Hace días me vino un disgusto por correo.
Venía dentro de una carta del banco. Saqué el sobre del buzón y allí mismo lo abrí mientras subía a casa. Como suele pasar, cada vez que mi banco me escribe es para contarme los movimientos que he hecho, qué transferencias he realizado, qué dinero he recibido, qué mensualidades se han pagado y cosas así. Cosas inocuas. Normalmente las reviso por encima, me quedo con los justificantes de pago de agua, luz y todo eso... y lo demás lo hago trocitos pequeñitos y lo reciclo.
Pero esta vez entre las hojas venía otra cosa.
Escondidilla, camuflada, venía la minúscula nota que me informaba de los cambios económicos que se me esperaban a partir de ahora: LAS NUEVAS CONDICIONES DE LA HIPOTECA.
Busqué en la pequeña hoja, llena de Euribor, T.A.E., porcentajes, capital amortizado, capital pendiente de amortizar, fluctuaciones del mercado y más cosas incomprensibles. Sólo me interesaba una cantidad de todo aquello: lo que me iba a costar la hipoteca a partir de ahora. Por fin encontré la fatídica cifra: 60 euros más todos los meses.
Lo que se traduce en: 720 euros más al año.
No es que 60 euros sea una gran cantidad, pero depende de con qué se compare. Mi sueldo no es una maravilla, ni mucho menos, así que esa cantidad me hace más daño a mí que a alguien que cobre dos o tres veces más.
Es cierto que mi sueldo subió algo a principio de año, sí, pero también es verdad es que no fue lo único que subió. Porque no sólo está la hipoteca: también el teléfono, el gimnasio, la luz, el agua... y si sumamos todas esas subidas, seguramente será más de lo que aumentó mi sueldo, por lo que al final -como siempre-, salgo perdiendo.
Total, que se me va bastante más de la mitad del sueldo en pagar la hipoteca y las facturas.
Luego leo por ahí que el español se gasta un 25% de su sueldo en esos menesteres. Pues vamos listos. Esa estadística me valdría si ganara tres veces lo que gano (y si fuera un español y no una española, claro). Ese español por ejemplo tendría opción a ahorrar algo, lo que no es mi caso. Tampoco tendría que pensarse quince veces en caso de que quisiera, pongamos por caso, hacer una escapada, y yo tengo que barajar veintisiete factores distintos antes de decidir si puedo o no puedo pasar el fin de semana fuera de casa.
Además, las supuestas ayudas para jóvenes, de las que el Gobierno presume, no aparecen por ningún lado. Hay ayudas para el alquiler, ¿y para las hipotecas, que suelen ser más altas? No. Hay ayudas a fondo perdido para aquellos jóvenes que quieran comprar una vivienda de protección oficial, ¿y para las de renta libre, que son generalmente más caras pero que ayudan a la economía porque así constructoras privadas se ven beneficiadas? No. Hay ayudas para las familias que quieren conectarse a Internet, ¿y para los que aún no hemos formado una familia? No. Pues no me lo explico.
Luego, salen las estadísticas y todo el mundo se escandaliza de que los jóvenes de hoy en día tarden en independizarse. No sé de qué nos extrañamos, porque, sinceramente, no lo ponen nada fácil. Los sueldos no son muy altos en general, pero no se puede decir lo mismo de el resto de los gastos. Las hipotecas son prohibitivas, los gastos básicos se multiplican, y los jóvenes, si pueden, prefieren quedarse en casa con sus padres para poder ahorrar algo de cara a comprarse un piso o un coche. ¿No es lógico ese planteamiento? A mí me parece que lo es. Lanzarse a la aventura no es nada fácil.
Aunque es cierto que yo no lo cambiaría por nada...
Venía dentro de una carta del banco. Saqué el sobre del buzón y allí mismo lo abrí mientras subía a casa. Como suele pasar, cada vez que mi banco me escribe es para contarme los movimientos que he hecho, qué transferencias he realizado, qué dinero he recibido, qué mensualidades se han pagado y cosas así. Cosas inocuas. Normalmente las reviso por encima, me quedo con los justificantes de pago de agua, luz y todo eso... y lo demás lo hago trocitos pequeñitos y lo reciclo.
