No soy una chica 10, eso lo tengo claro. La buena noticia es que estoy a 10 euros de poder serlo.
Menos mal que hay una asociación granadina, la Asociación Alfaguara, que pone a disposición de las chicas universitarias un curso que te enseña las cosas básicas que una joven de hoy en día debe saber para ser una mujer perfecta.
He descubierto que me fallan los principios básicos para ser una mujer 10 el día de mañana.
Por ejemplo, mi tortilla de patatas está buena, sí, pero no es sublime como por ejemplo la de mi abuela, que lleva años y años a sus espaldas preparando tortillas de patatas para su marido, sus hijas y ahora sus nietos. Cuando yo quiero hacer una tortilla de patatas, pues seguramente será después de haber estado ocho horas trabajando, alguna que otra en clase (en la Universidad o en la autoescuela), puede que antes me haya pasado por el gimnasio o el supermercado, y al llegar a casa haya tenido que recoger las cosas, tender una lavadora, o fregar los platos. Después me pondré a hacer una tortilla de patatas (que no sé si la Asociación Alfaguara calificaría de "buena") para cenar o bien para llevármela en una fiambrera al día siguiente al trabajo para almorzar allí.
Otro fallo importante es que no sé coser el bajo de un pantalón. Bueno, quizá lo pueda hacer, pero no garantizo el resultado, más bien pasará por un apaño temporal que me saque del paso en un momento dado. Lo más seguro es que si en la misma tienda de ropa no han hecho el arreglo antes de comprarlo, acabe llevándole el pantalón a mi madre o a mi abuela, quienes seguramente me coserán el bajo con tal perfección que me aguantará todos los trotes que quiera darle y no se notará nada.
Tampoco sé si compro de manera inteligente. Normalmente hago una lista de las cosas que necesito, voy a una tienda, miro los productos, consulto la información nutricional, inspecciono el envase o el aspecto de lo que quiera comprar, busco el equilibrio calidad-precio y tomo una decisión. A veces peco un poco y se me cae al carrito algún producto que no puede calificarse de "sano" pero que estará muy rico, y confieso que no siento ni una pizca de culpabilidad. Me sé las técnicas de las grandes superficies en cuanto a colocación de productos, y música ambiental que induce al consumismo y creo que no caigo en esas trampas, pero no sé si a la Asociación Alfaguara eso le parecerá inteligente.
Hoy por fin he descubierto que estos tres puntos son los que me impedirán ser una mujer perfecta el día de mañana. Mi tortilla de patatas, los bajos de mis pantalones y mi lista de la compra.
Agradezco profundamente que haya asociaciones que se preocupen de esto y ofrezcan la posibilidad de arreglar el desaguisado en una semana y por diez euros. Seguramente, si hago el curso, el Sábado siguiente seré una superwoman de cuidado y podré vivir tranquila, sin agobios y feliz, porque seré todo lo que exige la sociedad hoy en día a las mujeres. No me sentiré discriminada en absoluto porque me quieran reducir a un ama de casa, valorando sólo mi valía en las tareas domésticas, ni porque no se tenga en cuenta en absoluto mi preparación para el ámbito laboral, o mi validez como persona a la hora de calificarme como una mujer 10...
¿O quizá sí?
EDITO: Como me preocupa que el curso acabe y el enlace no sirva, he hecho una captura del anuncio del curso, con sus letras en rosa y todo, para subirla aquí e inmortalizar el momento para la posteridad...

Menos mal que hay una asociación granadina, la Asociación Alfaguara, que pone a disposición de las chicas universitarias un curso que te enseña las cosas básicas que una joven de hoy en día debe saber para ser una mujer perfecta.
He descubierto que me fallan los principios básicos para ser una mujer 10 el día de mañana.
Por ejemplo, mi tortilla de patatas está buena, sí, pero no es sublime como por ejemplo la de mi abuela, que lleva años y años a sus espaldas preparando tortillas de patatas para su marido, sus hijas y ahora sus nietos. Cuando yo quiero hacer una tortilla de patatas, pues seguramente será después de haber estado ocho horas trabajando, alguna que otra en clase (en la Universidad o en la autoescuela), puede que antes me haya pasado por el gimnasio o el supermercado, y al llegar a casa haya tenido que recoger las cosas, tender una lavadora, o fregar los platos. Después me pondré a hacer una tortilla de patatas (que no sé si la Asociación Alfaguara calificaría de "buena") para cenar o bien para llevármela en una fiambrera al día siguiente al trabajo para almorzar allí.
Otro fallo importante es que no sé coser el bajo de un pantalón. Bueno, quizá lo pueda hacer, pero no garantizo el resultado, más bien pasará por un apaño temporal que me saque del paso en un momento dado. Lo más seguro es que si en la misma tienda de ropa no han hecho el arreglo antes de comprarlo, acabe llevándole el pantalón a mi madre o a mi abuela, quienes seguramente me coserán el bajo con tal perfección que me aguantará todos los trotes que quiera darle y no se notará nada.
Tampoco sé si compro de manera inteligente. Normalmente hago una lista de las cosas que necesito, voy a una tienda, miro los productos, consulto la información nutricional, inspecciono el envase o el aspecto de lo que quiera comprar, busco el equilibrio calidad-precio y tomo una decisión. A veces peco un poco y se me cae al carrito algún producto que no puede calificarse de "sano" pero que estará muy rico, y confieso que no siento ni una pizca de culpabilidad. Me sé las técnicas de las grandes superficies en cuanto a colocación de productos, y música ambiental que induce al consumismo y creo que no caigo en esas trampas, pero no sé si a la Asociación Alfaguara eso le parecerá inteligente.
Hoy por fin he descubierto que estos tres puntos son los que me impedirán ser una mujer perfecta el día de mañana. Mi tortilla de patatas, los bajos de mis pantalones y mi lista de la compra.
Agradezco profundamente que haya asociaciones que se preocupen de esto y ofrezcan la posibilidad de arreglar el desaguisado en una semana y por diez euros. Seguramente, si hago el curso, el Sábado siguiente seré una superwoman de cuidado y podré vivir tranquila, sin agobios y feliz, porque seré todo lo que exige la sociedad hoy en día a las mujeres. No me sentiré discriminada en absoluto porque me quieran reducir a un ama de casa, valorando sólo mi valía en las tareas domésticas, ni porque no se tenga en cuenta en absoluto mi preparación para el ámbito laboral, o mi validez como persona a la hora de calificarme como una mujer 10...
¿O quizá sí?
EDITO: Como me preocupa que el curso acabe y el enlace no sirva, he hecho una captura del anuncio del curso, con sus letras en rosa y todo, para subirla aquí e inmortalizar el momento para la posteridad...
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