Ayer tuve un día digno de salir en un anuncio de Actimel L.Casei Imunitass, pero sin estar contándolo en una tumbona con el mar de fondo, claro.
07:00 - Suena el teléfono del hotel, tal y como pedí. Me levanto haciendo un esfuerzo titánico porque estoy muy cansada: las camas de los hoteles son bastante incómodas por norma general y la mía es el claro ejemplo de esa afirmación. La ducha no me ayuda casi nada y sueño despierta con mi propia cama, mis sábanas, mi caaaaaaasa.
08:00 - Ya estoy lista, con la maleta hecha y todo recogido. Esto último puedo decirlo con absoluta seguridad porque he revisado SEIS veces la habitación del hotel (los dos muebles que hay, vamos), incluso abriendo cajones que no he utilizado.
09:00 - Después de un fantabuloso desayuno buffet (en el que me he puesto tibia de piña natural que estaba deliciosa), una pelea con el recepcionista para que la estancia la cargara a nombre de la empresa, me sitúo en la parte de atrás de un taxi que debe tener más años que yo, escuchando la COPE mientras atravesamos de punta a punta la ciudad para acabar siendo clavada por el taxista, al que le parece bien incluir un suplemento escalofriante por mi pequeña maletita. Llego tarde, claro. Quería estar en el trabajo antes de las nueve...
09:15 - ...pero da igual porque no hay ni el tato allí. Saco mis cosas del bolso con toda la parsimonia del mundo sin quitar ojo de la puerta, pero sigue sin llegar nadie. Conecto el USB y me pongo a trabajar / matar el tiempo cuando por fin aparece la jefa de todo aquel tinglado, a la que le cambia la cara al ver que he llegado antes que ella. Para que se le pase el disgusto, al minuto se va a tomarse un café.
09:25 - Por fin me pongo a trabajar con el equipo de personas que me encomendaron, repasando lo visto en los últimos días y aclarando dudas. Me exaspera la capacidad que tienen de distraerse, pero ya me da igual y no lucho contra eso. Total, si me quedan tres horas de estar allí...
12:45 - Me despido de todo el mundo. El tren sale en 45 minutos, o sea que me voy con tiempo de sobra, pero como a mí los viajes en tren me ponen histérica, por mi gusto hubiera ido tres horas antes. Logro colar esos 45 minutos de adelanto con la excusa de que quiero comer algo antes del viaje y no hay problema (por otro lado, tampoco podrían ponerme pegas, claro). Compruebo que llevo el billete a mano y me voy a la estación.
13:00 - Estoy en la estación, con la vista fija en el panel de información. Me aseguro unas quince veces de que la vía correcta de mi tren es la 3. Vuelvo a mirar por si acaso. Todo coincide: tipo de tren, origen, destino, hora de paso. Aún así, no estoy tranquila. Valoro preguntarle a alguien, pero el miedo a hacer el ridículo me detiene. Veo que el guardia de seguridad que pasa los equipajes de la gente que va a Madrid por el escáner ya me mira raro, así que me voy a buscar la vía 3 mientras me pregunto si sólo es importante revisar el equipaje de los que van a Madrid. ¿No pasa nada si alguien lleva una bomba a Málaga, por ejemplo?
13:30 - Estoy sentada en el asiento 04A del coche 021 (tal y como pone mi billete) del tren situado en la vía 3. Todos los indicios señalan que llegaré a mi destino, PERO sigo intranquila como siempre que viajo en tren. Estas paranoias no me asaltan cuando voy en autobús, ¿por qué será? No importa que la señalización sea clara como el agua o que el propio director de RENFE me lo afirme, el caso es que yo nunca estoy segura del todo. Debo de tener algún trauma infantil que no recuerdo relacionado con esto...
16:50 - Tres horas más tarde, más el plus de 20 minutos de retraso tan típico en estos casos, llego a la estación destino. Me duelen todos los músculos de mi cuerpo y tengo un agujero en el estómago, que no ha sido llenado con el sándwich que me he tomado en la cafetería del tren. Mi chico me está esperando desde hace un buen rato, y cuando lo veo en el andén, me doy cuenta de cuánto lo he echado de menos y de las ganas que tenía de volver, por mucho que me haya gustado irme un par de días.
