18 enero 2008

EL FIN DE UNA ERA

Hoy se ha acabado, no sé si decir por fin, una etapa en mi trabajo que ha durado casi siete meses.

Para Julio me cambiaron de proyecto para cubrir la baja médica de mi homóloga (¡como los ministros!), mientras duraran las vacaciones de verano de su jefa. Ahí me soltaron, con apenas formación en un servicio totalmente nuevo para mí. En ocho días tuve que ser prácticamente autodidacta, y a las dos semanas -apenas diez días laborables, vamos- me dejaron sola al frente de todo. Me defendí como gato-panza-arriba (¡me encanta esa expresión!) y no lo hice mal del todo. Incluso se me felicitó por escrito desde las muy altas esferas, algo que no ha pasado nunca en esta empresa. Fue algo que me pilló por sorpresa, no sólo por lo inédito de la situación, sino porque era un servicio que no me gustaba nada y al parecer no se me notaba en mi trabajo. Disimulé muy bien.

Porque pasé unos meses malos, esa es la verdad. Para compensarme por el cambio (porque NADIE me quitaba de la cabeza que era una degradación, a pesar de que mi ex-jefe me decía que no, que en realidad era bueno porque se veía que confiaban en mí y encima me hacía más versátil), se acabaron las rotaciones y me pusieron en el turno fijo de mañana que era el que quería, excepto cuando mi jefa se iba de vacaciones que me tocaba de partido. Luego vino la compensación económica en los incentivos, que me los subieron algo.

Para entonces yo ya me había resignado y había conseguido imprimirle a este proyecto el ritmo que tenía y tiene el mío original, lo que se traducía en que todo iba sobre ruedas y al día. Acabé con algún que otro caos que había y empecé a sentirme algo mejor. S.J. no paraba de decirme lo contentísima que estaba (dentro de lo que se expresa esta mujer en términos positivos), pero seguí desconfiando. Sobre todo cuando llegó Septiembre, se acabaron las vacaciones de verano y yo no volví a mi servicio.

Empecé a sondear a mi ex-jefe por si tenía más información sobre mi situación futura, ya que nadie se dignaba a decirme qué iba a pasar conmigo. Decía que no, pero movía la cabeza y yo leía en sus ojos que el cambio iba a ser definitivo. Me lo tomé mal, porque seguía sin gustarme nada.

Pero a la cuarta noche de insomnio, me dí de bofetones y pensé que no estaba tan mal: ahora tenía el horario que quería, todo iba tan controlado que en ocho horas de trabajo había momentos en los que no tenía nada que hacer, S.J. me trataba muy bien, cobraba algo más que en otro proyecto, mis resultados en el nuevo servicio eran buenos, con mi jefa había muy buen rollo y era capaz de desconectar totalmente al acabar mi jornada. No tenía nada de eso en mi otro servicio (excepto el trato con mi ex-jefe, claro). ¿Por qué lo echaba tanto de menos entonces? En este en realidad estaba bastante bien...

Después de ese análisis, me sentí mucho mejor, sí, y no me disgustó la idea de quedarme en ese servicio definitivamente, porque al fin y al cabo esa era la pinta que tenía: que no volvería a mi antiguo proyecto.

Pero la chica cuya baja estaba cubriendo vió peligrar su puesto porque todos nos habíamos dado cuenta de que le estaba echando un poco de morro al asunto (mucho, de hecho). Por fin pidió el alta médica, seguida de las vacaciones que le faltaban por disfrutar (encima), así que no volvió hasta el día 3 de Enero. Su incorporación suponía que ahora sí que volvería a mi antiguo proyecto, y aunque en un momento dado S.J. me insinuó que podía "elegir" quedarme donde estaba, preferí no decir nada por mi parte porque tampoco lo ví muy claro.

Los días de su "puesta al día" para mí fueron complicados porque ella me ralentizaba mucho mi ritmo de trabajo, y yo no destaco por mi paciencia precisamente. Además, mi jefa volvió a irse de vacaciones, por lo que me quedé al frente del servicio otra vez y con la chica formándose, con lo cual en lugar de ayudarme sentí que se me multiplicaba el trabajo. Vamos, que hubiera preferido mil veces haber estado sola. S.J. encima no hacía más que presionar, y pasé unos días muy malos, trabajando casi el doble, lidiando para que la chica no se agobiara pero rindiera como cabría esperar y saliendo muy tarde de trabajar, exhausta y sin ganas ni fuerzas de hacer nada más, dejando de lado otras cosas como el gimnasio, estudiar y mi vida social (la poca que me queda).

Estos tres últimos días todo ha sido algo mejor, porque mi jefa ha vuelto de las vacaciones y de repente parece que la chica ha espabilado de golpe. Como el trabajo que hay es sólo para una de nosotras (no hay más volumen, estando bien organizado todo), le he ido dejando hacer las cosas para que se habitúe, quedándome yo a resolver sus dudas y ha hacer lo poco que podía, con lo cual me ha dado tiempo a "descansar" algo.

Y hoy ha sido mi último día. Me he sorprendido a mí misma porque me da algo de pena dejar este servicio, así que envié un correo de despedida al que hasta ahora era mi equipo. Me ha sorprendido ver las reacciones, porque no esperaba que hubiera ninguna, y han sido positivas en el sentido de que me aprecian más de lo que yo pensaba. De hecho, la respuesta más vehemente ha llegado de la persona que menos me esperaba. Parece que me van a echar de menos...

También era mi último día antes de mis vacaciones, esas que apenas he planeado por falta de tiempo, pero que tengo claro que me voy a hacer una escapada que me sirva para hacer borrón y cuenta nueva en mi mente en cuestiones laborales. Voy a intentar no preocuparme de nada de esto hasta que no llegue el siguiente Lunes, y ahí ya empezaré a adaptarme otra vez, que es lo único que hago últimamente...

2 comentarios:

  1. Pues disfruta de las vacaciones, que te las has ganado. Y cuando vuelvas, ¡a darle duro al otro proyecto! Un besote de viernes.

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  2. Pasa que cuando te acostumbras al final a lo nuevo te vuelven a cambiar los hábitos y los trabajos... A mí eso me suele molestar bastante :)

    Besos, disfruta de las vacaciones, y si estudias carrera tb como yo, suerte en tus exámenes!!!

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