El cuarto o quinto día de mi dolor de muelas (el tiempo pasa de manera distinta cuando tienes la boca hinchada), algo más calmada estaba ya. Tenía la Zona Cero bastante dolorida, y se podría decir que ya me había acostumbrado. Nos respetábamos mutuamente: yo no la tocaba, y ella no me dolía. Una salida pacífica, por llamarlo de alguna manera.
Por la tarde, estábamos mi chico y yo tumbados en el sofá, viendo una serie. La postura era un acoplamiento cómodo, hacía un rato que no hablábamos porque estábamos pendientes de la pantalla y el único movimiento que de vez en cuando hacíamos era para estar más cómodos o taparnos con la mantita. La estampa de la tranquilidad, vamos.
Como hace muchas veces, mi chico decide hacerme un gesto cariñoso. Normalmente me abraza con más fuerza, o se pone a acariciarme un pie, o me da un beso en la tripa. Pero esta vez decide innovar.
Dirige un dedito a mi mejilla.
A mi dolorida mejilla (la que le viene más a mano, sí).
La presiona y dice: "¡Hola!"
Pego un salto acompañado de un alarido de dolor. Con el inocente gesto ha despertado a la bestia. Sé que ni se acordaba de que me dolía la muela, pero no se me ocurre una innovación más inoportuna. Me mira con cara de pena pidiéndome perdón frenéticamente. Y a mí me da la risa, que suena fatal mezclada con el aullido, y se me saltan las lágrimas, sin saber si es por el dolor o por la risa. Mi chico está desconcertadísimo, claro. Al final se me calma el dolor y sólo queda la risa y un par de lagrimillas corriendo por mi mejilla hinchada.
Si es que a veces no es bueno innovar, aunque sea desde el cariño... ¿No le valía un inocente e indoloro abrazo, eh?
Por la tarde, estábamos mi chico y yo tumbados en el sofá, viendo una serie. La postura era un acoplamiento cómodo, hacía un rato que no hablábamos porque estábamos pendientes de la pantalla y el único movimiento que de vez en cuando hacíamos era para estar más cómodos o taparnos con la mantita. La estampa de la tranquilidad, vamos.
Como hace muchas veces, mi chico decide hacerme un gesto cariñoso. Normalmente me abraza con más fuerza, o se pone a acariciarme un pie, o me da un beso en la tripa. Pero esta vez decide innovar.
Dirige un dedito a mi mejilla.
A mi dolorida mejilla (la que le viene más a mano, sí).
La presiona y dice: "¡Hola!"
Pego un salto acompañado de un alarido de dolor. Con el inocente gesto ha despertado a la bestia. Sé que ni se acordaba de que me dolía la muela, pero no se me ocurre una innovación más inoportuna. Me mira con cara de pena pidiéndome perdón frenéticamente. Y a mí me da la risa, que suena fatal mezclada con el aullido, y se me saltan las lágrimas, sin saber si es por el dolor o por la risa. Mi chico está desconcertadísimo, claro. Al final se me calma el dolor y sólo queda la risa y un par de lagrimillas corriendo por mi mejilla hinchada.
Si es que a veces no es bueno innovar, aunque sea desde el cariño... ¿No le valía un inocente e indoloro abrazo, eh?
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