Tras la Debacle del Vestido (o sea: comprarte un vestido que realmente NO necesitas, pero que por otra parte tiene múltiples ventajas como que está genial de precio, que te sienta como un guante, que es muy ponible y que encima te hace sentir sexy, ¿qué más se puede pedir?), fuimos a La Gran City para buscar en una agencia de viajes un hotel para un compromiso que tenemos en Mayo.
Lo malo es que la agencia estaba al lado de una zapatería que me gusta mucho, de hecho me quedo parada siempre que paso -afortunadamente no muy a menudo- porque es una alegría el escaparate que tienen (y una tristeza los precios).
Como tenía tiempo, pensé que no pasaba nada si antes de meterme en faena miraba algún zapato adecuado a mi nuevo vestido.
Entonces los ví.
Ví unos zapatos preciosos, que en seguida pensé que me vendrían genial, ya que era mi idea materializada en piel cosida a mano. No puede evitar probármelos, y me estaban estupendos (siempre te sientan bien las cosas que no tienes pensado comprarte, pero como expresamente hayas ido a buscar lo que sea, sabes de antemano que no encontrarás nada decente). No quería una Debacle II, así que me fui a la agencia de viajes a gestionar el tema por el que me había dejado caer por La Gran City, intentando olvidar el par de zapatos.
Cuando salí de la agencia (sin nada de lo que originariamente había ido a buscar), me reuní con mi chico (as known as La Voz de Mi Conciencia Económica) y nos metimos otra vez en la zapatería. El cántaro (yo) volvía a la fuente (la zapatería).
Le señalé los zapatos de marras. Él los miró, les parecieron bonitos y caros. Lo dijo con la tranquilidad que sólo un hombre heterosexual puede tener, y mi entusiasmo de desinfló un poco. Realmente lo que yo quería era que me dijera: "sí, son bonitos y caros, PERO NO IMPORTA, son ideales: ¡adelante, cómpratelos!"
Lo cual no pasó, claro.
Pero sí señaló otros: "¿qué tal esos?"
Eran primos hermanos de los anteriores, y sólo habíamos mejorado en 6 euros, supongo que porque tenían menos material (estos tenían la puntera abierta). Pero eran primos hermanos, insisto, NO ERAN gemelos clónicos, la única familia que en mi fijación podría admitir. También me los probé, pero no me convencieron mucho, quizá porque ya estaba imaginándome con los otros puestos.
Como último recurso, opté por fotografiar con el móvil los dos pares de zapatos para enseñárselos a mis amigas, en busca de una frase alentadora que dijera algo así como: "¡los primeros son más bonitos para tu vestido!".
Tampoco ha pasado (nadie comparte mi opinión).
Así que ahora soy un mar de dudas.
Tengo miedo de volver a la fuente, porque me voy a romper (o sea: voy a caer en la tentación de comprarme los zapatos que me gustan y acto seguido, cuando sea demasiado tarde, me voy a arrepentir porque voy a pensar que el resto del mundo tenía razón y los otros zapatos eran más adecuados al vestido o peor aún: en una zapatería cercana veré otros que me gustarán más y la mitad de caros y ya no podré dar marcha atrás, por lo que iré incómoda por un lado y enfadada por otro porque encima me habré gastado una pasta en unos zapatos que no me llenan y eso es del lo peor que me puede pasar dado mi carácter un pelín obsesivo con este tema).
En resumen: sigo sin zapatos...
Lo malo es que la agencia estaba al lado de una zapatería que me gusta mucho, de hecho me quedo parada siempre que paso -afortunadamente no muy a menudo- porque es una alegría el escaparate que tienen (y una tristeza los precios).
Como tenía tiempo, pensé que no pasaba nada si antes de meterme en faena miraba algún zapato adecuado a mi nuevo vestido.
Entonces los ví.
Ví unos zapatos preciosos, que en seguida pensé que me vendrían genial, ya que era mi idea materializada en piel cosida a mano. No puede evitar probármelos, y me estaban estupendos (siempre te sientan bien las cosas que no tienes pensado comprarte, pero como expresamente hayas ido a buscar lo que sea, sabes de antemano que no encontrarás nada decente). No quería una Debacle II, así que me fui a la agencia de viajes a gestionar el tema por el que me había dejado caer por La Gran City, intentando olvidar el par de zapatos.
Cuando salí de la agencia (sin nada de lo que originariamente había ido a buscar), me reuní con mi chico (as known as La Voz de Mi Conciencia Económica) y nos metimos otra vez en la zapatería. El cántaro (yo) volvía a la fuente (la zapatería).
Le señalé los zapatos de marras. Él los miró, les parecieron bonitos y caros. Lo dijo con la tranquilidad que sólo un hombre heterosexual puede tener, y mi entusiasmo de desinfló un poco. Realmente lo que yo quería era que me dijera: "sí, son bonitos y caros, PERO NO IMPORTA, son ideales: ¡adelante, cómpratelos!"
Lo cual no pasó, claro.
Pero sí señaló otros: "¿qué tal esos?"
Eran primos hermanos de los anteriores, y sólo habíamos mejorado en 6 euros, supongo que porque tenían menos material (estos tenían la puntera abierta). Pero eran primos hermanos, insisto, NO ERAN gemelos clónicos, la única familia que en mi fijación podría admitir. También me los probé, pero no me convencieron mucho, quizá porque ya estaba imaginándome con los otros puestos.
Como último recurso, opté por fotografiar con el móvil los dos pares de zapatos para enseñárselos a mis amigas, en busca de una frase alentadora que dijera algo así como: "¡los primeros son más bonitos para tu vestido!".
Tampoco ha pasado (nadie comparte mi opinión).
Así que ahora soy un mar de dudas.
Tengo miedo de volver a la fuente, porque me voy a romper (o sea: voy a caer en la tentación de comprarme los zapatos que me gustan y acto seguido, cuando sea demasiado tarde, me voy a arrepentir porque voy a pensar que el resto del mundo tenía razón y los otros zapatos eran más adecuados al vestido o peor aún: en una zapatería cercana veré otros que me gustarán más y la mitad de caros y ya no podré dar marcha atrás, por lo que iré incómoda por un lado y enfadada por otro porque encima me habré gastado una pasta en unos zapatos que no me llenan y eso es del lo peor que me puede pasar dado mi carácter un pelín obsesivo con este tema).
En resumen: sigo sin zapatos...
4 comentarios: