Lo típico es que a principio de año te llenes de buenos propósitos que luego no cumples.
En verano, cuando ha pasado medio año, la conciencia se te despierta un poco y te dice: "¡Eh, que no has cumplido casi nada de lo que te propusiste!"
Cierto.
Así que vuelves a plantearte los mismos objetivos u otros a los que ayuden las circunstancias actuales.
Como por ejemplo, el tema de controlar un poco la dieta en un intento de hacer la mal llamada Operación Bikini, aprovechando que ahora apetece más la fruta fresquita, los gazpachos, las ensaladas y en general la comida un poco más ligera. Así que te autoprometes con entusiasmo que mejorarás un poco tu contorno de cintura, porque total, sólo es cuestión de adaptarse a la dieta veraniega y controlar un poco las tentaciones que tampoco son tantas.
Y justo decides controlar las tentaciones, ellas vienen a ti, claro.
Como por ejemplo, ayer. Apareció una gran y enorme tentación en forma de tarta casera. Era un obsequio de una de las limpiadoras: la mujer acaba de ser abuela y nosotros nos beneficiamos del parto de su hija en Barcelona comiendo una de las tartas más ricas que he probado en mi vida...
Capa de brownie de chocolate con nueces mojado en dulce.
Capa de nata consistente y deliciosa.
Capa de bizcocho de chocolate más suave que el anterior empapado en algo muy rico.
Capa de almendras laminadas.
Capa de chocolate blanco.
Capa de nueces.
¿Mis buenas intenciones? Creo que se quedaron entre la tercera y la cuarta capa, y sospecho que han ido directamente a mis caderas...
En verano, cuando ha pasado medio año, la conciencia se te despierta un poco y te dice: "¡Eh, que no has cumplido casi nada de lo que te propusiste!"
Cierto.
Así que vuelves a plantearte los mismos objetivos u otros a los que ayuden las circunstancias actuales.
Como por ejemplo, el tema de controlar un poco la dieta en un intento de hacer la mal llamada Operación Bikini, aprovechando que ahora apetece más la fruta fresquita, los gazpachos, las ensaladas y en general la comida un poco más ligera. Así que te autoprometes con entusiasmo que mejorarás un poco tu contorno de cintura, porque total, sólo es cuestión de adaptarse a la dieta veraniega y controlar un poco las tentaciones que tampoco son tantas.
Y justo decides controlar las tentaciones, ellas vienen a ti, claro.
Como por ejemplo, ayer. Apareció una gran y enorme tentación en forma de tarta casera. Era un obsequio de una de las limpiadoras: la mujer acaba de ser abuela y nosotros nos beneficiamos del parto de su hija en Barcelona comiendo una de las tartas más ricas que he probado en mi vida...
Capa de brownie de chocolate con nueces mojado en dulce.
Capa de nata consistente y deliciosa.
Capa de bizcocho de chocolate más suave que el anterior empapado en algo muy rico.
Capa de almendras laminadas.
Capa de chocolate blanco.
Capa de nueces.
¿Mis buenas intenciones? Creo que se quedaron entre la tercera y la cuarta capa, y sospecho que han ido directamente a mis caderas...
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