El otro día, una chica del trabajo sufrió un ataque de epilepsia.
Yo me encontraba en mi despacho, cuando oí gritos y un golpe bastante fuerte. No sé qué se me pasó por la cabeza que podía ser aquello, y salí disparada en dirección a un grupo de gente. Supuse que lo que fuera habría pasado allí. A cada paso que daba me iba encontrando con gente que tenía la cara descompuesta y me fuí asustando cada vez más.
Cuando logré apartar a la gente, ví que había una chica en el suelo, convulsionando, y dos chicos y una chica la estaban atendiendo: cuidando de que no se diera ningún golpe con los muebles y sobre todo, procurando que no se mordiera la lengua. Me quedé clavada ahí mirando la escena, y comprobé que alguien estaba llamando a una ambulancia. Después, no hice nada.
Mi intención al ir hacia allí era ayudar. He hecho el curso de primeros auxilios, me sé de memoria qué hay que hacer para atender a alguien que está sufriendo una crisis de epilepsia. Tengo muy claro las prioridades, qué hacer y sobre todo qué NO hacer. Pero no me valen de nada. Cuando llegué allí y ví a la chica en el suelo, convulsionando, con la cara cianótica y los ojos inyectados en sangre, me temblaron las piernas y noté que me ponía blanca enseguida. De lo único que fui capaz fue de asegurarme que habían llamado al 112 y alejar a la gente para dejar espacio vital. De nada más.
Llevo días pensando en eso. Menos mal que había gente que sabía reaccionar y hacer todo lo que hay que hacer en un caso así. Mi cabeza está llena de la teoría, pero está claro que soy incapaz de llevarla a la práctica. No sirve de nada hacer miles de cursos, de saber reconocer síntomas y conocer el protocolo a seguir en una emergencia, si luego te quedas paralizada en el momento más importante.
Luego quise ser buena conmigo misma, y me intenté conceder el beneficio de la duda. ¿Qué habría pasado si realmente no hubiese nadie más que yo en ese momento para hacer algo? ¿Habría reaccionado impulsada por la necesidad del momento o también me habría quedado paralizada viendo sufrir a la otra persona? No lo sé. Quiero creer que en ese caso extremo sí hubiera actuado. Dicen que el miedo que paraliza los sentidos dura sólo un segundo, que luego el instinto es el que toma el mando. ¿Será verdad? Eso espero...
Yo me encontraba en mi despacho, cuando oí gritos y un golpe bastante fuerte. No sé qué se me pasó por la cabeza que podía ser aquello, y salí disparada en dirección a un grupo de gente. Supuse que lo que fuera habría pasado allí. A cada paso que daba me iba encontrando con gente que tenía la cara descompuesta y me fuí asustando cada vez más.
Cuando logré apartar a la gente, ví que había una chica en el suelo, convulsionando, y dos chicos y una chica la estaban atendiendo: cuidando de que no se diera ningún golpe con los muebles y sobre todo, procurando que no se mordiera la lengua. Me quedé clavada ahí mirando la escena, y comprobé que alguien estaba llamando a una ambulancia. Después, no hice nada.
Mi intención al ir hacia allí era ayudar. He hecho el curso de primeros auxilios, me sé de memoria qué hay que hacer para atender a alguien que está sufriendo una crisis de epilepsia. Tengo muy claro las prioridades, qué hacer y sobre todo qué NO hacer. Pero no me valen de nada. Cuando llegué allí y ví a la chica en el suelo, convulsionando, con la cara cianótica y los ojos inyectados en sangre, me temblaron las piernas y noté que me ponía blanca enseguida. De lo único que fui capaz fue de asegurarme que habían llamado al 112 y alejar a la gente para dejar espacio vital. De nada más.
Llevo días pensando en eso. Menos mal que había gente que sabía reaccionar y hacer todo lo que hay que hacer en un caso así. Mi cabeza está llena de la teoría, pero está claro que soy incapaz de llevarla a la práctica. No sirve de nada hacer miles de cursos, de saber reconocer síntomas y conocer el protocolo a seguir en una emergencia, si luego te quedas paralizada en el momento más importante.
Luego quise ser buena conmigo misma, y me intenté conceder el beneficio de la duda. ¿Qué habría pasado si realmente no hubiese nadie más que yo en ese momento para hacer algo? ¿Habría reaccionado impulsada por la necesidad del momento o también me habría quedado paralizada viendo sufrir a la otra persona? No lo sé. Quiero creer que en ese caso extremo sí hubiera actuado. Dicen que el miedo que paraliza los sentidos dura sólo un segundo, que luego el instinto es el que toma el mando. ¿Será verdad? Eso espero...
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