30 octubre 2007

IMPLOSIÓN

Cuando tienes un horario como el mío actual, de 08:00 a 16:00, comer en casa es prácticamente inviable, porque entre que sales del trabajo, llegas a casa, te acomodas, te pones a hacer algo calentito... te dan las cinco de la tarde. A semejantes horas, o no puedes más del dolor de estómago que tienes (el hambre tiende a convertirse en dolor si no le haces mucho caso), o ya se te han pasado las ganas de comer. Así que como en el trabajo, y para eso hay que ser organizada, mucho, y sobre todo...

...no acostarse la noche de antes sin haber preparado nada y sin haber sacado nada del congelador. Anoche no me acordé, para nada, en absoluto. Así que esta mañana he sacado un tupper del congelador con verdura en salsa, y como era un puro bloque de hielo, no pude pasar la comida a mi tupper de cristal.

Dejé la comida fuera de la nevera allí en el trabajo para que se fuera descongelando tranquilamente: cuando he ido, la comida ya estaba descongelada.

Aguardé mi turno para el microondas del office (peor que la cola de la carnicería, oiga, y más aún a las horas en las que voy a comer que está todo hasta arriba) y metí el tupper en el microondas. Quité la tapa llena de indicaciones (apto para microondas, lavavajillas y todo eso) y la dejé de nuevo encima, un poco ladeada para que saliera el vapor pero a la vez no salpicara la salsa fuera. Minuto y medio a potencia máxima y listo.

Pero cuando abrí el microondas, algo había pasado. La tapa que yo había dejado ladeada se había puesto sola en su posición original, y se había creado un vacío que hacía imposible abrir el tupper. Es decir, MI COMIDA estaba haciendo chup-chup DENTRO de un recipiente cerrado herméticamente debido a que el vapor había hecho el vacío o yo qué sé. Algo que sin duda alguna desafiaba las Leyes de la Física.

Sentada delante de tupper, con cara desafiante, intenté abrirlo con las fuerzas y determinación que me daba el hambre que tenía a esas horas. Pero cada vez era peor, porque encima la tapa de plástico se estaba combando hacia adentro. Inexorablemente. Se estaba haciendo el vacío poco a poco. Veía a las espinacas ganarle el terreno al tupper lentamente e iban conquistando el interior del envase de plástico. Pero no tenían suficiente y quería más y más y más...

Y de repente... ¡¡¡ZAS!!! El tupper dió un triple salto mortal y yo cerré los ojos en un desesperado intento de no ver las espinacas salir disparadas en todas las direcciones y manchándonos a todos...

Claro que cerrar los ojos no ayuda en nada a evitar semejante catástrofe. No crea un campo de fuerza ni nada. Tampoco detiene el tiempo. No se podía hacer nada.

Esperé el impacto de espinacas en la cara, pero no llegó.

Abrí un ojo con mucha cautela.

Las espinacas seguían dentro del tupper, o mejor dicho: el envase antes conocido como tupper, porque ahora era una masa informe de plástico que contenía un 100% de espinacas y un 0% de aire. El recipiente de plástico había implosionado. Fue como el comienzo del gran Big-Bang de los tupperwares. La verdura había conquistado todo el espacio disponible, pero el tupper era tan hermético que nada entraba ni salía...

Al menos, no finalizó en un Big-Bang, porque nos hubiera puesto perdidos a todos los que allí estábamos contemplando la destrucción de la materia plástica.

1 comentarios:

  1. ¿Dónde se meterán los circulitos rojos de Cuatro en estos momentos? Suerte que no embadurnaste a nadie de "ectoplasma verde"... Hubiera parecido una escena de Cazafantasmas. ¡¡Mola!!
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