04 abril 2008

BAD HAIR DAY

06:30 - Suena el despertador. Le doy un manotazo para apagarlo y sigo durmiendo.

06:39 - Suena el despertador. Le doy un manotazo para apagarlo y sigo durmiendo.

06:48 - Suena el despertador. Le doy un manotazo para apagarlo y sigo durmiendo.

06:57 - Suena el despertador. Le doy un manotazo para apagarlo y sigo durmiendo.

07:06 - Suena el despertador. Le doy un manotazo para apagarlo y sigo durmiendo.

07:15 - Suena el despertador. Le doy un manotazo para apagarlo y sigo durmiendo.

07:24 - OhMyGod.

Me muevo con cierta dificultad porque estoy como pegada a las sábanas, noto que la fuerza gravitatoria de la cama interactúa con el cansancio que tengo acumulado en mis células corporales. Estoy espesísima y alarmada a la vez, viendo que es MUY tarde y que tengo el tiempo justísimo si no quiero llegar a las tantas al trabajo.

Para cuando me doy cuenta de que es temporalmente imposible darme una ducha, el reloj ha avanzado un poco más, así que me visto con lo segundo que me encuentro en el montón de ropa de encima de la silla (lo primero no, que era un albornoz y eso es demasiado informal para el trabajo) y me aseo. El último paso es el pelo, que lavé ayer y aún está medianamente limpio.

Sí, limpio sí, pero ese no es el adjetivo que me preocupa.

El adjetivo que me preocupa es: rebelde.

Los rizos están cada uno por su lado, disparados en todas las direcciones y mi cabeza parece la de Medusa. Imposible dejármelo suelto. Intento controlar el halo encrespado de mi cabeza con una diadema. Mal. Después con un pañuelo más ancho. Mal. Me decido por una coleta baja. Mal. Ahora con una alta. Mal. Y entonces decido la estrategia a seguir.

Divide y vencerás.

Descubro que la parte problemática, en realidad, son las capas cortas de alrededor de mi cara. Con lo demás no hay problemas, así que me hago un recogido desenfadado, pero lo que hay que hacer ahora es arreglar el resto de caos. Me los recojo todos los rizos cortos arriba y me los sujeto con una mano: no queda mal. Pero claro, la mano no puede quedarse allí y la tengo que sustituir por horquillas.

Sólo me quedan unas pequeñas y de colores, muy poco manejables y menos con prisas y mucho menos si encima estás espesísima como yo en esos momentos. Coloco dos que me sirven para medio sujetar el invento. Pero pongo dos más de refuerzo porque aquello apenas aguantaría. Luego pongo otras dos para apuntalar el resultado, que no me termina de convencer.

Lo deshago todo y vuelvo a empezar.

De nuevo el mínimo de horquillas colocadas son seis (no quiero pensar en el máximo). No puedo verme el resultado desde la perspectiva que me gustaría, así que palpo la maraña de rizos y horquillas de colores que tengo sobre la cabeza y la imagen que se forma en mi mente no es muy alentadora. Creo que está MUY a lo mecawendiez, aunque de frente el resultado es mínimamente aceptable.

Pues así se va a quedar porque no tengo más tiempo.

Sólo lo intento una vez más...

Idéntico horrible resultado. Pero ahora sí que de verdad no tengo más tiempo.

Salgo de casa de muy mal humor. Odio tener un bad hair day. Me da rabia ser tan poco mañosa en esos menesteres. Mi grado de sofisticación está en unidades negativas y el Universo podría ayudarme un poco, digo yo. Al menos antes con una goma del pelo y gomina se podía arreglar casi cualquuier cosa, pero desde la última vez que dejé que mi peluquera hiciera lo que quisiera...

Pues no pienso salir del despacho en todo el día, ea.

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