo cuando llego a casa.

El desayuno es otro mundo que exploro los fines de semana. Me hago un Cola-Cao, y lo remuevo con calma. Me lo llevo al salón, me siento y me lo bebo tranquilamente, repantingada en el sofá. Sin prisas. Lo saboreo, lo bebo a sorbos. Nada que ver con un desayuno de diario: de un sólo trago en un tiempo récord sin apenas quedarme con el sabor. Las tostadas... las crujientes y sabrosas tostadas de fin de semana. Rebanadas de pan con una ligera capa de mantequilla y otra de mermelada de fresa, recién hechas. Exquisitas. Nada que ver con las insípidas tres galletas (a 99 calorías la bolsita, oiga) que mordisqueo en el trabajo mientras tecleo a media mañana.

Qué decir del placer de saborear una comida caliente, recién hecha, en un plato de verdad, en una mesa con mantel. No quiero ni pensar en la comida de tupper que tomo en el trabajo si es horario intensivo, o de la comida hecha del día anterior, calentada deprisa, que como en casa los días que tengo jornada partida. Los fines de semana hay tiempo para cocinar un plato rico, con calma, y de comerlo recién hecho, en los platos, en la mesa puesta con un mantelito de tela, y dar buena cuenta de ella tranquilamente, sin prisas porque se te acaba la hora de desconexión.

Después viene cuando puedes dejar los platos encima de la mesa y puedes dejarte caer en el sofá con el mando en la mano, a reposar con pereza la comida, sin pegar un salto para recogerlo todo antes de volver al trabajo. Poner en la televisión un programa que te guste mientras disfrutas de la sobremesa, e incluso permitir que el sopor de invada y quedarte ligeramente dormida abrazando tu cojín favorito y sintiendo como te tapan con una mantita suave y exquisito cuidado.

Cuando abres los ojos, siguen sin existir las prisas, y te desperezas como un gatito. Puedes leer un libro, ojear una revista, ponerte a ordenar tu música en el ordenador, ver una película, jugar a un videojuego, salir a pasear, incluso ir con la bicicleta si hace buen tiempo. Puedes hacer un bol de palomitas mientras tu chico está embobado viendo a su equipo jugar al fútbol, y hacerle cosquillas en el descanso del partido. Puedes hacer cualquier cosa que te apetezca. Puedes salir a tomar algo, a cenar fuera, o al cine a ver una película. Puedes jugar al Trivial hasta las tantas de la mañana porque da igual a qué hora te acuestes porque no va a sonar ningún despertador a la mañana siguiente, puedes quedarte dormida hasta la hora que quieras para seguir con este maravilloso plan un día más...

Adoro los fines de semana en casa.

2 comentarios:

  1. ¡¡Qué maravilla!! Coincido totalmente contigo... esas son las cosas buenas buenas de la vida. Ahora que ya estamos en otoño, y pronto vendrá más fresquito, tendremos ocasión de pasar más fines de semana así, seguro.

    Maldito lunes.
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  2. Sí, MALDITO LUNES.

    Lo que más echo de menos son las tostaditas recién hechas en casa... Me encantan.
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