30 septiembre 2007

WEEKEND PLAN

Me encanta pasar el fin de semana en casa.

Llevábamos varios meses (los meses de verano) que no parábamos: llegaba el fin de semana y cogíamos el coche para ir a cualquier sitio. Era la única manera que teníamos de salir: de Lunes a Viernes encerrados en el trabajo, sin disfrutar del verano, y el fin de semana nos escapábamos. Así varios fines de semana seguidos. También eran buenos planes, pero al final el Domingo llegábamos cansados y al menos yo hubiera necesitado un día que no tener que madrugar y quedarme en la cama hasta que abriera los ojos por mí misma.

Este mes hemos decidido hacer un parón. Llevamos ya dos fines de semana quedándonos en casa, y es una gozada. Redescubres nuevos placeres que ya casi habías olvidado.

Como estar todo el día en pijama y zapatillas (o descalza), sin tener que vestirse de ropa de calle. Con el pelo recogido en una coleta de cualquier manera, sin tener que preocuparme de los rizos, ni de peinarme bien. Con la piel limpia, sin maquillarme con prisas por la mañana y sin tener que quitármelo cuando llego a casa.

El desayuno es otro mundo que exploro los fines de semana. Me hago un Cola-Cao, y lo remuevo con calma. Me lo llevo al salón, me siento y me lo bebo tranquilamente, repantingada en el sofá. Sin prisas. Lo saboreo, lo bebo a sorbos. Nada que ver con un desayuno de diario: de un sólo trago en un tiempo récord sin apenas quedarme con el sabor. Las tostadas... las crujientes y sabrosas tostadas de fin de semana. Rebanadas de pan con una ligera capa de mantequilla y otra de mermelada de fresa, recién hechas. Exquisitas. Nada que ver con las insípidas tres galletas (a 99 calorías la bolsita, oiga) que mordisqueo en el trabajo mientras tecleo a media mañana.

Qué decir del placer de saborear una comida caliente, recién hecha, en un plato de verdad, en una mesa con mantel. No quiero ni pensar en la comida de tupper que tomo en el trabajo si es horario intensivo, o de la comida hecha del día anterior, calentada deprisa, que como en casa los días que tengo jornada partida. Los fines de semana hay tiempo para cocinar un plato rico, con calma, y de comerlo recién hecho, en los platos, en la mesa puesta con un mantelito de tela, y dar buena cuenta de ella tranquilamente, sin prisas porque se te acaba la hora de desconexión.

Después viene cuando puedes dejar los platos encima de la mesa y puedes dejarte caer en el sofá con el mando en la mano, a reposar con pereza la comida, sin pegar un salto para recogerlo todo antes de volver al trabajo. Poner en la televisión un programa que te guste mientras disfrutas de la sobremesa, e incluso permitir que el sopor de invada y quedarte ligeramente dormida abrazando tu cojín favorito y sintiendo como te tapan con una mantita suave y exquisito cuidado.

Cuando abres los ojos, siguen sin existir las prisas, y te desperezas como un gatito. Puedes leer un libro, ojear una revista, ponerte a ordenar tu música en el ordenador, ver una película, jugar a un videojuego, salir a pasear, incluso ir con la bicicleta si hace buen tiempo. Puedes hacer un bol de palomitas mientras tu chico está embobado viendo a su equipo jugar al fútbol, y hacerle cosquillas en el descanso del partido. Puedes hacer cualquier cosa que te apetezca. Puedes salir a tomar algo, a cenar fuera, o al cine a ver una película. Puedes jugar al Trivial hasta las tantas de la mañana porque da igual a qué hora te acuestes porque no va a sonar ningún despertador a la mañana siguiente, puedes quedarte dormida hasta la hora que quieras para seguir con este maravilloso plan un día más...

Adoro los fines de semana en casa.

29 septiembre 2007

DE TODO UN POCO

La moda ahora son las amenazas de bomba. La gente está aburrida de la vida y le da por llamar, con voz tranquila, para decir que en el centro donde tú trabajas hay una bomba que va a explosionar en breve. Así que toca activar el protocolo de emergencia con el consiguiente trastorno para todos y el susto que se lleva la gente, aunque yo personalmente tenía tan claro que era una broma que ni me he inmutado.

La de hoy ha sido la segunda en menos de diez días. Estaba yo tan tranquila en casa, en pijama y comiéndome un yogur cuando ha sonado el teléfono. Era del trabajo, que habían recibido una amenaza de bomba (otra vez). La verdad es que en cuanto lo ha oído he tenido muy claro que no pasaba nada, que era una broma, pero comprendo que no todo el mundo lo vea igual, así que me he vestido y he ido al centro. Todo estaba tranquilo, hemos activado el protocolo diseñado al efecto y poco más. Ha venido la Guardia Civil, no ha encontrado nada, he llamado a mis jefes, la gente trabajaba con normalidad, y no ha habido nada destacable.

En fin, el caso es que todo me pasa a mí.

Llevaba un mes tranquilito, de relativo poco trabajo. De hecho, en mi nuevo proyecto estoy más a gusto de lo que pensé en un primer momento que iba a estar. Es algo más fácil y hay menos trabajo que hacer (y menos riesgo). Mi jefa es un encanto y la verdad es que estoy cómoda. En mi antiguo proyecto los dos que dejé atrás se han ido defendiendo, aunque están de trabajo hasta arriba: mi antiguo jefe está como siempre de tranquilo, y mi antigua compañera se tira de los pelos la pobre. Para remate, mi ex-jefe se va de vacaciones la semana que viene (primero de mes, con todos los balances mensuales pendientes), y se quedaba mi ex-compañera sola sustituyéndolo. Claro, es lo lógico. Hasta ahí, todo bien. No era mi problema, porque yo ya no pertenezco a ese proyecto, lo único es que me ofrecí para echarle una mano en lo que hiciera falta. Pero en el fondo es y va a ser mucho más que eso...

01. Mi ex-compañera se ha puesto de baja médica.
02. Mi ex-jefe se va de vacaciones y no hay remedio.
03. Me toca quedarme sola.
04. De jefa (otra vez).
05. En mi antiguo proyecto, porque ya lo conozco.
06. Del que estoy desvinculada desde hace tres meses.
07. A primero de mes.
08. Sin tener idea de nada.
09. Enterándome el día de antes.
10. Retomando temas que no sé que existen.
11. Recibiendo una media de 600 correos diarios.
12. Heredando una lista de tareas diarias kilométrica.
13. Teniendo a S.J. detrás de mí todo el día.
14. Empezando la Semana del Infierno con un aviso de bomba.

