Ayer por fin conseguí hacer un hueco para ir a la peluquería y arreglarme los pelos.
Siempre pasa lo mismo: cuando me siento en la silla me pregunto por qué narices no me doy el gustazo más a menudo. Adoro ir allí a que me sobeteen el pelo, me laven la cabeza, me sobeteen el pelo, me den un masaje en la cabeza, me sobeteen el pelo, me pongan una mascarilla, me sobeteen el pelo un poco más, me corten, me peinen para finalmente que me sobeteen el pelo como guinda del pastel...
En resumen: ME ENCANTA.
Así que disfruté un montón.
Cuando me senté en la silla, mi peluquera se acercó a mí y me sentí relajada. La peluquería es un sitio muy agradable, pintada con colores muy alegres, había una radio con música, el aire acondicionado sofocaba el calor y aspiré el olor a Norit de la bata de mi peluquera...
Estupendo, vamos.
Mientras me estuvo dando vueltas alrededor a mí, con las manos entre mi pelo acondicionándolo, mesándolo, hidratándolo, alisándolo y cosas así, yo estaba extasiada. Pasé un rato fantástico.
Que se acabó, claro, a la hora y media de haber entrado. Salí a la calle (bofetón de calor) relajada, con el pelo liso y suave (para variar), con una cancioncilla en la cabeza (marchosilla) y el olor a Norit incrustado en mi nariz.
Al cuarto de hora, seguía oliendo a Norit.
Media hora después, también.
A la hora de haber salido de la peluquería, el olor a Norit seguía instalado en mi naricilla.
Ummmmmm...
Esto es muy raro.
O tengo la pituitaria fatal (a juego con el resto de mí, todo hay que decirlo), o mi peluquera gasta una burrada en Norit cada vez que lava su ropa o aquí pasa algo extraño.
Y entonces, con un simple movimiento de cabeza, el misterio quedó solucionado.
ERA MI PELO EL QUE OLÍA A NORIT.
O un olor muy parecido, vaya. Pero a colada recién hecha, en cualquier caso.
Estuve toda la tarde haciendo el pavo como si realmente tuviera un borreguito en la cabeza, tratando de asumir con humor que todo el que se acercara a mí en lugar de oler a sofisticación y productos de tratamiento de los caros, iba a evocar a un borreguito blanco con un lazo rojo y el hocico húmedo (por no mencionar la cancioncilla que prefiero no recordar).
Ayssss...
- Beeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee...
Siempre pasa lo mismo: cuando me siento en la silla me pregunto por qué narices no me doy el gustazo más a menudo. Adoro ir allí a que me sobeteen el pelo, me laven la cabeza, me sobeteen el pelo, me den un masaje en la cabeza, me sobeteen el pelo, me pongan una mascarilla, me sobeteen el pelo un poco más, me corten, me peinen para finalmente que me sobeteen el pelo como guinda del pastel...
En resumen: ME ENCANTA.
Así que disfruté un montón.
Cuando me senté en la silla, mi peluquera se acercó a mí y me sentí relajada. La peluquería es un sitio muy agradable, pintada con colores muy alegres, había una radio con música, el aire acondicionado sofocaba el calor y aspiré el olor a Norit de la bata de mi peluquera...
Estupendo, vamos.
Mientras me estuvo dando vueltas alrededor a mí, con las manos entre mi pelo acondicionándolo, mesándolo, hidratándolo, alisándolo y cosas así, yo estaba extasiada. Pasé un rato fantástico.
Que se acabó, claro, a la hora y media de haber entrado. Salí a la calle (bofetón de calor) relajada, con el pelo liso y suave (para variar), con una cancioncilla en la cabeza (marchosilla) y el olor a Norit incrustado en mi nariz.
Al cuarto de hora, seguía oliendo a Norit.
Media hora después, también.
A la hora de haber salido de la peluquería, el olor a Norit seguía instalado en mi naricilla.
Ummmmmm...
Esto es muy raro.
O tengo la pituitaria fatal (a juego con el resto de mí, todo hay que decirlo), o mi peluquera gasta una burrada en Norit cada vez que lava su ropa o aquí pasa algo extraño.
Y entonces, con un simple movimiento de cabeza, el misterio quedó solucionado.
ERA MI PELO EL QUE OLÍA A NORIT.
O un olor muy parecido, vaya. Pero a colada recién hecha, en cualquier caso.Estuve toda la tarde haciendo el pavo como si realmente tuviera un borreguito en la cabeza, tratando de asumir con humor que todo el que se acercara a mí en lugar de oler a sofisticación y productos de tratamiento de los caros, iba a evocar a un borreguito blanco con un lazo rojo y el hocico húmedo (por no mencionar la cancioncilla que prefiero no recordar).
Ayssss...
- Beeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee...
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