Pero esta vez entre las hojas venía otra cosa.
Escondidilla, camuflada, venía la minúscula nota que me informaba de los cambios económicos que se me esperaban a partir de ahora: LAS NUEVAS CONDICIONES DE LA HIPOTECA.
Busqué en la pequeña hoja, llena de Euribor, T.A.E., porcentajes, capital amortizado, capital pendiente de amortizar, fluctuaciones del mercado y más cosas incomprensibles. Sólo me interesaba una cantidad de todo aquello: lo que me iba a costar la hipoteca a partir de ahora. Por fin encontré la fatídica cifra: 60 euros más todos los meses.
Lo que se traduce en: 720 euros más al año.
No es que 60 euros sea una gran cantidad, pero depende de con qué se compare. Mi sueldo no es una maravilla, ni mucho menos, así que esa cantidad me hace más daño a mí que a alguien que cobre dos o tres veces más.
Es cierto que mi sueldo subió algo a principio de año, sí, pero también es verdad es que no fue lo único que subió. Porque no sólo está la hipoteca: también el teléfono, el gimnasio, la luz, el agua... y si sumamos todas esas subidas, seguramente será más de lo que aumentó mi sueldo, por lo que al final -como siempre-, salgo perdiendo.
Total, que se me va bastante más de la mitad del sueldo en pagar la hipoteca y las facturas.
Luego leo por ahí que el español se gasta un 25% de su sueldo en esos menesteres. Pues vamos listos. Esa estadística me valdría si ganara tres veces lo que gano (y si fuera un español y no una española, claro). Ese español por ejemplo tendría opción a ahorrar algo, lo que no es mi caso. Tampoco tendría que pensarse quince veces en caso de que quisiera, pongamos por caso, hacer una escapada, y yo tengo que barajar veintisiete factores distintos antes de decidir si puedo o no puedo pasar el fin de semana fuera de casa.
Además, las supuestas ayudas para jóvenes, de las que el Gobierno presume, no aparecen por ningún lado. Hay ayudas para el alquiler, ¿y para las hipotecas, que suelen ser más altas? No. Hay ayudas a fondo perdido para aquellos jóvenes que quieran comprar una vivienda de protección oficial, ¿y para las de renta libre, que son generalmente más caras pero que ayudan a la economía porque así constructoras privadas se ven beneficiadas? No. Hay ayudas para las familias que quieren conectarse a Internet, ¿y para los que aún no hemos formado una familia? No. Pues no me lo explico.
Luego, salen las estadísticas y todo el mundo se escandaliza de que los jóvenes de hoy en día tarden en independizarse. No sé de qué nos extrañamos, porque, sinceramente, no lo ponen nada fácil. Los sueldos no son muy altos en general, pero no se puede decir lo mismo de el resto de los gastos. Las hipotecas son prohibitivas, los gastos básicos se multiplican, y los jóvenes, si pueden, prefieren quedarse en casa con sus padres para poder ahorrar algo de cara a comprarse un piso o un coche. ¿No es lógico ese planteamiento? A mí me parece que lo es. Lanzarse a la aventura no es nada fácil.
Aunque es cierto que yo no lo cambiaría por nada...
Por todos los motivos que expones, yo opté por alquilar. Además de porque los precios de la vivienda son prohibitivos y sola no había nada que me pudiera permitir con mi sueldo de mileurista. Imposible.
ResponderSuprimirNo obstante, un par de matizaciones, que seguro tú tienes muy claras, pero con el cabreo no lo has expuesto
1. Si te hipotecas a interés variable, y encima cuando los intereses están anormalmente bajos, es normal que suban. Y te puedes dar con un canto en los dientes si solo han sido 60€ al mes.
2. Construir viviendas de protección oficial, querida, también benefician a las constructoras privadas. De hecho, son los promotores los que ven recortado su margen de beneficios, de absurda y obscenamente vergonzoso, a solo vergonzoso.
