30 octubre 2007

IMPLOSIÓN

Cuando tienes un horario como el mío actual, de 08:00 a 16:00, comer en casa es prácticamente inviable, porque entre que sales del trabajo, llegas a casa, te acomodas, te pones a hacer algo calentito... te dan las cinco de la tarde. A semejantes horas, o no puedes más del dolor de estómago que tienes (el hambre tiende a convertirse en dolor si no le haces mucho caso), o ya se te han pasado las ganas de comer. Así que como en el trabajo, y para eso hay que ser organizada, mucho, y sobre todo...

...no acostarse la noche de antes sin haber preparado nada y sin haber sacado nada del congelador. Anoche no me acordé, para nada, en absoluto. Así que esta mañana he sacado un tupper del congelador con verdura en salsa, y como era un puro bloque de hielo, no pude pasar la comida a mi tupper de cristal.

Dejé la comida fuera de la nevera allí en el trabajo para que se fuera descongelando tranquilamente: cuando he ido, la comida ya estaba descongelada.

Aguardé mi turno para el microondas del office (peor que la cola de la carnicería, oiga, y más aún a las horas en las que voy a comer que está todo hasta arriba) y metí el tupper en el microondas. Quité la tapa llena de indicaciones (apto para microondas, lavavajillas y todo eso) y la dejé de nuevo encima, un poco ladeada para que saliera el vapor pero a la vez no salpicara la salsa fuera. Minuto y medio a potencia máxima y listo.

Pero cuando abrí el microondas, algo había pasado. La tapa que yo había dejado ladeada se había puesto sola en su posición original, y se había creado un vacío que hacía imposible abrir el tupper. Es decir, MI COMIDA estaba haciendo chup-chup DENTRO de un recipiente cerrado herméticamente debido a que el vapor había hecho el vacío o yo qué sé. Algo que sin duda alguna desafiaba las Leyes de la Física.

Sentada delante de tupper, con cara desafiante, intenté abrirlo con las fuerzas y determinación que me daba el hambre que tenía a esas horas. Pero cada vez era peor, porque encima la tapa de plástico se estaba combando hacia adentro. Inexorablemente. Se estaba haciendo el vacío poco a poco. Veía a las espinacas ganarle el terreno al tupper lentamente e iban conquistando el interior del envase de plástico. Pero no tenían suficiente y quería más y más y más...

Y de repente... ¡¡¡ZAS!!! El tupper dió un triple salto mortal y yo cerré los ojos en un desesperado intento de no ver las espinacas salir disparadas en todas las direcciones y manchándonos a todos...

Claro que cerrar los ojos no ayuda en nada a evitar semejante catástrofe. No crea un campo de fuerza ni nada. Tampoco detiene el tiempo. No se podía hacer nada.

Esperé el impacto de espinacas en la cara, pero no llegó.

Abrí un ojo con mucha cautela.

Las espinacas seguían dentro del tupper, o mejor dicho: el envase antes conocido como tupper, porque ahora era una masa informe de plástico que contenía un 100% de espinacas y un 0% de aire. El recipiente de plástico había implosionado. Fue como el comienzo del gran Big-Bang de los tupperwares. La verdura había conquistado todo el espacio disponible, pero el tupper era tan hermético que nada entraba ni salía...

Al menos, no finalizó en un Big-Bang, porque nos hubiera puesto perdidos a todos los que allí estábamos contemplando la destrucción de la materia plástica.

27 octubre 2007

MONICA GELLER-BING

Una tarde de Viernes, reglosa, es una llamada al síndrome de Monica Geller-Bing, y el estado lamentable en el que se encontraban varios elementos de mi casa era una invitación a coger el Pronto y el paño y ponerse manos a la obra.

Existe un momento de desesperación reconocido cuando te vas a poner a limpiar, y es: no sé por dónde empezar. OhDiosMíoDeMiVida. ¿Los cristales? ¿Los estantes? ¿El armario? ¿El escritorio? ¿La pila de libros de Electrónica? ¿El batiburrillo de DVDs y CDs que, oh-sorpresa, no están etiquetados? ¿Los papeles acumulados de cualquier manera en la bandeja? ¿El cubo de la madeja de cables? ¿La montaña de cosas que sospecho que ocultan todo un sofá cama?

Para no perder el ánimo con el que me había puesto, empecé por lo que tenía delante: la estantería. Poquito a poco, fui ordenando y limpiando los estantes poco a poco, poniendo las cosas como a mí me gustan. Y poco a poco la habitación fue pareciendo otra. El desorden daba paso a un agradable ambiente con olor a limpiamuebles. No estaba mal. Además, seguía animada y todo, con la música conectada al ordenador, un poco mecánicamente, pensando en mis cosas mientras ponía bien mi colección de libros...

...y así seguí...

...un buen rato...

...hasta que acabé. Increíble. Estaba impoluto y perfectamente ordenado. Cuando viniera mi chico del gimnasio iba a alucinar pepinillos en tecnicolor.

Y a no ver ninguna de sus cosas.

¿Dónde está la mitad de las cosas que antes pululaban por ahí (las suyas, más concretamente)?

Pues muy fácil: usé el truco de la alfombra. Abrí un estante vacío que era para él y allí fui metiendo todas las cosas que había por medio y no sabía qué hacer con ellas (vale, lo reconozco: que no me apetecía ordenar). Así que el exterior rezumaba orden y limpieza, pero como abrieras el estante de mi chico...

Psssssssssssssssssssss. No tiene por qué enterarse.

Además, si se le ocurre abrirlo... ¡pues que lo ordene!

26 octubre 2007

LA DGT ME ODIA

El carnet de conducir.

Esa tarea inconclusa.

Ese objetivo inalcancable.

Todos, absolutamente todos los días me digo a mí misma que me lo tengo que sacar YA. Le veo un sinfín de ventajas al hecho de tenerlo, empezando por la que adoro de "me hace más independiente", la laboral de "tengo movilidad" que viste casi tanto como saber idiomas, la social de "podemos ir porque tengo coche" y no depender del transporte público...

Pero soy incapaz. El libro se me ha atravesado como una espina de pescado en la garganta, y cada vez que lo abro me da repelús. Cuando me pongo con los test, es un berrinche detrás de otro cuando veo los fallos que cometo y encima me enfado conmigo misma porque estoy atolondrada.

Aunque también hay unas preguntitas que ya les vale...

Situación:

1. Usted se encuentra en una carretera de doble sentido de circulación.
2. La carretera dispone de un carril por cada sentido.
3. En la situación que nos ocupa, usted está en una curva.
4. Por supuesto, lógicamente, hay raya contínua pintada en el asfalto.
5. Como condición meteorológica, hay visibilidad reducida por niebla no espesa.

En la realidad, yo estoy...

1. En un sofá.
2. De dos plazas pero caben tres.
3. En posición semitumbada, en pijama y una mantita.
4. Con el portátil en el regazo, haciendo tests on-line.
5. Con el ceño fruncido por la concentración.

ATENCIÓN, ésta es la pregunta: EN ESTAS CIRCUNSTANCIAS, ¿PUEDE USTED ADELANTAR?
a) Sí.
b) No.

Por supuesto, el ratón se fue a la velocidad del rayo a marcar la opción B. Cómo se va a poder adelantar ahí, si tienes una pedazo de raya continua y no se ve ni a tres palmos del coche. A no ser que te quieras pegar una soberana castaña, NO PUEDES ADELANTAR...

Pues la DGT dice que .

Me quedo a cuadros escoceses.

Releo la pregunta.

Sigo convencida de que es IMPOSIBLE adelantar así.

Protesto en voz alta.

Busco el truco de la pregunta, pero no lo veo.

Barajo la posibilidad de que la DGT no sea la Dirección General de Tráfico, yo no esté haciendo test para conducir, y el mundo se haya vuelto loco en general.

Calculo que pudiera ser que un virus me hubiera hecho marcar la A cuando quise decir la B y todo se deba a un terrible malentendido.

Pero no.

Todo indica que la respuesta es que en semejantes circunstancias SÍ se puede adelantar.

Pues no lo entiendo. Me ofusco, me levanto del sofá toda indignada, refunfuñando que así no me voy a sacar el carnet en la vida, porque todo lo que leo en el libro luego parece que es mentira y blablablablablabla...

Mi chico se sienta a mi lado, dice un aveeeeeeeeeeeerquepasaahora que no me gusta nada, y le señalo la pregunta de marras en la pantalla, que tiene una gran y enorme cruz roja que le grita al mundo que seré un peligro si alguna vez alguien me da el carnet, porque se me ocurriría no adelantar en una curva con visibilidad reducida.

Le miro con cara de pena y esperanza a partes iguales. Seguro que él me dice que el mundo se equivoca y que yo no he metido la pata... Pero NO. Otro que me falla. No se puede confiar ni en los test, ni en la pareja, ni en nada en esta vida...

Y me lo explica: me dice que puedo adelantar siempre y cuando no sobrepase la línea contínua ni invada el carril contrario. Además, me pone un bonito ejemplo ilustrativo: imagínate que en lugar de un coche, eres una moto que adelanta a otra moto, ¿podrías hacerlo? Sí, claro, pero es que yo quiero conducir un coche, no me estoy sacando el carnet de moto. Ya, pero es para que lo entiendas, ¿ves como se puede? Sí, vale, se puede, pero seguro que si digo que se puede, me echan a patadas del examen antes siquiera de que lo acabe. Noooo, pero tienes que leer bien la pregunta, analizar la situación y barajar todas las posibilidades, y sobre todo, no lanzarte como una loca a la primera respuesta que te parece más lógica. Vale, vale, vaaaaaaale.

Pero sigo enfadada con la DGT y no me voy a sacar el carnet en la vida.

25 octubre 2007

CINCO PUNTOS POSITIVOS

Después del desastroso día de ayer, realmente pensé que nada podía hacer que se arreglara el día. Me había levantado fatal, y me sentía peor aún a medida que pasaban los minutos en el trabajo. Hice mis tareas mecánicamente y sin energía. Sólo esperaba que llegara pronto la hora de irme.

La mañana se me hizo eterna y pensé que todos los relojes del mundo se habían parado. Cuando por fin apagué el ordenador no me lo podía creer: ya había acabado mi jornada. Sólo me apetecía llegar a casa, darme una larga y caliente ducha, meterme debajo del edredón y esperar a que el día se acabara.

Mi chico me había ido a recoger como todos los días, y más aún si estaba lloviendo, como hoy. Me llevó a casa mientras le contaba las últimas del trabajo (sé que le gusta saber todo eso, y confío en él porque estoy completamente segura de que la información ahí se queda, en su cabecita). Dejamos el coche en el garaje, recogí el correo y subimos a casa.

Cuando entré, me sorprendí. Mi chico había salido de trabajar sólo una hora antes, y le había dado tiempo de comer, fregar todos los platos que había de ayer (el fregadero lleno), recoger la cocina y hacer la cama. Había hecho el esfuerzo de ordenar la casa para que cuando yo llegara, el desorden no me pusiera de peor humor.

Le abracé muy fuerte. No sólo estaba agradecida, sino feliz. Feliz porque reconozco el esfuerzo que supone salir de trabajar y ponerse en casa, nada más comer, a limpiar sólo para intentar que mi humor mejorara. Lo logró, por supuesto.

Además, él no lo sabe, pero me ayudó a cambiar por completo el planteamiento vital que tenía el día anterior y que había hecho que me levantara triste. Recostruí la situación laboral en mi cabeza, poniendo como pros cosas que a priori, yo consideraba algo malo. Así que todo lo negativo, se transformó de repente.
  1. ¿Estoy en otro proyecto que no es el mío? Punto positivo, porque eso quiere decir que soy laboralmente válida en esa empresa, lo suficientemente capaz como para estar en dos proyectos diferentes y poderme manejar perfectamente en ambos. Tengo una movilidad y capacidad de adaptación. He manejado los dos proyectos, y puedo ser capaz de aplicar lo positivo de cada uno al otro.

  2. ¿Gano menos por trabajar menos? Punto positivo, porque en realidad, no. Económicamente no me ha beneficiado el cambio, es cierto, pero tampoco me ha perjudicado. La nómina no ha salido perdiendo, que es lo importante. Tengo un volumen de trabajo mucho menor. Siendo realistas, todos los días acabo mis tareas diarias y las extras que puedan surgir. Cuando me marcho está todo acabado, cosa que no podía decir en el otro proyecto.

  3. ¿Me consume tiempo extra este nuevo proyecto? Punto positivo, porque en este proyecto no tengo llamadas fuera de horario. Puedo apagar el móvil tranquilamente que no me van a molestar en mi tiempo libre, lo que no pasaba antes. Eso se traduce en que puedo desconectar totalmente (si pudiera) que no pasaría nada. El cliente no tiene exigencias fuera de horario que trastoquen mi vida privada.

  4. ¿El horario me gusta? Punto positivo, porque es el que quería (lo que realmente me gustaría es trabajar cuatro horas al día con mi sueldo actual, claro). De hecho, en el otro proyecto, estaría rotando: de mañana, tarde y partido. Mi actual horario lo he escogido yo, y a primera hora apenas hay cosas que hacer, lo cual me permite esparcimiento, y a última hora, casi que tampoco, así que en cuestión de horarios estoy genial.

  5. ¿Ya no me relaciono con la misma gente? Punto positivo, porque así he conocido a más gente con la que trabajar, ahora mismo me conozco los nombres de todos los trabajadores de la empresa. Tengo más visión de los recursos humanos de la empresa. Sigo relacionándome con mis compañeros del otro proyecto (que son mis amigos), sin las tiranteces que puedan surgir con el trabajo diario.

  6. ¿Apenas tengo contacto con S.J.? Punto positivo, que no necesita mayor explicación...

24 octubre 2007

MIÉRCOLES GRIS

Hoy ha amanecido el día gris. Como yo.

Ayer, en el trabajo, pasó lo que tenía que pasar. Lo sabía, lo sabía desde hace tiempo y soy consciente de que era necesario (bueno, más o menos), pero no lo veo justo y me pone triste. Bastante triste, de hecho. Tanto, que no soy capaz de levantar cabeza esta mañana.

El resumen es simple: me cambiaron de proyecto para cubrir la baja médica de una chica y las vacaciones de verano, porque si había una de baja médica, la otra no se podría ir de vacaciones. En principio, el cambio iba a ser temporal (hasta que acabara la baja médica y el periodo de vacaciones, en teoría debían ser dos meses como mucho ambas cosas), y me tocó a mí porque yo tenía pensado, como todos los años, irme de vacaciones en Septiembre, mes en el que en teoría yo ya debía estar de vuelta a mi proyecto original.

Tras una semana de "formación" en Julio, tuve que hacerme cargo del proyecto porque me quedé sola, ya que la otra chica se fue de vacaciones. Estaba acostumbrada a un tipo de trabajo muy meticuloso, a llevar un control exaustivo de absolutamente todo, y me encontré un proyecto que era un caos en sí mismo. Todo manga por hombro. Así que implanté poco a poco el sistema del otro proyecto en este para que estuviera bien controlado. Tardé mes y medio hasta que todo funcionó bien, hasta que los errores se minimizaron, y hasta que la gente se acostumbró (eso fue lo que más costó, claro). Pero al fin funcionaba todo sobre ruedas, al menos a nivel administrativo.

El caso es que la situación se prolongó todo el verano, todo Septiembre y lo que llevamos de Octubre -pero vamos, se puede decir que todo Octubre-. Además, no tiene visos de acabar. Ya no tengo que cubrir las vacaciones, pero sí el puesto de la chica que está de baja médica. Su situación se está alargando más de lo que mi paciencia puede soportar, y mientras, en mi antiguo proyecto, mis dos compañeros (éramos tres personas) tienen trabajo que les sale hasta por las orejas. Están dos personas haciendo el trabajo de tres porque yo estoy haciendo una sustitución en otro proyecto.

La situación, lógicamente, no se ha podido sostener más. Mis antiguos compañeros le han dicho a la S.J. que no pueden más, que necesitan ayuda porque llevan desde Julio con la lengua fuera, y tienen un atraso considerable. La solución adoptada por S.J. ha sido la siguiente: buscar a alguien que ME sustituya.

Ésa es la cuestión. Que no hace falta que nadie ME sustituya porque yo sigo aquí. Si en mi proyecto necesitan ayuda, la mía sin ir más lejos, ¿por qué no me devuelven a mi puesto y buscan una sustituta a la chica que está de baja médica, que es lo que debían haber hecho desde su primera hora? Se supone que habría que sustituir a alguien que no esté, pero no es el caso. Total, tienen que formar a alguien desde cero, ¿qué más da que se forme en un proyecto u otro?

Ha sido una chapuza desde el principio. Han querido solventar la papeleta sin buscar a nadie más, y hay está el problema. Cuando se ha ido alargando la situación en el tiempo, la solución temporal ya no es buena porque se ha tapado un agujero para dejar otro al descubierto. Y ahora, para arreglarlo, me buscan un sustituto, sin contar conmigo para volver a mi puesto.

¿El motivo? Pues que la culpa es mía. Que he conseguido "enderezar" el proyecto en el que estoy ahora y que no van a desnudar un santo para vestir a otro. Que no les merece la pena formar a alguien para el puesto en donde estoy ahora, pero sí vale más formar a alguien para el mío original. Esa es la versión que tengo en diferido, porque por supuesto, nadie me lo ha dicho a mí directamente.

Pues a mí me ha sentado fatal. Fatal, porque el "motivo" que argumentan es que lo he hecho muy bien y quieren que el proyecto en el que estoy ahora funcione como hasta el momento. Es decir, en teoría, dejarme allí sería "un premio", pero la realidad es que me siento relegada, porque el proyecto es de menor peso. Por supuesto, económicamente sigo igual (al menos, no he salido perjudicada, que era lo que me esperaba encima porque como digo, el proyecto es de menor peso). Al menos, he conseguido el horario que quería (que no es poco en esta empresa), pero no me basta. Veo a mis antiguos compañeros que están más cuidados que yo, porque al menos están en el proyecto que les gusta (aunque algo más puteados con el horario, cierto), mientras me tengo que aguantar en un proyecto que no me gusta, castigada porque lo he hecho bien. No lo entiendo.

Paralelamente, he tenido que participar en la elección del mejor sustituto para el puesto. Al menos han escogido a alguien en quien confío, aunque no me sirve de consuelo, porque yo hoy, por ejemplo, me siento fatal, triste, poco reconocida, pero en cambio tendré que ponerle una sonrisa a mi sustituto porque es uno de mis mejores amigos y realmente me alegro mucho por él (es un reconocimiento a su buen trabajo e implicación).

Ayer fue cuando se hizo oficial a nuestro nivel que era necesario sustituirme y quién iba a ser la persona. Creo que esta mañana se lo comunicarán...

O sea, que el resultado es que hoy estoy como el tiempo, gris. Triste. Porque veo que cada vez es menos probable que vuelva a mi antiguo proyecto, porque estoy harta de este, porque siento que por hacerlo bien me castigan, porque tengo que poner buena cara, porque el reconocimiento es nulo, porque echo de menos a mis compañeros, porque...

...porque cada vez que veo a la chica que está de baja médica es tomando café por la tarde, de paseo, sin una sombra de que se encuentra mal. Maquillada, peinada, entaconada. Encima, me siento culpable, porque igual coincide que el único momento de olvidarse de sus males es por la tarde, cuando queda con gente para salir de su casa y tomarse un café. Puede ser que ése sea el único momento de esparcimiento del día y que dé la maldita casualidad de que yo la vea casi siempre, pero me envenena. Lo tengo que reconocer. Me pone enferma que yo esté a disgusto en el trabajo y ella mientras de cafés por ahí, entregando todas las semanas su parte de confirmación y llevando ya casi seis meses de baja médica.

Además, cada vez que le pregunto por mensaje (porque paso bastante de llamarla y tener que fingir buen tono de voz) cómo está (y deseando que diga de una buena vez que le dan el alta), me contesta con una retaíla de males que no casan para nada con la imagen que se me clava en las retinas cuando me la encuentro en alguna cafetería. La operación que dice que necesita, no llega en la vida, mientras que yo cada mañana me levanto antes de las siete de la mañana, voy a trabajar, me siento en un despacho que no es el mío, intento hacer un trabajo -el suyo- que no me gusta lo mejor que puedo, y como compensación, ahí sigo, sin volver a mi puesto, poniéndole buena cara a mi amigo y sustituto, cuando lo que me apetece realmente es llorar.

Definitivamente, no es buen día. No me gustan los Miércoles, ya lo he dicho alguna que otra vez...

23 octubre 2007

40 PRINCIPALES, 40 AÑOS

Ayer, mientras deshacía la bolsa del gimnasio (tendía la toalla, lavaba un poco el bañador y sacaba los calcetines hechos unos gurruños), me fijé que mi chico había puesto la radio en la cadena del salón. Oía el murmullo de fondo, pero no distinguía nada por el ruido de los platos que estaba fregando -ese sonido me llegaba antes dada la distribución de casa-. Entonces sonaron las señales horarias y una musiquilla conocida e inconfundible inundó el salón: la del boletín de noticias de la Cadena Ser.

En ese momento, me acordé de uno de esos e-mails que se reenvían a diestro y siniestro. No recuerdo el título, pero era una lista de las cosas que te recordaban que ya no eras tan joven (eufemismo que en realidad quería decir viejo/a carrozón/a). Había muchas, y me acuerdo que cada una de ellas me hacía sonreir. En alguna me identificaba entonces, y otras situaciones pensé que no me vería nunca. Precisamente una de ellas era que en el dial de la radio no tienes sintonizados los 40Principales, sino la Cadena Ser o alguna otra emisora de todo noticias.

En mi favor he de decir que el hecho de que en la cadena sonara un boletín de noticias no fue culpa mía, sino que lo había puesto mi chico. Me queda el consuelo de que yo todavía prefiero tener música en la radio antes que noticias o un programa de tertulia, pero sí, reconozco que a veces, yendo en el coche, agradezco un boletín de noticias de vez en cuando para saber qué pasa en el mundo (no tengo tiempo de ver las noticias en televisión y me da la sensación de estar un poco en la inopia). Tampoco escucho ya apenas los 40Principales, sino que me he vuelto más tranquila y prefiero un KISS FM o M-80. Incluso tacho de comercial los 40Principales, cosa que hace unos años primero: no me lo plantearía, y segundo: me daría igual.

Es cierto. Detalles como esa tontería son los que te revelan día a día que pasa el tiempo, que tus gustos cambian y que, al final, maduras, creces o te haces mayor. Como quiera llamarse, en realidad da igual: es el paso del tiempo. Los problemas son distintos (ahora mis preocupaciones económicas se centran en una hipoteca cuando antes el planteamiento vital pasaba por qué parte del ocio se llevaba más bocado de mis ahorros destinados a caprichillos), los gustos también han cambiado (antes me parecía que el mejor plan del mundo era ir a una pizzería, con vasos de plástico para tomar Coca-Cola con pajita, y ahora prefiero ir a un restaurante y pedirme un buen rosado espumoso), y las exigencias no son las mismas (por ejemplo, hace unos años con un buen jabón suave en la cara me quedaba tan pancha y ahora nos salgo a la calle sin haberme limpiado, exfoliado, acondicionado e hidratado).

De todas formas, no es que me lo tome como algo negativo, porque en realidad no lo es. En mi opinión, cada momento tiene sus características, y es un poco complicado mantener ciertos aspectos, aparte de que no hay necesidad. No reniego en absoluto de cómo era antes, y me gusta cómo soy ahora. Soy la misma persona, pero en otro momento, y otras circunstancias. De hecho, no me puedo quejar porque he tenido en todo momento lo que he necesitado, y he vivido todas mis experiencias con gusto. No hecho nada de menos. Apenas me planteo cómo sería yo si hubiera hecho tal o cual cosa, porque no tiene caso hacerlo. He aprendido de todo y me siento afortunada de poder decirlo.

