- ¿Tenéis este libro, por favor?
La dependienta, embutida en un uniforme solamente calificable de horrendo y cara de estar aburrida de la vida, me miró con aire ausente.
- ...
- Que si tenéis este libro.
Los músculos de la dependienta se empezaron a mover. La esperanza me inundó. Lo tenían. Seguí a la chica haciendo zigzag por entre mesas repletas de libros nuevos. Me encantan las librerías, me quedo tiempo mirando los títulos, acariciando las tapas de los libros... Y eso es lo que hice mientras la chica miraba las estanterías. Volví a la realidad al oir su voz.
- Es aquí.
Eso dijo y se quedó quieta, mirándome. Yo miré "allí", que era una pared entera forrada con una estantería de unas ocho baldas repletas de libros. Miré a la chica interrogante. Esperando una aclaración.
- ¿Aquí?
- Sí, aquí están los libros de esa temática.
Volví a mirar la estantería. Estamos de acuerdo, esa era la sección correcta. Pero había algo que no cuadraba. Los libros no estaban ordenados por orden alfabético, ni por título ni por autor. Ni tampoco por editorial. Ni por tamaño. Ni por color de la tapa, o material, o dureza de la misma. Por más que miraba no veía que aquella ingente cantidad de libros estuviera ordenada de alguna manera. No podía imaginar cómo la dependienta podía encontrar algo ahí.
Craso error.
Ciertamente, ELLA no iba a encontrar nada allí.
La dependienta seguía quieta, mirándome a mí y NO a los libros. Ingenua de mí, pensaba que iba a buscarme el libro que le había pedido, pero dado que se había quedado paralizada, le hice otra pregunta para ver si reaccionaba.
- Pero... ¿Tenéis el libro?
- No lo sé.
Se encogió de hombros y se fue. Por encima del hombro me dijo que aquella era la sección, imagino que lo siguiente era que lo buscara yo misma. En plan autoservicio. Hasta donde yo recuerdo, El Corte Inglés no es un autoservicio (de hecho, la característica básica es que los dependientes te ayudan a buscar lo que necesitas, al menos esa era mi experiencia hasta el momento, más que nada porque van a comisión).
En otras circunstancias no me habría importado buscarlo, pero aquello era un caos de libros, eran las 20:45, llevaba desde las 08:15 de la mañana fuera de casa... Estaba cansada y sólo quería saber si tenían ese libro, comprarlo e irme a casa. La seguí.
- ¿Pero no me podrías decir si lo tenéis o no?
- Es que no lo sé.
- ¿Y no lo puedes buscar en el ordenador?
- ...
- ¿O preguntarle a algún compañero?
- ...
- ¿O decirme cómo están ordenadas esas estanterías?
- ...
- ¿O hacer algo para ayudarme a encontrar el libro que te he pedido?
- ...
Supongo que estará claro, pero salí de allí sin el libro de marras. Nunca sabré si lo tenían o no.
La dependienta, embutida en un uniforme solamente calificable de horrendo y cara de estar aburrida de la vida, me miró con aire ausente.
- ...
- Que si tenéis este libro.
Los músculos de la dependienta se empezaron a mover. La esperanza me inundó. Lo tenían. Seguí a la chica haciendo zigzag por entre mesas repletas de libros nuevos. Me encantan las librerías, me quedo tiempo mirando los títulos, acariciando las tapas de los libros... Y eso es lo que hice mientras la chica miraba las estanterías. Volví a la realidad al oir su voz.
- Es aquí.
Eso dijo y se quedó quieta, mirándome. Yo miré "allí", que era una pared entera forrada con una estantería de unas ocho baldas repletas de libros. Miré a la chica interrogante. Esperando una aclaración.
- ¿Aquí?
- Sí, aquí están los libros de esa temática.
Volví a mirar la estantería. Estamos de acuerdo, esa era la sección correcta. Pero había algo que no cuadraba. Los libros no estaban ordenados por orden alfabético, ni por título ni por autor. Ni tampoco por editorial. Ni por tamaño. Ni por color de la tapa, o material, o dureza de la misma. Por más que miraba no veía que aquella ingente cantidad de libros estuviera ordenada de alguna manera. No podía imaginar cómo la dependienta podía encontrar algo ahí.
Craso error.
Ciertamente, ELLA no iba a encontrar nada allí.
La dependienta seguía quieta, mirándome a mí y NO a los libros. Ingenua de mí, pensaba que iba a buscarme el libro que le había pedido, pero dado que se había quedado paralizada, le hice otra pregunta para ver si reaccionaba.
- Pero... ¿Tenéis el libro?
- No lo sé.
Se encogió de hombros y se fue. Por encima del hombro me dijo que aquella era la sección, imagino que lo siguiente era que lo buscara yo misma. En plan autoservicio. Hasta donde yo recuerdo, El Corte Inglés no es un autoservicio (de hecho, la característica básica es que los dependientes te ayudan a buscar lo que necesitas, al menos esa era mi experiencia hasta el momento, más que nada porque van a comisión).
En otras circunstancias no me habría importado buscarlo, pero aquello era un caos de libros, eran las 20:45, llevaba desde las 08:15 de la mañana fuera de casa... Estaba cansada y sólo quería saber si tenían ese libro, comprarlo e irme a casa. La seguí.
- ¿Pero no me podrías decir si lo tenéis o no?
- Es que no lo sé.
- ¿Y no lo puedes buscar en el ordenador?
- ...
- ¿O preguntarle a algún compañero?
- ...
- ¿O decirme cómo están ordenadas esas estanterías?
- ...
- ¿O hacer algo para ayudarme a encontrar el libro que te he pedido?
- ...
Supongo que estará claro, pero salí de allí sin el libro de marras. Nunca sabré si lo tenían o no. 



1 comentario al respecto...:
Solución para posteriores situaciones similares:
"¿Podría por favor hablar con el encargado de la tienda?", o "¿puedes decirle a tu jefe que salga un momento, por favor?".
Y si no cuela le preguntas cuánto cobra, a lo mejor entonces comprendes su apatía. Nusé.
¡¡Cuéntame tú qué opinas!!