Estupendo.

27 septiembre 2007

PARTIDA GANADA

Después de la tensión de ayer en el trabajo, hoy ha habido tregua a lo largo de la mañana. El partido empezó ayer por la tarde, dos minutos antes de finalizar la jornada laboral. Les había enviado a S.J. y a la sustituta uno de los estudios semanales, y la sustituta (porque a esas alturas seguramente S.J. estuviera ya tumbada en el sofá de su casa) me mandó un correo que sólo se puede calificar de impreciso, diciendo que “había un error”, que lo revisara porque mis datos no coincidían con los suyos.

Me daba mucha rabia dejar el tema en el aire hasta esta mañana, así que me senté a revisar el estudio, y yo no vi ningún error. Cada vez que revisaba un dato y veía que estaba bien, me ponía de peor humor, porque ese trabajo ya lo hice, se supone que ya debería haberme ido y estaba allí, revisando los datos que estaba prácticamente segura de que estaba bien.

Como es natural, todo estaba correcto, así que le mandé un correo para tontas, explicando pasito a pasito lo que había hecho y argumentando cada uno de los datos que había enviado. Al final, para suavizarlo, le pregunté amablemente si había algún otro tema metafísico que se le hubiera escapado a mi pobre mente terrenal y envié el correo de respuesta 45 minutos después de que mi horario hubiera acabado. Nadie me dijo que me quedara, naturalmente, no hubiera pasado nada si hubiera contestado esta mañana, pero no fui capaz de dejarlo en el aire. Además, así verían las dos que me quedé a ver si encontraba el error (sin mencionar que hubiera sido más fácil que, si ellas lo habían visto, me dijeran dónde estaba o al menos en qué consistía). Mate mío.

Esta mañana me han dicho lo que ya sabía: que todo estaba bien, y que eran ellas las que tenían el error. Punto de set para mí.

Sensación de victoria.

No es que me siente mal que me corrijan, porque todo el mundo nos equivocamos. Lo que me molesta es el tono, la suficiencia, el hecho de jugar un poco al gato y al ratón, el no decir qué revisar para que pierdas más el tiempo mirándolo todo, para finalmente reconocer sucintamente que tenían un error, cuando tú, si te hubieras equivocado, habrías tenido que dar millones de explicaciones y obviamente habrías pasado por inútil. Y también la pérdida de tiempo, porque yo tardo un tiempo en hacer un trabajo, y luego la sustituta (S.J. no se dignaría a hacer un trabajo de baja estofa) hace el mismo, por lo que hacemos doble trabajo, y no le veo sentido ninguno. Eso es lo que más me pone de mal humor.

Aunque el tener la razón me hace esbozar una sonrisilla...

26 septiembre 2007

VUELTA AL CURRO DE VERDAD

El Lunes se me acabaron las vacaciones, que han durado tres largas y muy placenteras semanas.

Bueno, en realidad, yo sólo estuve de vacaciones la primera semana de Septiembre, pero como dicen los expertos, cada trabajador tiene dos días de vacaciones: el suyo y el de su jefe, y es un error hacerlos coincidir. Así que me planeé mis vacaciones a la perfección: primero yo una semanita, y luego dos semanas de mi Súper Jefa, en adelante S.J.

Dos semanas de descanso y tranquilidad laboral. Dos semanas de rascarme un poco la panza, para qué lo voy a negar. Calma y paz en el despacho. El teléfono de empresa razonablemente silencioso, con alguna que otra llamada de la titubeante sustituta de S.J., que la pobre veía que llevar todo aquello adelante no era tan fácil como podría haber parecido. Incluso podía decir que era hasta gratificante ayudar a la pobre sustituta, resolviendo sus dudas y tranquilizándola, diciéndole que lo que sea que le preocupaba ya había pasado antes, y lo que había que hacer era esto, lo otro y lo de más allá y todo iría la mar de bien.

Esas dos semanas han estado totalmente exentas de tensión. Parece increíble que diga esto después de que la alarma de incendios saltara dos veces, tuviéramos una amenaza de bomba con desalojo incluído, caídas de las redes internas que nos tuvieron sin trabajar dos días, corte del flujo de información que también nos paralizó un día completo... Pero no pasó nada porque S.J. estaba de vacaciones. Fuera del continente, incluso. Resolvimos las situaciones y lo llevamos todo más o menos controlado, porque, EN REALIDAD, somos bastante eficaces.

Pero ayer se acabó todo. S.J. volvió de vacaciones. Tengo que reconocer (avergonzada) que la noche anterior no dormí muy bien y que entré a trabajar con un nudo en la boca del estómago y se lo dije a mi compañera cuando llegó. Ella me dijo que tenía una opresión en el pecho por la misma razón. Sabíamos que nos iba a abroncar, aunque no sabíamos el motivo. Pero siempre lo encuentra. Lo haría tarde o temprano.

Tardó un día. Su primer día después de vacaciones fue para ponerse al día y enterarse de qué había pasado en su ausencia (y tenía bastantes cosas), pero lo primero de lo que se preocupó fue de qué horario había ido yo. Estaba yendo en turno de mañana, porque realmente pensé que me había dado permiso antes de irme yo de vacaciones para hacerlo, pero resultó que eso iba a ser a partir de Octubre (para cuando empezara las clases), así que de ayer a hoy tuve que cambiar de horario para ir de partido porque no le pareció bien que me adelantara a su orden. La verdad es que no me importó mucho, y para no tener que pedirle nada más, o rebatirle, hoy he ido de partido y lo haré esta semana y la próxima. Un fastidio, pero bueno. Todo sea por no oírla.

Ha sido hoy cuando el chaparrón que nos esperábamos ha caído con toda su intensidad. Con rayos y truenos incluidos, claro. Lo que me pasa con esta mujer es que nunca sabes por dónde te van a venir los palos. Sabes que vienen, puedes apostar una oreja, pero no sabes de dónde, por lo que no puedes preparar ni estrategia ni defensa. Y siempre te hace falta una defensa, porque es un ataque constante. A mi compañera le ha tenido hoy tres horas al teléfono, criticando su actuación al frente de un servicio. Sé que ella lo ha hecho lo mejor que ha sabido, pero a S.J. nunca le parece bien. Siempre tiene una alternativa que hubiera sido mejor, pero claro, como no somos capaces de analizar la situación correctamente, no escojemos la mejor opción. Siempre igual. Lo sabemos, pero por lo menos a mí, siempre me duele un poco, porque no se trata nunca de una crítica constructiva. Es totalmente destructiva, ya que además, el tono de su voz, tan alto, tan hiriente, tan despectivo, se te mete en la boca del estómago y resulta un trago bastante desagradable. Después de un año y medio no me acostumbro. Lo llevo porque es una parte más del trabajo, porque es la jefa que me ha tocado en suerte desgracia, y unos días lo aguanto mejor y otros peor. Pero es siempre lo mismo.

Al final, yo me he escapado más o menos bien, sólo un correo algo duro por un acento (es tan absurdo que no merece la pena ni explicarlo). De todas formas, creo que alguna me caerá mañana. Estoy casi segura.

O a lo mejor tengo suerte y está tan ocupada rememorando sus vacaciones que nos deja tranquilitas...

23 septiembre 2007

EL PARAGUAS TUVO LA CULPA

Este fin de semana me lo he pasado envuelta en ropa de pochis, fluctuando entre la cama y el sofá, siempre seguida de mis pañuelos de papel y mi botecito de aloe vera. ¿Por qué? Porque ya he cogido el primer resfriado de la temporada.

Así que mis dos días de descanso me los he pasado tirada en el sofá, bebiendo zumos de naranja y agua con paracetamol disuelto, cayendo dormida cada dos por tres, perreando bajo una mantita, acalorada y con frío (a la vez, ¿no es increíble?), gastanto cantidades ingentes de pañuelos de papel (o servilletas, o papel de cocina, cualquier cosa que tuviera a mano), con la nariz goteante, los ojos llorosos y la piel de alrededor de la naricilla irritada. Tanto, que cada vez que me ponía inocente y curativo gel de aloe vera, me escocía tanto que parecía que me hubiera untado la piel con ácido sulfúrico en crema. O sea, que muy mal, físicamente.

Al menos, no ha sido muy aburrido. Cuando estás pochis realmente no te apetece hacer nada, pero en realidad tienes que hacer algo para pasar el tiempo en el cual no estás dormisqueando. Así que he explorado todo el ocio que tengo en casa. He visto la televisión, normalmente el canal de videos musicales, he hecho una maratón de series (CÓMO CONOCÍ A VUESTRA MADRE, una serie del corte de FRIENDS que me ha enganchado), he avanzado el libro que tenía en mi mesita de noche desde hace siglos, he jugado con la consola, me he pintado las uñas (oh, milagro), he estado con el portátil navegando errante por el vasto Internet... O sea, que he hecho un montón de cosas, nada productivo por supuesto (a no ser que cuente que haya desarrollado mi mente jugando al sudoku).

¿Y cómo me resfrié? Pues muy fácil. El Viernes el tiempo decidió cambiar, sin motivo, sin avisarme, sin vergüenza. Y yo salí de casa, a las 07:45, como todos los días. El suelo estaba mojado por una ligera llovizna (que por cierto me fastidó la colada del día anterior), pero pensé que para diez minutos que iba a estar en la calle no merecía perder el tiempo poniendo patas arriba la casa porque no recuerdo dónde narices puse el único paraguas que hay en casa -que CREO que hay en casa, porque no sabría decir cuándo fue la última vez que lo vi o dónde, así que puede ser que lo hubiera perdido y todo-. Además, el suelo estaba mojado pero no estaba lloviendo. Así que hice el mismo camino de todos los días, pero ligeramente encogida porque hacía bastante frío, y buscando el mejor lado de la acera donde el frío no me congelara instantáneamente. Aguanté como una campeona a la intemperie... hasta que empezó a llover. Lo que me faltaba. Empecé a dar saltitos en la acera, intentando entrar en calor y mirando desesperadamente el final de la calle a ver si el coche de mi amiga giraba la esquina de una buena vez. Busqué como una loca un miserable balcón en el que ponerme debajo, pero ni uno en esa calle. Ni un sólo balcón, es increíble. Por fin apareció mi amiga, pero imagino que el resfriado ya no tenía remedio. Efectivamente: siguiendo la Ley de Murphy que me persigue siempre, se me empezó a manifestar en cuanto llegué a casa del trabajo. Hay que fastidiarse.

Por cierto: tengo que comprarme un maldito paraguas...



21 septiembre 2007

DUDAS RAZONABLES

Esta mañana estaba yo distraídamente desayunando en el office de mi empresa, cuando no quise pude evitar escuchar la conversación que estaban teniendo un grupo de chicas en la mesa de al lado.

Escuché la palabra “píldora” y las orejillas se me movieron con el fin de captar mejor el sonido mientras asentía distraídamente a quienes me estaban hablando. Al final, de retazos de la conversación, puede sacar frases completas que me pusieron los pelos de punta.

Estoy sensible con el tema porque decidí (con bastantes dudas, la verdad), empezar a tomar la píldora. Me lo había planteado ya en anteriores ocasiones, pero no ha sido hasta ahora que no le he visto la utilidad a una bomba de hormonas del tamaño de una juanola. Al final, en un arranque de los míos, pedí cita al médico para pedírsela, y me despachó en dos minutos, porque sólo me hizo una revisión básica y me pidió unos análisis. Todo fue tan rápido y tan frío que no me dio tiempo de explicarle mis dudas al buen señor, así que me las guardé para cuando volviera a la consulta con los resultados del análisis. Tengo que ir a sacarme sangre en unos días (lo cual quiere decir que tengo tiempo de arrepentirme), y la conversación escuchada furtivamente esta mañana no ha ayudado nada.