Pero, sí, he de reconocer que ayer, escuchando la radio, me sentí vieja...

Vamos, que por no escuchar los 40Principales, me sentí como si tuviera 40 años...

22 octubre 2007

DOMINGO DEPORTIVO

Comienzo otro Lunes más muy cansada. Este fin de semana nos hemos quedado en casa (¡ya era hora!) y hemos podido ordenar y limpiar un poco, así, en general, porque la verdad es que iba haciendo falta (no era plan de hacer que Sanidad nos precintara el piso)… Aprovechando la coyuntura, y dado que el Sábado ya tuvimos tiempo de descanso, quedamos con unos amigos para ver la carrera de Alonso en casa el Domingo. No es que hiciera falta un motivo, pero así planeamos una tarde deportiva (engañando a la mente). No es que me entusiasmara mucho, pero al parecer España estaba paralizada, igual que nosotros: apoltronados en el sofá, escuchando y viendo el previo a la carrera, el durante de la carrera, el después de la carrera, las imágenes, repeticiones, comentarios, impresiones, críticas, en la televisión, radio… mientras devorábamos palomitas y patatas fritas. Después, como no habíamos tenido bastante deporte, un partido de fútbol. Menos mal que por lo menos durante los 90 largos minutos estuvimos jugando una partida al Trivial, socializando y viendo cómo mis conocimientos del mundo en general y del deportivo en particular son escasillos.

Nos lo pasamos muy bien. Me gusta quedar con algunos amigos en casa, a cenar, a comer o a lo que sea. Normalmente tenemos que esperar al fin de semana, porque si no es así, difícilmente podemos hacerlo entres semana. Así por lo menos hago algo de vida social (porque me estoy quedando sin ella).

De todo eso se sacan dos conclusiones:
  • Con tanto engaño de mente, al final he acabado engañando a mi cuerpo y me he levantado como si hubiera hecho tooooooodo ese deporte...
  • Esta vida social se ha traducido en una pila de platos sin fregar, así que mi vida social me pide a gritos que compre un lavavajillas, y a la vida social siempre hay que hacerle caso. En cuanto tengamos unas pelillas.

18 octubre 2007

PREVIUSLY ON LOST

Ayer estaba yo bastante perra y me tiré gran parte de la tarde cacharreando por Internet, en varios foros. Al final me metí en www.lostzilla.net, un foro tremendo sobre LOST, para distraerme un rato, y quedé un poco flipada de la vida...

En algunos de los temas a los que entré (venga, vale, en casi todos), la gente habla de los personajes secundarios como si fueran de la familia. Hace un mes y pico que acabé de ver la tercera temporada, y me había metido entre pecho y espalda las otras dos en varios intensísimos maratones, por lo que más o menos llevo la historia y los personajes principales y algunos secundarios. Pero me quedé un poco descolgada porque no recuerdo a la mitad de los secundarios que mencionan por el nombre de pila. Investigando un poco, resulta que fue un personaje que salió 20 segundos en algún recóndito episodio de la última temporada y que llevaba su nombre en una chapa prendida de la camisa, porque era auxiliar de vuelo en un avión que cogió Charlie cuando fue a ver a su hermano, por ejemplo. Estamos de acuerdo que hay que fijarse en todos los detalles, pero de ahí a parar la imagen para que no se escape la marca de tinte de pelo que usa Kate...

Luego, se desarrollan las teorías más absurdas sobre lo que puede estar pasando. Alucino cómo la gente le da al coco y llega a algunas conclusiones que leí en el foro, analizando las frases que dijo tal o cual personaje en el minuto treinta y dos del tercer episodio de la segunda temporada, por decir algo. Luego, por curiosidad, lo vuelves a ver y es cierto, se dice esa frase, pero, ¿realmente la gente se da cuenta de esas cosas a la primera? Me considero bastante detallista, pero esto me supera.

Las paranoias de los personajes que sólo aparecen diez segundos también es importante. Si me tuviera que fijar en cada uno de los que sale... Mal iba. Pero sobre cualquier escena se monta toda una teoría digna de una tesis doctoral. A veces creo que los guionistas de LOST aparecen por ese foro para coger ideas, porque es impresionante.

Los análisis de los grandes misterios de la serie son absolutamente exhaustivos. El tema que más me llamó la atención fué el de quién sería el personaje que está en el ataúd. El recorte de periódico, que sólo sale unas décimas de segundo, es una pieza clave. Han capturado el frame, aumentado la imagen todo lo posible y recostruído el texto, para posteriormente traducirlo. Luego han capturado la imagen del ataud, y en relación a Jack, se han tomado las medidas del actor que lo interpreta para calcular matemáticamente la altura de la persona que está en el ataúd y poder descartar personajes. Alucinante.

Podía seguir, pero tanto mareo de datos y de teorías me cansó un poco, porque poco a poco me estaba dando la sensación de que en cada frame que había visto se me habían escapado datos esenciales para comprender qué está pasando en la serie, así que lo dejé. De todas maneras, me picó el gusanillo. ¿Para cuándo la cuarta temporada? No sería mala idea ir haciendo un repasillo previo...

17 octubre 2007

CAÍDA DE LÍNEAS

No me gustan nada los Miércoles, porque estoy tan cansada como un Viernes pero todavía quedan tres días para el fin de semana. Además, tengo millones de tareas programadas para ese día, así que me arrastro al trabajo deseando que se abra un agujero en el tiempo y por fin sea Viernes.

Pero no, es un Miércoles donde además no funciona nada en el trabajo. Nos informan de que tenemos una de las dos líneas de datos caídas, por lo que todo el tráfico pasa por una sola línea que también está temblando. No es que me importe mucho el hecho en sí (porque esa caída a mi trabajo directo no afecta), pero realmente es grave porque a nivel general, se está perdiendo dinero de facturación. Un par de horas después interrumpimos el servicio porque la línea que nos quedaba no daba abasto.

Llama S.J., histérica porque estábamos parados a cuenta de lo de las líneas de datos. La llamada fue una pérdida de tiempo, porque el problema estaba escalado al personal competente, es decir, los técnicos de Sistemas, así que por mucho que nos chillara a nosotras, no iba a arreglar nada. Una vez fue consciente de ello, S.J. comienzó a bombardearlos con correos electrónicos a los de Sistemas, muy en su línea, urgiéndoles a que hagan algo. Los correos de Sistemas al respecto es un encogimiento de hombros expresado en palabras: ellos (que por cierto no tienen que dar cuentas a S.J.) ya han contactado con Soporte Integrado, una empresa externa que no tiene prisa (ni nadie que se la meta) por arreglar nada.

S.J. se cabrea incluso más (no se sabe por qué), y les exige noticias nuevas cada diez minutos. Asisto a ese ir y venir de correos como quien está viendo tenis y espera el siguiente pelotazo. Sistemas dice que tendrán noticias cuando Soporte Integrado llame, que no van a estar molestándolos cada diez minutos porque si realmente arreglan algo, ya avisarán, y además, el tiempo estimado para una solución es de 48 horas, por lo que hay que tomárselo con calma. Casi puedo ver los espumarajos de rabia de S.J. ante esa respuesta, pero no puede insistir más, sobre todo porque el área de Sistemas no es de su competencia. Pero para no dejar el tema ahí, nos llama a nosotras para decirnos algo que ya sabemos de sobra: que el tema es crítico, que estamos perdiendo mucho dinero, que tenemos que estar pendientes... Al final se termina calmando y la cosa se queda ahí. De momento hay una tregua en la batalla, que aprovecho para ir a desayunar.

