20 febrero 2008

...POR ARRIBA...

He salido hoy con dolor de cabeza del trabajo, y ya van dos días seguidos.

Cuando tu jefa se levanta con el morro torcido, pues te toca lidiar con que no le parezca bien lo que decides, te discuta tus diseños, te apostille tus afirmaciones, te replique tus argumentos... Es decir, está picajosa la mujer y tú te tienes que aguantar. En teoría, claro, porque la práctica es que no me da la gana de que sea lo que ella dice porque entre otras cosas, no tiene ni idea del día a día (y creo que eso es, con diferencia, lo que más le fastidia de todo). Así que se me va la mañana rebatiéndole su percepción de las cosas porque ella no tiene en cuenta cosas como "las personas".

Lo que ocurre es que yo me desgasto mucho más que ella por varios motivos. Uno es porque tengo que escuchar todo lo que tiene que decir, y siempre es mucho, lo cual agota a cualquiera. Otro factor a tener en cuenta es que sólo puedo aprovechar para hablar cuando ella para una milésima de segundo para coger aire; es entonces cuando intento argumentar mi postura. Pero eso no ocurre muy a menudo (tengo la teoría de que tiene branquias y no necesita callarse para respirar), y al final pasa como una apisanadora sobre mis opiniones terminando la conversación con un camuflado pero MUY CLARO "porque lo digo yo y punto".

El problema viene después, cuando le tengo que trasladar a mi equipo -con el que trabajo todos los días y que S.J. ve una vez al año en el mejor de los casos- las nuevas directrices a seguir. Es decir, esa novedad fantástica que se le ha ocurrido a la mujer a trescientos kilómetros, que no se adapta demasiado bien a la realidad del trabajo que se hace aquí, pero que a pesar de todo cree que es la mejor idea que ha tenido en meses.

Es un problema, y grande, cuando para informar de los cambios (que en la mayoría de los casos son a peor), primero tienes que fingir creer en lo que vas a decir para infundir confianza y seguridad. Lo segundo es ir sacando las cosas positivas (la mayoría de veces son muy escasas, aunque por suerte alguna siempre hay) para hacer hincapié en ellas y enfocar la reunión de la forma menos mala que se me ocurra.

Así que para mañana ya tengo programada una reunión -sólo en mi cabeza, no quiero que nadie se preocupe antes de tiempo-, y me queda toda la tarde para sacar pros, enterrar contras, reforzar argumentos y pensar algo para minimizar el impacto.

Espero al menos tener una tarde insipirada...

1 comentarios:

  1. ¿Por qué todos los jefes son así? ¿Es que lo llevan innato en la sangre? :S
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