No sé por qué el otro día me acordé de mi pesadilla particular de cuando era pequeña.
Se llamaba Maribel.
Me acuerdo perfectamente de su nombre completo y dos apellidos, porque por culpa de ellos el colegio decidió que ella y yo compartiéramos clase de E.G.B. curso tras curso para mi desgracia. No me libré de ella hasta que fuimos al instituto. Una pesadilla.
Maribel era una niña muy popular, con la piel de porcelana con un antojo en una mejilla, un pelo castaño rizado precioso y unos ojos verdes que todo el mundo calificaba de bonitos pero que yo sabía que eran del demonio. Ella era en el colegio lo que las jefa de las animadoras en un instituto de los EEUU: muy guapa y muy lista. La nota más baja que sacó fue un 9.5, y recuerdo bien esa nota porque Maribel se pasó el día entero llorando por su estrepitoso fracaso.
Tenía un hermano que iba dos o tres cursos por delante de nosotras y todas las niñas suspiraban por él. A mí no me parecía especialmente guapo (yo le había echado el ojo a un tal Federico), pero lo importante era que como era la hermana de aquel chico, eso la hacía más popular si cabía.
Además, estaba su madre: una mujer muy arreglada que todos los Lunes le compraba a Maribel ropa y cosas para el pelo (en aquella época se apreciaban como el oro los pasadores del pelo) que ella estrenaba invariantemente los Martes. Todas las niñas queríamos una madre como la madre de Maribel, y me avergüenza confesar que alguna vez que pillé una rabieta con mi adorada madre le mencioné a la de Maribel como si fuera la pera limonera.
Del que no sabíamos nada era del padre de Maribel. Nunca nadie lo había visto. Las veces que fui a su casa a jugar no estaba nunca, a las reuniones de padres tampoco iba (pero iba la madre de Maribel y eso era suficiente), pero nadie dudaba de que existía como persona aunque se escurriera como un fantasma.
Es curioso que me acuerde con tanto detalle de todo eso, ¿verdad?
El caso es que yo era "amiga forzada" de Maribel. Teníamos una competitividad silenciosa con respecto a las notas, y nos juntábamos porque eso era lo que tenía que pasar. Las listas con las listas y las tontas con las tontas. Yo no la soportaba, imagino que ella tampoco a mí, pero siempre estábamos juntas. Por la mañana íbamos al colegio en el mismo grupillo, nos sentábamos cerca en clase, en los recreos jugábamos juntas y por la tarde también quedábamos.
Creo que yo pensaba que las cosas eran así porque tenían que serlo. No sé si alguien se llegó a dar cuenta alguna vez de que no la soportaba en absoluto...
Lo peor era cuando ella decidía no ajuntarte contigo, porque era tu muerte social en el colegio. Como era la más popular, si ella no te hablaba, NADIE te hablaba. Movía las masas. Por eso todos teníamos cuidado de que no se enfadara porque entonces te tocaba estar una semana (como mínimo) aislada del mundo hasta que su generosidad infinita le hacía perdonarte y de nuevo volvía a hablarte y tú resucitabas socialmente hablando.
Tengo un recuerdo nítido de un enfrentamiento que tuvimos. Estábamos haciendo una manualidad para el Día del Padre. Había que hacer un dibujo de algo relacionado con el trabajo de tu padre sobre una cartulina blanca. Ella se puso a dibujar y yo también, y al rato vino llorando como una magdalena. Se había salido, había hecho una raya en la cartulina fuera del dibujo y no se podía borrar. Para sentirse mejor, me pidió que yo también me saliera y así no habría un dibujo perfecto (supongo que ya se habría asegurado antes de que los demás niños de la clase se habrían salido también), y yo le dije que no. Que mi dibujo estaba perfectamente coloreado y que no pensaba salirme a posta porque lo estropearía.
Y entonces me dijo: "¡Ya no te ajunto!"
La terrible frase.
Efectivamente, cuando salimos al recreo, absolutamente nadie se acercó a mí. Me daban la espalda y rodeaban a la llorosa Maribel para consolarla. Recuerdo que ese fue mi primer nudo en el estómago.
Me puse malísima. Me dolía la tripa a rabiar. Mi madre decía que no sabía qué me pasaba y yo no le iba a confesar que era porque Maribel no me hablaba y por extensión, nadie del colegio, y que el hecho de que el profesor dijera que mi dibujo estaba muy bien hecho y no alabara el suyo no ayudaba nada.
A la mañana siguiente, después de mi primera noche en vela, me levanté con el mismo dolor de estómago. Recuerdo perfectamente que me estaba atando las zapatillas y me temblaba la mano del miedo que me daba ir al colegio sabiendo que nadie me iba a hablar en una semana como poco, hasta que Maribel me perdonara y me volviera a aceptar en su exclusivo círculo de amistades.
Mi madre me arrastró fuera de la casa y por primera vez fui sola al colegio, porque Maribel no me estaba esperando.
Cuando llegué, la pesadilla era tal y como había temido: por un lado estaba el mundo feliz y por otro lado estaba yo, totalmente sola.
En el recreo, seguían todos rodeando a Maribel e imagino que rajando de mí. Pero alguien se me acercó. No recuerdo quién fue, pero sí que me acuerdo de la mirada de odio de Maribel hacia nosotros. Entonces yo fingí absoluta despreocupación y nos pusimos a jugar a un juego tontísimo que me habían enseñado alguien en casa, y de repente, ví que Maribel estaba sola y que todos los niños estaban alrededor mío porque querían jugar a ese juego.
Esa fue la primera sensación de victoria de mi vida. Le había ganado el pulso a la mismísima Maribel con la tontería más grande del mundo.
Automáticamente, Maribel se acercó a nosotros como si nada hubiera pasado porque ella también quería jugar, es más, ser la reina del juego porque no podía ser de otra manera.
Desde entonces tuvo bastante más cuidado, y no recuerdo que me volviera a sentenciar nunca más con la famosa frase. Seguimos con nuestra amistad forzada y nuestra competitividad feroz hasta el final de la E.G.B.
Más tarde, me sorprendí reflexionando en que quizá todos los niños estuvieran aliviados de ver que había un motivo para no adorar a Maribel, una especie de alternativa. Pero ese pensamiento se perdió en mi cabecita con dos coletas y todo volvió a ser como antes: Maribel seguía reinando, y yo estaba segura después de que viera que tenía una rival a su altura y que no le convenía tenerme en contra porque podía ser ella la que se quedara sola como aquel día en el patio del colegio...
En los últimos cursos de la E.G.B. nos fuimos distanciando (para gran alivio mío): ella tenía un círculo de amigas y yo otro distinto -el suyo mucho más exclusivo y fashion, por supuesto-, pero seguíamos con la tácita competitividad, nos seguíamos mirando de reojo y nos teníamos un cierto respeto, heredado de cursos anteriores.
El otro día me acordé de esto y no sé el motivo. Pero me gustó poder recordar tan claramente este episodio que pasó hace más de veinte años, y saber cuándo y por qué sentí por primera vez que había ganado una batalla...
Se llamaba Maribel.
Me acuerdo perfectamente de su nombre completo y dos apellidos, porque por culpa de ellos el colegio decidió que ella y yo compartiéramos clase de E.G.B. curso tras curso para mi desgracia. No me libré de ella hasta que fuimos al instituto. Una pesadilla.
Maribel era una niña muy popular, con la piel de porcelana con un antojo en una mejilla, un pelo castaño rizado precioso y unos ojos verdes que todo el mundo calificaba de bonitos pero que yo sabía que eran del demonio. Ella era en el colegio lo que las jefa de las animadoras en un instituto de los EEUU: muy guapa y muy lista. La nota más baja que sacó fue un 9.5, y recuerdo bien esa nota porque Maribel se pasó el día entero llorando por su estrepitoso fracaso.
Tenía un hermano que iba dos o tres cursos por delante de nosotras y todas las niñas suspiraban por él. A mí no me parecía especialmente guapo (yo le había echado el ojo a un tal Federico), pero lo importante era que como era la hermana de aquel chico, eso la hacía más popular si cabía.
Además, estaba su madre: una mujer muy arreglada que todos los Lunes le compraba a Maribel ropa y cosas para el pelo (en aquella época se apreciaban como el oro los pasadores del pelo) que ella estrenaba invariantemente los Martes. Todas las niñas queríamos una madre como la madre de Maribel, y me avergüenza confesar que alguna vez que pillé una rabieta con mi adorada madre le mencioné a la de Maribel como si fuera la pera limonera.
Del que no sabíamos nada era del padre de Maribel. Nunca nadie lo había visto. Las veces que fui a su casa a jugar no estaba nunca, a las reuniones de padres tampoco iba (pero iba la madre de Maribel y eso era suficiente), pero nadie dudaba de que existía como persona aunque se escurriera como un fantasma.
Es curioso que me acuerde con tanto detalle de todo eso, ¿verdad?
El caso es que yo era "amiga forzada" de Maribel. Teníamos una competitividad silenciosa con respecto a las notas, y nos juntábamos porque eso era lo que tenía que pasar. Las listas con las listas y las tontas con las tontas. Yo no la soportaba, imagino que ella tampoco a mí, pero siempre estábamos juntas. Por la mañana íbamos al colegio en el mismo grupillo, nos sentábamos cerca en clase, en los recreos jugábamos juntas y por la tarde también quedábamos.
Creo que yo pensaba que las cosas eran así porque tenían que serlo. No sé si alguien se llegó a dar cuenta alguna vez de que no la soportaba en absoluto...
Lo peor era cuando ella decidía no ajuntarte contigo, porque era tu muerte social en el colegio. Como era la más popular, si ella no te hablaba, NADIE te hablaba. Movía las masas. Por eso todos teníamos cuidado de que no se enfadara porque entonces te tocaba estar una semana (como mínimo) aislada del mundo hasta que su generosidad infinita le hacía perdonarte y de nuevo volvía a hablarte y tú resucitabas socialmente hablando.
Tengo un recuerdo nítido de un enfrentamiento que tuvimos. Estábamos haciendo una manualidad para el Día del Padre. Había que hacer un dibujo de algo relacionado con el trabajo de tu padre sobre una cartulina blanca. Ella se puso a dibujar y yo también, y al rato vino llorando como una magdalena. Se había salido, había hecho una raya en la cartulina fuera del dibujo y no se podía borrar. Para sentirse mejor, me pidió que yo también me saliera y así no habría un dibujo perfecto (supongo que ya se habría asegurado antes de que los demás niños de la clase se habrían salido también), y yo le dije que no. Que mi dibujo estaba perfectamente coloreado y que no pensaba salirme a posta porque lo estropearía.
Y entonces me dijo: "¡Ya no te ajunto!"
La terrible frase.
Efectivamente, cuando salimos al recreo, absolutamente nadie se acercó a mí. Me daban la espalda y rodeaban a la llorosa Maribel para consolarla. Recuerdo que ese fue mi primer nudo en el estómago.
Me puse malísima. Me dolía la tripa a rabiar. Mi madre decía que no sabía qué me pasaba y yo no le iba a confesar que era porque Maribel no me hablaba y por extensión, nadie del colegio, y que el hecho de que el profesor dijera que mi dibujo estaba muy bien hecho y no alabara el suyo no ayudaba nada.
A la mañana siguiente, después de mi primera noche en vela, me levanté con el mismo dolor de estómago. Recuerdo perfectamente que me estaba atando las zapatillas y me temblaba la mano del miedo que me daba ir al colegio sabiendo que nadie me iba a hablar en una semana como poco, hasta que Maribel me perdonara y me volviera a aceptar en su exclusivo círculo de amistades.
Mi madre me arrastró fuera de la casa y por primera vez fui sola al colegio, porque Maribel no me estaba esperando.
Cuando llegué, la pesadilla era tal y como había temido: por un lado estaba el mundo feliz y por otro lado estaba yo, totalmente sola.
En el recreo, seguían todos rodeando a Maribel e imagino que rajando de mí. Pero alguien se me acercó. No recuerdo quién fue, pero sí que me acuerdo de la mirada de odio de Maribel hacia nosotros. Entonces yo fingí absoluta despreocupación y nos pusimos a jugar a un juego tontísimo que me habían enseñado alguien en casa, y de repente, ví que Maribel estaba sola y que todos los niños estaban alrededor mío porque querían jugar a ese juego.
Esa fue la primera sensación de victoria de mi vida. Le había ganado el pulso a la mismísima Maribel con la tontería más grande del mundo.
Automáticamente, Maribel se acercó a nosotros como si nada hubiera pasado porque ella también quería jugar, es más, ser la reina del juego porque no podía ser de otra manera.
Desde entonces tuvo bastante más cuidado, y no recuerdo que me volviera a sentenciar nunca más con la famosa frase. Seguimos con nuestra amistad forzada y nuestra competitividad feroz hasta el final de la E.G.B.
Más tarde, me sorprendí reflexionando en que quizá todos los niños estuvieran aliviados de ver que había un motivo para no adorar a Maribel, una especie de alternativa. Pero ese pensamiento se perdió en mi cabecita con dos coletas y todo volvió a ser como antes: Maribel seguía reinando, y yo estaba segura después de que viera que tenía una rival a su altura y que no le convenía tenerme en contra porque podía ser ella la que se quedara sola como aquel día en el patio del colegio...
En los últimos cursos de la E.G.B. nos fuimos distanciando (para gran alivio mío): ella tenía un círculo de amigas y yo otro distinto -el suyo mucho más exclusivo y fashion, por supuesto-, pero seguíamos con la tácita competitividad, nos seguíamos mirando de reojo y nos teníamos un cierto respeto, heredado de cursos anteriores.
El otro día me acordé de esto y no sé el motivo. Pero me gustó poder recordar tan claramente este episodio que pasó hace más de veinte años, y saber cuándo y por qué sentí por primera vez que había ganado una batalla...




13 opiniones dadas...
Vaya historia más tierna, igual el recuerdo te lo ha traído tu mente porque en breve os volveis a encontrar...
A veces pasa.
Besos!
El detalle de pedirte que te equivocaras tú también para no quedar ella como tonta es un claro ejemplo de egoísmo y soberbia; es decir, nadie puede ser mejor que yo, porque yo soy Dios.
Obviamente a esas edades se reacciona siendo el niño que se es, sin embargo, cuando te pidió que equivocaras tú también al dibujar hubiera estado bien contestarle: “Si eres tonta y te has salido no es mi problema…”
Todo lo que nos pasa cuando somos niños nos influye y termina conformando nuestro carácter futuro. Es muy probable que, la falta de valor de la gente para poner fin a esa situación de dominio en aquel colegio hiciera a aquella niña, todavía más aborrecible de lo que era en un principio.
Es una lástima que no recuerdes quién se te acercó, porque aquella persona cambió la historia de ese colegio en aquel momento al acercarse.
Un besote.
MANDAWEBOS, no creo que nos volvamos a encontrar... Y si eso pasara, no tengo ni idea de cómo reaccionaríamos... En fin, es harto improbable. Pero siempre está bien acordarse de esas cosas, forman parte de ti, ¿verdad? :)
HACKETT, estaba en tercero, mi cerebro no tenía la maldad que tiene ahora. No creo que nadie le hubiera contestado así, aunque digan eso de que los niños son muy crueles... No me acuerdo de quién se me acercó, pero sí que sé qué "juego" era. Si alguna vez tengo hijos, se lo enseñaré, porque, aunque esté olvidado en algún rincón de mi memoria (y es tontísimo), me ayudó una vez a ganar una batalla, y eso es muy importante. :)
vaya recuerdos! yo no sé como lo hacía, porque igual era la niña que menos encajaba con la gente "popular" pero que siempre conocía a todo el mundo "influyente".
Yo me acuerdo qe una niña que tenía de todo, pero cuando digo de todo, es de todo todo, hasta un movil cuando empezaban por 9 en vez de 6, me tenía envidia y me rajó un precioso paragüas que estrené y también me rompió los libros de clase :( que triste. Si es que los que más alardean..
Me pasaré más a menudo que con el trabajo estos días no he podido!!
Jajaja... Pues la tuya sería una Maribel II, esta sí tenía de todo-todo (pero móviles no, más que nada porque no se habían inventado), y tenía que ser la mejor de las mejores... No sé si habrá mejorado con los años...
Pásate cuando quieras. :D
La famosa crueldad infantil es inculcada por los progenitores (a veces sin darse cuenta) y el tiempo suele empeorar lo malo y mejorar lo bueno.
La memoria es un tesoro.
Salud.
Yo no era de los más populares del cole, más bien al contrario. Siempre en los colegios ha habido el/la clásico/a que adoran todos los niños de la clase y al que todos imitan.
Nunca me ha gustado ser tan popular, simplemente he querido ser uno más. Aa decir verdad, tiendo a pasar desapercibido y a ir a mi rollo (en la universidad me pasa).
Alguna Maribel hemos tenido todos en nuestro colegio, ¿no?
Aunque yo, lo que más recuerdo de esa etapa de mi vida, era que en mi clase todos nos llevábamos tan bien que los niños de las otras dos nos tenían una envidia horrible, y eso que la clase del 1º, 2º, 3º, 4º...'C' siempre solía ser la perjudicada en todo.
Sabíamos que la unión hacía la fuerza ya en aquel momento.
Un besito.
CÉFIRO, yo creo que ella era la mimada de la casa y por eso lo extrapolaba al colegio. No sé, es mi teoría 20 años después, jeje... :)
SEÑOR OSCURO, no sé si Maribel era adorada o temida, más bien creo que lo segundo. Popular era, eso sí, porque no era una niña que pasara desapercibida... También te digo que los profesores tenían que ver en eso...
ADISE, hay muchas Maribeles en el mundo. Muchas. En el colegio, o en el trabajo. Las Maribeles son permanentes en el tiempo, sólo que las que te encuentras ahora han refinado su método de manipulación. :) Desde pequeños aprendemos muchas cosas, sí.
Puff no aguanto a esa gente...yo también tuve mi Maribel y aun me da rabia encontrármela por la calle :S
Un beso!!
Al menos yo la perdí totalmente de vista cuando acabé octavo... y no sé dónde para ahora. Ni ella sabe tampoco nada de mí. :)
Creo que todos tenemos una Maribel en nuestro pasado (o en nuestro presente). :)
Mi Maribel se llamaba Elena y reinaba mucho. Pero mucho mucho. Era pecosa, rubia, ojos azules, buena estudiante, estilosa... y tenía una nariz horrible. Su cara parecía una taza de porcelana con el asa rota, es decir, perfecta, pero con una tara. Un día, alguien osado y sin duda inconsciente le informó de la curvatura de su nariz y ella le condenó al ostracismo.
También me la quité de encima en 8º de EGB, porque se fue a un colegio con más caché. Antes de los 20 años ya tenía la rinoplastia hecha.
Tu Elena y mi Maribel podrían haberse juntado, jejeje... ;)
¡¡Cuéntame tú qué opinas!!