Se acabó la semana de locos que he tenido en el trabajo.
Pensaba que no iba a sobrevivir, pero al final sí. Tengo que aprender a confiar un poco más en mí misma.
El Lunes, realmente quería llorar. Para empezar, era obligatorio el horario partido, de nueve de la mañana a las seis de la tarde, con una hora para comer. Eso se ha traducido, como yo ya sabía de sobra por experiencia propia, que antes de las siete de la tarde no iba a salir ni de coña, como efectivamente ha pasado. Realmente, había trabajo para quedarse hasta las tantísimas, pero tiré del freno de mano antes de estrellarme, y a las siete (más o menos) me he ido a casa, estuvieran como estuvieran las cosas, quedándome mucho o muchísimo.
La verdad es que me ha costado, porque la persona que me echaba una mano se ha quedado más tarde, pero por otra parte se ha quedado porque lo ha querido: le dije tres veces que no era necesario, que se fuera a casa, pero si no me hace caso, tampoco iba a sacarle de allí de los pelos.
Después, el trabajo ha sido estresante. Como era mi antiguo proyecto, pues más o menos el trabajo diario lo llevaba bien porque no había sufrido muchos cambios, pero claro, desde que me cambié (hace cuatro meses) algunos matices sí eran distintos, aunque no demasiado. El problema ha venido con los temas nuevos que exigían respuestas y acciones esta semana. He trabajado en la más absoluta de las ignorancias, guiándome por mi instinto y poco más. Cuando surgía un problema, me tenía que parar a averiguar primero de qué narices iba el tema, para luego tomar una decisión rápida. Lo comúnmente denominado liarse la manta a la cabeza y tirar pa'lante. No me quedaba otra. Y encima, proyectando que estabas segura de lo que decía y de las decisiones tomadas porque tenía el tema bajo control. Mentira cochina y de las gordas.
El correo era una pesadilla. Durante esta semana he recibido correos de los dos proyectos: el que estaba cubriendo (muy necesario) y del mío asignado, para la semana que viene que vuelvo no estar descolgada. Limpiar la bandeja de entrada ha sido sencillamente imposible. El 70% de los correos los he dejado sin leer, y me he centrado en los temas urgentes y lo que provenía del cliente y de mis superiores inmediatos. No he podido hacer otra cosa. Las reuniones de seguimiento sencillamente no han existido, porque no he tenido tiempo material (bueno, tenía un hueco a las cuatro de la mañana, pero eso es a lo que llaman "horas intempestivas").
Lo que peor he llevado es el trabajar a ciegas. Es eso de que "la semana pasada dijimos esto" o "hace diez días os mandamos las claves" o "el certificado lo debías tener desde el Miércoles pasado" o "¿no tienes los datos de efectividad que os pasamos el Jueves para preparar la reunión?". Pues no. No tenía nada de eso porque hasta este Lunes no sabía nada de ningún tema. Pero en la jungla laboral no ha piedad y la falta de datos he tenido que cubrirla con un exceso de aplomo que me ha dejado alucinada a mí misma.
Todo esto, claro, me ha pasado factura físicamente. Esta semana he dormido más bien poco, porque me acostaba tarde y me levantaba temprano, y no muy bien porque lo último que pensaba era una lista mental de las cosas que había que hacer al día siguiente, y eso no es sano para nada. Tenía un nudo en el estómago de forma constante, que es el reflejo físico de mi manía perfeccionista y mi empeño de hacer todo mi trabajo lo mejor posible. Encima, la tensión del trabajo se me acumuló en los hombros, así que he tenido toda la semana una rigidez muscular en los hombros que perfectamente se podía haber aprovechado para partir nueces ahí.
Por fin hoy se ha terminado. A las 14:59, un minuto antes de que EN TEORÍA acabara mi jornada laboral del Viernes, recibo la consabida llamada de S.J., que estoy convencida que sólo es para asegurarse de que no te has ido a casa antes de tiempo. Primero dice lo de siempre: "vete a casa ya", y luego te hace una sutil lista de tareas que debes dejar listas antes de irte a casa de verdad. Obviamente, no lo puedes hacer en un minuto y menos si estás hablando con ella. Finalmente la conversación ha trascurrido pacíficamente, con ella confirmándome que el Lunes vuelvo a mi proyecto asignado temporalmente. Dado que estaba de buenas, le dejé caer que iba a ir en horario de mañana, porque esta semana he dejado completamente de lado la Universidad (porque saliendo a las tantas no he podido ir a clase y estando tan cansada no he tenido fuerzas de hacer nada en casa que no fuera vegetar) y mi vida en general ha estado en stand-by. No ha habido inconveniente.
Además, como dato histórico (de hecho, la Historia de dividirá en el antes y el después del día en que S.J. tuvo un atisbo de jefa normal), comentar que ha reconocido que es una putada lo que me pidieron (pasar de la noche a la mañana de un proyecto a otro, sin periodo de adaptación, sin paños calientes, sin miramientos, sin red de seguridad ni nada), que me lo pagarán como extra (cosa que de cara al mundo en general pudiera parecer obvio, pero que en mi empresa no lo es en absoluto), que no se ha notado la ausencia de ninguno de los que normalmente gestionan ese proyecto (eso supongo que es bueno), que lo había hecho bien (menos mal, porque lo cierto es que me he dejado la piel) y... ME HA DADO LAS GRACIAS.
Increíble.
En fin, al menos me ha dejado un buen sabor de boca después de todo.
P.D.: He dicho en el párrafo de antes que me lo pidieron. No es completamente cierto eso, porque no recuerdo que fuera una petición, más bien una una información / orden.