Las chicas estaban hablando de los inconvenientes de la píldora de marras. Algunos ya los sabía ya, otros los había oído y otros me los imaginaba, pero no le hice mucho caso a esas leyendas urbanas. Ellas no sé si hablaban de oídas o realmente la toman, estoy casi segura que al menos una de ellas sí. Dejaron caer que te hinchas (totalmente incompatible con mi dieta), que si te olvidas un día puede ser que la fastidies y bastante (totalmente incompatible con mi mala memoria), que te sale más vello (totalmente incompatible con mi guerra declarada a ese elemento), que la piel se te sensibiliza más y se irrita con nada (totalmente incompatible con mi obsesión por tener una piel perfecta), y sobre todo, que si en un momento dado de enajenación mental aguda me diera por dejar el tratamiento y decidiera ser madre, las probabilidades de tener dos o tres O MÁS niños se multiplicaban (totalmente incompatible con mis ganas de ser madre que son nulas y como mucho serían escasas). Total, que no me gustó nada la conversación que escuché...

Si ya de por sí tenía reparos, estos efectos secundarios me tiran para atrás con la fuerza de una locomotora a plena potencia cuesta abajo. No creo que fuera capaz de asumir esos cambios en mi cuerpo (fijémonos que son todos A PEOR), y encima si soy yo quien me los provoco tomando una tanda de 21 pildoritas, descanso 7 días y otra vez a empezar. La píldora sólo me iba a servir para la anticoncepción, no la necesito para regularme el ciclo ni nada por el estilo, y de momento usamos preservativo y no nos va mal, pero yo me quedaba más tranquila con este método. Ahora no lo sé. Debería preguntarle todo esto al médico, cuando fuera con los resultados y pudiera hablar con él más tranquilamente, pero seguramente me dirá que es cierto -menos a lo último, yo creo que eso no es verdad-. Y entonces me tendré que decidir firmemente. Ahora sólo tengo un sobre con documentos, solicitudes de analíticas, el nombre de una pastilla y muchas dudas.

¿Qué hago?

20 septiembre 2007

RED CAÍDA

El día de hoy en el trabajo ha sido un poco soba.

Por un fallo informático, casi todo el centro se ha quedado sin poder hacer su trabajo. El CASI quiere decir que dicho fallo no me afectaba a mí directamente (todo lo que necesito para trabajar funcionaba perfectamente), que mira que tengo mala suerte. El caso es que un par de centenares de personas estaban fuera, sentados en sus puestos y charlando con los compañeros, haciendo corrillos, tomando café, saliendo fuera a descansar, riéndose unos y otros... y yo en mi despacho, oyendo el murmullo jovial de las conversaciones, y tecleando un informe. La vida no es justa.

Los minutos avanzaban muy lentamente, muy lentamente... hasta que se acabó el trabajo. Normalmente hay muchas más cosas que hacer, pero tener a la gente ociosa hace que a mí me entre menos trabajo (que en cierto modo, me lo generan ellos). Así que aquí estoy, aquí solita, mirándome la barriguita. No sé qué me disgusta más. Estar hasta arriba de trabajo o tan ociosa que me aburro. Tengo el chip de aprovechar el tiempo tan incrustado en mi cerebro que el no hacer nada:

a) Me extraña.
b) Me siento culpable.

Incluso no me sirve de mucho tener acceso a Internet -no en mi ordenador, por supuesto-, porque llega un momento (muy pronto, por cierto), en el que ya me he informado, me he puesto al día con mis RSS y he mirado todo lo que me hacía falta. Luego está el aquel de jugar al BuscaMinas o algo así. También me canso de él al hacer tres récords seguidos en el modo experto. Luego intento chatear con otra gente por correo electrónico, y es inútil porque no están en el puesto, claro. Así que me pongo a escribir esto.

La verdad es que me he sentido un poco desplazada. Soy consciente de lo absurdo de este sentimiento, pero es inevitable. Cuando me he asomado un momento a ver si el tema se había solucionado, he visto que la gente estaba aún sin trabajar, haciendo corrillos y hablando. Me podía acercar a algún grupillo, formado por mis antiguos compañeros, pero después de vacilar un segundo, me he vuelto a mi puesto, un despacho aislado de todos los demás que comparto con otra chica. Me he sentado delante de mi ordenador y he pensado que echo de menos el estar ahí fuera, con la gente, hablando y compartiendo batallitas. Ahora estoy yo sola peleando a otro nivel, apenas puedo compartir experiencias con otras cinco personas que están conmigo aquí. Ya no tengo apenas temas de conversación laborales en común con mis ex-compañeros, porque por un lado ya no somos de la misma área, y por otro el tener un cargo superior limita bastante las conversaciones, puesto que sé que se cortan de contarme cosas (aunque saben de sobra que lo que escucho fuera de mi despacho no lo tomo en cuenta, pero aún así). También lo he notado a las horas del desayuno y la comida. Antes todos más o menos nos repartíamos el trabajo para ir juntos, no había inconveniente. Pero ahora, mis ex-compañeros no cuentan conmigo. No lo hacen porque al principio, cuando me avisaban, estaba tan liada que no podía ir con ellos, si lo hacía al final llegaba tarde, y poco a poco dejaron de avisarme. Es normal. Ahora me tengo que turnar con mis actuales compañeros (para no dejar el puesto solo) para irme a descansar y no coincido con casi nadie. Claro que si me encuentro con alguien me siento con ellos y todo parece como antes, aunque realmente no es así. Lo echo de menos. Dicen que es el “precio del poder”, y sí, es precio, pero yo no veo el poder por ningún lado.

Al menos, ahora mi chico está aquí. Realmente ha supuesto un alivio que él entrara a trabajar en la empresa. Al principio tenía un montón de dudas, yo creía que todo iba a salir fatal. Hasta ahora no ha ido mal del todo. Egoístamente, a mí me viene muy bien, porque por un lado está conmigo y ya no me encuentro tan sola, además de que con la actual situación puedo ayudarlo y el tema está un poco controlado (como por ejemplo a la hora de las vacaciones). Por ese lado no me puedo quejar. Tengo la percepción de que él está bastante a gusto también, aunque sepamos que no es el trabajo de su vida -ni el mío-. Disfruta del horario que quería y está habituado al puesto de trabajo, así que por ese lado mejor no había podido salir la cosa.

Hay que saber mirar lo positivo de cada situación, supongo.

Como por ejemplo, que me ha dado tiempo de actualizar desde el trabajo.

A saber cuándo se dará otra vez esta circunstancia de estar razonablemente ociosa...

18 septiembre 2007

COCINANDO...

