Han pasado ya tres días desde que abandoné el paraíso.
Jo.
Intento recrear otra vez la tranquilidad de la que disfruté el fin de semana. La lluvia no dio tregua, pero no me importó en absoluto. Me limité a disfrutar de la habitación calentita y del sonido de la lluvia cayendo sobre los árboles, tumbada en la cama mirando el techo abuhardillado revestido de madera, hasta que me quedé dormida de puro relax. Me hizo feliz el simple hecho de abrir la ventana y oler a tierra mojada. Me encantó sentir el aire frío pero limpio en la cara. Me puso de buen humor escuchar pájaros a escasos metros de la ventana. Me sentó genial un paseo matutino por los valles de la sierra, aunque estuviera nublado y lloviendo, pero la luz era especial, los sonidos únicos... Por no hablar de las croquetas de chocolate, la leche frita y una comida exquisita en general.

El problema es que la vuelta a la rutina sólo merece el calificativo de brutal. No sé en otros trabajos, pero en el mío, el Lunes tiene una carga de trabajo difícil de llevar por dos personas, pues una ya ni te cuento. Estuve hasta arriba de trabajo todo el día, pero lo que peor llevé fue que mi equipo, en lugar de apoyarme y dejarme un poco tranquila, se dedicó a tocarme los cojones (en bloque) y a presionarme. Lo que no hacen nunca, debieron pensar que era una buena idea empezar precisamente este Lunes.
El resultado fue un par de contestaciones mías bastante bordes y un gran berrinche por mi parte, con llorera de rabia incluida. Esa misma rabia me hizo quedarme dos horas más de mi jornada para acabarlo todo y que nadie me pudiera decir nada. Sé que no debería importarme en absoluto, que si las tareas no se terminan un Lunes ya se acabarán un Martes (o el Miércoles, o el Jueves...), que me he quedado sola y que no soy SuperWoman, peeeeeeeeeeero... Soy así de terca y orgullosa, qué le vamos a hacer. Sólo yo salgo perdiendo, es verdad. Normalmente hubiera cerrado la puerta y me hubiera ido a casa importándome tres pepinos todo, pero esta vez no fui capaz.
Así que ayer llevaba la resaca emocional del berrinche del Lunes, que se tradujo en un cansancio impresionante ¡un Martes! Todo un récord. Me encontré con mi equipo bastante suavón, después de verle las orejas al lobo el día anterior, pero era demasiado tarde porque el berrinche lo tenía ya a mis espaldas. Lo bueno es que me dejaron en paz y puede hacerlo todo a tiempo, incluso salí a mi hora.
Hoy sólo le pido al Miércoles que pase tranquilo. Mañana ya viene M.J., y llevo toda la mañana barajando la posibilidad de pedirme mañana el día libre, simplemente para descansar (ni siquiera con vistas a unirlo al fin de semana). Pero no sé qué hacer, ni si me dejarán tomármelo, claro. De momento, todo está tranquilo, y sobre todo, recordando este fin de semana, las cosas parece que mejoran por momentos...
Jo.
El problema es que la vuelta a la rutina sólo merece el calificativo de brutal. No sé en otros trabajos, pero en el mío, el Lunes tiene una carga de trabajo difícil de llevar por dos personas, pues una ya ni te cuento. Estuve hasta arriba de trabajo todo el día, pero lo que peor llevé fue que mi equipo, en lugar de apoyarme y dejarme un poco tranquila, se dedicó a tocarme los cojones (en bloque) y a presionarme. Lo que no hacen nunca, debieron pensar que era una buena idea empezar precisamente este Lunes.
El resultado fue un par de contestaciones mías bastante bordes y un gran berrinche por mi parte, con llorera de rabia incluida. Esa misma rabia me hizo quedarme dos horas más de mi jornada para acabarlo todo y que nadie me pudiera decir nada. Sé que no debería importarme en absoluto, que si las tareas no se terminan un Lunes ya se acabarán un Martes (o el Miércoles, o el Jueves...), que me he quedado sola y que no soy SuperWoman, peeeeeeeeeeero... Soy así de terca y orgullosa, qué le vamos a hacer. Sólo yo salgo perdiendo, es verdad. Normalmente hubiera cerrado la puerta y me hubiera ido a casa importándome tres pepinos todo, pero esta vez no fui capaz.
Así que ayer llevaba la resaca emocional del berrinche del Lunes, que se tradujo en un cansancio impresionante ¡un Martes! Todo un récord. Me encontré con mi equipo bastante suavón, después de verle las orejas al lobo el día anterior, pero era demasiado tarde porque el berrinche lo tenía ya a mis espaldas. Lo bueno es que me dejaron en paz y puede hacerlo todo a tiempo, incluso salí a mi hora.
Hoy sólo le pido al Miércoles que pase tranquilo. Mañana ya viene M.J., y llevo toda la mañana barajando la posibilidad de pedirme mañana el día libre, simplemente para descansar (ni siquiera con vistas a unirlo al fin de semana). Pero no sé qué hacer, ni si me dejarán tomármelo, claro. De momento, todo está tranquilo, y sobre todo, recordando este fin de semana, las cosas parece que mejoran por momentos...
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