13 noviembre 2007

VUELTA A LA REALIDAD

La vuelta de las vacaciones ha sido muy dura.

Después de estar fuera más de una semana, totalmente desconectada, y haciendo de todo, el volver a la realidad ha sido un golpe brutal.

La llegada se tradujo en abrir la puerta, dejar maletas, bolsas y demás equipaje de cualquier manera en el recibidor, e ir corriendo al sofá. Viajar cansa mucho, y el que diga que no miente descaradamente. La nevera estaba vacía, porque no dejé nada que se pudiera estropear, así que la elaboración de la cena del Domingo fue compleja: descolgar el teléfono, decidir qué me apetecía y esperar a que trajeran mi pedido a casa. Después, pijama y a la cama, que el Lunes se asomaba amenazadoramente y sospechaba que iba a necesitar fuerzas.

El Lunes llegó. Después de hacer un esfuerzo titánico para levantarme a semejantes horas de la mañana, en el trabajo me esperaba la rutina, un montón de papeles y frases como "no lo he puesto al día porque he pensado que podrías hacerlo tú a la vuelta que lo llevas mejor". El correo estaba lleno de cosas, y tardé casi dos horas en revisarlo y despejarlo. El primer cuarto de hora intenté ir leyendo los correos, pero al cabo de un rato me limité a marcar como leídos los mensajes e irlos clasificando por carpetas, para que en el improbable caso que me hicieran falta después, supiera dónde localizarlos. Aún así, tardé bastante tiempo en tener una bandeja de entrada medianamente decente. Después me dediqué a actualizar los archivos, abandonados a su suerte durante diez días. Y ya luego me puse a trabajar, dos horas antes de irme a casa, así que para el día siguiente tendría más de lo mismo, pero al menos, con la tranquilidad de que el correo estaba despejado y los archivos al día.

A pesar de todo, tuve tiempo para que los demás me pusieran al corriente de lo que había pasado en el trabajo mientras yo no estaba. La sensación que tengo siempre es que cuando me voy de vacaciones, es cuando más actividad hay. Cuando estoy trabajando los días pasan uno igual que otro, pero es firmar mi carta de vacaciones y la rutina se rompe. Aunque bien pensado, igual eso lo tendría que calificar de positivo. Lo único que más me alegró el día es que S.J. tiene esta semana de vacaciones, con lo que ya son dos semanas sin coincidir con ella -a esto se le llama buena planificación del tiempo-. Por lo que me contaron, en mi semana de vacaciones la mujer ya se despachó a gusto... lo cual no me extraña nada, la verdad.

Cuando llegué a casa, tuve que dedicarme a despejar el caos que dejé la noche anterior. Poner la ropa limpia que traje en el armario (escasa), amontonar la ropa sucia (casi toda) y empezar a lavarla. Después coloqué las cosillas nuevas que me traje del viaje: unos libros, un póster y varias cosas más. Luego, con el acelerón, empecé a organizar la nevera para saber qué me faltaba y qué tendré que comprar esta semana, porque estoy ahora mismo en MODO supervivencia ON. Y por fin me dejé caer en el sofá, harta de dar vueltas por casa.

Para mayor recochineo, ayer mismo se me acababa el plazo para hacer un examen en una plataforma virtual. En principio, me llevé el portátil por si durante la semana me podía conectar en un ratillo e ir echándole un vistazo, pero la realidad es que no pude conectarme en un montón de días y ayer tenía la última oportunidad. Obviamente no había mirado nada, así que hice las dos evaluaciones un poco al tuntún, y presa de los nervios porque encima tenía el tiempo contado una vez entrabas en el examen, claro. Después de un bloqueo, tres y correos y dos llamadas conseguí pasar las evaluaciones y soy apta. Al menos respiré tranquila. Apagué el ordenador con alivio.

Acabé el día viendo un poco la tele, dos episodios de una serie. Me perdí en la pantalla para no pensar en que la semana acababa de empezar, en que no tengo vacaciones hasta el año que viene, en que llevo con atraso las asignaturas, en que en dos semanas tengo revisión médica, en que el gimnasio lo tengo abandonado, en que este mes he hecho la nómina trizas, en he de revisar mis buzones privados, en que tengo que sacarme ya el carnet de conducir, en que debo arreglar pronto el tema del balcón, en que tengo que pensar cómo organizarme mejor...

...y me dormí pensando en cuánto hecho de menos vistas como éstas, que fueron las que me acompañaron durante mi semana de vacaciones.

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