En el desayuno me encuentro a los dos técnicos de Sistemas tomando café tranquilamente, aunque eso sí, tienen el móvil ahí por si los de Sistemas Integrados dicen algo. Me siento en la mesa de al lado, y en el segundo sorbo de mi café, suena el móvil de los chicos. Llamada de Sistemas Integrados, por lo que supongo que serán novedades -ya que ha quedado muy claro que sólo llamarán para decir algo nuevo-. Uno de los chicos de Sistemas coje el móvil con toda la calma del mundo, y contesta.

- ¿Sí? Oye, mira, ¿me llamas dentro de 15 minutos?

Si S.J. hubiera oído eso, fijo que le da un limakillo. Qué mala suerte...

16 octubre 2007

CARDIO-BOX

El minipuente de tres días me vino de maravilla. Esta vez sí que supe desconectar, mejor que en otras ocasiones (mejor dicho: a diferencia de otras ocasiones), y vine nueva. Un poco cansada del viaje, pero con fuerzas.

Fuerzas que machaqué el mismo Lunes por la tarde.

No se me ocurrió otra cosa que desempolvar la bolsa de deportes e ir al gimnasio. No sé cómo me nació la idea, pero el caso es que me vi a mí misma ponerme un chándal (pasaba de cambiarme en el gimnasio), coger la bolsa y salir por la puerta de casa con la muy sana intención de hacer un poco de ejercicio (como si hubiera sido poco el que hice el fin de semana, ¡menudas caminatas!).

En algún lugar recóndito de mi bolsa de deporte había un papelito con los horarios de las clases que se dan en el gimnasio. Por la hora tocaba en unos diez minutos una clase de Cardio-Box, que en principio sonaba bien. Las alternativas eran o bien piscina (que, cosa rara, no me apetecía nada), o bien aparatos en sala (que me parecen bastante aburridos). Así que imaginé que una clase no estaría mal.

Entré al gimnasio. En recepción me enteré que hacían falta unos guantes para la clase, así que me ví comprando allí mismo unos mini guantes de boxeo y ya empecé a flipar un poco. Me los fuí poniendo bajando las escaleras, y mientras luchaba por meter mis deditos en aquella cosa, me adelantó una chica delgadita y muy menuda que me sonrió. "¿Qué, vienes a la clase, no?" Claro que sí, no es que tuviera frío en las manos... "Vale, pues nos vemos, ¡seguro que te gusta!", y salió corriendo.

Cuando entré en la sala, esa misma chica estaba poniendo música y preparando la clase. Ajá, era la monitora. Dejé la mochila en el suelo y sacamos unos sacos verticales para la clase. Mmmmmm... Parecía que iba a ser divertido. La monitora esperó a que todos estuviéramos listos para empezar la clase dándole al PLAY para la música.

Ahí empezó mi pesadilla.

Con las primeras notas de la música trepidante propia de los gimnasios, a la monitora pareció que le atravesaba una descarga eléctrica. Empezó a dar saltitos y se tiró así toda la clase. No paraba. El calentamiento fue muy intenso, despidadado. Me costaba seguir su ritmo, no entendía las órdenes que gritaba esforzándose por hacerse oir por encima de la música. Los sacos impedían que la viera y ella no hacía más que moverse. No me quedó más remedio que fijarme en las chicas de alrededor para seguir los ejercicios, que al menos eran los que más o menos se hacen en todas las clases de gimnasia.

Luego empezaron los ejercicios propios del Cardio-Box. Ahora entendí el nombre: BOX porque básicamente era boxear, y CARDIO porque a los quince minutos se me salía el corazón por la boca.

Demasiada intensidad para mi primer día de vuelta al gimnasio. Empezamos a golpear el saco con toda nuestra alma. La chica nos iba indicando los golpes a grito pelado.

¡Gancho derecha!

¡Directo izquierda!

¡Patada lateral!

¡Giro de cintura!

¡Directo derecha!

¡Gancho izquierdo!

¡Patada!

¡Venga!

¡Sin parar!

¡Más ritmo!

¡No os oigo!

¡NO OS OIGOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! (Llorar, imagino.)

Y así sucesivamente.

Se me hizo un mundo. En realidad, si lo piensas, no estaba nada mal: es un ejercicio muy dinámico que desestresa mucho, pero fue demasiado para mí en mi primer día de vuelta al mundo sano. Golpeaba el saco con toda mi alma en un vano intento porque se acabara la pesadilla. Miraba el reloj a ver cuánto quedaba, pero las agujas no se movían (al contrario que todo el mundo allí). La monitora amenazaba con alargar la clase si no nos oía gritar mientras apalizábamos al pobre saco. Increíble la energía de aquella chica tan menuda, ¡no paraba! Los rizos se me pegaban a la frente y me hacían cosquillas en la nariz, pero no podía dejar de dar saltitos, moverme, dar patadas y puñetazos, so pena de ser la causante de que en lugar de 45 larguísimos y eternos minutos de clase fueran más. Si eso hubiera pasado, estoy segura de que los demás hubieran cambiado el saco por mí en un momento, porque la mía no era la única cara de sufrimiento.

Por fin, la chica decició que no iba a sacar mucho más de nosotros y la clase no se alargó. En los minutos de estiramientos ya empecé a notar que me dolía todo el cuerpo, especialmente los nudillos, de tanto gancho y golpe directo. Mis manitas no están acostumbradas a semejante tarea.

Así que una hora y un litro de agua ingerida después, demasiado cansada para quedarme ni un minuto más allí (la ducha me la daría en mi casa tranquilamente), salí del gimnasio rumbo a un sofá. Me dí cuenta de que no estaba tan cansada después del palizón, pero tenía resentidos todos y cada uno de los músculos de mi cuerpo, amén de los nudillos doloridos...

Si es que tenía que haber ido a la piscina, como siempre.

15 octubre 2007

ATASCOS Y ANACARDOS

Faltaban 120 kilómetros para Madrid. Eso quería decir que nos quedaba más rato de camino del que en un principio habíamos calculado (cuando digo habíamos, quiero decir que ÉL había, ÉL es el Señor de las Predicciones Exactas: mi chico te dice a qué hora llegaremos en cualquier viaje, sea largo o pequeño, con un margen de error de dos minutos, lo que es acojonante).

Habíamos pasado ya el tercer atasco. El primero fue porque había obras en la carretera, el segundo atasco fue porque un camión se había quedado tirado en el lado izquierdo de la autovía y claro, inhabilitó un carril, y el tercero fue porque sí. Mi chico se lo tomaba con paciencia, igual que yo. Me entretuve en mirar coches, aquello era mejor que ir a un concesionario, porque tenías todas las marcas y modelos a disposición, y me puse a componer mi coche ideal (que contiene las luces traseras en diagonal de un Peugeot 307) mientras mi chico, muerto del aburrimiento, analizaba el asfalto del carril de al lado. Conversación absurda, lo sé, que él mismo reconoció, y que luego dijo que seguramente lo escribiría en mi blog -cómo me conoce-.

En ese momento me apeteció ponerme a actualizar para matar el aburrimiento, lo que en un principio me pareció una locura. Luego pensé que igual no era para tanto (era mejor que entretenerme viendo los juegos de luces de freno de los setecientos coches que tenía delante). Total, qué más daba, llevaba el portátil en algún lugar del coche, del atascado coche lleno de mierdas cosas, así que me puse a palpar a ver dónde estaba el maletín del portátil. Localizado: debajo del asiento trasero que echamos hacia adelante para meter de costado una percha de pie (es una larga historia que será contada en otra ocasión). Era físicamente imposible sacarlo de ahí, sobre todo con mi brazo retorcido hacia atrás en una flexión imposible, porque estaba encajada al milímetro la puñetera maletita. Estábamos parados, y no me parecía tan absurdo salir un momento del coche para sacarlo, pero realmente lo era, así que me puse a pensar en otra manera de pasar mi tiempo...