¿Por qué...
  1. ...cuando voy a picar una cebolla me escuecen tanto los ojos que se me ha corrido el rimmel y un churrete negro me ha cruzado la cara?

  2. ...intento arreglar el punto uno y al pasarme la mano por la cara el olor a cebolla se me queda en la mejilla con la consiguiente llorera añadida a la anterior?

  3. ...una vez recuperada del incidente con la cebolla, la berenjera se rebela de tal forma que al intentar sacarle la pulpa, se me va la mano y el cuchillo se lanza sobre mi dedo, aunque afortunadamente mi cuidadísima y manicurizada uña lo para?

  4. ...he tardados más de quince minutos en abrir una triste lata, porque el abridor también se ha vuelto loco?

  5. ...cuando por fin consigo vencer la resistencia de la lata, su contenido sale disparado y todo salta en mi ropa, desafiando las leyes de la física que dicen que debería haber salpicado en todas direcciones, no sólo encima de mí?

  6. ...en este caos, precisamente en este caos, de repente me pica la nariz de tal forma que tengo que dejarlo absolutamente todo para remediar esto?

  7. ...precisamente en un ataque de desesperación semejante, una compañía de teléfonos me llama para ofrecerme algo que seguramente no me interesa (y no digo que "no me interesa" porque ni escuché a la pobre operadora)?

  8. ...abro el armario y sólo encuentro un paquete de nata líquida, cuando siempre tengo al menos tres y hoy precisamente necesito dos y no tengo más que un único brick de nata?

  9. ...para abrir el puñetero brick de marras, busco desesperadamente unas tijeras de cocina y descubro con horror que está debajo de una pila de platos limpios y yo tengo las manos manchadas de aceite y cosas así?

  10. ...cuando cojo por fin las tijeras y abro el brick, la nata, en lugar de verterse delicadamente donde debe, me mancha (más aún) la mano, la encimera, los cacharros, todo lo manchable?

  11. ...la bolsa de la basura decide derramarte justo cuando tiro el brick maldito y se queda el suelo manchado de gotitas blancas?

  12. ...al fin, cuando acabo, parece que mi cocina ha sido asaltada por bárbaros y creo que no me queda ni un sólo cacharro limpio?
O-M-G. Al menos lo que preparé estaba bueno, aunque acabé cabreada con el mundo en general y el gastronómico en particular.

17 septiembre 2007

ECONOMÍA SUMERGIDA

El Lunes empezó bastante bien. Tenía del día libre. No tenía que madrugar. Podía dormir sin problemas hasta que el sol me diera en la cara y abriera los ojos naturalmente...

...o hasta que el cartero aporreara el timbre a horas tempranas y tuviera que saltar de la cama, descalza porque no encontraba las zapatillas, en pijama, legañosa y despeinada. Al menos traía un paquete que llevaba esperando y por eso no le lancé mi mirada asesina. Por eso y porque el ojo izquierdo lo tenía todavía un poco pegado.

Ya puestos, me levanto y aprovecho la mañana de banco en banco y tiro porque me toca. Pagando impuestos y arreglando cosas. Mirando con tristeza infinita el extracto de la cuenta y pensando en todo lo que tendré que pagar en los próximos meses, así que para recortar gastos y quitarme la pena, me paso por el supermercado a comprar algún postre megacalórico pero hipertranquilizante, así que mientras lo saboreo pienso que estar rozando los números rojos a mitad de mes no es tan malo siempre y cuando a partir de ese momento ponga en marcha un plan de contingencia para lo que queda de mes...

...que se rompe en mil pedazos escasas horas más tarde, cuando vamos a una gran superficie a hacer la compra quincenal. Como nos suele pasar, cuando decidimos sacar la lista de lo que REALMENTE necesitamos, ya llevamos medio carrito lleno. La hora de la verdad llega cuando la cajera nos saca de la maquinita el kilométrico ticket de compra y nos dice una escalofriante cifra de cinco dígitos (tres números, coma, dos números) y se queda tan pancha mientras mi tarjeta de crédito salta del bolso e intenta huir despavorida. Lo único que me queda es resignarme mientras empujo con dificultad un carrito repleto hasta los topes, que es dirigido más por la ley de la gravedad (y el suelo que no está muy allá) que por mí. La ley de la gravedad, que es una cachonda, me lleva a una administración de lotería. Lógicamente, no hay que hacer oídos sordos a una señal del Universo, así que tentamos a la suerte con cuatro combinaciones de seis números. En estos momentos, con la tarjeta de crédito temblando, no se me ocurre mejor razón para que el Universo tenga a bien darnos un poco de suerte y que al menos recuperemos lo que acabamos de gastarnos (y así de paso mi conciencia me dejará dormir).

Aunque, ahora que lo pienso, ¿no habremos desatado una nueva adicción? Esto va en contra de mi fantástico plan de contingencia... Que se supone que debe recortar gastos en lugar de generarlos... Sí, es una inversión, pero en realidad primero es un gasto y no sé yo si veremos algo positivo de todo esto...

Ahora mi conciencia no me deja dormir, por este otro motivo añadido.

Jo.

15 septiembre 2007

CARITA DE PENA

Ayer miré a mi chico con carita de perrito. Me hubiera gustado tener las orejas gachas para que el efecto fuera mayor, pero a falta de ellas, emití un sonido lastimero que hasta a mí me dió pena.

Finalmente, conseguí lo que quería. No es que fuera necesario pedirlo así, porque yo sabía que en este caso concreto, no habría problema, pero me gusta mirarle con ojillos lastimosos porque él siempre sonríe, me da un besito en la frente y me dice: "bueeeeeeeeeeeeeeeeeno". Me encanta.

Así que, 24 horas después, estamos donde yo quería. Con mi familia. Este fin de semana tocaba descansar (llevamos varios fines de semana sin parar y lo cierto es que nos apetecía quedarnos en casa tranquilos), la semana pasada cuando hablamos sobre qué haríamos este fin de semana él me dijo que estaba cansado de coche, y lo entendí perfectamente. Me sentí culpable, porque es él el que se pega las palizas de conducir y nunca dice ni mú. Quiero sacarme el carnet de conducir para no depender de él en ese sentido, y que descanse más en los viajes que solemos hacer, nuestras escapadas, pero mientras consigo aprobar ese maldito examen, él no pone inconveniente nunca. Viajamos lo que queremos o necesitamos. Y yo quería venir este fin de semana, porque sabía que a mi madre le hacía ilusión y también (lo reconozco), quería venir al último día de feria.

