Estos días me he dado cuenta de lo perjudicial para mi salud que está siendo el hecho de sacarme el carnet de conducir.
Después de mi segundo fracaso (por decirlo de una forma suave), estoy un parón forzado por las vacaciones que los señores de Tráfico. Es decir: como mínimo, hasta dentro de un mes no puedo examinarme de nuevo. Como obligatoriamente tengo que dar otras cinco clases (como si así aprendiera algo más), las daré unos días antes de mi siguiente examen, por lo que delante de mí hay tres semanas de calma y tranquilidad para olvidarme un poco del maldito coche.
Y me siento mejor.
De repente, me noto que la angustia que tenía ha mermado un tanto. Ahora sólo tengo un run-run dentro por tener el tema pendiente, pero no es comparable al estrés que tenía antes. Voy a intentar olvidarme de cedas el paso, cambio de marchas, punto de fricción y cosas así en la medida de lo posible y mi calidad de vida aumentará poco a poco.
Realmente, a partir de ahora he decidido que mi línea a seguir va a ser la de acoso y derribo. Es decir, me voy a presentar insistentemente hasta que me traiga mi carnet, porque ya no voy a tirar la toalla (y estuve tentada, tengo que reconocerlo). Después de casi 50 clases de conducir, en mi opinión no voy a aprender más, sino lo que necesito es experiencia al volante, y sobre todo: CALMA.
De momento voy a disfrutar de mi parón forzado y de mis tardes libres. Y también, por qué no decirlo, del hecho de no tener un gasto de 30 euros cada 45 minutos que estoy al volante, que también me angustiaba bastante...
Quizá con esta nueva manera de enfocarlo, tenga algo de suerte la próxima vez que me presente...
Después de mi segundo fracaso (por decirlo de una forma suave), estoy un parón forzado por las vacaciones que los señores de Tráfico. Es decir: como mínimo, hasta dentro de un mes no puedo examinarme de nuevo. Como obligatoriamente tengo que dar otras cinco clases (como si así aprendiera algo más), las daré unos días antes de mi siguiente examen, por lo que delante de mí hay tres semanas de calma y tranquilidad para olvidarme un poco del maldito coche.
Y me siento mejor.
De repente, me noto que la angustia que tenía ha mermado un tanto. Ahora sólo tengo un run-run dentro por tener el tema pendiente, pero no es comparable al estrés que tenía antes. Voy a intentar olvidarme de cedas el paso, cambio de marchas, punto de fricción y cosas así en la medida de lo posible y mi calidad de vida aumentará poco a poco.
Realmente, a partir de ahora he decidido que mi línea a seguir va a ser la de acoso y derribo. Es decir, me voy a presentar insistentemente hasta que me traiga mi carnet, porque ya no voy a tirar la toalla (y estuve tentada, tengo que reconocerlo). Después de casi 50 clases de conducir, en mi opinión no voy a aprender más, sino lo que necesito es experiencia al volante, y sobre todo: CALMA.
De momento voy a disfrutar de mi parón forzado y de mis tardes libres. Y también, por qué no decirlo, del hecho de no tener un gasto de 30 euros cada 45 minutos que estoy al volante, que también me angustiaba bastante...
Quizá con esta nueva manera de enfocarlo, tenga algo de suerte la próxima vez que me presente...
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