Siguiendo con el tema de ayer, hoy he recibido la llamada de S.J. a las nueve de la mañana en punto. En principio era para otra cosa, pero tres frases después ha salido el tema de mi compañera... Al menos no he tenido que hablar mucho, porque ella ya estaba al corriente de cómo estaban las cosas y que yo me paso los días subida por las paredes. ¿Que cómo lo sabía? Mi ex-jefe, con quien me vengo desahogando todos estos días, se lo ha contado todo, así que mira, un mal trago que me he ahorrado.
Efectivamente, le he dicho que el proceso de adaptación está yendo nada más que regular, por no decirl que fatal del todo. Ella de eso ya se había dado cuenta, claro, cómo no, y me ha soltado lo típico de "dale caña", porque, como me ha repetido unas diez veces en toda la conversación, "ahora estás al frente del servicio, eres su jefa y es tu obligación hacer presión porque encima no te está ayudando nada". Una verdad como un piano de grande. Pero también es cierto que:
a) Lleva relativamente poco tiempo, un total de siete días efectivos.
b) Es un servicio complicado de manejar, aunque por otro lado bien organizado.
c) Aunque ahora yo esté de jefa, la realidad es que soy su igual.
d) Está sentada a mi lado.
Es decir: que aunque tenga la autoridad para meterle caña, no soy capaz de hacerlo porque al fin y al cabo es mi compañera, se sienta a mi lado y sé que está agobiada. Además, ya se encarga S.J. de meter presión a 300 kilómetros, y es una presión muy fuerte, la verdad. Lo sé porque lo veo, y porque en su día esa presión (de otra forma y en comparación mucho más fuerte, pero por otros motivos distintos) estuvo encima de mí y la verdad es que se pasa mal. Así que le he dicho a S.J. que intentaría meterle caña pero dentro de un límite razonable teniendo en cuenta mi situación y que esperaríamos a ver qué tal se desarrolla la semana que viene -que preveo que mal, claro-. Ahí se ha quedado el tema de momento con S.J. y mi atención ha vuelto a centrarse en mi compañera.
Toda la mañana me ha tenido en vilo, retrasándose en la entrega de todos los informes, ficheros y balances. Cada poco miraba de reojo a ver cómo iba, y le decía que si quería que le echara una mano o que hacía yo algo de lo que quedara, pero no ha querido porque decía que ese es ahora su trabajo. Vale, que sí, pero si es que yo me desesperaba por momentos...
Encima, hoy, por estar a cargo del servicio, mi horario acababa a las tres, y ella salía en teoría a las seis. Cuando yo me he ido, mis tareas estaban acabadas, pero las suyas no, ni de lejos. Así que me he conectado desde casa y he estado pendiente del correo para ver si me preguntaba algo y mandaba lo que tenía que mandar.
Le he dado con frenetismo al F5 porque no se veía nada suyo. Tan raro era que me ha dado por malpensar que se había ido antes aprovechando que ya no quedaba nadie... Pero no. A las 18:15 ha mandado un solitario correo con una de las tareas. Aún le quedan cinco. Una hora después, no sabía qué estaba haciendo, por qué no había terminado aún, si tenía algún problema o cuándo pensaba irse.
Al final, he cerrado el correo y me he puesto a desahogarme aquí. Paso de todo. Es su problema: ya es grande, ya sabe lo que tiene que hacer, si necesita mi ayuda ya sabe donde estoy, PERO no pienso estar encima de ella. Más le vale a ella espabilar o a este paso se va a ir a casa a las nueve de la noche todos los días, y eso a quien le perjudica es a ella y no a mí. Por no hablar de las repercusiones en el ámbito laboral de esta falta de destreza...
Así que desconecto del tema hasta que tenga que vérmelas de frente con él otra vez, o sea: el Lunes. Ya estoy dedicándole más tiempo del que merece, por lo que... punto y final de momento.
Efectivamente, le he dicho que el proceso de adaptación está yendo nada más que regular, por no decirl que fatal del todo. Ella de eso ya se había dado cuenta, claro, cómo no, y me ha soltado lo típico de "dale caña", porque, como me ha repetido unas diez veces en toda la conversación, "ahora estás al frente del servicio, eres su jefa y es tu obligación hacer presión porque encima no te está ayudando nada". Una verdad como un piano de grande. Pero también es cierto que:
a) Lleva relativamente poco tiempo, un total de siete días efectivos.
b) Es un servicio complicado de manejar, aunque por otro lado bien organizado.
c) Aunque ahora yo esté de jefa, la realidad es que soy su igual.
d) Está sentada a mi lado.
Es decir: que aunque tenga la autoridad para meterle caña, no soy capaz de hacerlo porque al fin y al cabo es mi compañera, se sienta a mi lado y sé que está agobiada. Además, ya se encarga S.J. de meter presión a 300 kilómetros, y es una presión muy fuerte, la verdad. Lo sé porque lo veo, y porque en su día esa presión (de otra forma y en comparación mucho más fuerte, pero por otros motivos distintos) estuvo encima de mí y la verdad es que se pasa mal. Así que le he dicho a S.J. que intentaría meterle caña pero dentro de un límite razonable teniendo en cuenta mi situación y que esperaríamos a ver qué tal se desarrolla la semana que viene -que preveo que mal, claro-. Ahí se ha quedado el tema de momento con S.J. y mi atención ha vuelto a centrarse en mi compañera.
Toda la mañana me ha tenido en vilo, retrasándose en la entrega de todos los informes, ficheros y balances. Cada poco miraba de reojo a ver cómo iba, y le decía que si quería que le echara una mano o que hacía yo algo de lo que quedara, pero no ha querido porque decía que ese es ahora su trabajo. Vale, que sí, pero si es que yo me desesperaba por momentos...
Encima, hoy, por estar a cargo del servicio, mi horario acababa a las tres, y ella salía en teoría a las seis. Cuando yo me he ido, mis tareas estaban acabadas, pero las suyas no, ni de lejos. Así que me he conectado desde casa y he estado pendiente del correo para ver si me preguntaba algo y mandaba lo que tenía que mandar.
Le he dado con frenetismo al F5 porque no se veía nada suyo. Tan raro era que me ha dado por malpensar que se había ido antes aprovechando que ya no quedaba nadie... Pero no. A las 18:15 ha mandado un solitario correo con una de las tareas. Aún le quedan cinco. Una hora después, no sabía qué estaba haciendo, por qué no había terminado aún, si tenía algún problema o cuándo pensaba irse.
Al final, he cerrado el correo y me he puesto a desahogarme aquí. Paso de todo. Es su problema: ya es grande, ya sabe lo que tiene que hacer, si necesita mi ayuda ya sabe donde estoy, PERO no pienso estar encima de ella. Más le vale a ella espabilar o a este paso se va a ir a casa a las nueve de la noche todos los días, y eso a quien le perjudica es a ella y no a mí. Por no hablar de las repercusiones en el ámbito laboral de esta falta de destreza...
Así que desconecto del tema hasta que tenga que vérmelas de frente con él otra vez, o sea: el Lunes. Ya estoy dedicándole más tiempo del que merece, por lo que... punto y final de momento.
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