Menuda tarde que pasé ayer...
Después de las vacaciones de la semana pasada, que me supieron a más bien poco, el fin de semana pensé en echar el freno e irme adaptando de nuevo a mi vida diaria. Así que lo pasé en casa y en pijama, sin salir. Realmente me apetecía quedarme en casa, sí.
Mi vida diaria consistirá de ahora en adelante, básicamente en trabajar y estudiar y poco más. Un planazo, pero qué se le va a hacer: es la fecha. Después del merecido parón de las vacaciones (hace varios años que mis vacaciones ya no las dicta la Universidad), el Sábado fue de relax/transición y el Domingo me dio por ponerme a estudiar...
...y claro, me desesperé.
Mucho.
Muchísimo.
Porque tengo el cerebro atrofiado. Está claro. Soy consciente de eso. Me cuesta bastante seguir las explicaciones y demostraciones delmaldito libro, me atasco, tengo que volver atrás, los conceptos me suenan muy lejanos y siento que tardo el doble de tiempo en comprender algo que un par de años atrás lo habría captado a la primera. Sí, hay una gran diferencia entre el "ahora" y el "cuando iba a clase". Mi agilidad mental ha desaparecido. Noto que tengo más dificultades a la hora de asimilar conceptos y de seguir un hilo que antes.
Supongo que es normal, que antes tenía la cabeza sólo en esto y ahora la tengo en mil cosas más. Pero no puedo evitar sentirme más tonta. Quiero creer que es cuestión de tiempo. Me repito a mí misma que en cuanto esta semana coja el ritmo de estudiar varias horas diarias de cara a los exámenes de Febrero la cosa cambiará, de nuevo tendré esta dinámica en la cabeza y todo será más fácil, porque en realidad siempre ha sido así. Pero no estoy segura. Me desespero con más facilidad ahora que antes, porque sé que tengo menos tiempo y creo que tengo menos capacidad.
Tampoco ayuda nada estar estudiando una asignatura que tengo atascada desde el principio de los tiempos. No me gusta nada, los apuntes son un lío y apenas he ido a clase este cuatrimestre por el tema de los horarios. Encima veo los conceptos tan abstractos y tan poco aplicables a la vida real que no puedo echar mano de la lógica que me ha ayudado tanto en otras asignaturas. Así que cuando ayer paraba para descansar un rato, sentía que no me había cundido nada el tiempo, que no lo estaba aprovechando y me enfadé conmigo misma por no ser capaz de despertar mis neuronas.
Apenas avancé en mi magnífico planning confeccionado para rendir al máximo los días que me quedan para el examen, por lo que tuve la sensación de que ya desde el primer día iba retrasada y claro, no es nada positivo. Sacudir la cabeza para alejar los malos pensamientos no funciona. Ni siquiera un zumo de naranja recién exprimido que te traen para animarte. Ni la música que normalmente te llena de positivismo. Sólo te anima ser capaz de hacer un maldito problema tú sola y que la solución además esté bien, claro; y lamentablemente esa situación sólo se dió dos veces en toda la tarde de ayer...
Así que por esa parte estoy un poco alicaída, pero espero que durante esta semana mi cerebro se vaya espabilando poco a poco y que mi ánimo mejore algo en este aspecto, porque además es algo muy importante: estudiar con buen ánimo. Si no, abrir los libros será una pesadilla, y eso NO es una opción.
Después de las vacaciones de la semana pasada, que me supieron a más bien poco, el fin de semana pensé en echar el freno e irme adaptando de nuevo a mi vida diaria. Así que lo pasé en casa y en pijama, sin salir. Realmente me apetecía quedarme en casa, sí.
Mi vida diaria consistirá de ahora en adelante, básicamente en trabajar y estudiar y poco más. Un planazo, pero qué se le va a hacer: es la fecha. Después del merecido parón de las vacaciones (hace varios años que mis vacaciones ya no las dicta la Universidad), el Sábado fue de relax/transición y el Domingo me dio por ponerme a estudiar...
...y claro, me desesperé.
Mucho.
Muchísimo.
Porque tengo el cerebro atrofiado. Está claro. Soy consciente de eso. Me cuesta bastante seguir las explicaciones y demostraciones del
Supongo que es normal, que antes tenía la cabeza sólo en esto y ahora la tengo en mil cosas más. Pero no puedo evitar sentirme más tonta. Quiero creer que es cuestión de tiempo. Me repito a mí misma que en cuanto esta semana coja el ritmo de estudiar varias horas diarias de cara a los exámenes de Febrero la cosa cambiará, de nuevo tendré esta dinámica en la cabeza y todo será más fácil, porque en realidad siempre ha sido así. Pero no estoy segura. Me desespero con más facilidad ahora que antes, porque sé que tengo menos tiempo y creo que tengo menos capacidad.
Tampoco ayuda nada estar estudiando una asignatura que tengo atascada desde el principio de los tiempos. No me gusta nada, los apuntes son un lío y apenas he ido a clase este cuatrimestre por el tema de los horarios. Encima veo los conceptos tan abstractos y tan poco aplicables a la vida real que no puedo echar mano de la lógica que me ha ayudado tanto en otras asignaturas. Así que cuando ayer paraba para descansar un rato, sentía que no me había cundido nada el tiempo, que no lo estaba aprovechando y me enfadé conmigo misma por no ser capaz de despertar mis neuronas.
Apenas avancé en mi magnífico planning confeccionado para rendir al máximo los días que me quedan para el examen, por lo que tuve la sensación de que ya desde el primer día iba retrasada y claro, no es nada positivo. Sacudir la cabeza para alejar los malos pensamientos no funciona. Ni siquiera un zumo de naranja recién exprimido que te traen para animarte. Ni la música que normalmente te llena de positivismo. Sólo te anima ser capaz de hacer un maldito problema tú sola y que la solución además esté bien, claro; y lamentablemente esa situación sólo se dió dos veces en toda la tarde de ayer...
Así que por esa parte estoy un poco alicaída, pero espero que durante esta semana mi cerebro se vaya espabilando poco a poco y que mi ánimo mejore algo en este aspecto, porque además es algo muy importante: estudiar con buen ánimo. Si no, abrir los libros será una pesadilla, y eso NO es una opción.
Ponte a estudiar! Aunque duela... Y es que no queda otra, o empiezas o siempre te va a parecer que eres más burra que un chimpancé.
ResponderSuprimirNos pasa a todos. Después de esta semana de baja, de sillón y pelis, a ver quién es el guapo que me pone a mi la pilas para este mes que me espera (si el guapo está leyendo esto que me las ponga, por favor...)
La verdad es que sí. Ya puedo estar espabilando o me va a dar el ataque de la patata en breves... :(
ResponderSuprimir¿Has cumplido ya tu penintencia? ¿¿Le has rezao unos cuantos padres nuestros a San Google y otros tantos a Jesusito por regalarnos sus creaciones??
ResponderSuprimirJajajaaa... ¿¿¡El ataque de la patata??!
Querido, estoy intentando alejarme de las tentacionesssssss... ¡Que hay que estudiar!
ResponderSuprimirEl ataque de la patata es cuando de repente, sin absolutamente nada que lo motive o provoque, te entra una desesperación increíble que te hace ponerte con ahínco en la situación.