...y buscándolo estaba, cuando de repente me nació una imperiosa necesidad, absurda de por sí, pero que me nubló todos los sentidos. Quería un anacardo. Sí, un anacardo. No sé por qué, de todas las apetencias del mundo, me apeteció un anacardo. No un pistacho, ni una almendra, ni siquiera una pasa. Un anacardo. Esa apetencia me inundó los sentidos, y me distrajo bastante mientras contemplaba el paisaje intentando olvidar. Pero no pude. Sólo pensaba en una bolsita de anacardos. Estaba empezando a salivar. Miraba desesperada algún área de servicio donde conseguir mi droga (a esas alturas sólo era posible calificar así mi repentina obsesión por los anacardos). Pero como pasa en estos casos, no había ninguna vía de servicio cerca. Vaya. ¿Será posible? Ni una maldita gasolinera en kilómetros. O puede que en metros, dada la lentitud a la que circulábamos por las carreteras de España...

En la distancia se divisaba un camión que se esforzaba por no ralentizar la circulación. El delirio anacardil me hizo ver una gominola gigantesca pintada en la parte trasera del camión. Parpadeé, pero la gigantesca gominola seguía ahí. Nos acercamos peligrosamente y la gominola se hizo más grande y real. No había duda: ERA una gominola pintada en la parte trasera de un camión. Sin embargo, seguía deseando anacardos con todas mis fuerzas. Adelantamos al camión, que en el lateral tenía pintadas más gominolas y... UN ANACARDO GIGANTESCO, rodeado de pistachitos y avellanitas. La babilla se me caía a chorros.

Para evitar que inundara el coche y echar a perder todo el equipaje, paramos en la primera área de servicio que encontramos por fin, y nos lanzamos a la tienda en busca de una bolsita de anacardos, que encontramos finalmente. Me supieron los anacardos a gloria bendita.

Mientras los devoraba saboreaba, abrí la puerta trasera del coche para sacar el portátil. Mi chico no se creía que fuera capaz, pero sí, señores: saqué el portátil para ir actualizando a lo largo de los kilómetros lo que nos iba pasando en la carretera. Lo sé: soy una friki y no tengo remedio, pero al menos iba entretenida. Era eso o ir contando las rayitas discontinuas de la carretera. Así que llevando yo mi portátil en las rodillas, ríase la gente.

(El fastidio es que en las carreteras de España no hay red WiFi.)

Me preguntaba qué iban a pensar los coches a los que adelantábamos, porque debe ser raro ver a alguien con el portátil haciendo lo que sea (espero que al menos todos pensaran que era una yuppy adicta al trabajo o algo), cuando frenamos en el séptimo atasco. Paramos detrás de un Chrysler donde vimos una pantallita, y me sentí aliviada: no estaba sola en este mundo. Al frenar detrás de ellos, ya vimos lo que era la pantalla: no era un GPS, sino la de un DVD para niños, con dibujos animados. Mi chico se quedó embobado mirando la pantallita mientras yo escribía esto, entusiasmado. Pensé en regalarle una serie para tenerlo entretenido para cuando me convenga...

Quedaban todavía 70 kilómetros para Madrid. Había tráfico, y al menos mi chico iba entretenido esquivando coches, adelantando, tarareando música, estirando el cuello por si veía el DVD del coche que teníamos delante (exacto: no lo adelantamos en un buen tramo de carretera, y sospecho que mi chico llevaba la trama de la serie de dibujos) y oyéndome teclear mientras. Pensé que lo que nos faltaba era que sonara el Messenger conectándose, sería un puntazo. Claro que no pasó -por si alguien se lo pregunta-.

Anochecía. Eran las ocho de la tarde, nos quedaba todavía un buen trecho de viaje. Casi me planteé buscar mis apuntes, escondidos en alguna recóndita parte del disco duro, y ponerme a estudiar allí mísmo, pero no estoy tan desesperada. Lo que sí me hubiera apetecido es una conexión a Internet, porque TENEMOS DERECHO A INTERNET, lo decía alguien en un enorme cartel en no sé qué ciudad...

Al cabo de los kilómetros, la batería del portátil dió su último suspiro y se apagó mi entretenimiento. No me quedó más remedio que aburrirme como el resto de la gente en los atascos: mirando otros coches, escuchando música, y cosas así. Iba anocheciendo y la circulación por fin se normalizaba, así que caí dormida en un cambio de rasante.

Pero con la conciencia tranquila porque iba a actualizar. ¡Ja!

09 octubre 2007

UN LUNES ¿CUALQUIERA?

06:30 - Suena el despertador un Lunes por la mañana. Es horrible.

07:00 - Me levanto. Sí, el despertador ha sonado tres veces más desde la primera, porque la bendita función snooze me deja dormir un poco más...

07:05 - Me ducho. El agua caliente me espabila un poco. Me lavo la cabeza mientras descubro que las agujetas del Sábado están ahí. No me he librado de ellas.

07:15 - Salgo de la ducha envuelta en un albornoz y una nube de vapor. El fresquito al salir del cuarto de baño me despeja y soy capaz de girar mi rumbo (directa a la cama otra vez) e ir a la cocina a desayunar.

07:17 - No hay leche. Jo. Compramos ingentes cantidades de leche para que esto no pasara pero ha pasado, y realmente no pienso ir a estas horas al trastero a por leche. Así que me tomo un Cola-Cao megaconcentrado.

07:20 - Enciendo el ordenador para descargarme en mi USB unos ejercicios de Matemáticas que debería ir mirándome.

07:30 - Me maquillo, me visto y me peino. Soy capaz de disimular el sueño con una capa de hidratante con color, y aunque falta poco para que me salte un ojo con el cepillo del rimmel, al final no queda mal del todo.

07:47 - Espero que ir con el pelo un poco húmedo no haga que pille una pulmonía, y me concentro en eso mientras bajamos al garaje que está silencioso y a oscuras. Me da un poco de yuyu oir mis propios pasos retumbar.

07:59 - Entro a trabajar. Este Lunes es un caos, porque de la semana pasada están todavía los ordenadores cambiados y nos ponemos a trabajar en otros sitios que no son los nuestros hasta que no vengan los técnicos de Sistemas.

08:07 - Aprovecho la coyuntura y me imprimo lo que traje en el USB. Son más folios de lo que me esperaba. También me meto en Internet para buscar unas cosas que necesito de la Universidad, apurando los últimos minutos de acceso al exterior, que me van a capar los de Sistemas en cuanto entren por la puerta.

09:56 - Afortunadamente, los chicos de Sistemas no tienen prisa ni nadie que se la meta (la prisa, claro), así que me da tiempo de buscar más cosas académicas antes de que me reconfiguren el ordenador.

10:15 - Para esa hora ya tengo el correo limpio, lo que necesitaba descargar en mi práctico USB y he encargado unos apuntes que recojeré esta tarde. La jefa todavía no ha dado señales de vida y eso es estupendo, al menos la mañana va a ser tranquila.

11:32 - Tranquila y aburrida.

12:15 - Me descubro un dolor en el cuello, al parecer de no haber dormido en una postura buena. Jo. Sigo luchando contra el sueño (me gana él) y las agujetas persisten. Tecleo perezosamente mientras mordisqueo unas galletitas en el mismo puesto. Me aburro.

13:10 - Parece que ya he terminado mis tareas diarias. Hay más cosas que hacer, pero sencillamente, no tengo ganas. Después de la semana pasada, tengo derecho moral a ir un día un poco tranquila.

14:03 - Desconecto para comer. Hoy toca verdurita, y la verdad es que no me disgusta (además, compensará lo de esta noche: mi reto esta semana es buscar el equilibrio). Me abro un hueco en el office, que a esas horas está lleno y como con relativa tranquilidad, tomándome mi tiempo.

14:27 - Vuelvo al puesto después de lavarme los dientes. El despacho está vacío porque mi compañera se ha ido a comer (tiene horario partido). Aprovecho para esparcirme un poco con los que la semana pasada me dejaron sola ante el peligro. Rajamos de la jefa común y me vuelvo a mi sitio.

15:00 - El reloj del ordenador parece estar parado.

15:54 - ¡Me quedan seis minutos para irme! Así que recojo un poco la mesa mientras veo por la puerta el barullo de gente en el cambio de turno. Se me instala un dolor de cabeza del ruido y pienso que ya me vale, acabo de trabajar y me empieza el dolor de cabeza.

