No importa lo que haga el fin de semana. Da igual que la noche anterior duerma mucho o poco. Los Lunes son lo peor.
Sí, porque SIEMPRE que es Lunes voy medio dormida a trabajar. Intento mover el puntero del ratón cogiendo mi móvil que está sobre la mesa (o peor: la grapadora). Me irrito con la tecnología en general porque la impresora no me escupe el informe (lo cual es lógico si tenemos en cuenta que estoy pulsando el icono del diskette en lugar del icono de la impresora, y por cierto que podrían actualizar el icono ese, yo casi ni recuerdo lo que es un diskette). Miro con recelo a los que me dan los buenos días (¿qué tiene de bueno un Lunes?). Parpadeo incrédula ante la cantidad de correos que hay en la bandeja de entrada insinuándome que debería aumentar el tamaño de mi pene (creo que no lo necesito, gracias). Miro fijamente el calendario a ver si ha pasado un milagro y esta semana termina mañana (pero por más que miro después de un Lunes no viene un ansiado Viernes). Pego un respingo cada vez que escucho sonar un teléfono y me saca de mi sopor, que disimulo mirando con extremo interés algún que otro correo insustancial (que ni siquiera sabría decir quién lo ha enviado).
No me gustan los Lunes...

Sí, porque SIEMPRE que es Lunes voy medio dormida a trabajar. Intento mover el puntero del ratón cogiendo mi móvil que está sobre la mesa (o peor: la grapadora). Me irrito con la tecnología en general porque la impresora no me escupe el informe (lo cual es lógico si tenemos en cuenta que estoy pulsando el icono del diskette en lugar del icono de la impresora, y por cierto que podrían actualizar el icono ese, yo casi ni recuerdo lo que es un diskette). Miro con recelo a los que me dan los buenos días (¿qué tiene de bueno un Lunes?). Parpadeo incrédula ante la cantidad de correos que hay en la bandeja de entrada insinuándome que debería aumentar el tamaño de mi pene (creo que no lo necesito, gracias). Miro fijamente el calendario a ver si ha pasado un milagro y esta semana termina mañana (pero por más que miro después de un Lunes no viene un ansiado Viernes). Pego un respingo cada vez que escucho sonar un teléfono y me saca de mi sopor, que disimulo mirando con extremo interés algún que otro correo insustancial (que ni siquiera sabría decir quién lo ha enviado).
No me gustan los Lunes...

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