Como él lo sabía, me dijo que no le importaba ir, que no estaba cansado, pero de todas formas se lo pedí con la carita crispis, que es como he bautizado a mi expresión lastimera. Al final aquí estamos. Hemos salido a la feria de día y nos lo hemos pasado genial con mi madre y mi familia. El resultado es el típico de una feria de día: tanta manzanilla, aunque sea muy digestiva, se sube a la cabeza. Cuando hemos llegado, se ha dejado caer grácilmente en el sofá y ahí está mientras yo escribo esto, dormidito y reposando el alcohol. Me apetece acariciarle la cabecita, pero no quiero despertarlo. Me apetece jugar con su pelo y agradecerle que siempre esté pendiente de mí y que no ponga inconveniente a estas escapadas que tan bien nos vienen. Además, a él también le gustan. Lo sé porque mientras duerme, está sonriendo.

13 septiembre 2007

GUERRA DE SEXOS

Cuando un piso de uno se convierte en un piso de dos, las cosas cambian, y mucho. No me refiero sólo a las luchas por el mando a distancia o por un trozo de edredón (que las hay, y son encarnizadas), sino al contenido del piso en sí. En mi caso concreto, y a modo de ejemplo podría mencionar varios puntos:
  • Ha nacido una colonia de cervezas en mi nevera.
  • Los cacharros electrónicos se han reproducido...
  • ...y el número de cargadores ha crecido exponencialmente.
  • Ha sido necesario reestructurar los armarios, aunque no ha sido una división equitativa, por supuesto (que él calce un 43 y yo un 39 no quiere decir ni por asomo que su calzado ocupe más espacio).
  • En la radio a veces suenan programas que parecen ser "deportivos", pero a mí me parecen como si fueran el debate sobre el estado de la cuestión.
  • Incluso en la televisión de vez en cuando se ve un fondo verde con hombrecillos de colores corriendo detrás de un balón...
Pero el cuarto de baño es un tema aparte. Como mujer, necesito que el aseo sea muy personal, tener todas mis cosas a mano, reservar mi espacio vital. Eso era algo que no iba a cambiar, así que luché encarnecidamente por ello... durante dos minutos, lo que tardé en verlo claro. Una guerra no se puede ganar si no tienes las armas adecuadas, o si no tienes ejército... Así que desplegué todo mi arsenal (es decir, dejé el baño tal y como estaba) y la situación ANTES era ésta:

Ejército de Ella (posicionado y desafiante): Jabón de tocador o de manos, caja con mis chismes de maquillaje, brochas y utensilios varios para aplicar el concepto antes mencionado, cepillo de dientes eléctrico, pasta de dientes, seda dental, enjuague bucal, polvos de talco, sistema de tres pasos (es decir: jabón suave, tónico e hidratante), exfoliante para rostro y cuello, desmaquillador de ojos, desmaquillador de cara y labios, crema de contorno de ojos, mascarilla facial, agua termal, pinzas depiladoras, salvaslips, algodones/discos, toallitas húmedas, crema para las manos, peine de púas para los rizos, cepillo alisador, peine normal, secador de pelo, plancha alisadora grande y otra pequeñita para los retoques, bolsitas con pinzas/gomas/pasadores/horquillas varias, champú normal, champú fortificante, mascarilla del pelo, espuma, laca, sérum capilar, gomina, suero fisiológico, depiladora, exfoliante de cuerpo, aceite corporal, aceite para masajes, crema hidratante, gel reafirmante, vaselina, gel de ducha, desodorante, equipo de manicura (con todo lo que ello supone), equipo de pedicura (y sus cosas), lacas de uñas, quitaesmalte, complejo vitamínico capilar, agua de colonia fresquita, perfume.

Ejército de Él (que trajo en una bolsa de aseo): un cabezal para el cepillo de dientes, un peine, espuma de afeitar, maquinilla para hacer eso precisamente, desodorante, su gel y su champú específico, su colonia, un limpiador facial y una crema hidratante que yo le regalé y que se pone cuando se acuerda (lo cual ha sido una novedad en su vida).

Con semejante panorama, respiré tranquila, y le habilité un minúsculo espacio en el armario del baño en donde incluso le sobra sitio. Lógicamente, compartimos cosas como la gomina y la pasta de dientes. Sin embargo, la diferencia está clara. De hecho, creo que él no sabría el nombre de la mitad de las cremas que hay en el estante; las mira con desconfianza y recelo... pero luego le encanta acariciar el resultado.

La situación DESPUÉS: el baño prácticamente como antes, con el sus cosas acorraladas en un rinconcillo recóndito del armario del baño.

Hay batallas que, sencillamente, no se pueden ganar. O mejor dicho (en mi caso concreto), que no se pueden perder.

12 septiembre 2007

SUEÑOOOOO

Esta mañana me ha faltado ponerme un esparadrapo en los ojos para que no se me cerraran. Anoche llegamos muy tarde a casa, porque esto de que el especialista esté a hora y media de coche no es nada rentable: sales de trabajar (un poco antes, eso sí), te arreglas un poquito y viaje de ida. Llegas, vas a la consulta, sales con los papeles para la siguiente cita, te das una vuelta aprovechando que estás lejos de las obligaciones y que hace una tarde/noche preciosa, cenas con la familia, se alarga la charla porque entre otras cosas no quieres cortarla, y viaje de vuelta (vale, medio dormida, que para eso iba de copiloto y me lo podía permitir). Eran sobre las doce y media cuando metimos el coche en el garaje, y estaba muy cansada. Cuando ha sonado el despertador esta mañana tenía la sensación de que mi cuerpo se había convertido durante la noche en cemento armado, porque era incapaz de moverme.

He estado toda la mañana luchando contra el sopor. El trabajo ha sido tan monótono como siempre y se podía calificar de aburrido incluso. Como Súper Jefa (en adelante, S.J.) está de vacaciones, hay que reconocer que el nivel de tranquilidad es más que aceptable y el de stress es infinitesimal -ya lo pagaremos a su vuelta-. La verdad es que este es el tercer día desde que se me acabaron las vacaciones y todo me está cundiendo mucho, llevo el trabajo no sólo al día sino que he podido hasta adelantarlo. Así que, realmente, el único problema que he tenido hoy es mantener los ojos abiertos, porque desde las ocho de la mañana tengo el piloto automático puesto. Ni siquiera con la música se me ha quitado el sueño...

