Al final, hemos tenido una cena de empresa, solo que no ha sido una cena, sino una comida. Sabía yo que era raro que al final no nos juntáramos...
El tema salió, como siempre, dos días antes, cuando ya era completamente imposible encontrar ningún sitio para cenar, claro. ¡A quién se le ocurre! Pues a nosotros, por supuesto. De todas formas, como no me fiaba ni un pelo de la mitad del personal, bien pensado era mejor una comida porque al menos hoy todo el mundo tenía que trabajar y todo el mundo tenía que comer antes o después, y cualquier cosa es mejor que un bocadillo o una comida recalentada en un tupper. Así que nos hemos ido a un restaurante en el que no había problemas para reservar y donde hemos comido alguna que otra vez (muy rico todo y bastante bien de precio).
Esta comida ha sido muy informal, poco típica de estas fechas, muy distinta a la megapija cena del año pasado. Imagino que por eso me ha gustado más. Por eso y porque a esta año se ha venido mi niño, lo que también ha sido especial (este año sólo éramos dos parejas, pero no importa porque estábamos entre amigos).
Entre amigos y no tanto, porque al final se apuntó la chica a la que estoy sustituyendo. Esa que ahora mismo está de vacaciones para "terminar de recuperarse". A mí, la verdad, es que no he hizo mucha gracia que viniera -y no soy la única a la que no le gustó-, pero no dije nada. Pues que se venga. No es que la chica me caiga mal, lo que pasa es que le cogí bastante tirria desde que vi que tenía más cara que espalda. Es lo de siempre: no discuto que al principio estuviera realmente mal, pero después le echó morro al asunto. Mucho. Porque estaba muy mala para seguir de baja durante seis meses (y mientras yo cambiando mi chip para hacer SU trabajo), pero estaba estupendamente para irse de fin de semana con los amigotes de fiesta o de acampada, para ir a la peluquería y venir al trabajo todas las semanas para lucirse delante de todo el mundo y contarme lo bien que se lo pasaba en todas sus escapadas. Exacto: no me lo he inventado. Lo sabía todo de primera mano.
Pues eso, que se ha venido a la comida de trabajo ella, que no ha trabajado en los últimos siete meses.
Nos lo hemos pasado muy bien. El ambiente era muy agradable y nos hemos reído mucho. La chica esta se sentó al lado de mi actual jefa, porque son muy amigas, en un extremo de la mesa, y no participó mucho en la conversación. Ellas dos estuvieron hablando de sus cosas mientras los demás nos gastábamos bromas entre nosotros o hablábamos de otros temas, pero ellas seguían a lo suyo, charlando sobre gente que no conocemos. Me dio un poco de pena por mi jefa, que no se integró demasiado por estar pendiente de la otra chica, ya que además ella tenía muchas ganas de quedar. Pero por lo demás, muy bien.
Acabamos dos horas después. Me sentí muy satisfecha de haber podido estar con mis amigos del trabajo fuera de la empresa, porque aunque nos llevamos muy bien, realmente no es muy positivo que nuestra relación se desarrolle dentro de ese ambiente. Me alegró mucho que al final quedáramos y pasáramos un rato tan agradable.
El tema salió, como siempre, dos días antes, cuando ya era completamente imposible encontrar ningún sitio para cenar, claro. ¡A quién se le ocurre! Pues a nosotros, por supuesto. De todas formas, como no me fiaba ni un pelo de la mitad del personal, bien pensado era mejor una comida porque al menos hoy todo el mundo tenía que trabajar y todo el mundo tenía que comer antes o después, y cualquier cosa es mejor que un bocadillo o una comida recalentada en un tupper. Así que nos hemos ido a un restaurante en el que no había problemas para reservar y donde hemos comido alguna que otra vez (muy rico todo y bastante bien de precio).
Esta comida ha sido muy informal, poco típica de estas fechas, muy distinta a la megapija cena del año pasado. Imagino que por eso me ha gustado más. Por eso y porque a esta año se ha venido mi niño, lo que también ha sido especial (este año sólo éramos dos parejas, pero no importa porque estábamos entre amigos).
Entre amigos y no tanto, porque al final se apuntó la chica a la que estoy sustituyendo. Esa que ahora mismo está de vacaciones para "terminar de recuperarse". A mí, la verdad, es que no he hizo mucha gracia que viniera -y no soy la única a la que no le gustó-, pero no dije nada. Pues que se venga. No es que la chica me caiga mal, lo que pasa es que le cogí bastante tirria desde que vi que tenía más cara que espalda. Es lo de siempre: no discuto que al principio estuviera realmente mal, pero después le echó morro al asunto. Mucho. Porque estaba muy mala para seguir de baja durante seis meses (y mientras yo cambiando mi chip para hacer SU trabajo), pero estaba estupendamente para irse de fin de semana con los amigotes de fiesta o de acampada, para ir a la peluquería y venir al trabajo todas las semanas para lucirse delante de todo el mundo y contarme lo bien que se lo pasaba en todas sus escapadas. Exacto: no me lo he inventado. Lo sabía todo de primera mano.
Pues eso, que se ha venido a la comida de trabajo ella, que no ha trabajado en los últimos siete meses.
Nos lo hemos pasado muy bien. El ambiente era muy agradable y nos hemos reído mucho. La chica esta se sentó al lado de mi actual jefa, porque son muy amigas, en un extremo de la mesa, y no participó mucho en la conversación. Ellas dos estuvieron hablando de sus cosas mientras los demás nos gastábamos bromas entre nosotros o hablábamos de otros temas, pero ellas seguían a lo suyo, charlando sobre gente que no conocemos. Me dio un poco de pena por mi jefa, que no se integró demasiado por estar pendiente de la otra chica, ya que además ella tenía muchas ganas de quedar. Pero por lo demás, muy bien.
Acabamos dos horas después. Me sentí muy satisfecha de haber podido estar con mis amigos del trabajo fuera de la empresa, porque aunque nos llevamos muy bien, realmente no es muy positivo que nuestra relación se desarrolle dentro de ese ambiente. Me alegró mucho que al final quedáramos y pasáramos un rato tan agradable.
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