Después del desastroso día de ayer, realmente pensé que nada podía hacer que se arreglara el día. Me había levantado fatal, y me sentía peor aún a medida que pasaban los minutos en el trabajo. Hice mis tareas mecánicamente y sin energía. Sólo esperaba que llegara pronto la hora de irme.
La mañana se me hizo eterna y pensé que todos los relojes del mundo se habían parado. Cuando por fin apagué el ordenador no me lo podía creer: ya había acabado mi jornada. Sólo me apetecía llegar a casa, darme una larga y caliente ducha, meterme debajo del edredón y esperar a que el día se acabara.
Mi chico me había ido a recoger como todos los días, y más aún si estaba lloviendo, como hoy. Me llevó a casa mientras le contaba las últimas del trabajo (sé que le gusta saber todo eso, y confío en él porque estoy completamente segura de que la información ahí se queda, en su cabecita). Dejamos el coche en el garaje, recogí el correo y subimos a casa.
Cuando entré, me sorprendí. Mi chico había salido de trabajar sólo una hora antes, y le había dado tiempo de comer, fregar todos los platos que había de ayer (el fregadero lleno), recoger la cocina y hacer la cama. Había hecho el esfuerzo de ordenar la casa para que cuando yo llegara, el desorden no me pusiera de peor humor.
Le abracé muy fuerte. No sólo estaba agradecida, sino feliz. Feliz porque reconozco el esfuerzo que supone salir de trabajar y ponerse en casa, nada más comer, a limpiar sólo para intentar que mi humor mejorara. Lo logró, por supuesto.
Además, él no lo sabe, pero me ayudó a cambiar por completo el planteamiento vital que tenía el día anterior y que había hecho que me levantara triste. Recostruí la situación laboral en mi cabeza, poniendo como pros cosas que a priori, yo consideraba algo malo. Así que todo lo negativo, se transformó de repente.
La mañana se me hizo eterna y pensé que todos los relojes del mundo se habían parado. Cuando por fin apagué el ordenador no me lo podía creer: ya había acabado mi jornada. Sólo me apetecía llegar a casa, darme una larga y caliente ducha, meterme debajo del edredón y esperar a que el día se acabara.
Mi chico me había ido a recoger como todos los días, y más aún si estaba lloviendo, como hoy. Me llevó a casa mientras le contaba las últimas del trabajo (sé que le gusta saber todo eso, y confío en él porque estoy completamente segura de que la información ahí se queda, en su cabecita). Dejamos el coche en el garaje, recogí el correo y subimos a casa.
Cuando entré, me sorprendí. Mi chico había salido de trabajar sólo una hora antes, y le había dado tiempo de comer, fregar todos los platos que había de ayer (el fregadero lleno), recoger la cocina y hacer la cama. Había hecho el esfuerzo de ordenar la casa para que cuando yo llegara, el desorden no me pusiera de peor humor.
Le abracé muy fuerte. No sólo estaba agradecida, sino feliz. Feliz porque reconozco el esfuerzo que supone salir de trabajar y ponerse en casa, nada más comer, a limpiar sólo para intentar que mi humor mejorara. Lo logró, por supuesto.
Además, él no lo sabe, pero me ayudó a cambiar por completo el planteamiento vital que tenía el día anterior y que había hecho que me levantara triste. Recostruí la situación laboral en mi cabeza, poniendo como pros cosas que a priori, yo consideraba algo malo. Así que todo lo negativo, se transformó de repente.
- ¿Estoy en otro proyecto que no es el mío? Punto positivo, porque eso quiere decir que soy laboralmente válida en esa empresa, lo suficientemente capaz como para estar en dos proyectos diferentes y poderme manejar perfectamente en ambos. Tengo una movilidad y capacidad de adaptación. He manejado los dos proyectos, y puedo ser capaz de aplicar lo positivo de cada uno al otro.
- ¿Gano menos por trabajar menos? Punto positivo, porque en realidad, no. Económicamente no me ha beneficiado el cambio, es cierto, pero tampoco me ha perjudicado. La nómina no ha salido perdiendo, que es lo importante. Tengo un volumen de trabajo mucho menor. Siendo realistas, todos los días acabo mis tareas diarias y las extras que puedan surgir. Cuando me marcho está todo acabado, cosa que no podía decir en el otro proyecto.
- ¿Me consume tiempo extra este nuevo proyecto? Punto positivo, porque en este proyecto no tengo llamadas fuera de horario. Puedo apagar el móvil tranquilamente que no me van a molestar en mi tiempo libre, lo que no pasaba antes. Eso se traduce en que puedo desconectar totalmente (si pudiera) que no pasaría nada. El cliente no tiene exigencias fuera de horario que trastoquen mi vida privada.
- ¿El horario me gusta? Punto positivo, porque es el que quería (lo que realmente me gustaría es trabajar cuatro horas al día con mi sueldo actual, claro). De hecho, en el otro proyecto, estaría rotando: de mañana, tarde y partido. Mi actual horario lo he escogido yo, y a primera hora apenas hay cosas que hacer, lo cual me permite esparcimiento, y a última hora, casi que tampoco, así que en cuestión de horarios estoy genial.
- ¿Ya no me relaciono con la misma gente? Punto positivo, porque así he conocido a más gente con la que trabajar, ahora mismo me conozco los nombres de todos los trabajadores de la empresa. Tengo más visión de los recursos humanos de la empresa. Sigo relacionándome con mis compañeros del otro proyecto (que son mis amigos), sin las tiranteces que puedan surgir con el trabajo diario.
- ¿Apenas tengo contacto con S.J.? Punto positivo, que no necesita mayor explicación...




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