...así que me he puesto a escribir esto en la soledad de mi despacho y sumida en la calma ambiental que se respira hoy por aquí. Luego hemos quedado los compañeros en hacer un paréntesis e ir a comer fuera, que hace bastante que no nos juntamos ni siquiera en el office para comer. Además, hay que aprovechar que S.J. no está y podemos permitirnos estos lujos. ¿Y si me hecho una siestecita antes de ir a comer?

09 septiembre 2007

FACTURAS Y SORPRESA

Deprime un poco bastante mucho llegar a casa después de un fin de semana fuera. Sobre todo si ese día es, además, el último día de vacaciones. Encima, si al día siguiente es Lunes, y el primer día después de tres meses de jornada reducida, y habrá que madrugar más que otros días y seguro que el trabajo se ha acumulado y...

...lo que te da la bienvenida a casa el un buzón lleno de cosas. Miras esperanzada por la ranura del buzón y ves un montón de cartas, y esperas que sean de amigos. En ese momento de esperanza, no recuerdas que en cinco años no has recibido ni una carta personal, salvo alguna que otra felicitación de Navidad desperdigada. Abres el buzón. Sacas todas las cartas. Factura. Factura. Factura. Factura.

Joooooooooooooooooooooooooooooooooooo...

Al menos, la última carta NO es una factura. Es del Centro de Salud, que me cambian la cita del especialista que tenía para primeros de Octubre. La nueva cita es para MAÑANA. Pues sabes que avisan con mucha antelación. Ni me puedo pedir el día en el trabajo ni nada, así que tendré que irme a media mañana y a saber cuándo saldré.

Desde luego, creo que es una pista clara: mañana va a ser un día horrible.

05 septiembre 2007

APROBADA

¡Aprobé!

Soy APTA.

Increíble. Se puede decir que he aprovechado bastante bien las dos semanillas "estudiando" inglés. De un sólo plumazo me he quitado todo el ciclo elemental de la Escuela Oficial de Idiomas. Tres cursos, de una tacada. Me ha parecido tan fácil... que creo que me voy a embarcar en el Ciclo Superior para el año que viene. La verdad es que me gusta mucho ese idioma, parece ser que no se me da mal del todo y nunca está de más tener un título oficial.

Lo que tengo completamente olvidado es el alemán. Lo empezé con mucha ilusión, pero con el trastorno de horarios que tenía cuando me matriculé tuve que dejar de asistir a una gran parte de las clases (y cuando podía ir, la verdad es que no siempre lo hacía porque no me apetecía demasiado). Perder una sola hora de clase supone perderse en la inmensidad. El alemán es distinto al inglés: en un solo curso que des no aprendes un nivel ni parecido al que aprendes en un curso de cualquier otro idioma. Así que lo dejé aparcado, y ahora, con el subidón de este examen, estoy planteándome intentarlo de nuevo, ahora que PARECE ser que tengo una cierta estabilidad horaria en el trabajo (de mañanas, y cruzo los dedos para que no cambie).

Pues ya me puedo decidir pronto, porque son unos prisas los de la Escuela Oficial de Idiomas. Una vez salen las notas, tienes tres días para matricularte. No se puede decir que sobre el tiempo... así que seguramente esta noche consulte con la almohada qué hacer.

04 septiembre 2007

ENGLISH LESSON

Esta tarde he tenido mi examen de Inglés. Allá en Abril me matriculé en la Escuela Oficial de Idiomas para conseguir un título acreditativo del inglés que ya sabía. No quería ir a clase (primero porque no tengo tiempo, y luego además me aburro bastante, la verdad), sino homologar mis conocimientos, por decirlo así. Sólo hay que pagar la matrícula, más barata que si fueras a clase, y tienes derecho a dos convocatorias. Junio y Septiembre.

En Junio, una confusión me dejó fuera del examen, así que la convocatoria de ahora era mía. Pero como no podía ser de otra manera, esta vez también fue accidentada. Tres semanas antes del examen, me enteré de casualidad que había que leerse tres libros. Jo. En un tiempo récord me los agencié y en menos tiempo todavía me los leí. Como sólo faltaban días para el examen, no hice ningún ejercicio típico en plan: "ponga aquí el phrasal verb que corresponda". Solo leer y leer (e incluso escuchar). Esta mañana los terminé...

...porque esta tarde era el examen de marras. Pisé el edificio por segunda vez en mi vida (la primera fue al matricularme), aunque está en mi misma calle. Me sentía algo perdida. Hacía unos ocho años o más que no hacía un examen de inglés. Encima, en la convocatoria de Septiembre. Uf.

Cuando entramos en el aula, la verdad es que me encogí un poco. Excepto una chica, todos los demás tenían como mínimo, diez años menos que yo. Todos jóvenes y acneicos. Jo. De verdad, me sentía totalmente fuera de lugar. Y encima, nerviosa, porque en realidad sólo había estudiado una parte del examen, el de las lecturas, pero el resto lo había dejado un poco a la suerte que pudiera tener. O de lo que me pudiera acordar. O de lo que pudiera sacar de los tres libros. Intenté pensar en que tengo un nivel de inglés bastante más alto de la mayoría de personas que conozco, así que en teoría, esto debería ser un trámite menor.

Bueno, la verdad es que había millones de partes, cinco exámenes distintos antes de la prueba oral. Cuatro de ellos no han ido mal del todo. Pero la prueba de gramática me ha matado porque estaba llena de todos esos ejercicios que NO había hecho. Jo. Me he defendido y en alguna ocasión me he inventado alguna que otra palabreja, pero era cuestión de supervivencia. En cuanto he acabado he entregado el examen. No soporto empezar a repasar porque lo cambio todo mil veces, y siempre siempre me ha pasado que lo tenía bien desde la primera vez y luego lo estropeo todo.

