Desde que mi madre estuvo aquí la semana pasada, mi casa no parece haber sido el campamento base de Atila, sino que parece agradablemente habitable. Hay varios detalles que me llenan los ojos de lágrimas cuando soy consciente de ellos...
No hay ni una sola prenda en el cesto de la ropa sucia. Ni una. Sólo unas solitarias braguitas y lo que traje para lavar en la maleta de este fin de semana. Absolutamente toda mi ropa está limpia; también las toallas, manteles, paños de cocina... Cualquier cosa textil que pudiera estar sucia, ya no lo está. Mi madre me lavó toda la ropa que estaba esperando su paso por la lavadora cuando tuviera tiempo, ganas y el clima acompañara (lo cual no pasa muy a menudo, sobre todo por el segundo factor mencionado). Así que ahora puedo ponerme lo que quiera porque estará limpio y listo para la batalla. De repente mis posibilidades de indumentaria han aumentado bastantes enteros...
El número de prendas pendientes de planchar a alcanzado un mínimo histórico: CERO. No hay nada en la normalmente enorme pila de ropa pendiente de recibir un planchazo, y eso que procuro que sea la mínima posible gracias a mi currado sistema de tendido de ropa que minimiza las arrugas (porque ODIO planchar). Pese a mis esfuerzos, siempre hay algo que está arrugado y que no me puedo poner así, por lo que lo dejo caer grácilmente en pila-de-ropa-limpia-pero-arrugada que ya tenía oculta una cama de matrimonio. También estaba esperando a que tuviera tiempo, ganas y que el clima acompañara (eso último no era indispensable, pero ahí estaba ese requisito). Por supuesto, nunca confluían tantas circunstancias (véase el primer punto). Y ahora, por Arte de Madre, no existe la pila-de-ropa-limpia-pero-arrugada que casi formaba parte de la decoración. Ahora toda la ropa está en el armario (creo que es la primera vez que hay más ropa en el armario que en la famosa pila). Incluso he descubierto que tenía prendas que ya daba por perdidas (estaban en la base del montón de ropa, esa a la que nunca llegaba porque me hartaba de planchar mucho antes siquiera de llegar a la mitad).
Mi congelador hasta los topes de comida de madre ya preparada y lista para sacar&calentar&zampar. Ya no hay carne o pescado crudo empaquetado, sino primorosos tupper de colores con comida cocinada a cual más deliciosa. Mi madre me ha hecho de todo lo que me gusta y más aún: generosas raciones de cosas que pueden calificarse de ricas, muy ricas o exquisitas. Sí, esos guisos de los cuales yo tengo la receta (¡faltaba más!) pero que no me salen ni parecido a como lo hace mi madre, sospecho que porque no soy una de ellas, o porque no tengo ni el tiempo ni la paciencia que caracteriza a mi madre. Ella pone el fuego lento cuando hace falta, y yo no porque tengo prisa... Por detalles como ése, ella es una estupenda cocinera y yo un desastre andante.
La nevera, casi siempre medio vacía, ahora está a rebosar de fruta y verdura entre otras cosas. Le insistí a mi madre para que no comprara en exceso -que la veía venir-, porque no somos de comer mucha fruta (sobre todo mi chico que se limita a las manzanas), pero aún así tengo UN FRUTERO (OhMyGod) lleno de cuatro clases distintas de frutas -lo nunca visto-. El cajón de la verdura contiene eso precisamente, y no tres limones arrugados como antes... En fin, ahora es una alegría para la vista abrir la nevera, sin miedo a que te dé una depresión...
No sólo el congelador y la nevera están llenos, también mi barriga. Entre semana comía en el trabajo como siempre (bueno, eso no es exacto: ahora en mi tupper había comida de madre, que no es comparable a nada de este mundo), pero por las noches todo era distinto. Estamos acostumbrados a cenar relativamente poco y a cocinar menos aún, todo lo más que admito es freir unas croquetas o hacer una tortilla... Pero eso es impensable habiendo una madre de por medio. Las cenas estos días han consistido casi en comidas de tres platos; y el problema era que todo estaba tan absolutamente bueno que no podías dejar de comer de esto o de aquello. Por eso acababamos llenos de cosas ricas y las cenas cobraron una nueva dimensión.