16:02 - ¡Nos vamos!

16:15 - Vuelvo a entrar porque me he dejado dentro los apuntes que me he impreso haciendo un uso fraudulento del material informático de la empresa. Quien no tiene cabeza tiene que tener pies.

16:35 - Llego a casa a cojer un triste lápiz y unos apuntes para clase de esta tarde. Ya que estoy me arreglo un poco más y me dejo caer grácilmente en el sofá. Realmente no me apetece nada moverme, en absoluto.

16:55 - Al final me levanto y nos vamos a clase. Mi fantástica idea era salir del trabajo e irnos directamente a la Universidad, con tiempo para tomarnos un café antes de la tortura, pero sobre todo mantenerme alejada del sofá. Ahora vamos con el tiempo justo porque el sofá me ha retenido vilmente.

17:15 - Un maldito coche que va tranquilamente delante de nosotros me está poniendo de los nervios. Sólo me faltaba llegar tarde a clase. Mi lengua se desata y parezco un camionero rajando sobre la conducción en general, y me doy miedo a mí misma: cuando tenga el carnet voy a ser terrible.

17:29 - Con la hora justa llegamos a la puerta de la Universidad. Salgo del coche prácticamente en marcha y me voy corriendo a clase mientras mi chico da vueltas intentando aparcar.

17:31 - Empieza la clase, que fue horrible (pero esa es otra historia que deberá ser contanda en otra ocasión). Mi chico llega tres minutos después, con la lengua fuera, y admiro que tenga ganas de quedarse voluntariamente como oyente en una clase que a mí me resulta horrenda.

18:45 - Acaba la clase con una reprimenda del profesor, por supuesto. Cómo no. Me apetece tomarme un café tranquilamente, pero como llevamos la hora justa (tenemos que ir al otro campus, a media hora de coche, y me he quedado un momento a preguntar algo), nos volvemos a meter en el coche y otro viajecito.

19:25 - Llegamos al otro campus. Acompaño a mi chico a buscar unos despachos y a sacar unos apuntes. Sigo con dolor de cabeza. Me duelen los pies y tengo hambre, pero aguanto como una campeona. Además, este campus me gusta, porque es más nuevo que el mío y me da envidia. Dan hasta ganas de estudiar. Pienso mientras en que tengo que ponerme a estudiar ya mismo antes de atrasarme más.

20:05 - La copistería cierra a las ocho, así que nos vamos con nuestros apuntes. Está anocheciendo y decidimos quedarnos en la ciudad a cenar. Estoy muy cansada, pero siempre opino que merece la pena el esfuerzo.

20:15 - Hacemos una parada en un centro comercial para devolver una cosa que compramos la semana pasada. Damos una pequeña vueltecita por las tiendas, y me noto desganada. Normalmente me entusiasman esos sitios y siempre encuentro algún caprichillo que me apetezca, pero hoy no. Tengo ganas de ir a casa.

20:45 - Mi chico se pone a mirar discos y yo libros. Ojeo con desgana los títulos y me repente me entran unas irrefrenables ganas de salir de allí. Estoy cansada y mi cuerpo empieza a protestar. Voy a buscarlo y le pido que nos vayamos. Compramos un disco en oferta y por fin salimos de los grandes almacenes.

21:05 - Subimos al centro (detrás de otro coche lentísimo, los semáforos todos en rojo, tardamos mucho en llegar) y dejamos el coche en un parking público. No tengo ni idea de dónde está el restaurante mexicano que un amigo nos ha recomendado, así que nos ponemos a buscarlo, porque en teoría estaba cerca de donde aparcamos. Es divertido buscarlo, aunque a ratos me desespero un poco.

21:35 - Por fin encontramos la cantina mexicana. Es un sitio muy agradable y divertido. Nos sentamos en la mesa "Pancho Villa" y me pido una Coca-Cola, porque necesito cafeína para despertarme un poco.

22:10 - Nos divertimos un montón. La cena estaba muy rica -nada de picante-, y realmente me gustó la idea de ir allí. Comer un poco y estar sentada y tranquila me anima, pero noto que se me cierran los ojos (la Coca-Cola definitivamente no me hace ningún efecto). Madrugué y llevo todo el día sin parar, apenas descansé y mis piernas aún están resentidas del fin de semana.

22:30 - Salimos del restaurante. Vamos al coche y me meto dentro. Menos mal que yo no tengo que conducir. Por fin nos vamos a casa. Mi chico pone un disco que le gusta (al menos no es la radio con los deportes) y me quedo dormida en el coche, absolutamente rendida.

23:10 - Llegamos a casa, pero todo es una nebulosa porque estoy vencida por el sueño. Ha sido un día agotador y necesito descansar...

07 octubre 2007

ALHAMBRA

Este fin de semana nos hemos ido a Granada, a ver la Alhambra. La verdad es que cada vez que pienso los años que han pasado sin ir a verla me da vergüenza, porque es sencillamente preciosa y yo la tenía más bien dada de lado.

Pero este fin de semana he pagado la deuda pendiente. Sacamos las entradas hace dos semanas para este Sábado por la tarde, porque hay que hacerlo con tiempo si quieres asegurarte de ir el día que tú quieres. Cuando ya las compramos por Internet y tenía el localizador apuntado en un post-it, me quedé tranquila. Además, las entradas iban a ser uno de los regalos de cumpleaños para mi madre, así que me hacía más ilusión todavía.

La tarde fue perfecta. Fuimos justo después de comer, porque teníamos las entradas a las 16:00. La tarde era luminosa. No hacía frío, sino una temperatura estupenda aunque el sol brillaba encima de nosotros. Llegamos a recoger las entradas y nos vimos rodeados de gente de todas las nacionalidades que iban a disfrutar como nosotros de una de las Maravillas del Mundo (aunque al final no lo sea oficialmente, no hay duda de que lo es).

Entramos a ver los Palacios Nazaríes y estuvimos recorriéndolos poco a poco, estancia a estancia, disfrutando de cada detalle del monumento. La verdad es que es indescriptible. Tantos años de historia rodeándote simplemente te abruma y te deja sin respiración.

Los Jardines del Generalife son otro mundo. Impresiona las fuentes, chorros de agua que emanan con fuerza sin un motor, con la pura fuerza de la física, que alguien ingenió hace muchos siglos. El olor de las flores, el murmullo del agua corriendo, el laberinto de plantas cuidado y geométrico. Las piedras de hace siglos que llegan hasta nosotros. Piensas que esas paredes, las fuentes, los suelos... han estado allí años y años. No puedes dejar de pensar que dentro de otros tantos años, otros pies pisarán esos palacios.

El Palacio de Carlos V también es impresionante. Aquella construcción que tardó un siglo en terminarse, las columnas que rodean el patio principal...

Subimos a la Torre de la Vela para ver toda Granada bajo nuestros pies. Se veía absolutamente toda la ciudad, con Sierra Nevada al fondo, los cármenes... Una vista impresionante. Como estar en la cima del mundo, porque sobre nosotros sólo había un cielo azul con unas briznas de nubes. Sencillamente indescriptible.

Acabamos la visita (con los pies destrozados, casi cuatro horas), saliendo por la Puerta de la Justicia, y andando por el bosque de la Alhambra, respirando oxígeno en estado puro y escuchando el sonido del bosque. Hacía años que no me sentía así. Casi no me acordaba de qué se sentía paseando por una capa vegetal que te rodea de vida...

Realmente fue una tarde perfecta...

05 octubre 2007

EL FIN DE LA PESADILLA

Se acabó la semana de locos que he tenido en el trabajo.

Pensaba que no iba a sobrevivir, pero al final sí. Tengo que aprender a confiar un poco más en mí misma.

El Lunes, realmente quería llorar. Para empezar, era obligatorio el horario partido, de nueve de la mañana a las seis de la tarde, con una hora para comer. Eso se ha traducido, como yo ya sabía de sobra por experiencia propia, que antes de las siete de la tarde no iba a salir ni de coña, como efectivamente ha pasado. Realmente, había trabajo para quedarse hasta las tantísimas, pero tiré del freno de mano antes de estrellarme, y a las siete (más o menos) me he ido a casa, estuvieran como estuvieran las cosas, quedándome mucho o muchísimo.

