Segundo día de sentirme como un trapajo viejo.
He pasado una noche relativamente buena. He conseguido dormir casi del tirón, sin muchos mocos ni tos, sólo me he despertado un par de veces con mucho calor, pero supongo que sería porque tenía unas décimas de fiebre.
Anoche, antes de dormir, decidí que por la mañana temprano iría al médico, entre otras cosas para que me diera un justificante médico. Pero cuando esta mañana he abierto un legañoso ojo, he repasado diversos factores tales como:
Una hora más.
Otra hora más.
Y otra.
Hasta casi la hora de comer.
Sí, de siempre se ha dicho que los catarros se curan en la cama, calentita y bebiendo líquidos, y yo no soy quién para juzgar la sabiduría popular. Después de comer ya no había excusa para no ir al médico, además el justificante me hacía falta. Así que me he vestido con una ropa muy fría, me he calzado de mala gana y he ido al médico, quien me ha despachado en menos de diez minutos después de meterme por la garganta el palo ese de madera que casi me hace vomitar, estrujarme las anginas para determinar que las tenía inflamadas y ponerme una inyección que estoy segura tenía como único propósito que me doliera más que la propia garganta y que de esa forma no pensara en que me duele la garganta y se he hace insoportable tragar nada.
Pero al menos ya estoy de vuelta a casa a mi pijama calentito y tengo el justificante médico. A ver qué tal estoy mañana.
He pasado una noche relativamente buena. He conseguido dormir casi del tirón, sin muchos mocos ni tos, sólo me he despertado un par de veces con mucho calor, pero supongo que sería porque tenía unas décimas de fiebre.
Anoche, antes de dormir, decidí que por la mañana temprano iría al médico, entre otras cosas para que me diera un justificante médico. Pero cuando esta mañana he abierto un legañoso ojo, he repasado diversos factores tales como:
- Era demasiado temprano para que una persona tan pochis como yo se levantara.
- En la calle iba a hacer un frío considerable que no me sentaría nada bien.
- No tenía ganas de hacer una cola inmensa para intentar conseguir cita en el médico.
- Tampoco me apetecía pelearme con las señoras mayores que creen firmemente tener prioridad y que son las únicas que necesitan atención sanitaria.
- Sólo pensar en el hecho de despojarme del pijama y ponerme ropa normal era superior a mis fuerzas.
Una hora más.
Otra hora más.
Y otra.
Hasta casi la hora de comer.
Sí, de siempre se ha dicho que los catarros se curan en la cama, calentita y bebiendo líquidos, y yo no soy quién para juzgar la sabiduría popular. Después de comer ya no había excusa para no ir al médico, además el justificante me hacía falta. Así que me he vestido con una ropa muy fría, me he calzado de mala gana y he ido al médico, quien me ha despachado en menos de diez minutos después de meterme por la garganta el palo ese de madera que casi me hace vomitar, estrujarme las anginas para determinar que las tenía inflamadas y ponerme una inyección que estoy segura tenía como único propósito que me doliera más que la propia garganta y que de esa forma no pensara en que me duele la garganta y se he hace insoportable tragar nada.
Pero al menos ya estoy de vuelta a casa a mi pijama calentito y tengo el justificante médico. A ver qué tal estoy mañana.
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