Llevo una temporada fatal.
Puede que no lo quiera reconocer.
O que lo esconda muy bien.
O que a veces logre olvidarme...
Pero la realidad es que estoy irritable (y seguramente irritante también), desganada, apática, cansada, malhumorada, intolerante, antipática, asocial, nerviosa, amargada... y varios adjetivos más que siguen esta línea.
En una palabra (bueno, dos): muy mal.
Lo peor es que soy consciente de todo eso, lo suficiente como para poder escribirlo incluso, y veo que llevo tiempo así y que la situación no cambia. Por eso empeora todo y al final me siento, además, presa de la tristreza...
Hoy he estallado. Sí. A veces tengo pequeños momentos en los que la tensión se me escapa por alguna rendija que no controlo, y mi pequeño "asomo de genio" se queda en una simple anécdota a la que nadie le da la mayor importancia porque malos días tenemos todos.
...sólo que el mío es permanente.
Hoy he reventado. Con gritos, con lágrimas, con reproches, sin fundamento alguno y sin control. La rabia que siento por dentro se ha unido en un momento, me ha golpeado el estómago y ha salido disparada en todas las direcciones. Y el único que estaba al alcance de la brutal onda expansiva ha sido mi chico. Desgraciadamente. El que menos culpa tiene.
Todo ha sido un torrente incontrolable de palabras que ha salido de mi boca en un tono acerado y frío que a veces me asusta hasta a mí, entremezclado con lágrimas y miradas furiosas. Él estaba enfrente, sin entender, pero sintiéndose culpable de una acusación sin sentido que luego se ha caído como un castillo de naipes cuando todo ha amainado y he sido consciente de lo que había sucedido, como si lo viera desde fuera a cámara lenta.
Le he pedido perdón. Mil veces. Una y otra vez. De todas las maneras que sabía, desde lo más profundo de mi corazón. Él no tiene la culpa de nada, sin embargo, ahí está para soportar mi agrio carácter de los últimos días.
No puedo creer que le haya hecho eso, que haya proyectado en una discusión absurda toda mi ira interior contra el mundo en general y nadie en particular.
Pero lo hice.
Llevo toda la tarde dándole vueltas, porque me siento muy mal, mucho peor que antes. Estoy algo más tranquila después de haber hablado como personas racionales, pero no puedo olvidar el descontrol del que fui presa.
Puede que no lo quiera reconocer.
O que lo esconda muy bien.
O que a veces logre olvidarme...
Pero la realidad es que estoy irritable (y seguramente irritante también), desganada, apática, cansada, malhumorada, intolerante, antipática, asocial, nerviosa, amargada... y varios adjetivos más que siguen esta línea.
En una palabra (bueno, dos): muy mal.
Lo peor es que soy consciente de todo eso, lo suficiente como para poder escribirlo incluso, y veo que llevo tiempo así y que la situación no cambia. Por eso empeora todo y al final me siento, además, presa de la tristreza...
Hoy he estallado. Sí. A veces tengo pequeños momentos en los que la tensión se me escapa por alguna rendija que no controlo, y mi pequeño "asomo de genio" se queda en una simple anécdota a la que nadie le da la mayor importancia porque malos días tenemos todos.
...sólo que el mío es permanente.
Hoy he reventado. Con gritos, con lágrimas, con reproches, sin fundamento alguno y sin control. La rabia que siento por dentro se ha unido en un momento, me ha golpeado el estómago y ha salido disparada en todas las direcciones. Y el único que estaba al alcance de la brutal onda expansiva ha sido mi chico. Desgraciadamente. El que menos culpa tiene.
Todo ha sido un torrente incontrolable de palabras que ha salido de mi boca en un tono acerado y frío que a veces me asusta hasta a mí, entremezclado con lágrimas y miradas furiosas. Él estaba enfrente, sin entender, pero sintiéndose culpable de una acusación sin sentido que luego se ha caído como un castillo de naipes cuando todo ha amainado y he sido consciente de lo que había sucedido, como si lo viera desde fuera a cámara lenta.
Le he pedido perdón. Mil veces. Una y otra vez. De todas las maneras que sabía, desde lo más profundo de mi corazón. Él no tiene la culpa de nada, sin embargo, ahí está para soportar mi agrio carácter de los últimos días.
No puedo creer que le haya hecho eso, que haya proyectado en una discusión absurda toda mi ira interior contra el mundo en general y nadie en particular.
Pero lo hice.
Llevo toda la tarde dándole vueltas, porque me siento muy mal, mucho peor que antes. Estoy algo más tranquila después de haber hablado como personas racionales, pero no puedo olvidar el descontrol del que fui presa.
You know I'm so sorry, baby. I do love you!
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