Esta semana he tenido que ir a la Iglesia. No soy una chica asidua ni muchísimo menos; además, esto me viene más o menos desde el día siguiente al de mi Primera Comunión, así que hace años ya que dejé de pisar la Iglesia a no ser que fuera absolutamente imprescindible (para alegría de mi abuelo y horror de otra parte de mi familia, todo hay que decirlo). Pero cuando voy, ya que estoy allí, pues al menos escucho con bastante atención las palabras del cura, porque igual se puede aprender algo intersante e instructivo. Nunca se sabe.
Lo que sucede es que las veces que he estado en la Iglesia y he escuchado las parábolas, lecturas, evangelios y/o esas cosas (no estoy muy ducha en vocabulario técnico), me he quedado de piedra y me pregunto seriamente si alguien presta atención como yo, y en caso afirmativo, cómo es que nadie dice nada al respecto.
En este caso concreto, el sacerdote nos deleitó con la lectura de Mateo 25, 1-13 (lo he buscado en San Google, que conste, lo que faltaba era que me hubiera quedado con el pasaje y todo):
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!". Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas". Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis."
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!". Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco".
Alucinante.
La lectura acabó con un asentimiento del cura y una cara de convencimiento como nunca antes había visto, y empezó a contar la historia otra vez, con sus palabras, recalcando que hay que ser doncella sensata en esta vida...
A ver si lo he entendido bien:
- Es perfectamente normal que un esposo tenga diez doncellas.
- A las despistadas se les llama necias.
- Las sensatas, viendo que las necias no cogían el aceite, se callaron como ***** (póngase aquí la expresión que cada cual vea más conveniente, a mí se me ocurre una palabra de cinco letras que no sería muy adecuada dado el contexto).
- ¿Por qué hay que esperar al esposo con lámparas?
- Cuando las necias pidieron ayuda a las sensatas, éstas, cristianas ellas, en lugar de ayudarlas, se las quitaron de enmedio mandándolas a la tienda.
- Las sensatas, cuando llegó el esposo, no le dijeron al hombre que esperara a sus otras cinco doncellas, sino que se volvieron a callar como ***** (siga usándose aquí la misma expresión que antes).
- Al volver las necias ya con el aceite y las lámparas listas, pidieron entrar al banquete de bodas, y va el esposo (cristiano y bueno y todo eso) y dice que no las conoce, y las deja en la calle después de haber ido a la tienda a por el aceite que todavía no está muy claro para qué hacía tanta falta.
- Y todo eso está bien.
Me quedé estupefacta. ¿Ése es el mensaje de la Iglesia? ¿De verdad?
Pues vamos listos...
Lo que sucede es que las veces que he estado en la Iglesia y he escuchado las parábolas, lecturas, evangelios y/o esas cosas (no estoy muy ducha en vocabulario técnico), me he quedado de piedra y me pregunto seriamente si alguien presta atención como yo, y en caso afirmativo, cómo es que nadie dice nada al respecto.
En este caso concreto, el sacerdote nos deleitó con la lectura de Mateo 25, 1-13 (lo he buscado en San Google, que conste, lo que faltaba era que me hubiera quedado con el pasaje y todo):
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:
El Reino de los Cielos se parecerá a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz: "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!". Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas". Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis."
Mientras iban a comprarlo llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!". Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco".
Alucinante.
La lectura acabó con un asentimiento del cura y una cara de convencimiento como nunca antes había visto, y empezó a contar la historia otra vez, con sus palabras, recalcando que hay que ser doncella sensata en esta vida...
A ver si lo he entendido bien:
- Es perfectamente normal que un esposo tenga diez doncellas.
- A las despistadas se les llama necias.
- Las sensatas, viendo que las necias no cogían el aceite, se callaron como ***** (póngase aquí la expresión que cada cual vea más conveniente, a mí se me ocurre una palabra de cinco letras que no sería muy adecuada dado el contexto).
- ¿Por qué hay que esperar al esposo con lámparas?
- Cuando las necias pidieron ayuda a las sensatas, éstas, cristianas ellas, en lugar de ayudarlas, se las quitaron de enmedio mandándolas a la tienda.
- Las sensatas, cuando llegó el esposo, no le dijeron al hombre que esperara a sus otras cinco doncellas, sino que se volvieron a callar como ***** (siga usándose aquí la misma expresión que antes).
- Al volver las necias ya con el aceite y las lámparas listas, pidieron entrar al banquete de bodas, y va el esposo (cristiano y bueno y todo eso) y dice que no las conoce, y las deja en la calle después de haber ido a la tienda a por el aceite que todavía no está muy claro para qué hacía tanta falta.
- Y todo eso está bien.
Me quedé estupefacta. ¿Ése es el mensaje de la Iglesia? ¿De verdad?
Pues vamos listos...
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