3. Nadie te obliga a comprar para independizarte. Yo sigo esperando. Vale, el piso no es mío, pero gano en calidad de vida: un piso como el que vivo no me lo podría comprar en la vida. Desde luego, con una hipoteca a 50 años a interés variable, con el eurírbor subiendo sin parar y los sueldos estancados, aunque me hipotecara dudo que llegara a ser mío, y al menos de alquiler tengo la garantía de que el casero solo me puede subir el IPC durante 8 años, que no es poco. Me rebienta ese tópico de "alquilar es tirar el dinero" o "por lo que me cuesta un alquiler me compro un piso" porque son simplemente mentira y hacen más daño de lo que parece a simple vista.
También te digo una cosa, cuando yo me fui de casa, mis amigos se habían comprado un coche nuevo y lloriqueaban por las esquinas de lo difícil que lo tenían los jóvenes para emanciparse. Mi ciclomotor va a cumplir 9 años octubre, con eso te lo digo todo. Ni tú ni yo tenemos coche. Mis amigos siguen pagando coche nuevo y viven con sus padres. Y quejándose de lo mal que está el patio de la vivienda. Es cuestión de prioridades. Yo tampoco lo cambio por nada.
El otro día me quedé con las ganas de hacer un comentario a esta entrada. Ya sabes que estoy buscando piso. Mis padres me han retirado su más que necesaria financiación/limosna para comprarme el piso. Sin ellos no soy capaz de pagar más que la mitad de la cuota, y a no ser que las hipotecas dejen hacerlas a 80 años me resultaría imposible vivir y mantener un piso. Por otro lado, ahora busco de alquiler (que me pueda permitir con mi sueldo, que no es malo) y me encuentro que una persona sola tampoco en mi ciudad puede aventurarse a alquilar un piso sola. Los alquileres más bajos en la zona donde vivo, barrio obrero, son 1000 euros por un piso de una habitación, un baño una cocina y un comedor. Sin grandes lujos, lógico. Si tienes un sueldo de 1200 euros... qué haces? La independencia no es fácil. Las ayudas del gobierno para el alquiler tienen sus limitaciones. Yo no entro dentro de los jóvenes considerados pobres para necesitar ayuda pero tampoco soy tan rica como para poderme permitir vivir sola en un piso, sin necesitar de ayuda de mis padres. Irónico. De lo que me quejo, también, es de que en el sur de España o en cualquier otro extremo de la misma gente que trabaja en mi misma empresa y posición, cobrando lo mismo, se pueden permitir una vida de lujo. Yo tuve la mala suerte de nacer en Barcelona y tener toda mi vida aquí. Si quiero piso me tengo que mudar de ciudad... con todo lo que ello comporta. La vida no es fácil para los jóvenes de hoy en día. Tienes suerte de haberte podido pedir una hipoteca sola... muchos no la tenemos. Un beso guapa
ResponderSuprimirChicas, yo me compré el piso casi de rebote: tenía que irme del piso donde vivía de alquiler y después de ver los pocos que había disponibles, me quedé con el menos malo que era un cuchitril insalubre de mucho cuidado. Llamé a mis padres desesperada, y se presentaron al día siguiente a comprobar si yo era una exagerada porque el piso no podía ser tan malo. Lo era. Incluso peor. Y en la comida se decidió que compraríamos un piso y en tres días lo encontramos. Mis padres me dejaron los 3.000 euros de señal y me avalaron para el tema de la hipoteca, luego las mensualidades las pago yo solita. Desde luego, si no son ellos los que me empujan, no me habría planteado nunca el tema de comprar un piso (por lo menos en aquel momento y en un futuro a corto-medio plazo). El problema es que por mi zona el tema del alquiler está fatal, sólo te alquilan casas viejísimas que son deprimentes en sí mismas, y las viviendas que están bien me pedían un pico de alquiler para mí sola. Realmente me merecía la pena invertir 150 euros más en una mensualidad de hipoteca, al menos tengo la sensación de que estoy poniendo el dinero en una hucha.
ResponderSuprimirDesde luego, la independencia individual es muy difícil hoy en día, quieras hipotecarte o alquilar. Las ayudas, como digo en el post, son limitadas y al menos yo no he podido optar por ninguna, siempre había algún requisito que no cumplía. No me quejo de mi situación, ni mucho menos, simplemente traslado la dificultad que tengo para ser propietaria de mi propia casa, y de que tengo que renunciar a cosas porque el sueldo no me llega a más, siendo consciente de que a pesar de todo, tengo suerte. :)
BESOS A LAS DOS.