Llevaba unos días tensa, pero no era consciente de que lo estuviera tanto.
Y esta tarde estallé.
Y lo siento.
Estallé en forma de un torrente de lágrimas incontroladas que se empujaban las unas a las otras y me desbordaban los ojos. Me escocían las mejillas su paso y me temblaban los hombros por los sollozos. Menos mal que me pilló en casa, a salvo.
El detonante quizá fue una tontería, pero siempre hay algo, aunque sea ínfimo, que nos hace darnos cuenta de que no podemos más.
Estuve barajando durante varios días cual sería la mejor opción para que mi niño se pudiera ir unos días a casa debido a unos asuntos personales. Mi mayor fijación era escuchar sus necesidades y mirar de qué manera podía arreglarlo en el trabajo para que pudiera disfrutar de los máximos días de permiso. Lo único que quería era quitarle esa preocupación de encima, simplemente que no tuviera que pensar en eso. Ocuparme yo de ese tema, que es lo único que podía hacer...
Para no tomarme un poco la justicia por mi mano, pregunté, por puro trámite, si lo que había pensado (y de sobra sabía que podía hacerse porque me había basado en las normas de la empresa y en casos anteriores), era viable. ¿Por qué lo hice así? Para curarme en salud, ir sobre seguro, y que nadie pensara que se había algún trato de favor por alguna parte.
Para mi sorpresa, me responden por correo electrónico que no es posible. Releo la respuesta y me doy cuenta de que claramente no han leído mi pregunta, porque ni siquiera estaban contestando a lo que yo había planteado. Como había asistido a una reunión muy tensa que ocupó la gran mayoría de mi jornada laboral, echo mano del Plan B: le tramito unas vacaciones semi-urgentes para que pueda irse a casa esta misma tarde, in-extremis y encima metiendo prisa a los de Administración porque es tardísimo. Por fin consigo la autorización y me aseguro de que los dos días siguientes mi niño pueda estar con su familia.
Arreglado un frente, llamo por teléfono para ver el motivo por el que no se puede disfrutar de un permiso que por ley le pertenece. Me atienden desde la sede central y me dan la respuesta que yo sabía que era la correcta. "Han debido entenderte mal", me dicen. Vale, entonces me quedo tranquila porque en teoría, tiene más días... Al menos puedo irme a casa con una buena noticia.
Pero al llegar a casa, me llaman del trabajo diciendo que han mandado un correo desdiciendo lo que me habían confirmado por teléfono no hacía ni media hora. Entonces estallo. Estallo por la tensión, porque no entiendo este juego, porque cuando más me importa algo más dificultades encuentro, porque cuanto mejor quiero hacer las cosas más trabas me ponen, porque por querer ser legal obtengo el efecto contrario. Me arrepiento al instante de querer ir por el buen camino. Realmente hubiera sido más fácil dejarlo estar, autorizarlo yo misma (porque puedo) y no dar más explicaciones; seguramente nunca nadie me las habría pedido. Pero no. Es la segunda vez que me pasa: cada vez que quiero ir por el lado bueno, resulta que tendría que haber sido "más lista". Pues no lo entiendo. Cuanto más me esfuerzo por separar lo personal de lo profesional, peor me salen las cosas; y ya no sé qué es lo mejor.
He pasado disgustada buena parte de la tarde, hasta que por fin se me han despejado un poco las ideas y al menos me he dado cuenta de que lo prioritario estaba conseguido: mi niño se había ido a casa y yo tengo dos días de margen para luchar con las ideas claras y conseguir lo que le corresponde.
Lo único que me sabe mal es haberme puesto así delante de mi niño, ser una preocupación más para él cuando lo que yo quiero es justo lo contrario. Al menos me consuela saber que me conoce y que me ha entendido (con dificultad) cuando entre hipo e hipo le he dicho que estoy bien, sólo que algo nerviosa por todo y que cuando se me tuercen las cosas en momentos claves no reacciono muy serenamente que digamos.
Es una manera suave de decir que soy un desastre...
Y esta tarde estallé.
Y lo siento.
Estallé en forma de un torrente de lágrimas incontroladas que se empujaban las unas a las otras y me desbordaban los ojos. Me escocían las mejillas su paso y me temblaban los hombros por los sollozos. Menos mal que me pilló en casa, a salvo.El detonante quizá fue una tontería, pero siempre hay algo, aunque sea ínfimo, que nos hace darnos cuenta de que no podemos más.
Estuve barajando durante varios días cual sería la mejor opción para que mi niño se pudiera ir unos días a casa debido a unos asuntos personales. Mi mayor fijación era escuchar sus necesidades y mirar de qué manera podía arreglarlo en el trabajo para que pudiera disfrutar de los máximos días de permiso. Lo único que quería era quitarle esa preocupación de encima, simplemente que no tuviera que pensar en eso. Ocuparme yo de ese tema, que es lo único que podía hacer...
Para no tomarme un poco la justicia por mi mano, pregunté, por puro trámite, si lo que había pensado (y de sobra sabía que podía hacerse porque me había basado en las normas de la empresa y en casos anteriores), era viable. ¿Por qué lo hice así? Para curarme en salud, ir sobre seguro, y que nadie pensara que se había algún trato de favor por alguna parte.
Para mi sorpresa, me responden por correo electrónico que no es posible. Releo la respuesta y me doy cuenta de que claramente no han leído mi pregunta, porque ni siquiera estaban contestando a lo que yo había planteado. Como había asistido a una reunión muy tensa que ocupó la gran mayoría de mi jornada laboral, echo mano del Plan B: le tramito unas vacaciones semi-urgentes para que pueda irse a casa esta misma tarde, in-extremis y encima metiendo prisa a los de Administración porque es tardísimo. Por fin consigo la autorización y me aseguro de que los dos días siguientes mi niño pueda estar con su familia.
Arreglado un frente, llamo por teléfono para ver el motivo por el que no se puede disfrutar de un permiso que por ley le pertenece. Me atienden desde la sede central y me dan la respuesta que yo sabía que era la correcta. "Han debido entenderte mal", me dicen. Vale, entonces me quedo tranquila porque en teoría, tiene más días... Al menos puedo irme a casa con una buena noticia.
Pero al llegar a casa, me llaman del trabajo diciendo que han mandado un correo desdiciendo lo que me habían confirmado por teléfono no hacía ni media hora. Entonces estallo. Estallo por la tensión, porque no entiendo este juego, porque cuando más me importa algo más dificultades encuentro, porque cuanto mejor quiero hacer las cosas más trabas me ponen, porque por querer ser legal obtengo el efecto contrario. Me arrepiento al instante de querer ir por el buen camino. Realmente hubiera sido más fácil dejarlo estar, autorizarlo yo misma (porque puedo) y no dar más explicaciones; seguramente nunca nadie me las habría pedido. Pero no. Es la segunda vez que me pasa: cada vez que quiero ir por el lado bueno, resulta que tendría que haber sido "más lista". Pues no lo entiendo. Cuanto más me esfuerzo por separar lo personal de lo profesional, peor me salen las cosas; y ya no sé qué es lo mejor.
He pasado disgustada buena parte de la tarde, hasta que por fin se me han despejado un poco las ideas y al menos me he dado cuenta de que lo prioritario estaba conseguido: mi niño se había ido a casa y yo tengo dos días de margen para luchar con las ideas claras y conseguir lo que le corresponde.
Lo único que me sabe mal es haberme puesto así delante de mi niño, ser una preocupación más para él cuando lo que yo quiero es justo lo contrario. Al menos me consuela saber que me conoce y que me ha entendido (con dificultad) cuando entre hipo e hipo le he dicho que estoy bien, sólo que algo nerviosa por todo y que cuando se me tuercen las cosas en momentos claves no reacciono muy serenamente que digamos.
Es una manera suave de decir que soy un desastre...
Mira, el objetivo principal lo has conseguido, todo lo demás es secundario, así que se acabó el problema y a sonreir!
ResponderSuprimirPor otro lado, creo que casi todos alguna vez hemos sentido esa sensación de pensar que nos hubiera ido mejor siendo un poco más "malos", pero piensa que tú has ido por el camino correcto y tienes la conciencia tranquila.
Salud y fuerza!
Bueno, el objetivo principal sí, pero lo que aún no he conseguido es lo que realmente le pertenece: de momento tiene cuatro días (dos de vacaciones + dos libranzas) cuando en realidad le corresponderían ocho (los otros cuatro son del permiso). Pero mañana retomaré el tema, y a ver qué pasa.
ResponderSuprimirSí, la conciencia tranquila, ¡y los ojos hinchados! :)
Gracias por la fuerza. :D
Me parece muy fuerte q te llamen al rato para desmentirte lo q un rato antes te dijeron por telefono... Parece ser que las empresas no entienden de necesidades personales.
ResponderSuprimirYo tengo cada vez mas claro que como vayas de legal en esta vida te la meten doblada por todos lados. Si eres bueno q eres tonto, si eres un cabron pues eso, q lo eres, pero es curioso q en el segundo caso te hacen mas caso q en el primero.
Ánimo y mucha suerte!!! ;)
Lo malo es que para la próxima vez, seguramente actuaré igual que ahora y no habré aprendido nada. :(
ResponderSuprimirEs normal que te hayas sentido así... debe dar mucho impotencia que te hagan eso...
ResponderSuprimirEn temas de trabajo, como bien has dicho, hay que ser lista porque siempre intentan jorobarte... lo digo por experiencia.
Espero que estés bien.
Un besitooo
no eres un desastre, eres humana... y tienes que estallar, no pasa nada! ánimos.
ResponderSuprimirA COOL GIRL, es que lo que yo no quiero es ser legal y antes de hacer algo que no es de mi área, pues pregunto. Si es que me he repetido una y mil veces que yo he seguido la línea que me marcan mis superiores, pero no quita que me sienta fatal. Pero sí, ahora estoy mejor. ¡Gracias! Besos a ti también.
ResponderSuprimirQUERIDA, gracias. Si no me importa estallar, pero hubiera preferido hacerlo a solas y no entristecer a mi niño, claro. :) You know!