La cena de Navidad (no nos engañemos: YA hay que pensar en eso) de este año peligra. Todo se ha liado por una tontería, pero ha sido la gota que ha colmado un vaso peligrosamente lleno desde hace bastante tiempo.
Ayer quedamos en que hoy nos iríamos a desayunar juntos los cinco compañeros (el último desayuno unificado fue hace tres meses si no recuerdo mal), aprovechando que nuestra jefa está de vacaciones y su sustituta no se entera de mucho, afortunadamente. Pero cuando ha llegado la hora de la verdad (la de irnos, vaya), el sector masculino del grupo, como siempre, se ha rajado...
...y eso que estamos hablando de un triste desayuno que no nos llevaría más de treinta minutos. Algo que el resto de la Humanidad hace a diario sin ningún problema. Pero nosotros no somos capaces.
Entonces se nos han hinchado las narices. Llevamos meses intentando quedar para comer, cenar o lo que sea, es decir, tener una relación fuera del trabajo y no hay manera. A cualquiera que se le cuente, no sería capaz de adivinar que estemos hablando de un grupo de cinco personas. Si fuéramos veinte, todavía se entiende que sea difícil coordinarlos a todos, pero sólo a cinco personas cuando diariamente se gestionan muchas más...
El tema es que encima, son siempre los mismOs los que se rajan. Con O mayúscula porque son los chicos los que en todos los intentos de quedar, o tienen un compromiso, o no les gusta el día, o tienen que hacer algo, o lo que sea. Una ingente cantidad de excusas. Excusas que aún da más rabia oir cuando siempre somos las mismas las que promueven la idea, buscan una fecha en la que los planetas estén alineados y Urano esté bajo el signo de Acuario, hablan con el restaurante para reservar mesa, y se preocupan de todo. Y siempre son los mismos lo que dicen que sí en un principio y lo fastidian todo dos días antes.
Así que hemos decidido no hacer cena de Navidad este año.
¿Para qué? Si vamos a buscar una fecha, un restaurante... y luego la mitad del grupo no va a ir. Directamente no nos tomamos las molestias y en paz.
La verdad es que estoy un poco desilusionada, pero realmente paso de andar preocupándome de organizar algo que al final se va a chafar como los intentos anteriores.
Ayer quedamos en que hoy nos iríamos a desayunar juntos los cinco compañeros (el último desayuno unificado fue hace tres meses si no recuerdo mal), aprovechando que nuestra jefa está de vacaciones y su sustituta no se entera de mucho, afortunadamente. Pero cuando ha llegado la hora de la verdad (la de irnos, vaya), el sector masculino del grupo, como siempre, se ha rajado...
...y eso que estamos hablando de un triste desayuno que no nos llevaría más de treinta minutos. Algo que el resto de la Humanidad hace a diario sin ningún problema. Pero nosotros no somos capaces.
Entonces se nos han hinchado las narices. Llevamos meses intentando quedar para comer, cenar o lo que sea, es decir, tener una relación fuera del trabajo y no hay manera. A cualquiera que se le cuente, no sería capaz de adivinar que estemos hablando de un grupo de cinco personas. Si fuéramos veinte, todavía se entiende que sea difícil coordinarlos a todos, pero sólo a cinco personas cuando diariamente se gestionan muchas más...
El tema es que encima, son siempre los mismOs los que se rajan. Con O mayúscula porque son los chicos los que en todos los intentos de quedar, o tienen un compromiso, o no les gusta el día, o tienen que hacer algo, o lo que sea. Una ingente cantidad de excusas. Excusas que aún da más rabia oir cuando siempre somos las mismas las que promueven la idea, buscan una fecha en la que los planetas estén alineados y Urano esté bajo el signo de Acuario, hablan con el restaurante para reservar mesa, y se preocupan de todo. Y siempre son los mismos lo que dicen que sí en un principio y lo fastidian todo dos días antes.
Así que hemos decidido no hacer cena de Navidad este año.
¿Para qué? Si vamos a buscar una fecha, un restaurante... y luego la mitad del grupo no va a ir. Directamente no nos tomamos las molestias y en paz.
La verdad es que estoy un poco desilusionada, pero realmente paso de andar preocupándome de organizar algo que al final se va a chafar como los intentos anteriores.
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