Festivo local. Como el resto de la Humanidad sí que trabaja, y nosotros damos soporte a la Humanidad, aquí nadie se ha tomado fiesta.
Bueno, casi nadie. Unos pocos suertudos han dormido a pierna suelta en su casa y se han olvidado por un día de madrugar. Por ejemplo: la recepcionista.
Y como la recepcionista no ha venido a trabajar, los demás (pero aquí hablo por mí) hemos sufrido varias consecuencias, como por ejemplo:
Mi despacho no estaba aclimatado con amor como todas las mañanas. Es decir, al abrir la puerta me recibió un bofetón de frío bastante desagradable. Las llamadas se han desviado directamente a los despachos, así que me he visto contestando el teléfono cada dos por tres y transfiriendo a tutiplén porque ninguna llamada era para mí. Nos hemos tenido que autoproporcionar el material de oficina que normalmente nos trae ella adelantándose a nuestras necesidades.
Pero eso no ha sido nada comparado con LA TORTURA...
...que ha consistido en que la persona que la ha sustituído (y que también viene los fines de semana más que nada para controlar un poco el acceso y pare usted de contar), un señor ya mayor, se ha traído entre otras cosas un transistor.
Yo creía que eso ya no existía. Pero sí: ha venido con su transistor, lo ha plantado encima de la mesa y ha buscado la emisora que le ha acompañado toda la mañana...
...que no ha sido otra que una emisora sin identificar que sólo emitía copla y pasodobles.
POR EL AMOR DE DIOR.
Mi jefe y yo nos hemos mirado incrédulos cuando hemos identificado ese sonido que no sabíamos de dónde salía. Hemos asomado la naricilla a la entrada y allí estaba él, feliz y extasiado, escuchando su radio a un volumen ligeramente molesto para los demás puesto que atravesaba tres paredes y llegaba a nuestros tímpanos. Oíamos un sonido sordo que se volvía más nítido cuando alguien abría la puerta (una media de dos veces por minuto), y nos ha entrado la paranoia constante de que sonaba un móvil en la distancia...
A media mañana ya nos hemos resignado, y cada vez que alguien abría la puerta (y se escuchaba la canción de turno con más intensidad) he maldecido mi fantástica idea de trabajar en festivo para ganarme un día extra para cuando yo quiera.
Hay precios que no merece la pena pagar...
Bueno, casi nadie. Unos pocos suertudos han dormido a pierna suelta en su casa y se han olvidado por un día de madrugar. Por ejemplo: la recepcionista.
Y como la recepcionista no ha venido a trabajar, los demás (pero aquí hablo por mí) hemos sufrido varias consecuencias, como por ejemplo:
Pero eso no ha sido nada comparado con LA TORTURA...
...que ha consistido en que la persona que la ha sustituído (y que también viene los fines de semana más que nada para controlar un poco el acceso y pare usted de contar), un señor ya mayor, se ha traído entre otras cosas un transistor.
Yo creía que eso ya no existía. Pero sí: ha venido con su transistor, lo ha plantado encima de la mesa y ha buscado la emisora que le ha acompañado toda la mañana...
...que no ha sido otra que una emisora sin identificar que sólo emitía copla y pasodobles.
POR EL AMOR DE DIOR.
Mi jefe y yo nos hemos mirado incrédulos cuando hemos identificado ese sonido que no sabíamos de dónde salía. Hemos asomado la naricilla a la entrada y allí estaba él, feliz y extasiado, escuchando su radio a un volumen ligeramente molesto para los demás puesto que atravesaba tres paredes y llegaba a nuestros tímpanos. Oíamos un sonido sordo que se volvía más nítido cuando alguien abría la puerta (una media de dos veces por minuto), y nos ha entrado la paranoia constante de que sonaba un móvil en la distancia...
A media mañana ya nos hemos resignado, y cada vez que alguien abría la puerta (y se escuchaba la canción de turno con más intensidad) he maldecido mi fantástica idea de trabajar en festivo para ganarme un día extra para cuando yo quiera.
Hay precios que no merece la pena pagar...
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