Prácticamente me he pasado la semana laboral rememorando el fin de semana pasado, que estuvo genial, salvo por el final que tuvo: acabó en Lunes (lo peor de lo peor).
Pero me sirvió para darme cuenta de que yo nací para ser rica y en algún momento todo se torció. Yo estoy hecha para pasarme la vida en un SPA, sin importarme que los deditos se me pongan como pasas. Mi cuerpo se ha diseñado para estar situado horizontalmente en una piscina de 34 a 38º (la temperatura ideal de mi baño), con chorros dirigidos estratégicamente y burbujitas por doquier. El mayor esfuerzo hecho debería ser salir de la piscina para ir a una tumbona y viceversa.
También está claro que lo suyo es levantarse y encontrarse con una mesa de desayundo que abarque desde fruta fresca cortada o en zumo en un extremo, hasta huevos fritos con bacon en otro, pasando por tostadas de pan (blanco, integral, viena, rústico, con cereales, en rebanadas, bollitos) con miles de cosas para acompañar (mantequilla, margarina, aceite, tomate, queso, jamón, fiambre), cerales (maíz, trigo, arroz, con chocolate, con fibra, con frutas del bosque), bollería calentita (croasanes, ensaimadas, napolitanas, cañas), o frutos secos (higos, pasas), yogures (naturales, de sabores, con trocitos de fruta, con cereales, en mousse, líquidos, con azúcar, desnatados) y por supuesto: café, cacao y leche (fría, caliente, entera, semidesnatada, desnatada, de soja, con isoflavonas). Una maravilla. Una mesa que alimentaba solo con verla...
Pero seguir pensando en eso es cruel y debo archivarlo pronto en el apartado "recuerdos".
De todas formas, no puedo evitar pensar que yo estoy hecha para vivir así indefinidamente...
Pero me sirvió para darme cuenta de que yo nací para ser rica y en algún momento todo se torció. Yo estoy hecha para pasarme la vida en un SPA, sin importarme que los deditos se me pongan como pasas. Mi cuerpo se ha diseñado para estar situado horizontalmente en una piscina de 34 a 38º (la temperatura ideal de mi baño), con chorros dirigidos estratégicamente y burbujitas por doquier. El mayor esfuerzo hecho debería ser salir de la piscina para ir a una tumbona y viceversa.
También está claro que lo suyo es levantarse y encontrarse con una mesa de desayundo que abarque desde fruta fresca cortada o en zumo en un extremo, hasta huevos fritos con bacon en otro, pasando por tostadas de pan (blanco, integral, viena, rústico, con cereales, en rebanadas, bollitos) con miles de cosas para acompañar (mantequilla, margarina, aceite, tomate, queso, jamón, fiambre), cerales (maíz, trigo, arroz, con chocolate, con fibra, con frutas del bosque), bollería calentita (croasanes, ensaimadas, napolitanas, cañas), o frutos secos (higos, pasas), yogures (naturales, de sabores, con trocitos de fruta, con cereales, en mousse, líquidos, con azúcar, desnatados) y por supuesto: café, cacao y leche (fría, caliente, entera, semidesnatada, desnatada, de soja, con isoflavonas). Una maravilla. Una mesa que alimentaba solo con verla...
Pero seguir pensando en eso es cruel y debo archivarlo pronto en el apartado "recuerdos".
De todas formas, no puedo evitar pensar que yo estoy hecha para vivir así indefinidamente...
9 comentarios: