27 febrero 2008

A SUS PIES, SEÑORITA

- ¿Te vienes a la city? Tengo que ir esta tarde, te lo digo por si te apuntas...

Medité la decisión durante largo tiempo. Las opciones eran:
a) Tirarme toda la tarde encerrada en la autoescuela de los cojones, haciendo tests amargada del todo, para luego ir a casa a estudiar otro buen rato o hacer cosas peores como limpiar.
b) Aceptar la invitación e ir a la city, pasarme parte de la estupenda tarde de sol paseando, de tiendas, viendo escaparates, tomando café mientras decido si comprar o no esa camiseta tan mona...

Uffff, la cosa estaba complicada. Pero había que decidirse.

Intenté contestar sin que se me notara que de los ojos me salían chispitillas de felicidad ante la perspectiva de no tirarme una tarde más ahogada entre tests. Utilicé una de mis frases favoritas de Los Simpsons (friky que es una, qué le voy a hacer): "¡Acepto a regañadientes!"

- Vale, pues te paso a buscar después del trabajo. Nos vamos directamente.

Sí, salimos directamente del trabajo, con mi ropa del trabajo y sobre todo: mi calzado del trabajo. Es decir: unas botas cerradas con tacón, que me pongo cuando preveo que no voy a andar mucho (porque en la oficina no creo que dé más de doscientos pasos al día). Esas botas serían mi pesadilla TODA la tarde.

La primera en la frente. Aparcamos cerca de donde él tenía que ir, pero lejos del centro. Lejos relativamente, claro, porque llevar puestas unas botas así hace que tu concepto del espacio-tiempo esté trastornado. Me entretuve en mandar un par de mensajes pendientes desde mi móvil mientras andaba para no ser consciente del trecho que me quedaba hasta mi primera parada. Casi sin darme cuenta llegué a la meta, El Corte Inglés, y pensé que las botas no iban a molestarme mucho.

Craso error.

Fui consciente de ello cuando dejé de andar porque subí por las escaleras mecánicas. Al estar quieta, la sangre me bajó a los pies y yo notaba como si el corazón hubiera bajado, se hubiera dividido en dos y se hubiera reubicado en las plantas de mis pies. Los sentía latiendo dentro de las botas y me di cuenta de que no iba a ser capaz de deambular por allí en mi estado. Pensé en que la opción más viable sería descansar un poco sentada, así que me fui a la cafetería a tomarme una Coca-Cola.

Los primeros minutos sentada fueron un horror. Poco a poco la circulación de la sangre se abrió paso de los tobillos para abajo, y casi podía sentir cómo se iban formando ampollas mis pobres pies. Una pesadilla. Apenas pude disfrutar de mi ansiada Coca-Cola.

Cuando me levanté, pensé por un instante que igual si andaba otra vez todo iría bien, pero era un espejismo. En cuando me puse de pie empezaron a dolerme los pies otra vez, pero ahora no iba a parar. No. Al menos andando no era tan consciente del dolor. Así que saqué mi lista de cosas que tenía que comprar y anduve por todas las plantas para mantenerme ocupada. Después me armé de valor y me fui al centro en busca de lo que no había encontrado allí (porque además las dependientas empezaban a mirarme raro). El mundo se diluía a cada paso que daba y quedaba reducido a mis recalentados pies dentro de mis botas. Daba igual: no pensaba parar, porque eso sería la muerte.

En mi estado de desesperación, como premio a mí misma por estar pasando por ese sulpicio, me compré lo que más me consuela en momentos de crisis: braguitas. Braguitas cómodas, de colores. Colgarme de la mano una bolsa con braguitas nuevas tiene la propiedad de hacerme sentir mucho mejor.

Pero ni mis tres braguitas nuevas podían consolarme. Estaba a punto de llorar. No podía evitar mirar pies alrededor mía, embutidos en otras botas incluso peores que las que yo llevaba y no era capaz de entender cómo alguien voluntariamente querría calzar algo así para pasar toda la tarde andando por el centro.

Desvié la vista pero se quedó fija en el escaparate de una zapatería, hipnotizada con unas Nordika's mullidas y suaves que NO estaban en mis pies y tuve que refrenarme las ganas de entrar, comprármelas al precio que fuera y ponérmelas ahí mismo. No lo soportaba más.

Y justo cuando barajaba la posibilidad de autoamputarme los pies a mordiscos, me sonó el móvil...

- ¿Dónde estás? Estoy dentro del coche. Voy a buscarte y nos vamos a casa.

Los milagros existen.

15 comentarios:

  1. uy esa desesperacion la he tenido yo alguna vez que otra..tengo mala suerte con los pies porque en general me duelen un monton y solo puedo ponerme tacones cuando voy a poder sentarme frecuentemente, como dices tu.ir de compras es un mal momento, sí!
    tenlos dos horas en agua calentita y como nuevos!!un besazo

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  2. A mi me pasa q en verano me sudan muchisimo los pies y cuando ando bien, pero cuando me paro noto como un requemor en la planta q echo chispas vamos... Q mal rato paso :S

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  3. Cuando llegué a casa y me quité las botas, no me lo podía creer. Metí los pies en un chisme de esos para los pies, con agua templadita y burbujillas.

    Pero menuda tarde... :(

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  4. Yo soy de un despistado que da miedo verme... y no ha sido la primera, ni la segunda, ni la tercera vez ya que me he ido a casa calzado con botas de seguridad.

    Y así tienen los pedales luego un tacto raro al conducir...

    ¿Comprarse braguitas consuela? Habrá que probar...

    Y sí, los milagros existen.

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  5. Tía, que poco suelta te veo... eso aprovechas, y te compras unas bambas (o zapatillas que decís por ahí).

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  6. THE SEEKER, a mí me consuela, no garantizo que a ti también. :)

    QUERIDA, ni muerta iba a entrar a una zapatería y quitarme las botas delante de nadie. El estado de mis pies era francamente dramático. :(

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  7. ¿Ves? si hubieses seguido cumpliendo con tu proyecto beta no hubiese pasado nada, eso, que lo sepas, es castigo verbenero (que es como el castigo divino pero putea menos).

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  8. Pues que sepas que sois MUY crueles. :(

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  9. Si fuesemos mui crueles hubiesemos hecho que un coche de autoescuela te hubiese pisado los pies... y no lo hicimos ¿no? pues ya esta, es un justo castigo :P

    Es más un coche de TU autoescuela.

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  10. Creedme: NO hubiera sido peor. Además, dudo que lo hubiera sentido... :p

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  11. Voto por la propuesta de Querida E. Otra vez, aprovechas y te compras unas zapatillas. Descubrirás que no solo existen los milagros: también la felicidad.

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  12. Siii!!! No soy la única a la que le pasa esto... GRACIAS!!!

    Y lo peor de todo es cuando la gente te dice: "¿Vas coja?" Nooo, voy jodida!!! xDDD

    Menos mal que al final te salvaron, eh??

    Un besitooo

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  13. Joer, lo del coche es casi como una aparición divina. Pocas cosas hay tan insufribles como unos zapatos con mala uva.

    Besos!

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  14. PIMKIE, de verdad, no hubiera sido nada recomendable descalzarme para probarme unas deportivas. Además, tengo dos o tres pares en casa...

    A COOL GIRL, es una experiencia horrible que NO se volverá a repetir.

    MESCALINO, y que lo digas. Yo creo que en lugar del MP3 de mi móvil sonaron las Trompetas Celestiales y todo.

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  15. Por cierto, el que antes escribió como Plutón era yo... pero con la cuenta que no era :)

    P.D.: No lo hubieras sentido en los pies, pero si en la conciencia ;) .

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