Hoy ha sido un día agotador y completo.
Madrugón, cómo no. El despertador ha sonado como todos los días, pero a diferencia de los anteriores, esta vez no le he dado a la condenada barrita del snooze. He sido buena y me he levantado pronto. Esta mañana no podía llegar tarde al trabajo.
¿Por qué? Porque hoy venían de visita varios clientes y S.J., claro. Ella no iba a dejar que pareciera que estamos dejados de la mano de Dior (como efectivamente pasa) y se ha presentado para hacer de anfitriona, en plan "coincidís con mi visita semanal". También me ha quedado claro, por un lado, que siempre va a las reuniones con camisas arrugadas (al menos siempre que yo la he visto), y por otro lado, que no quiere que vuelva a mi antiguo proyecto. Pues vale.
Con la tensión de la visita (es inevitable, aunque esta vez me la refanfinflaba bastante porque no iba el tema con nuestro proyecto) y las reuniones, apenas he comido, más que nada por falta de tiempo. El problema es que después del trabajo me he ido directa a la Universidad sin pasar por casa, por lo que el rugido de mi estómago era francamente preocupante.
En la Universidad, estaba más pendiente de encontrar la cafetería en el enorme e inexplorable campus que en centrarme, así que no se puede decir que aprovechara mucho la tarde. Después de tomar algo de merienda y ponerme a leer, un olorcillo a gofres me distrajo. El hambre que aún tenía (gracias a la regla) me hacía oler visiones, y no iba a comentar en voz alta que olía a gofres en medio de un edificio de laboratorios porque me habían mirado con caras raras... Así que la tarde no me cundió nada académicamente hablando.
Menos mal que luego se aclaró que yo no estaba loca, es que en una carpa que habían puesto por ahí vendían dulces, chocolate, churros y una ingente cantidad de dulces que explicaban el delicioso olor que me estuvo obsesionando toda la tarde.
Acabé la tarde en una gran superficie para comprar leche y otras cosas que hacían falta, y me vi inmersa en la vorágine navideña de los marcrohipersupermegamercados. Para que no se les haga tarde, ya lo tienen todo decorado y tienen perfectamente puestos miles de dulces, mantecados y turrones expuestos de tal forma que es imposible que no te compres un polvorón.
Y allí, delante de una bolsa de hojaldrinas Mata, me eché a llorar.
Porque hoy hace dos años que murió mi padre.
Porque a mi padre le encantaban los dulces de Navidad.
Porque recuerdo la ilusión con la que iba comprando todos esos dulces.
Porque nunca he visto una casa más preparada con esos productos que la de mis padres.
Porque tenía la costumbre de guardarme los que me gustaban a mí para cuando llegara.
Porque siempre, después de comer, me escogía un dulce y me lo daba.
Porque le echo muchísimo de menos.
Madrugón, cómo no. El despertador ha sonado como todos los días, pero a diferencia de los anteriores, esta vez no le he dado a la condenada barrita del snooze. He sido buena y me he levantado pronto. Esta mañana no podía llegar tarde al trabajo.
¿Por qué? Porque hoy venían de visita varios clientes y S.J., claro. Ella no iba a dejar que pareciera que estamos dejados de la mano de Dior (como efectivamente pasa) y se ha presentado para hacer de anfitriona, en plan "coincidís con mi visita semanal". También me ha quedado claro, por un lado, que siempre va a las reuniones con camisas arrugadas (al menos siempre que yo la he visto), y por otro lado, que no quiere que vuelva a mi antiguo proyecto. Pues vale.
Con la tensión de la visita (es inevitable, aunque esta vez me la refanfinflaba bastante porque no iba el tema con nuestro proyecto) y las reuniones, apenas he comido, más que nada por falta de tiempo. El problema es que después del trabajo me he ido directa a la Universidad sin pasar por casa, por lo que el rugido de mi estómago era francamente preocupante.
En la Universidad, estaba más pendiente de encontrar la cafetería en el enorme e inexplorable campus que en centrarme, así que no se puede decir que aprovechara mucho la tarde. Después de tomar algo de merienda y ponerme a leer, un olorcillo a gofres me distrajo. El hambre que aún tenía (gracias a la regla) me hacía oler visiones, y no iba a comentar en voz alta que olía a gofres en medio de un edificio de laboratorios porque me habían mirado con caras raras... Así que la tarde no me cundió nada académicamente hablando.
Menos mal que luego se aclaró que yo no estaba loca, es que en una carpa que habían puesto por ahí vendían dulces, chocolate, churros y una ingente cantidad de dulces que explicaban el delicioso olor que me estuvo obsesionando toda la tarde.
Acabé la tarde en una gran superficie para comprar leche y otras cosas que hacían falta, y me vi inmersa en la vorágine navideña de los marcrohipersupermegamercados. Para que no se les haga tarde, ya lo tienen todo decorado y tienen perfectamente puestos miles de dulces, mantecados y turrones expuestos de tal forma que es imposible que no te compres un polvorón.
Y allí, delante de una bolsa de hojaldrinas Mata, me eché a llorar.
Porque hoy hace dos años que murió mi padre.
Porque a mi padre le encantaban los dulces de Navidad.
Porque recuerdo la ilusión con la que iba comprando todos esos dulces.
Porque nunca he visto una casa más preparada con esos productos que la de mis padres.
Porque tenía la costumbre de guardarme los que me gustaban a mí para cuando llegara.
Porque siempre, después de comer, me escogía un dulce y me lo daba.
Porque le echo muchísimo de menos.
La Navidad es mala Inner, mala mala.
ResponderSuprimirSiento la pérdida...
¡¡Cariño mío!! Lo siento muchísimo. Es que la Navidad sólo sirve para eso... joder. Para engordar y para ponerse triste. Un abrazo bien fuerte y achuchante. Cuídate reina.
ResponderSuprimirJo, muchas gracias a los dos. Hoy me encuentro mucho mejor, pero hay momentos... muy malos, como el de ayer. BESOS.
ResponderSuprimirYo este a�o voy a ir a ponerme ba�ador fardabolas bajo los pantalones y camisa hawaiana bajo el jersey de cuello alto para que nada me recuerde a las putas Navidades. Las odio.
ResponderSuprimirSiento lo de tu papi. Yo a�n los conservo a los dos y no me puedo imaginar el vac�o de algo asi pero (se que no voy a ser muy original con esto) hay que mirar adelante y ser positivo.
Yo creo que lo eres por lo que he ledio en tu blog...simplemente hay circunstancias o cosas que nos recuerdan a seres queridos.
Un bes�n y �nimo!
Muchas gracias, Luis, y... ¡BIENVENIDO! :)
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