El otro día, fuimos a la city a tomarnos un café...
...y sin saber cómo, acabé comprándome un vestido.
En realidad, no tenía en mente comprarme nada, a pesar de que tengo una comunión y varias bodas a la vista. La suerte es que cada evento es con gente distinta, con lo cual mi actual repertorio de vestidos (2) es más que suficiente por el momento, puesto que no importaría repetir modelo. Eso al menos era un alivio: no había necesidad de agravar mi crisis económica.
Y como estaba tranquila por esa parte, pensé que no pasaba nada si miraba algún vestidillo ya que estábamos en la city. Entramos en una tienda y me probé por gusto un vestido que me había gustado. El corte era bonito, pero una vez puesto, el color no me convencía mucho (tonos fucsia y rosas haciendo aguas, escrito parece muy cursi pero el resultado era precioso). Así me lo quité aliviada. Pero entonces la chica va y dice...
- Pues ese mismo vestido está en color chocolate.
Vaya.
Me lo tuve que probar, claro.
Y me sentaba estupendamente. La chica hizo tres arreglos con un alfiler y el vestido parecía que susurraba mi nombre. A cada inconveniente queme inventaba le encontraba al vestido la chica le ponía solución antes de que acabara la frase. Encima el precio era muchísimo más que razonable; o sea, que sabía a ciencia cierta que por menos de eso no encontraría nada. Realmente no se me ocurría ninguna excusa para decirle a la chica que no me lo llevaba...
(No, no vale decir simplemente: "no me lo llevo", cuando algo parece estar destinado a ti la conciencia exige un motivo para autoengañarse cuando sales de la tienda.)
Así que no lo hice.
O sea, que me lo llevé.
Bueno, quiero decir que lo aparté porque necesita unos ajustes.
No tengo voluntad ninguna, pero lo que sí tengo es un vestido color chocolate precioso...
Perooooooooooooo...
(...porque SIEMPRE hay un pero...)
¡No tengo zapatos!
...y sin saber cómo, acabé comprándome un vestido.
En realidad, no tenía en mente comprarme nada, a pesar de que tengo una comunión y varias bodas a la vista. La suerte es que cada evento es con gente distinta, con lo cual mi actual repertorio de vestidos (2) es más que suficiente por el momento, puesto que no importaría repetir modelo. Eso al menos era un alivio: no había necesidad de agravar mi crisis económica.
Y como estaba tranquila por esa parte, pensé que no pasaba nada si miraba algún vestidillo ya que estábamos en la city. Entramos en una tienda y me probé por gusto un vestido que me había gustado. El corte era bonito, pero una vez puesto, el color no me convencía mucho (tonos fucsia y rosas haciendo aguas, escrito parece muy cursi pero el resultado era precioso). Así me lo quité aliviada. Pero entonces la chica va y dice...
- Pues ese mismo vestido está en color chocolate.
Vaya.
Me lo tuve que probar, claro.
Y me sentaba estupendamente. La chica hizo tres arreglos con un alfiler y el vestido parecía que susurraba mi nombre. A cada inconveniente que
(No, no vale decir simplemente: "no me lo llevo", cuando algo parece estar destinado a ti la conciencia exige un motivo para autoengañarse cuando sales de la tienda.)
Así que no lo hice.
O sea, que me lo llevé.
Bueno, quiero decir que lo aparté porque necesita unos ajustes.
No tengo voluntad ninguna, pero lo que sí tengo es un vestido color chocolate precioso...
Perooooooooooooo...
(...porque SIEMPRE hay un pero...)
¡No tengo zapatos!
3 comentarios: