17 junio 2008

Mala Baba en el Trabajo (Parte Tres)

BERRINCHE n+3 de Martes:
(Porque antes de un 3 ha habido un UNO y un DOS, claro.)

El mandamás del Departamento de marras bajó el Martes aquí para otro asunto, porque yo y mis berrinches son un tema de yo-conmigo-misma y la gente que trabaja conmigo pero no trasciende fuera de mi despacho.

Además, me parece muy de niños pequeños andar chivándose a tu superior que está a trescientos kilómetros de que las dos del Departamento no me hablaron durante una semana y me estuvieron haciendo el vacío hasta que se cansaron por una gilipollez muy grande. Se quedó aquí, pasé la semana que a veces me importaba y otras me daba igual hasta que por arte de magia después de un fin de semana todo volvió a la "normalidad".

Pues antes de que este mandamás se ocupase del asunto que había venido a tratar, nos dijo a mi jefe, a M.J. y a mí que las chicas del Departamento se habían quejado de nosotros tres porque las ATENCIÓN, ATENCIÓN: maltratábamos.

La ola de indiganción y rabia me subió desde los pies hasta el estómago primero (me lo estrujó bien y dejó allí un considerable dolor), después hasta la garganta (me instaló un nudo que me impedía tragar saliva y vocalizar con normalidad), luego a las mejillas (toda la sangre de mi cuerpo la tenía allí y la temperatura de mi piel aumentó varios grados) y finalmente intentó salir en forma de lágrimas que a durísimas penas pude contener.

Me apetecía llorar o patelear o gritar o todo a la vez. Luego pensé que no había oído bien y que en realidad el hombre estaba contando la película que vió anoche, pero no. Efectivamente estaba diciendo que había trascendido el hecho de que nosotros tres estábamos maltratando -la palabra se me clavó en el cerebro- a las chicas del Departamento y que la situación no podía sostenerse.

Debió verme la cara, porque luego intentó suavizar lo dicho insinuando que igual había un malentendido en SUS funciones (menos mal que no en las nuestras), y que es posible que no estuviera claro que somos superiores administrativamente y una sarta de frases pomposas y bien construídas que según mi percepción él no se llegaba a creer. Es decir: veía que estaba en nuestra contra.

Luego propuso que después de que acabara lo que había venido a hacer nos reuniéramos los seis (las dos del famoso Departamento, él y nosotros tres) a aclarar la situación y ver qué se podía hacer.

Cuando se fue, ya dejé de retener lágrimas y me desahogué bastante solita en mi despacho, hipando y gastando cantidades industriales de pañuelos de papel tissues. Luego mi jefe entró para decirme que no era para tanto (para él nunca nada es para tanto porque en otra vida él era una balsa de aceite y en esta vida le ha quedado esa tranquilidad y con el aceite seguro que le resbala todo), pero me daba igual lo que me dijera. Tenía la sensación de que siempre soy yo la que salgo perdiendo. Me entristecía que después de cortarme una barbaridad a la hora de dirigirme a ellas resulta que aún tenían queja... Podría haber sido yo misma y que al menos sus quejas fueran con motivo.

Me llevó un rato tranquilizarme y pensar con claridad. Me convencí a mí misma de que no llevaban razón porque en todo momento había hecho MI trabajo, no era nada personal, me había dirigido a ellas con educación siempre y con cordialidad, tanto por escrito como en persona. Y si acaso había insistido en alguna cuestión siempre fue porque mi superior (en este caso S.J. la mayoría de las ocasiones) me lo había ordenado. Esa sería mi línea de argumentación.

Por otro lado, como as en la manga, podría hacer referencia a las muchas veces que (sobre todo una de ellas) se han dirigido mal a mí, o me ha tirado los papeles a la mesa porque estaban enfadadas, o la famosa semana que no me hablaron (todo eso con testigos, claro). Eso, casualmente, no había trascendido, ¡oh, sorpresa!

Pero vamos, si tienen quejas, yo también las tengo, y en esta ocasión tenía la opción de dejarlas caer delante de su jefe al que tanto le lloran... Con esas convicciones, me quité el rimmel corrido de la cara y me sentí algo mejor (aunque lo cierto es que no di pié con bola en toda la mañana).

Lamentablemente tanta mentalidad tántrica no me valió de nada porque la famosa reunión tuvo lugar cuando yo ya había acabado mi jornada laboral, y aunque fuera muy tentadora la idea de quedarme para soltar un par de frescas, me fui. Luego M.J. me llamó para contarme que entre ella y mi jefe habían montado un pollo de cuidado a cuenta de todo esto (como yo bien la he enseñado), y habían salido escaldadas el par de dos delante de su jefe.

Lo siento pero me congratulé. No está mal un poco de justicia de vez en cuando...

4 comentarios:

  1. Al final el que la hace la paga... La gente no sabe que la vida es como un boomerang, y lo que hagas te será devuelto. Es la justicia divina de la que hablaba en mi último post...
    Besotes y anímate! ;)

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  2. Uff... Niña, no sabes qué difícil es ahora esto último que me pides... :( Besitos.

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  3. Cuando se metan contigo simplemente suéltales un: "anda y vete a la peluquería...", acompañado de alguna interjección pastoril al estilo de "uahhh!" para acelerar su marcha.

    Yo soy chico, pero me han dicho que eso, a una chica, le jode bastante que se lo digan :P

    Un besote.

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  4. La verdad es que sí que jode, jajajaja... Espero acordarme la próxima vez de esa salida, porque total, peor no me va a ir...

    ¡Besos!

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