Por supuesto, después de las cenas, hay platos por fregar que en condiciones normales se suelen dejar para la mañana siguiente, pero NO con una madre presente. Los platos quedaban fregados esa noche y la cocina recogida y reluciente, faltaba más. Además, no ha existido el concepto de dejar algo en el fregadero para limpiarlo después todo a la vez, no. Mi madre va fregando cacharros conforme va ensuciándolos, y es capaz de estar guisando tres cosas a la vez y fregando platos al mismo tiempo, cuando yo, su indigna hija, tiene que estar pendiente de un solo fogón para que no haya una tragedia. La cocina estaba tan limpia que podíamos haber comido en el suelo con total garantía.
A estas alturas es fácil adivinar que no sólo la cocina estaba impecable, sino también el resto de la casa. No había ni una miserable pelusilla en los 84 metros cuadrados de suelo, cuando lo habitual es que campen a sus anchas (la verdad es que hacen bastante compañía). El dormitorio no tenía ropa tirada por ahí, el salón estaba ordenado, el baño estaba impoluto... Una delicia, la verdad.
Y lo peor de todo (o lo mejor, vaya), es que a mi madre le gusta todo eso. De corazón. Desde que tengo uso de razón ha afirmado a propios y extraños que le encanta ser ama de casa -lo único que no le hace mucha gracia es planchar- y que para ella no es una molestia todo eso. A mí me cuesta creerlo, claro (de hecho, esa fue la base de una discusión bastante fuerte la última vez que vino). No lo concibo y le digo que no hacía falta todo ese trabajo, lo que es cierto porque ya me había encargado yo de limpiar a conciencia antes de que llegara para que se lo encontrara bien y no fuera necesario que se pusiera a limpiar (lo de cocinar es otra cosa, tengo que reconocerlo). Pero ella lo hace encantada. Y yo más, claro. Parece que por casa ha pasado un huracán, pero de efecto contrario: ya no hay desolación, porque todo está limpio, en su sitio... Mi casa está en perfecto estado de revista, vaya.
Ahora que ha vuelto a casa de mis abuelos, pues yo me he hecho el firme propósito de mantener la casa en unas condiciones semejantes a las actuales, es decir: ordenada y limpia. Las circunstancias no son las mismas, porque mi madre ha estado allí todo el día mientras que yo tengo ocho horas de trabajo y tres de clases de conducir y llego a casa como muy pronto a las siete de la tarde, harta de todo... Pero lo voy a intentar al menos. A ver cuánto me dura semejante resolución...
Y lo peor de todo (o lo mejor, vaya), es que a mi madre le gusta todo eso. De corazón. Desde que tengo uso de razón ha afirmado a propios y extraños que le encanta ser ama de casa -lo único que no le hace mucha gracia es planchar- y que para ella no es una molestia todo eso. A mí me cuesta creerlo, claro (de hecho, esa fue la base de una discusión bastante fuerte la última vez que vino). No lo concibo y le digo que no hacía falta todo ese trabajo, lo que es cierto porque ya me había encargado yo de limpiar a conciencia antes de que llegara para que se lo encontrara bien y no fuera necesario que se pusiera a limpiar (lo de cocinar es otra cosa, tengo que reconocerlo). Pero ella lo hace encantada. Y yo más, claro. Parece que por casa ha pasado un huracán, pero de efecto contrario: ya no hay desolación, porque todo está limpio, en su sitio... Mi casa está en perfecto estado de revista, vaya.
Ahora que ha vuelto a casa de mis abuelos, pues yo me he hecho el firme propósito de mantener la casa en unas condiciones semejantes a las actuales, es decir: ordenada y limpia. Las circunstancias no son las mismas, porque mi madre ha estado allí todo el día mientras que yo tengo ocho horas de trabajo y tres de clases de conducir y llego a casa como muy pronto a las siete de la tarde, harta de todo... Pero lo voy a intentar al menos. A ver cuánto me dura semejante resolución...
Pero qué sueeeerteeeee!!!
