19 diciembre 2007

AUDITORÍA

Ayer hubo en la empresa una auditoría externa para renovar la calidad certificada ISO o algo así (es un tema que se me escapa). Básicamente, consiste en que una persona ajena a la empresa viene y nos hace preguntas a casi todo el personal sobre el trabajo que hacemos, cómo lo organizamos, cómo lo evaluamos. Todo. Esa persona tiene que llevarse la sensación de que está todo controlado, y realmente no conozco a ninguna otra empresa que tenga esos cabos tan bien atados, por lo que estábamos bien tranquilos.

El tema no tiene mayor importancia, porque de vez en cuando la misma empresa lo hace (es como los exámenes sorpresa del instituto) y ya me lo conocía. Y ayer todo fue estupendamente menos mi úlcera imaginaria, que se me abría por momentos.

Sí, tengo una úlcera imaginaria que me nació en esta empresa, se empeora con los berrinches y se me abre cuando veo alguna de las cosas que pasan aquí. Seguramente pasarán en otros sitios, no lo pongo en duda, pero a pesar de eso a mí me parece increíble.

Por ejemplo: no sé si en todas las empresas, pero en la nuestra hay un Técnico de Calidad (en adelante, T.C.). El nuestro es un periodista con horario difuso. Por lo que parece, tiene horario reducido, pero eso es lo único que sé. No tengo ni idea de cuántos días de en semana viene, si tiene que hacerlo por la mañana o por la tarde, cuándo debe entrar o cuándo salir. No lo sé. No hay una regla clara. Cuando lo buscas, a la hora que sea o el día que sea, puede que lo encuentres o que no lo encuentres, con la misma probabilidad.

Su trabajo también es algo abstracto. No tengo nada claro cuál es su función, simplemente de vez en cuando viene aquí a denunciar que algo no va bien, e inicia un complicado protocolo para arreglarlo. No sé si al final se soluciona o no, porque no son cosas que afecten directamente al trabajo diario (al menos el de mi proyecto). Que yo sepa, en los últimos meses, lo habrá hecho una o dos veces. El resto del tiempo que no está denunciando carencias y que coincide que está aquí (algo realmente complicado), puede que ocurran tres cosas:

- Que esté tomando café.
- Que esté leyendo el periódico.
- Que esté hablando por teléfono de temas ajenos a la empresa.

Con lo cual, con esta descripción, no se puede decir que conozca el día a día de los proyectos que digamos. Pero no obstante, en las Auditorías de Calidad, es una pieza importante, que para eso es el TÉCNICO de nuestro centro.

Pues ayer se permitió el lujo de llegar tarde, cuando el día anterior SU jefa nos había dicho por activa y por pasiva que el auditor iba a ser muy puntual y que estuviéramos un poco antes a ser posible. Luego, tras los buenos días, dijo que él se iba a su hora... Que me parece bien, pero, ¡si ha reconocido él mismo que es lo único medianamente importante que tiene que hacer en todo el año en este trabajo! ¡No pasa nada si te tienes que quedar algún tiempo más! No sería el único que lo hubiera hecho, y además, quizá no tendría ni que quedarse, pero si ya de entrada lo anuncia a bombo y platillo... Además, si se tuviera que quedar, la comida la pagaría la empresa, cosa que por ejemplo en mi caso no pasa: mi comida me la traigo yo de casa en un tupper de plástico.

Encima, cinco minutos antes de que llegara el auditor, dijo que él no sabía manejar una aplicación que en teoría debía utilizar a diario. Cuando la jefa le preguntó el motivo, él se defendió, ofendidísimo, diciendo que él había pedido "muchísimas veces" una formación y que no la había tenido. Ni él, ni nosotros, que hemos aprendido a base de trastear, cosa que podría haber hecho él que tiene considerablemente más tiempo libre que el resto de trabajadores. A su jefa un color se le iba y otro se le venía. En tres minutos se le habilitó una clave para el programa y se le enseñaron las nociones básicas para que no quedara mal en caso de que el auditor le diera por preguntarle algo.

Ahí ya iba yo calentita...

...pero el remate vino después. El hecho que me abrió mi úlcera imaginaria fue una tontería, pero me sentó muy mal, y fue en la reunión que tuvimos con el auditor.

El auditor, muy majo, empezó en nuestro proyecto la ronda de preguntas, y nosotras a contestarlas. Pero de vez en cuando, T.C. (sólo calificable a estas alturas de irritante), con su dialéctica de periodista/comunicador, interrumpía lo que decíamos para soltar alguna frase que intentaba poner de manifiesto que él controlaba perfectamente todo el servicio, porque no había nadie que supiera más que él en toda la sala. Datos obvios, palabras rimbombantes, que lo que pretendían era hacer ver al auditor que no se movía una pelusa en el suelo sin que él lo supiera. O mejor: no se mueve una pelusa sin que él le dé permiso. ¡Ja!

El rato que pasamos explicándole al auditor los pormenores del servicio lo pasé francamente mal. No por la auditoría, PARA NADA, sino porque tuve que morderme la lengua en varias ocasiones, para no soltarle a T.C. alguna fresca que me nacía del interior y me daba una sacudida intentando salir cada vez que abría la boca para decir lo mismo que nosotras, pero de forma más solemne. Sólo para lucirse y hacer ver que era la persona de referencia en esta empresa.

No discuto que la conozca, de hecho, no es difícil y llevamos años haciendo lo mismo, pero NO lo sabe todo, NO puede contestar a preguntas concretas sobre el servicio, y sobre todo: SI NO DAS GOLPE, NO TE CUELGUES MEDALLAS AHORA.

Lo único que me consolaba es que el auditor pasaba bastante de sus "puntualizaciones" y que parecía que estaba molesto con tanta interrupción para decir lo mismo pero de forma más culta. También el hecho de corregirle en varios errores garrafales me supo a gloria.

Finalmente la tortura acabó pronto y la comitiva se desplazó al despacho contiguo para hacer lo mismo en mi ex-proyecto. Casi podía oir cómo mi ex-jefe rechinaba los dientes, y sonreí porque sabía que era el mismo motivo por el que yo estaba tan rebotada, lo cual quería decir que luego nos echaríamos unas risas a cuenta de todo aquello. Menos mal, la prespectiva del cotilleo de después me cerró la úlcera imaginaria de golpe.

De todo tiene que haber en este mundo...

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ACTUALIZACIÓN A LAS 20:46: Bueno, pues ahora me siento fatal porque hoy este hombre ha sido despedido. La razón oficial es que no hay suficientes tareas que encomendarle (como ya he dicho antes, no es que trabajara mucho que digamos), lo cual es cierto, pero yo creo que hay algo más que no le han dicho. Algo como que su comportamiento en la auditoría dejó mucho que desear. Pero nadie ha mencionado nada de eso. Ni lo harán, claro. Sinceramente creo que lo del ayer fue la gota que colmó el vaso, pero la empresa no lo va a reconocer nunca. Lo malo es que me ha tocado asistir cuando se lo han dicho, y al menos lo ha comprendido perfectamente (incluso ha reconocido que le iba muy bien el desenlace, puesto que tenía pensado renunciar y así al menos se lleva un pellizco en el finiquito). Por eso no ha sido un momento muy desagradable, pero sí que ha sido incómodo, al menos para mí. No es plato de gusto nunca decirle a alguien que está despedido, pero este caso menos aún. En fin, espero que tenga suerte, y también que a mí se me pase pronto este sentimiento de culpa.

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