La verdad es que me ha costado, porque la persona que me echaba una mano se ha quedado más tarde, pero por otra parte se ha quedado porque lo ha querido: le dije tres veces que no era necesario, que se fuera a casa, pero si no me hace caso, tampoco iba a sacarle de allí de los pelos.

Después, el trabajo ha sido estresante. Como era mi antiguo proyecto, pues más o menos el trabajo diario lo llevaba bien porque no había sufrido muchos cambios, pero claro, desde que me cambié (hace cuatro meses) algunos matices sí eran distintos, aunque no demasiado. El problema ha venido con los temas nuevos que exigían respuestas y acciones esta semana. He trabajado en la más absoluta de las ignorancias, guiándome por mi instinto y poco más. Cuando surgía un problema, me tenía que parar a averiguar primero de qué narices iba el tema, para luego tomar una decisión rápida. Lo comúnmente denominado liarse la manta a la cabeza y tirar pa'lante. No me quedaba otra. Y encima, proyectando que estabas segura de lo que decía y de las decisiones tomadas porque tenía el tema bajo control. Mentira cochina y de las gordas.

El correo era una pesadilla. Durante esta semana he recibido correos de los dos proyectos: el que estaba cubriendo (muy necesario) y del mío asignado, para la semana que viene que vuelvo no estar descolgada. Limpiar la bandeja de entrada ha sido sencillamente imposible. El 70% de los correos los he dejado sin leer, y me he centrado en los temas urgentes y lo que provenía del cliente y de mis superiores inmediatos. No he podido hacer otra cosa. Las reuniones de seguimiento sencillamente no han existido, porque no he tenido tiempo material (bueno, tenía un hueco a las cuatro de la mañana, pero eso es a lo que llaman "horas intempestivas").

Lo que peor he llevado es el trabajar a ciegas. Es eso de que "la semana pasada dijimos esto" o "hace diez días os mandamos las claves" o "el certificado lo debías tener desde el Miércoles pasado" o "¿no tienes los datos de efectividad que os pasamos el Jueves para preparar la reunión?". Pues no. No tenía nada de eso porque hasta este Lunes no sabía nada de ningún tema. Pero en la jungla laboral no ha piedad y la falta de datos he tenido que cubrirla con un exceso de aplomo que me ha dejado alucinada a mí misma.

Todo esto, claro, me ha pasado factura físicamente. Esta semana he dormido más bien poco, porque me acostaba tarde y me levantaba temprano, y no muy bien porque lo último que pensaba era una lista mental de las cosas que había que hacer al día siguiente, y eso no es sano para nada. Tenía un nudo en el estómago de forma constante, que es el reflejo físico de mi manía perfeccionista y mi empeño de hacer todo mi trabajo lo mejor posible. Encima, la tensión del trabajo se me acumuló en los hombros, así que he tenido toda la semana una rigidez muscular en los hombros que perfectamente se podía haber aprovechado para partir nueces ahí.

Por fin hoy se ha terminado. A las 14:59, un minuto antes de que EN TEORÍA acabara mi jornada laboral del Viernes, recibo la consabida llamada de S.J., que estoy convencida que sólo es para asegurarse de que no te has ido a casa antes de tiempo. Primero dice lo de siempre: "vete a casa ya", y luego te hace una sutil lista de tareas que debes dejar listas antes de irte a casa de verdad. Obviamente, no lo puedes hacer en un minuto y menos si estás hablando con ella. Finalmente la conversación ha trascurrido pacíficamente, con ella confirmándome que el Lunes vuelvo a mi proyecto asignado temporalmente. Dado que estaba de buenas, le dejé caer que iba a ir en horario de mañana, porque esta semana he dejado completamente de lado la Universidad (porque saliendo a las tantas no he podido ir a clase y estando tan cansada no he tenido fuerzas de hacer nada en casa que no fuera vegetar) y mi vida en general ha estado en stand-by. No ha habido inconveniente.

Además, como dato histórico (de hecho, la Historia de dividirá en el antes y el después del día en que S.J. tuvo un atisbo de jefa normal), comentar que ha reconocido que es una putada lo que me pidieron (pasar de la noche a la mañana de un proyecto a otro, sin periodo de adaptación, sin paños calientes, sin miramientos, sin red de seguridad ni nada), que me lo pagarán como extra (cosa que de cara al mundo en general pudiera parecer obvio, pero que en mi empresa no lo es en absoluto), que no se ha notado la ausencia de ninguno de los que normalmente gestionan ese proyecto (eso supongo que es bueno), que lo había hecho bien (menos mal, porque lo cierto es que me he dejado la piel) y... ME HA DADO LAS GRACIAS.

Increíble.

En fin, al menos me ha dejado un buen sabor de boca después de todo.

P.D.: He dicho en el párrafo de antes que me lo pidieron. No es completamente cierto eso, porque no recuerdo que fuera una petición, más bien una una información / orden.

02 octubre 2007

LIBROS Y MÁS LIBROS

- ¿Tenéis este libro, por favor?

La dependienta, embutida en un uniforme solamente calificable de horrendo y cara de estar aburrida de la vida, me miró con aire ausente.

- ...

- Que si tenéis este libro.

Los músculos de la dependienta se empezaron a mover. La esperanza me inundó. Lo tenían. Seguí a la chica haciendo zigzag por entre mesas repletas de libros nuevos. Me encantan las librerías, me quedo tiempo mirando los títulos, acariciando las tapas de los libros... Y eso es lo que hice mientras la chica miraba las estanterías. Volví a la realidad al oir su voz.

- Es aquí.

Eso dijo y se quedó quieta, mirándome. Yo miré "allí", que era una pared entera forrada con una estantería de unas ocho baldas repletas de libros. Miré a la chica interrogante. Esperando una aclaración.

- ¿Aquí?

- Sí, aquí están los libros de esa temática.

Volví a mirar la estantería. Estamos de acuerdo, esa era la sección correcta. Pero había algo que no cuadraba. Los libros no estaban ordenados por orden alfabético, ni por título ni por autor. Ni tampoco por editorial. Ni por tamaño. Ni por color de la tapa, o material, o dureza de la misma. Por más que miraba no veía que aquella ingente cantidad de libros estuviera ordenada de alguna manera. No podía imaginar cómo la dependienta podía encontrar algo ahí.

Craso error.

Ciertamente, ELLA no iba a encontrar nada allí.

La dependienta seguía quieta, mirándome a mí y NO a los libros. Ingenua de mí, pensaba que iba a buscarme el libro que le había pedido, pero dado que se había quedado paralizada, le hice otra pregunta para ver si reaccionaba.

- Pero... ¿Tenéis el libro?

- No lo sé.

Se encogió de hombros y se fue. Por encima del hombro me dijo que aquella era la sección, imagino que lo siguiente era que lo buscara yo misma. En plan autoservicio. Hasta donde yo recuerdo, El Corte Inglés no es un autoservicio (de hecho, la característica básica es que los dependientes te ayudan a buscar lo que necesitas, al menos esa era mi experiencia hasta el momento, más que nada porque van a comisión).

En otras circunstancias no me habría importado buscarlo, pero aquello era un caos de libros, eran las 20:45, llevaba desde las 08:15 de la mañana fuera de casa... Estaba cansada y sólo quería saber si tenían ese libro, comprarlo e irme a casa. La seguí.

- ¿Pero no me podrías decir si lo tenéis o no?

- Es que no lo sé.

- ¿Y no lo puedes buscar en el ordenador?

- ...

- ¿O preguntarle a algún compañero?

- ...

- ¿O decirme cómo están ordenadas esas estanterías?

- ...

- ¿O hacer algo para ayudarme a encontrar el libro que te he pedido?

- ...
Supongo que estará claro, pero salí de allí sin el libro de marras. Nunca sabré si lo tenían o no.