ResponderSuprimirCuando mi madre avisa que viene, monto brigada de limpieza y todo eso que hace tu Huracán Madre, me toca hacerlo a mí a toda pastilla. Y siempre encuentra alguna pega, pero es tan educada de callárselo. La que no se guarda una es mi abuela, ¿te conté que me robó dos cojines que yo había comprado a juego con las cortinas, y me dio el cambiazo por otros que le gustaban A ELLA?
¡Ay, qué familia!
Wow, cuando mi madre venía verme a los pisos donde vivía nunca, perdón, NUNCA, recogió ni una sola pelusilla (y eso que habían cientos... ^^). Y me ha pegado su pasotismo por las labores de casa, las odio a muerte. Prefiero currar 10 horas antes que tener q fregar los platos. Si es que yo nací para princesa, pero no sé que pasó por el camino...jejejeje.
ResponderSuprimir(Eso sí, cocino muy bien)
PIMKIE, yo también monto una Brigada Limpieza para que cuando venga se lo encuentre decentemente limpio y no piense que su hija vive en una sucursal del basurero municipal... Pero luego ella es la que hace el "mantenimiento". De todas formas, también mete alguna puya... Creo que si no lo hiciera se pondría mala y todo.
ResponderSuprimirADA, al menos tienes un "eso sí", yo ni eso. Ojalá hubiera yo heredado algo de todo el afán de mi madre, pero creo que esa parte de la genética se la debo a mi padre...
Pero, ¿qué haríamos sin nuestras madres?
ya te vale, ya te vale, explotando a tu madre, ji ji ji...
ResponderSuprimiryo, por el contrario, no soporto que toquen mis cosas ni que se metan en mi intimidad... no hasta que no pueda permitirme un mayordomo, of course!! ji ji...
Calculo que el propósito de mantener tu casa tal como tu madre te la ha dejado te durará un par de días, si no menos. Cuando yo me quedo en casa sola porque mis padres deciden irse de vacaciones normalmente el mismo día ya parece un campo de batalla... no sé cómo me lo hago y por más que me lo propongo siempre acaba igual. Total, sé que seré una desastrosa ama de casa cuando me toque.
ResponderSuprimirPor cierto! ese libro me lo regaló mi madre en San Jordi! Ya me dirás que tal... dice que me parezco mucho a la descripción que da (ni de lejos, pero pobre mujer!)
Un beso
QUERIDA, mi madre se explota sola, jajajaja... Si por ella fuera, me habría ordenado el armario de ropa, habría recolocado los CDs, habría reorganizado mis potingues del baño... Pero la última vez que vino tuvimos una pelea de las grandes por ese motivo y ahora sólo "sugiere" y arregla lo que hay pero sin ordenarlo a su manera. Yo sé que le cuesta una barbaridad (se lo dijo a mi chico), pero al menos ya respeta eso.
ResponderSuprimirCRIS, no vas muy desencaminada. Ahora mismo hay platos en el fregadero de la cocina de este medio día, y una camiseta nueva tirada en el sofá... Con eso te lo digo todo. Pero bueno, no voy a cambiar 29 años en un día: en lo que queda de semana lo recogeré todo. Con respecto a lo del libro, ya te contaré, voy por el capítulo tres (y ya se deja ver que la chica no es una gran ama de casa, jajajaja).
BESOS.
Pos en mi casa nunca se ha fregado por la noche. Vamos, que somos mas de levantarnos, desayunar y fregar los cacharros...
ResponderSuprimirEn MI casa también. Pero en CUALQUIER casa con mi madre presente, los platos de la cena se friegan después de cenar. No hay excusa. :D
ResponderSuprimirMi experiencia es la siguiente:
ResponderSuprimirMadre obsesiva por el orden y limpiezan hace vida imposible a todo el que vive a su alrededor.
Me emancipo, tengo mi casa y desde el primer momento me juro no obsesionarme. Imposible, está tan impregnado en mi piel el ambiente aseptico, que no sé vivir de otra manera. Lucho, me fragelo y me impongo penitencias, pero vuelvo a caer. No tengo remedio soy mi madre II. Qué pena me doy!!!!
CLEIRA, ¿y cuál es el problema? A mí me gustaría ser así, viviría en una casa limpia y ordenada. Pero no tengo tiempo y soy demasiado perra, qué le voy a hacer... :( ¿Me prestas unos genes? :D
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