02 diciembre 2007

ESCRITURAS

Mi fin de semana de tres días toca a su fin. Apenas he salido de casa desde que volví, el Viernes por la tarde, de firmar las escrituras de la nueva casa de mi madre.

Para estar con ella ese día tan importante me pedí el día libre en el trabajo. Bajé a Granada la tarde anterior y me quedé a dormir allí, porque no me atraía nada la idea de madrugar el Viernes, pegarme una paliza de viaje y encima llegar justa de tiempo. Así que el Viernes fuimos a la notaría a firmar las escrituras. Mi madre estaba bastante nerviosa, me cogió un par de veces la mano y me la apretó. Sé que este paso ha sido muy difícil para ella, y yo me centré en trasmitirle algo de tranquilidad y despreocupación sonriéndole y guiñándole un ojo cada vez que me miraba. El notario nos hizo pasar a un despacho enorme donde nos leyó la escritura antes de firmarla. Fue como un flashback del día en que yo firmé las de mi piso, solo que allí faltaba mi padre. Estoy segura de que le hubiera hecho mucha ilusión estar allí también. Pero la voz del notario me devolvió a la realidad antes de que me pusiera melancólica y empezara a llorar entre tecnicismos y papeles timbrados.

Después de repasar por enésima vez las claúsulas, después de recordarnos qué gastos corrían por nuestra cuenta, después de enumerar toda la documentación que nos entregaban, después de pasar folios y folios hasta el final, mi madre firmó las escrituras. Le temblaban las manos. Con un punto terminó su rúbrica y le apreté el hombro. Por fin tenía su casa; pequeña, de dos habitaciones, pero nueva, en el sitio que a ella le gusta, cerca de su familia, y sobre todo: SUYA. Toda una declaración de independencia. Yo sé bien qué significa eso, porque hace dos años y medio era yo la que firmó con mano temblorosa y una nube de miedos las escrituras de la que ahora es mi casa. Esta vez le tocaba a mi madre. El paso definitivo a otra nueva época de su vida.

Cuando salimos del notario, arrastrando una pesada bolsa con las llaves, toda la documentación y una toalla obsequio de la constructura, mi madre estaba contenta, aunque seguía nerviosa. Mi intención era que se centrara en el hecho de que por fin tenía su piso (entregado con varios meses de retraso) y no pensara en nada más. Pero la conozco y sé que es difícil porque estoy segura de que ha pasado muchas noches sin dormir haciendo cuentas, y a partir de ahora más todavía. A pesar de que le he dicho miles de veces que no tiene por qué preocuparse, que saldremos bien de ésta, que serán unos meses los que tendrán que pasar hasta que se solucione el tema de la venta de la otra casa, que sólo ha sido cuestión de mala suerte, sé que no puede dejar de pensar en eso, en que es responsabilidad suya que ahora tengamos que pasar una época un poco estrechas económicamente. Le he dicho muchas veces que no pasa absolutamente nada, que no me importa, que podemos asumirlo perfectamente, que estoy de acuerdo con el paso que ha dado, que la apoyo al 200%. Pero a pesar de eso le tiembla la voz cada vez que me pregunta qué me parece. Me parece que has hecho lo mejor, mamá.

2 comentarios:

  1. Pobrecita. Tiene suerte de tener todo tu apoyo, porque tiene que ser un paso muy importante para ella. Felicidades por la compra y suerte y salud para pagarla. ¡¡Y que de todo se sale, dile!! Besos.
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  2. Pues sí, es un paso muy importante y por supuesto tiene todo mi apoyo y mi ayuda, en la medida que yo puedo ayudarla, claro. ¡Gracias! Es un piso muy cuco, ¡me gusta para mí y todo!
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