Últimamente, la pregunta que más me hacen con diferencia es: ¿Y tú, cuándo te vas de vacaciones?
Me irrita sobremanera.
Depende el día soy simpática, sonrío y contesto algo amable y devuelvo la pregunta: así mi interlocutor sonríe con satisfacción y pasa a hablarme de sus vacaciones, dónde va a ir, con quién, cuánto tiempo, qué va a hacer, etcétera... Sigo sonriendo, sigo siendo amable, asiento, comento algo agradable y con suerte la conversación acaba pronto.
Otros días simplemente gruño.
Aún no sé cuándo me voy a coger vacaciones. CREO que una semana en Septiembre, pero lo cierto es que se me hace muy cuesta arriba pensar que en estos dos meses de verano no voy a cogerme nada. No me entusiasma nada irme de vacaciones en estas fechas (demasiado calor - demasiadas aglomeraciones turísticas - demasiado caro), pero realmente siento que lo necesito porque ya me siento un poco asfixiada. Al menos unos días...
Pero no es tan fácil como puede parecer. Para cogerme unas vacaciones deberían confluir una serie de circunstancias que no me acompañan:
1. No sé cuándo se puede coger mi chico unas vacaciones. Está pendiente de abrir la tienda, pero como no se sabe exáctamente cuándo va a ser eso (porque el tema del papeleo ya no tiene nombre), no es posible hacer planes a corto plazo por si acaso dan repentinamente el pistoletazo de salida. Pero es que encima cuando se abra la tienda, sí que no va a poder cogerse ni un sólo día... La situación es un poco como el perro del hortelano.
2. Tampoco tengo muy claro cuándo puedo cogerme yo unos días. Con todo el cambio (que todavía NO se ha hecho oficial: es decir, yo sigo como antes de la comunicación), no sé con quién puedo o no puedo coincidir en vacaciones. Tampoco estaría de más saber cuándo va a ser la comunicación oficial porque quedaría fatal que al día siguiente me fuera. Total, es un dilema.
3. Por otro lado, dada mi crisis económica agravada por mi torpeza al volante (lo que me supone un bocado a mi cuenta corriente que ya está tiritando), no está muy claro que podamos ir a algún sitio aunque sean dos o tres días. Debería dar igual, pero es que me parece de lo más triste y deprimente cogerme un par de días para quedarme en casa. Me saben a días desperdiciados, no lo puedo evitar.
Con semejante panorama, prefiero no pensar en las vacaciones pero es imposible. Cada dos por tres me encuentro a alguien que o me pregunta cuándo me las he cogido, o me enseña el calendario y me cuenta lo que ha pensado pedirse (en un alarde de Ingeniería Vacacional sin precedentes hay gente que con dos días de vacaciones se va una semana, increíble), o me informa de cuándos días/minutos/segundos le quedan para irse de vacaciones, o me enseña folletos del sitio donde va a ir (lo que hace que me pregunte: ¿crisis?), o algo así. Vamos, que o me meto debajo de mi mesa o no me escapo.
Debería estar prohibido hablar de vacaciones en época estival...
...o colgarme un cartel que diga que yo me quedo. Así al menos se cortarían un poco de preguntarme, ¿no?
Me irrita sobremanera.
Depende el día soy simpática, sonrío y contesto algo amable y devuelvo la pregunta: así mi interlocutor sonríe con satisfacción y pasa a hablarme de sus vacaciones, dónde va a ir, con quién, cuánto tiempo, qué va a hacer, etcétera... Sigo sonriendo, sigo siendo amable, asiento, comento algo agradable y con suerte la conversación acaba pronto.
Otros días simplemente gruño.
Aún no sé cuándo me voy a coger vacaciones. CREO que una semana en Septiembre, pero lo cierto es que se me hace muy cuesta arriba pensar que en estos dos meses de verano no voy a cogerme nada. No me entusiasma nada irme de vacaciones en estas fechas (demasiado calor - demasiadas aglomeraciones turísticas - demasiado caro), pero realmente siento que lo necesito porque ya me siento un poco asfixiada. Al menos unos días...
Pero no es tan fácil como puede parecer. Para cogerme unas vacaciones deberían confluir una serie de circunstancias que no me acompañan:
1. No sé cuándo se puede coger mi chico unas vacaciones. Está pendiente de abrir la tienda, pero como no se sabe exáctamente cuándo va a ser eso (porque el tema del papeleo ya no tiene nombre), no es posible hacer planes a corto plazo por si acaso dan repentinamente el pistoletazo de salida. Pero es que encima cuando se abra la tienda, sí que no va a poder cogerse ni un sólo día... La situación es un poco como el perro del hortelano.
2. Tampoco tengo muy claro cuándo puedo cogerme yo unos días. Con todo el cambio (que todavía NO se ha hecho oficial: es decir, yo sigo como antes de la comunicación), no sé con quién puedo o no puedo coincidir en vacaciones. Tampoco estaría de más saber cuándo va a ser la comunicación oficial porque quedaría fatal que al día siguiente me fuera. Total, es un dilema.
3. Por otro lado, dada mi crisis económica agravada por mi torpeza al volante (lo que me supone un bocado a mi cuenta corriente que ya está tiritando), no está muy claro que podamos ir a algún sitio aunque sean dos o tres días. Debería dar igual, pero es que me parece de lo más triste y deprimente cogerme un par de días para quedarme en casa. Me saben a días desperdiciados, no lo puedo evitar.
Con semejante panorama, prefiero no pensar en las vacaciones pero es imposible. Cada dos por tres me encuentro a alguien que o me pregunta cuándo me las he cogido, o me enseña el calendario y me cuenta lo que ha pensado pedirse (en un alarde de Ingeniería Vacacional sin precedentes hay gente que con dos días de vacaciones se va una semana, increíble), o me informa de cuándos días/minutos/segundos le quedan para irse de vacaciones, o me enseña folletos del sitio donde va a ir (lo que hace que me pregunte: ¿crisis?), o algo así. Vamos, que o me meto debajo de mi mesa o no me escapo.
Debería estar prohibido hablar de vacaciones en época estival...
...o colgarme un cartel que diga que yo me quedo. Así al menos se cortarían un poco de preguntarme, ¿no?
6 comentarios: