21 febrero 2008

...Y POR ABAJO...

En general, las reuniones de equipo me parecen encerronas, más incluso para mí que para ellos -aunque por supuesto esa percepción sólo la tengo yo-.

De entrada, el anuncio de una reunión en la que participe todo el mundo es acogido aquí como un anticipo de catástrofe, así que su actitud es reacia ya de entrada. Un muro de hielo, vamos. Después, cuando empieza la reunión y paso a comentar los cambios que tendremos a partir de Marzo, las caras largas no se relajan. Y no se tensan más porque no pueden, claro.

El segundo punto es cuando comienzan los bombardeos de inconvenientes (siempre son un mínimo de diez factores en contra, a mí nunca se me ocurren tantos), que tengo que ir esquivando según me vienen, y no siempre estoy preparada al 100% para dar una respuesta. Aún no he mejorado esto.

Encima, está el agravante de que en el fondo, estoy de acuerdo con bastantes cosas de las que me dicen, por eso antes de la reunión ya he discutido casi todo lo que me trasladan para poderles dar una solución que normalmente no es del agrado de nadie.

Según va trascurriendo la reunión, intento darle otro giro más positivo e ir metiendo ejemplos prácticos para que vean que no se trata de ninguna catástrofe insalvable. También echo mano de anécdotas para arrancar alguna sonrisa, y menos mal que sí lo consigo en la mayoría de las ocasiones, porque si no sería insufrible.

También procuro dar toda la información que puedo -me permiten, vamos- para que entiendan el por qué de las decisiones, pero como no es "toda la verdad", tampoco se quedan muy conformes. A veces sí ha bastado para que se asuma mejor una decisión, pero no es lo habitual.

Al final, las reuniones acaban con caras de resignación e incluso alguna sonrisa. Pero no siempre es así, como hoy, por ejemplo. El anuncio de un nuevo servicio y los cambios en los grupos de trabajo que esta novedad va a provocar parecía que era el fin del mundo tal y como lo conocen.

Lo malo es que aún no he aprendido a hacer que los componentes de mi equipo enfoquen los cambios de manera positiva: tienden a pensar siempre lo peor. Las personas que en este caso concreto se han visto afectadas y que tienen que cambiar de servicio opinan que es un castigo. Me dicen que el hecho de dejar su proyecto y hacerse cargo de uno nuevo es algo negativo, aunque les haya dicho por activa y por pasiva que no lo es. Les he argumentado que contamos con gente que sea válida y todoterreno para comenzar un nuevo servicio, y que si no se confiara en ellos no estarían en el equipo, o no se les daría la oportunidad de empezar un proyecto desde cero si no los viéramos preparados -aunque eso no es toda la verdad, si he de ser honesta-.

En el fondo (y no muy en el fondo) les entiendo porque cuando me cambiaron a mí, también pensé que era "una degradación", aunque luego haya cambiado mi actitud. Pero desde luego, yo no me puse tan funesta en la versión oficial (la versión extraoficial se puede leer aquí, en capítulos anteriores).

Pero lo que me fastidia no es que sean tan negativos, porque están en su derecho de contarme qué les parecen los cambios y se lo agradezco, sino que su único malestar radique en la frase "yo es que antes estaba muy a gusto". No en que piensen que no están preparados para un nuevo proyecto, u otro motivo, sino que se basan en la mera comodidad y en el costumbrismo. Eso sí me fastidia. Mucho. Porque además, luego, a la hora de incentivarlos, cuando S.J. nos pregunta por el grado de implicación y dinamismo de la gente (que eso se valora aquí mucho), pues ahí estamos... que no sabemos a veces cómo vamos a salir...

Lo peor de todo es que como ya de entrada sabía que se lo iban a tomar fatal, he preferido no hacer mención de los resultados un poco flojos de algunos componentes del equipo para no terminar de hundirles, así que me lo apunto para una próxima reunión.

Lo que no saben es que después de estas reuniones, a veces soy yo la que salgo peor parada porque ellos son doce personas y yo sólo una (o dos si tengo apoyo), luchando contra todos los inconvenientes y jugando con mil factores para intentar perjudicar lo menos posible al personal de mi equipo... Pero siento en una batalla siempre perdida de antemano, y que nunca voy a hacer algo del agrado no ya de todos, sino siquiera de la mayoría. A veces llego a casa con los ojos llenos de lágrimas, de ver que el trabajo y el empeño que pongo no se ve. Pero eso no lo sabe nadie más que yo.

Qué poco me gusta esta parte de mi trabajo...

3 comentarios:

  1. A la gente le cuesta mucho cambiar, y si encima antes de el supuesto cambio estas agusto... muchísimo más, aunque te digan que luego vas a estar mejor, pero es una cosa que a la gente nos cuesta asumir, es por eso que a veces no cortamos una relación, no cambiamos de trabajo, etc etc, porque se hace muy cuesta arriba pensar en empezar de nuevo en algo (aunque al final sea mas cuesta arriba el pensarlo que el hacerlo).
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  2. "...aún no he aprendido a hacer que los componentes de mi equipo enfoquen los cambios de manera positiva: tienden a pensar siempre lo peor."

    No te desanimes.

    Como un día comentaba con ada gavner(que es como he llegado aquí, creo), lo que tu apuntas en esa frase se ha convertido en una verdadera ciencia: "Change Management". Y dentro del mundo de las nuevas tecnologías(no se por que coño le llaman así) es todavía mas complicado, por que efectivamente, este es un entorno muy dinámico. Desde luego el hecho de que se cuente con ellos(el eauipo) solo a la hora de ejecutar el cambio, pero no a la hora de analizarlo y decidirlo, es lo peor, por que no es "su" cambio.
    Pero lo dicho, es una verdadera ciencia.
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  3. Una ciencia y una comedura de tarro, claro. De todas formas, he estado mirando unos cursillos on-line de técnicas para enfrentarse a este tipo de situaciones. A ver si alguno me convence y me ayuda. :)

    ¡Ah! Y bienvenido. :D
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