La prueba oral ha salido medianamente decente, a pesar de que estaba bastante nerviosa con las tres personas ahí delante, dos de las cuales eran nativas. Me negué a ser grabada en vídeo, ¿para qué querrán grabar la prueba? No lo sé, pero era lo que hubiera faltado, porque estaba bastante nerviosa: cada vez que acababa una frase, un silencio y tres cabezas se agachaban a sus papeles y anotaban lo que fuera. Pensé que estaba cometiendo equivocación tras equivocación, pero respiré hondo para quitarme la idea de la cabeza. Finalmente he salido con la sensación general de que no ha ido tan mal.

Mañana salen las notas. Veremos a ver qué tal...

03 septiembre 2007

OBRAS

El 3 de Septiembre. Si yo fuera una Ana Torrija cualquiera, le hubiera hecho una canción a este día, porque sí, el Lunes 3 de Septiembre de 2007 es mi primer Lunes de vacaciones propiamente dichas desde Enero. El primer Lunes en un montón de tiempo en el que no tenía que levantarme para ir a trabajar. El primer Lunes en meses en el que podía quedarme en la cama hasta la hora que me diera la gana sin problema alguno...

Pi. Pi. Pi. Pi. Pi. Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

El primer pensamiento de la mañana, de las OCHO DE LA MAÑANA, fue bastante poco agradable. En la neblina de consciencia en la que me encontraba, pensé que anoche, en un estado de enajenación mental transitoria, había puesto el despertador movida por la fuerza de la costumbre. Así que un brazo furioso salió de debajo de las sábanas dispuesto a machacar al pobre reloj... pero se paró en el aire. Un momento. Si yo pongo la radio para despertarme y esto es un pitido...

Pi. Pi. Pi. Pi. Pi. Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.

Lo que sucede es que el Universo no iba a dejar que pasara un Lunes sin madrugar, claro, así que me había mandado una jodida excavadora para que me despertara. La maquinita infernal se ha colocado justo debajo de la ventana de mi dormitorio, y como la calle es de doble sentido, para salir a dejar escombros de una obra que están haciendo al lado de mi edificio, tiene que dar marcha atrás, y de ahí los putos pitidos de los cojones a las ocho de la mañana.

Indignante.

Así que tuve que levantarme, bajar la persiana, cerrar la ventana a cal y canto para atenuar el ruido (que no eliminar), enterrar mi cabecita debajo de la almohada e intentar seguir durmiendo. Afortunadamente, lo conseguí, y me quedé dormida pronto, hasta que abrí los ojos a una hora razonable para ser un día de vacaciones.

Mmmmmmmmmmmmm... No hemos empezado bien que digamos.

02 septiembre 2007

CULPABLE

- ¿Qué tal si te vistes ya?

Esta orden directa sutil sugerencia se la hago a mi chico con cara seria, después de comprobar que sigue en calzoncillos dando vueltas por el salón. Me fascina esa costumbre tan masculina de dar vueltas y vueltas justo cuando nos tenemos que ir (o situaciones semejantes). Realmente no entiendo cómo es posible que surja siempre la imperiosa necesidad de hacer algo muy importante justo cuando más prisa tenemos.

- Voy sólo un minuto a ver una cosa.

No se puede hacer nada en contra de las fuerzas de la naturaleza, así que sólo arrugo mi nariz para mostrar mi disconformidad, mientras pienso en que tengo que dejar de hacerlo si no quiero que me salgan las muy terribles "líneas de expresión". Bueno, pues en vez de salir a las en punto, saldremos a y cuarto. Zapeo para hacer tiempo hasta que mi chico decida vestirse...

Aparece un minuto después, y me coge el mando a distancia de la mano para quitarle el volumen a la televisión. Me mira expectante y con una sonrisa muy ancha en la cara. Le miro sin saber qué pasa. De fondo, desde el estudio, suena una canción que me gusta pero tardo en reconocer.

Ahhhhhhhhhhhh, AHORA LO ENTIENDO TOOOOOOOOOOOODO. Y ahora me siento terriblemente culpable por meterle prisa cuando lo único que estaba haciendo el pobre chaval es terminar de conseguirme una canción que escuché en un programa. Jo. Y yo riñéndole por su desesperante costumbre de dar vueltas.

Le abrazo, la verdad es que me ha hecho mucha ilusión que se quede con el título de la canción y la buscara para mí, sólo para hacerme feliz. Me siento ilusionada y culpable. El segundo sentimiento gana al primero por goleada, pero no le digo nada, sólo le abrazo más fuerte y le doy un azote cariñoso cuando por fin se va a vestir sin dar más vueltas.

Intentaré morderme la lengua la próxima vez que dé las vueltas de rigor. Se ha ganado un crédito de bastantes ocasiones, así que procuraré no ser la bocazas de siempre. Espero poder evitarlo.

01 septiembre 2007

EMPEZANDO DE NUEVO

Empezar de nuevo siempre es bueno.

Sobre todo cuando dejas atrás aspectos que no te reportan nada, y que al final son una carga más. Los cambios más importantes no necesitan ser un giro de 180º, creo más bien que son más positivos cuanto más pequeños y escalados son. Tampoco vale de nada poner una fecha límite para que todo cambie, para empezar de nuevo totalmente, porque casi nunca vamos a ser capaces de hacerlo a tiempo y no es probable que todo salga a pedir de boca a la primera, de un día para otro y por arte de magia. La carrera que menos larga se hace y que más satisface es aquella que está llena de pequeñas metas. Meterte en la cama al acabar el día pensando: "hoy he dado un paso adelante", te ayuda a dormirte con una sonrisa y a ser un poco más feliz. El paso no tiene por qué ser muy grande, pero sí debe ser lo que tú quieres.

Lo que yo quiero es dejar atrás lo que no me hace feliz. Empezar propósitos nuevos (algo así como Año Nuevo, pero o muy atrasada o muy adelantada, según se mire), descartar aquello que no me hace falta en mi vida, y comenzar a hacer cosas que me gusten y no que tenga que hacer por obligación. Tener más constancia en los proyectos que sé me van a costar ahora, pero que a la larga serán muy beneficiosos para mí. Aprender a aprovechar mi tiempo, que es precioso. Disfrutar de lo que tengo ahora, de cada detalle por pequeño que sea. Ser consciente de cuál es mi momento. Pensar algo más en mí. Dejar atrás lo que me hace daño.

...empezar de nuevo.