05:33 - Mis ovarios me despiertan para que me de cuenta de que un dolorcillo me nace del vientre y me baja por las piernas. Me pongo de mal humor porque encima queda media hora escasa para que suene el despertador, así que no me da tiempo de dormir más. Me tomo una pastilla y me pongo a esperar que haga efecto, boca arriba en la cama, en el pequeño hueco que mi chico me ha dejado después de lanzarse a la conquista de todo el territorio de nuestra cama....y así tooooooooooooooda la jornada, que ha tenido ocho horas como todos los días pero con el nuevo turno partido me parece que dura el doble. He llegado a casa y me he tirado en plancha al sofá. No quiero ni pensar en que así me voy a tirar toda mi vida laboral a partir de ahora, con jornadas que se me hacen larguísimas y llegando a casa sin ganas de nada salvo vegetar en el sofá.
06:00 - Suena el despertador y lo apago inmediatamente porque estoy con los ojos como platos. Barajo la posibilidad de intentar dormir unos diez minutillos más, pero si no lo he hecho en media hora, no creo que lo haga ya. Me levanto y me ducho, parece que ya me encuentro un poco mejor, pero tampoco estoy para muchas historias. Deambulo por la casa con un Cola-Cao en la mano deseando estar durmiendo a pierna suelta, y me quedo ensoñada en el sofá y cuando vuelvo a la realidad, resulta que me quedan quince minutos para vestirme, peinarme y salir pitando.
07:04 - Con la lengua fuera llego al punto de encuentro con mi profesor de autoescuela. Como él no podía dar clase por la tarde, yo y mi bocaza propusimos darla antes de que entrara a trabajar, así que me metí yo solita en una clase de dos horas antes de ir a trabajar. No estoy acostumbrada a conducir por la mañana y hasta la carretera me parece distinta, pero consigo hacerlo todo más o menos bien a pesar de que no me gusta empezar el día con esa tensión.
08:56 - Aparco graciosamente delante de la puerta del trabajo. En esta semana de toma de contacto con mi nuevo puesto, también sirve para adaptarme a mi nuevo horario de partido. Horrible. Al menos en teoría me reducen dos horas mi jornada de 40 semanales. Entro a mi despacho y ya estoy harta de día (todo un récord), y tengo la pierna derecha engarrotada viva. Empiezo un Martes laboral sin saber qué voy a hacer, pero lo que está claro es que lo que debo procurar es no dormirme encima del teclado.
09:47 - Me cuesta, me cuesta. Intento prestar atención a mi formación (que consiste en profundizar más y mejor en los conceptos de siempre) y me aburro un montón. No hago más que recordar en el solitario Cola-Cao que me bebí allá por las seis y media y miro a mi jefe, incansable, y no encuentro un resquicio para escaparme a desayunar. Pierdo la esperanza cuando me dice que lo que me está explicando tarda en hacerse unas dos horas y que es importante. Pues vaya.
11:09 - Mi jefe se apiada de mí cuando un rugido procedente de mi estómago le hace pegar un brinco de la silla, y me deja ir a desayunar. Me zampo un sándwich que mi niño me preparó anoche en un ataque de previsión sin precedentes y me relajo un poco con mi amiga. Miro el reloj a ver si ya es hora de irse a comer, pero no. El tiempo pasa leeeeeeeento y yo tengo mucho sueño.
12:20 - Oh-My-God. Sigo sentada al lado de mi jefe intentando seguir el ritmo. Bueno, en realidad, no dormirme - no bostezar - no salir corriendo. El tiempo se ha empeñado esta mañana en no correr y me agobia una sensación de pérdida de tiempo (LEEEEEEEEEEENTO, no olvidemos), sin hacer nada productivocomo jugar al solitario, muy aburrida y dispersísima.
13:15 - Mordisqueo a escondidas una galletita. Al sueño, al aburrimiento supremo, a las ganas de irme a mi casa... se le suma un hambre voraz. No me he traído nada de casa, no quiero ir a la máquina para no pecar, así que saco mi plan alternativo (o sea, las galletas, que, pensándolo bien, también son un pecado porque tengo un paquete enterito y nada de conciencia que me impida acabar con él) que es acogido con entusiasmo por mi compañera y paramos un rato de hacer-lo-que-sea-que-hacemos y calculamos hasta el último segundo lo que queda para irnos a casa...
También es verdad que pesa el madrugón, las dos horas de coche, que tengo la regla y que hace calor. Vale. Bien. Sí. Pero todo eso no quita que el turno sea un asquito. Con lo a gusto que estaba yo de ocho a cuatro...
7 comentarios: