15 junio 2008

Crónica de una boda...

Como se decidió por mayoría absoluta (mi chico y mi conciencia votos a favor, mis escasas ganas de ir voto en contra), fuimos a la boda de mi amiga.

En la iglesia la entrada de la novia fue muy emocionante, sobre todo cuando miré al que minutos después iba a ser su marido (un chico bonachón y tranquilote, de humor fino e irónico como a mí me gusta, al que nunca jamás he visto alterado lo más mínimo en los ocho años que hace que le conozco) emocionado haciendo pucheros. No me lo esperaba. La novia iba sencilla pero muy guapa y la ceremonia estuvo bastante bien, a pesar del coro rociero y de lo que proponía el cura, que poco le faltó para decir que el deber de la mujer era hacerle la cena al marido, pero en fin...

Mientras el cura leía sus cosas, yo miraba la iglesia (preciosa) y echaba un vistazo a la gente allí congregada. Como me temí desde un principio, no conocía a nadie en absoluto. Sólo a última hora divisé a un chico que me sonaba de la Universidad y nos saludamos. Por lo demás, sólo conocíamos a los novios, yo de vista a los padres de ella, y podíamos identificar a la familia y los amigos del novio porque hablaban catalán.

Después nos fuimos a donde se celebraba el banquete, en las afueras. Tampoco en la copa de espera divisamos a nadie conocido. La verdad es que me estaba empezando a agobiar bastante, pero mi chico y yo nos pusimos a hablar de nuestras cosas y fue como si estuviéramos los dos solos tomando algo en un bar, sólo que nos reponían las cervezas y las Coca-Colas sin tener que llamar al camarero quinientas veces.

Luego entramos a un salón enorme donde estaban las mesas. A la entrada estaba la lista de invitados y dónde nos sentábamos cada uno, lo cual me pareció una idea estupenda. Nos dirigimos a nuestra mesa, al fondo, y la compartíamos con tres parejas que eran familia según la lista y el único conocido que encontré y su novia. Una vez sentados intenté una maniobra de acercamiento / conversación con la novia del conocido sentada a mi izquierda, pero o la chica era monosilábica, o corta, o tremendamente tímida o yo qué sé. Al tercer intento desistí. Tampoco hubo éxito por el lado derecho de la mesa, así que la comida se limitó a que cada una de las cinco parejas de la mesa hablamos entre nosotros sin interactuar con nadie más que no fuera el camarero. Así que en ese sentido nos aburrimos bastante como yo ya me temía. Mi chico encontró un respiro cuando pusieron un proyector con el partido de España (muy fuerte) y se pudo ver el segundo gol. Creo que mi amiga intentó pedir el divorcio cuando vio aquello, jajajaja...

Finalmente nos retiramos elegantemente a una hora prudencial y quedamos con los novios cuando volvieran de su Luna de Miel...

Sé que a mi amiga le hizo ilusión vernos allí... Mereció la pena ver el momento en que los dos se dijeron el "sí, quiero" y atrás quedaron ocho años de lucha contra la distancia, los malos rollos, los celos, y todo... Se quedaron en el recuerdo las crisis donde ella me decía "no puedo más" o donde él confesaba que se le hacía cuesta arriba la relación. Al final son marido y mujer. Y yo estuve allí para verlo. Y me alegro.

2 comentarios:

  1. No digas más, y porque cuando aquella moneda tintineante rodó por el suelo en el silencio del templo, todos los de la familia de él, se tiraron de cabeza a por ella :P

    Bueno, pero con diferencia eh! que las cervezas o coca-colas no tenías que pagarlas en esta ocasión :)

    Jejeje, ahora empiezan los años de lucha contra la cercanía, los malos rollos, los celos... :X

    Ves como al final no fue tan malo. Un poco rollo sí, pero ponte en su lugar, imagínate que nadie fuera a tu boda...

    Un besote.

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  2. Jajajajajaja...

    Sí, ahora empieza otro tipo de lucha. :)

    No, so malo no fue, pero aburrido un rato... Baste con decirte que hasta me alivió que pusieran el partido...

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