Pensaba que no iba a sobrevivir, pero al final sí. Tengo que aprender a confiar un poco más en mí misma.
El Lunes, realmente quería llorar. Para empezar, era obligatorio el horario partido, de nueve de la mañana a las seis de la tarde, con una hora para comer. Eso se ha traducido, como yo ya sabía de sobra por experiencia propia, que antes de las siete de la tarde no iba a salir ni de coña, como efectivamente ha pasado. Realmente, había trabajo para quedarse hasta las tantísimas, pero tiré del freno de mano antes de estrellarme, y a las siete (más o menos) me he ido a casa, estuvieran como estuvieran las cosas, quedándome mucho o muchísimo.
La verdad es que me ha costado, porque la persona que me echaba una mano se ha quedado más tarde, pero por otra parte se ha quedado porque lo ha querido: le dije tres veces que no era necesario, que se fuera a casa, pero si no me hace caso, tampoco iba a sacarle de allí de los pelos.
Después, el trabajo ha sido estresante. Como era mi antiguo proyecto, pues más o menos el trabajo diario lo llevaba bien porque no había sufrido muchos cambios, pero claro, desde que me cambié (hace cuatro meses) algunos matices sí eran distintos, aunque no demasiado. El problema ha venido con los temas nuevos que exigían respuestas y acciones esta semana. He trabajado en la más absoluta de las ignorancias, guiándome por mi instinto y poco más. Cuando surgía un problema, me tenía que parar a averiguar primero de qué narices iba el tema, para luego tomar una decisión rápida. Lo comúnmente denominado liarse la manta a la cabeza y tirar pa'lante. No me quedaba otra. Y encima, proyectando que estabas segura de lo que decía y de las decisiones tomadas porque tenía el tema bajo control. Mentira cochina y de las gordas.
El correo era una pesadilla. Durante esta semana he recibido correos de los dos proyectos: el que estaba cubriendo (muy necesario) y del mío asignado, para la semana que viene que vuelvo no estar descolgada. Limpiar la bandeja de entrada ha sido sencillamente imposible. El 70% de los correos los he dejado sin leer, y me he centrado en los temas urgentes y lo que provenía del cliente y de mis superiores inmediatos. No he podido hacer otra cosa. Las reuniones de seguimiento sencillamente no han existido, porque no he tenido tiempo material (bueno, tenía un hueco a las cuatro de la mañana, pero eso es a lo que llaman "horas intempestivas").
Lo que peor he llevado es el trabajar a ciegas. Es eso de que "la semana pasada dijimos esto" o "hace diez días os mandamos las claves" o "el certificado lo debías tener desde el Miércoles pasado" o "¿no tienes los datos de efectividad que os pasamos el Jueves para preparar la reunión?". Pues no. No tenía nada de eso porque hasta este Lunes no sabía nada de ningún tema. Pero en la jungla laboral no ha piedad y la falta de datos he tenido que cubrirla con un exceso de aplomo que me ha dejado alucinada a mí misma.
Todo esto, claro, me ha pasado factura físicamente. Esta semana he dormido más bien poco, porque me acostaba tarde y me levantaba temprano, y no muy bien porque lo último que pensaba era una lista mental de las cosas que había que hacer al día siguiente, y eso no es sano para nada. Tenía un nudo en el estómago de forma constante, que es el reflejo físico de mi manía perfeccionista y mi empeño de hacer todo mi trabajo lo mejor posible. Encima, la tensión del trabajo se me acumuló en los hombros, así que he tenido toda la semana una rigidez muscular en los hombros que perfectamente se podía haber aprovechado para partir nueces ahí.
Por fin hoy se ha terminado. A las 14:59, un minuto antes de que EN TEORÍA acabara mi jornada laboral del Viernes, recibo la consabida llamada de S.J., que estoy convencida que sólo es para asegurarse de que no te has ido a casa antes de tiempo. Primero dice lo de siempre: "vete a casa ya", y luego te hace una sutil lista de tareas que debes dejar listas antes de irte a casa de verdad. Obviamente, no lo puedes hacer en un minuto y menos si estás hablando con ella. Finalmente la conversación ha trascurrido pacíficamente, con ella confirmándome que el Lunes vuelvo a mi proyecto asignado temporalmente. Dado que estaba de buenas, le dejé caer que iba a ir en horario de mañana, porque esta semana he dejado completamente de lado la Universidad (porque saliendo a las tantas no he podido ir a clase y estando tan cansada no he tenido fuerzas de hacer nada en casa que no fuera vegetar) y mi vida en general ha estado en stand-by. No ha habido inconveniente.
Además, como dato histórico (de hecho, la Historia de dividirá en el antes y el después del día en que S.J. tuvo un atisbo de jefa normal), comentar que ha reconocido que es una putada lo que me pidieron (pasar de la noche a la mañana de un proyecto a otro, sin periodo de adaptación, sin paños calientes, sin miramientos, sin red de seguridad ni nada), que me lo pagarán como extra (cosa que de cara al mundo en general pudiera parecer obvio, pero que en mi empresa no lo es en absoluto), que no se ha notado la ausencia de ninguno de los que normalmente gestionan ese proyecto (eso supongo que es bueno), que lo había hecho bien (menos mal, porque lo cierto es que me he dejado la piel) y... ME HA DADO LAS GRACIAS.
Increíble.
En fin, al menos me ha dejado un buen sabor de boca después de todo.
P.D.: He dicho en el párrafo de antes que me lo pidieron. No es completamente cierto eso, porque no recuerdo que fuera una petición, más bien una una información / orden.




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