Después del fin de semana de ánimos por los suelos y de un Lunes que por propia definición no ayudó mucho, puse todas mis esperanzas de mejora en HOY.
¿Cómo no iban a mejorar las cosas la acción conjunta de un paso por la peluquería primero y una sesión de maquillaje después?
Pero el día ha empezado MUY mal.
Me tiré toooooooda la noche dando vueltas, despertándome cada poco, teniendo calor, luego frío, luego sed... y justo cuando encuentro la paz, a los quince minutos suena el despertador. Mientras desayunaba me da por ver el correo del día anterior, y me entero de que mi banco me acusa de no haber pagado una mensualidad de la hipoteca, cuando el cargo está hecho religiosamente y no hay motivo alguno para darme ese berrinche. En el trabajo, los ánimos están nada más que regular, y discuto con una chica a cuenta de un despiste suyo que no es capaz de asimilar y que para quitarse el muerto de encima se inventa una historia digna de Antoñita La Fantástica. Me escapo un rato del trabajo para arreglar el lamentable malentendido en el banco y me encuentro con la chica aspirante a alcanzar el récord mundial de pocas ganas de trabajar, que no me soluciona apenas nada (menos mal que luego todo se arregla). Para calmarme un poco, me voy a escondidas a desayunar (sí, en lugar de volver al curro, soy una mala persona), y justo en la cafetería me encuentro a alguien del trabajo, así que luego tengo que confesar que no fui "exclusivamente" al banco. Ya puestos a aprovechar la escapada, me paso por la autoescuela, pero el maquillado chico que está al mando en esos momentos resulta que no es capaz de decirme cuándo coño piensan llamarme para dar las clases prácticas. Vuelvo al trabajo y la montaña de papeles que había dejado se ha multiplicado por cuatro en una hora, ¿cómo es posible? A S.J. le sienta fatal el despiste de la chica que me ha traído de cabeza desde primera hora y nos cae un rapapolvo de mil pares de narices que se puede oir hasta en Sebastopol, como ya esperaba yo que pasara. No por esperado me importa menos, así que el resultado es un dolor de tripa de media mañana. Más tarde intento comer algo a ver si se me pasa, y sólo me sirve un plátano solitario de mi bolsa del almuerzo, que como despacio mientras mi amiga (mi azote cuando peco y me como un donuts o algo semejante) se está zampando sin ningún miramiento una caña de chocolate, lo cual al menos la incapacita de meterse conmigo en los próximos dos meses. La peluquera me llama para atrasarme la hora de la cita, que yo había escogido cuidadosamente para luego ir a todos los demás compromisos, lo cual casi me rompe la tarde, y al final consigo convencerla de que no me estropee muchos mis planes. Miro de reojo el móvil por si la maquilladora también me llama para decirme que unos ladrones le han churrimangado el stand y tiene que suspender mi cita, lo cual es lo que me faltaba ya hoy...
¿Qué más puede pasar?
¿Cómo no iban a mejorar las cosas la acción conjunta de un paso por la peluquería primero y una sesión de maquillaje después?
Pero el día ha empezado MUY mal.
¿Qué más puede pasar?
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