17:30 - Estoy en mi sofá, comiéndome unos cereales, intentando así placar mi hambre voraz. Lucho por mantener los ojos abiertos y la boca masticando bolitas de chocolate, deseando que suene el teléfono y sea PdC que me diga que esta tarde no vamos a dar prácticas de coche, de tal forma que pueda dormir un poco... Pero el móvil se mantiene en silencio y yo no me atrevo a dar el paso de decir que no puedo dar clase esta tarde.
18:30 - El coche de la autoescuela llega horriblemente puntual, se para a mi lado y me siento al volante. Realmente no tengo NINGUNAS ganas de conducir, pero lo hago, claro. El tramo de carretera va bien, hasta que nos ponemos detrás de un vehículo especial que va a 15 kilómetros por hora y tengo que ir varios kilómetros en primera, con el pie tensísimo intentando mantener la distancia de seguridad con el coche de delante y pendiente de que el impaciente de atrás no se empotre contra mí.
20:00 - Después de un circuito por ciudad, que fue de mal en peor hasta que yo solita me metí en una calle sin salida mientras PdC se partía de risa a la vez que me regañaba por el uso según él poco eficaz del pedal del embrague (¿cómo puede hacer esas dos cosas simultáneamente?), dejo el volante y me siento en el asiento de atrás mientras otra chica toma los mandos y da su clase. Intento dormir, pero los volantazos y subidas a la acera me lo impiden, así que me pongo los cascos y al menos disfruto del paseo.
21:30 - Llego a casa (o mejor dicho: lo que queda de mí llega a casa). Me encuentro la cena lista y me siento culpable. Además, nos hemos perdido el encendido de luces de la feria (más culpabilidad). La maleta sigue en donde la dejé caer cuando llegué y mi chico la ha tenido que apartar para que no tropezáramos (más culpabilidad). Nos quedamos un rato en el sofá después de cenar pero tengo serias dificultades para mantenerme despierta y pasar un rato con él (más culpabilidad). Le digo que me voy a la cama y me mira con ojitos de perrillo triste (más culpabilidad).
22:30 - Me acuesto, y por increíble que parezca, no me puedo dormir. Estoy cansadísima pero no paro de dar vueltas en la cama (¿será por el exceso de culpabilidad?). Me pongo de mal humor. Estoy perdiendo minutos de sueño y no me lo puedo permitir porque el despertador va a sonar implacable en lo que a mí me parecen escasas horas...
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...como realmente pasó esta mañana y ha sido brutal. Medio dormida y casi a tientas he ido a desayunar a ver si el Cola-Cao me despertaba un poco, y al coger la leche de la nevera, me encuentro un folleto con un código alfanumérico que tienes que meter en una página web, y si tienes suerte, con ese código has ganado UN AÑO ENTERO DE ACTIMEL GRATIS. ¿Es o no el Universo un cachondo?

07:00 - Suena el teléfono del hotel, tal y como pedí. Me levanto haciendo un esfuerzo titánico porque estoy muy cansada: las camas de los hoteles son bastante incómodas por norma general y la mía es el claro ejemplo de esa afirmación. La ducha no me ayuda casi nada y sueño despierta con mi propia cama, mis sábanas, mi caaaaaaasa.
08:00 - Ya estoy lista, con la maleta hecha y todo recogido. Esto último puedo decirlo con absoluta seguridad porque he revisado SEIS veces la habitación del hotel (los dos muebles que hay, vamos), incluso abriendo cajones que no he utilizado.
09:00 - Después de un fantabuloso desayuno buffet (en el que me he puesto tibia de piña natural que estaba deliciosa), una pelea con el recepcionista para que la estancia la cargara a nombre de la empresa, me sitúo en la parte de atrás de un taxi que debe tener más años que yo, escuchando la COPE mientras atravesamos de punta a punta la ciudad para acabar siendo clavada por el taxista, al que le parece bien incluir un suplemento escalofriante por mi pequeña maletita. Llego tarde, claro. Quería estar en el trabajo antes de las nueve...
09:15 - ...pero da igual porque no hay ni el tato allí. Saco mis cosas del bolso con toda la parsimonia del mundo sin quitar ojo de la puerta, pero sigue sin llegar nadie. Conecto el USB y me pongo a trabajar / matar el tiempo cuando por fin aparece la jefa de todo aquel tinglado, a la que le cambia la cara al ver que he llegado antes que ella. Para que se le pase el disgusto, al minuto se va a tomarse un café.
09:25 - Por fin me pongo a trabajar con el equipo de personas que me encomendaron, repasando lo visto en los últimos días y aclarando dudas. Me exaspera la capacidad que tienen de distraerse, pero ya me da igual y no lucho contra eso. Total, si me quedan tres horas de estar allí...
12:45 - Me despido de todo el mundo. El tren sale en 45 minutos, o sea que me voy con tiempo de sobra, pero como a mí los viajes en tren me ponen histérica, por mi gusto hubiera ido tres horas antes. Logro colar esos 45 minutos de adelanto con la excusa de que quiero comer algo antes del viaje y no hay problema (por otro lado, tampoco podrían ponerme pegas, claro). Compruebo que llevo el billete a mano y me voy a la estación.
13:00 - Estoy en la estación, con la vista fija en el panel de información. Me aseguro unas quince veces de que la vía correcta de mi tren es la 3. Vuelvo a mirar por si acaso. Todo coincide: tipo de tren, origen, destino, hora de paso. Aún así, no estoy tranquila. Valoro preguntarle a alguien, pero el miedo a hacer el ridículo me detiene. Veo que el guardia de seguridad que pasa los equipajes de la gente que va a Madrid por el escáner ya me mira raro, así que me voy a buscar la vía 3 mientras me pregunto si sólo es importante revisar el equipaje de los que van a Madrid. ¿No pasa nada si alguien lleva una bomba a Málaga, por ejemplo?
13:30 - Estoy sentada en el asiento 04A del coche 021 (tal y como pone mi billete) del tren situado en la vía 3. Todos los indicios señalan que llegaré a mi destino, PERO sigo intranquila como siempre que viajo en tren. Estas paranoias no me asaltan cuando voy en autobús, ¿por qué será? No importa que la señalización sea clara como el agua o que el propio director de RENFE me lo afirme, el caso es que yo nunca estoy segura del todo. Debo de tener algún trauma infantil que no recuerdo relacionado con esto...
16:50 - Tres horas más tarde, más el plus de 20 minutos de retraso tan típico en estos casos, llego a la estación destino. Me duelen todos los músculos de mi cuerpo y tengo un agujero en el estómago, que no ha sido llenado con el sándwich que me he tomado en la cafetería del tren. Mi chico me está esperando desde hace un buen rato, y cuando lo veo en el andén, me doy cuenta de cuánto lo he echado de menos y de las ganas que tenía de volver, por mucho que me haya gustado irme un par de días.
17:30 - Estoy en mi sofá, comiéndome unos cereales, intentando así placar mi hambre voraz. Lucho por mantener los ojos abiertos y la boca masticando bolitas de chocolate, deseando que suene el teléfono y sea PdC que me diga que esta tarde no vamos a dar prácticas de coche, de tal forma que pueda dormir un poco... Pero el móvil se mantiene en silencio y yo no me atrevo a dar el paso de decir que no puedo dar clase esta tarde.
18:30 - El coche de la autoescuela llega horriblemente puntual, se para a mi lado y me siento al volante. Realmente no tengo NINGUNAS ganas de conducir, pero lo hago, claro. El tramo de carretera va bien, hasta que nos ponemos detrás de un vehículo especial que va a 15 kilómetros por hora y tengo que ir varios kilómetros en primera, con el pie tensísimo intentando mantener la distancia de seguridad con el coche de delante y pendiente de que el impaciente de atrás no se empotre contra mí.
20:00 - Después de un circuito por ciudad, que fue de mal en peor hasta que yo solita me metí en una calle sin salida mientras PdC se partía de risa a la vez que me regañaba por el uso según él poco eficaz del pedal del embrague (¿cómo puede hacer esas dos cosas simultáneamente?), dejo el volante y me siento en el asiento de atrás mientras otra chica toma los mandos y da su clase. Intento dormir, pero los volantazos y subidas a la acera me lo impiden, así que me pongo los cascos y al menos disfruto del paseo.
21:30 - Llego a casa (o mejor dicho: lo que queda de mí llega a casa). Me encuentro la cena lista y me siento culpable. Además, nos hemos perdido el encendido de luces de la feria (más culpabilidad). La maleta sigue en donde la dejé caer cuando llegué y mi chico la ha tenido que apartar para que no tropezáramos (más culpabilidad). Nos quedamos un rato en el sofá después de cenar pero tengo serias dificultades para mantenerme despierta y pasar un rato con él (más culpabilidad). Le digo que me voy a la cama y me mira con ojitos de perrillo triste (más culpabilidad).
22:30 - Me acuesto, y por increíble que parezca, no me puedo dormir. Estoy cansadísima pero no paro de dar vueltas en la cama (¿será por el exceso de culpabilidad?). Me pongo de mal humor. Estoy perdiendo minutos de sueño y no me lo puedo permitir porque el despertador va a sonar implacable en lo que a mí me parecen escasas horas...
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...como realmente pasó esta mañana y ha sido brutal. Medio dormida y casi a tientas he ido a desayunar a ver si el Cola-Cao me despertaba un poco, y al coger la leche de la nevera, me encuentro un folleto con un código alfanumérico que tienes que meter en una página web, y si tienes suerte, con ese código has ganado UN AÑO ENTERO DE ACTIMEL GRATIS. ¿Es o no el Universo un cachondo?

Güelcom-bac! Luego te leo, que tengo curro ahora. Babysitting reloaded.
ResponderSuprimirMmmm... Actimel :)
Thank U!! Que te sea leve... ;)
ResponderSuprimir¡Qué casualidad! A mí también me ha tocado viajar en tren durante las últimas dos semanas por motivos de trabajo. Yo me fuí el martes de la semana pasada, volví el viernes, me marché de nuevo el lunes y regresé el miércoles. Puede parecer cansado, pero es que a mí me encanta viajar en tren. Lo prefiero mil veces al avión pues, aunque el viaje se haga más largo, la espera en la estación es mucho menor.
ResponderSuprimirComprendo perfectamente tu "paranoia" de tren y vía correctos. En realidad nos pasa a todos los que viajamos en tren o en cualquier otro medio de transporte. La verdad es que, a veces, la información facilitada a los pasajeros no es suficiente o adecuada y surgen dudas. En mi caso particular, esa sensación se acrecenta con los aviones. Odio los aeropuertos, especialmente es del Prat (porque siempre pito al pasar por el scanner y me toca hacer un striptease delante de toda la cola de gente).
Con respecto al dolor de músculos, seguro que no te levantaste del asiento ni para ir al baño. Darse un paseo hasta la cafetería siempre viene bien.
Lo que dices de los hoteles, es verdad. En todos se duerme fatal y siempre termina uno añorando su cama, sus sábanas y, si además se tiene pareja, como es tu caso, también se echa de menos la compañía. En fin que, como tú, odio los hoteles, porque cuando me meto en la cama me siento como si me metiera en una caja de cerillas, con esas sábanas tan increíblemente tensadas por el personal del servicio de habitaciones, que le hacen sentirse a uno como una calcomanía en un cristal o una mosca atrapada en una tela de araña de la que no se pudiera mover.
En fin, que espero que estés disfrutando de tu cama.
Buen puente y un besote.
Chica, pues este finde a reposar un poquito... ¿no?
ResponderSuprimirHACKETT4LIFE, hay hoteles y HOTELES. Y este era un hotelillo, cuya página web cuenta mentira tras mentira, dicho sea de paso. Y las paranoias es sólo con el tren, en los autobuses no me pasa, porque cuando me revisan el billete, siempre digo con una sonrisa: "¿a nosedónde, verdad?", y me lo confirman, claro. Pero en el tren no ves a nadie. De hecho, ni en el viaje de ida ni en el vuelta me pidieron el billete (otra de las cosas que no comprendo).
ResponderSuprimirQUERIDA, no te quepa duda. Dormir, dormir, dormir... Lo necesito.